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viernes, julio 25, 2008

EN LO DE JUAN RULFO.

A los lectores del maestro Juan Rulfo va dedicada, al fin, la crónica de mi encuentro con el gran autor de “Pedro Páramo” y otros escritos memorables.
Aquí debo agradecer a la Fundación Juan Rulfo por archivarla
en la página oficial del escritor mexicano en la dirección:
www.clubcultura.com/clubliteratura/
clubescritores/juanrulfo/entrevista.htm

DE EL MUNDO QUE AMO.

(Fragmentos de “El mundo que amo”)

Di tiempo a mi memoria
para que cumpliera su primero y más
apremiante oficio: olvidar.
Aquí el aire parece transparente,
tengo miedo hasta de pestañear.
Pienso hasta donde terminan los gestos.
Tal vez si cambio la mirada
provoco en el mar el nacimiento
de una caracola... lo hago.

PALABRAS AL LECTOR.
1
Interior de mi mismo
Espíritu de este oscuro enigma
Supremo y misterioso
Fuerte y altivo porque me sueñas
Sabio porque permites que te sueñe
Tú, lector, cercano
-mi semblante-
cómplice de las noches que me robo.
Vamos cabalgando en un dragón.

2
Para ti me vestí esta mañana.
Por ti afeito el rostro de mi cuerpo
por ti emprendo jornadas sin término
por ti agoto mi alma en estériles esfuerzos,
en vanos deseos y ambiciones.
Por ti hago las cosas como si no las hiciera
por ti he renunciado a todo y a mi mismo.
Por ti medito sin cesar:
¿estoy acaso muerto
acaso vivo?
Por ti voy a la Escuela de los Adivinos,
por ti pongo música y quemo incienso
mientras voy destapando cofres.
Por ti sigo siendo un hombre libre
por ti me huyo en el sueño.
Por ti descubrí el movimiento de la puerta:
una vez abierta
una vez cerrada.
Por ti lector. Tú que terminas de leer
(me pregunto cómo será sin ti lo que escribo).

3
Yo, que siempre quiero huir
que he trabajado mis mejores años
que en verdad no estudio ni pienso y solo hago
que creí que la familia era eterna
que no acepto consejos casi de nadie
que me dejo influenciar rápidamente
que lloro cuando no debo hacerlo
que no soy tal cuál parezco ser
que llego siempre a la hora
que he amado sin ser amado
que me han amado sin amar
que me desespero por cosas
que enumerar sería terrible.
Que me invade un orgullo definitivo
que seguirá toda la vida así.
Que puedo estar quieto como una piedra
que he recibido y nada he dado en cambio.
Que si no escribo siento estar en prisión
que aún engrilletado del suelo me levantaré,
y me seguiré riendo de mí, y de ti, lector,
hasta el fin de nuestro tiempo.

4
Cuidemos bien este instante
porque nuestro momento es la vida,
la esencia misma de la vida.
En este leve transcurso se encierran
todas las realidades y las variedades,
toda nuestra existencia, el goce de crecer,
la gloria de la acción inteligente,
misterioso poder, delicia del corazón.
El ayer es un sueño y el mañana tan solo
una loca visión de la mente.
Pero este instante, este preciso instante
hace de cada ayer un sueño y
cada mañana sola ilusa visión.
En nuestro leve instante
encerramos el universo
formamos de puro placer este mundo
porque no existe lo que no trae placer
mi amor... mi vida.

(c)WaldemarVerdugoFuentes

viernes, julio 11, 2008

Gracias Gonzalo Utrilla.

Se devolvió a la distancia el maestro pintor Gonzalo Utrilla, dejando un vacío en la vida cultural latinoamericana, donde su obra artística se difundió antes de su partida. Gonzalo se fue a los 63 años y era el más joven del mundo: al final se desempeñaba como catedrático en el Museo José María Velasco del Instituto Mexiquense de Cultura, en Toluca, Capital del Estado de México, donde lo conocí hace veintitantos años. Solíamos reunirnos en su taller sus amigos de entonces, entre quienes conocí a los poetas Raúl Cáceres Carenzo, Benjamín Araujo, Héctor Sumano Madagan, Guadalupe Cárdenas, Carlos Muciño... nos presentó el escritor argentino Pedro Salvador Ale, y desde que recuerdo haberle conocido, Gonzalo siempre se comportó como un hombre bien plantado, condescendiente y bien dispuesto. Solía visitarme en mi departamento en el Distrito Federal, donde a veces llegaba con el activista cultural Dionisio Morales, o con las actrices Susana Alexander o Adriana Roel, o nos juntábamos con la genial Guadalupe Amor y el insigne dramaturgo Sergio Magaña o la actriz cubana Ninón Sevilla.... Ineludiblemente me llevaba de regalo vino chileno que conversábamos mientras Gonzalo siempre estaba dibujando a alguno de los que allí estábamos. A él le entretenía retratar a sus amigos, y ahora que junto con las noticias de la partida del hombre a las estrellas, sus discípulos me han pedido que le envíe algún retrato que pudo hacer de mi, para una antología de su obra que comienzan a rescatar, ahora quiero retener en estas líneas instantes de su enorme estatura. Y decir que era amigo de sus amigos, cálido como el que más y con un sentido del humor que era imposible medir el tiempo cuando se estaba con él.
Para el escritor Luis Mario Schneider, Gonzalo Utrilla “era un pintor que dibujaba poesía”, mientras que para Hugo Argüelles, su pintura “es una explosión vital de la gran imaginación” que poseía el maestro. Digamos que supo dominar el color y las formas, el espacio y los volúmenes en un juego onírico inédito que rescataba y nos enseñaba a ver a través de sus pinturas que nunca son realistas: son una propia visión del mundo; que para los datos oficiales ahora anota que Gonzalo Utrilla comenzó su trayectoria artística en la Escuela de Arquitectura de México y en el Taller de Artes Libres de la Universidad de Veracruz. Su primera exposición la presenta en colectivo, a los 18 años, en el Instituto Regional de Bellas Artes de Tuxtla, Gutiérrez, su ciudad natal.
A partir de ese momento y en los siguientes cuarenta y cinco años, integró un gran número de exposiciones colectivas y, sobre todo, en presentaciones individuales en las más prestigiosas salas de arte de México y en países como Alemania, donde su obra se ha difundido con mayor popularidad. El desnudo y el paisaje fueron sus temas principales, y la elocuencia sensual de la línea lo caracterizó a lo largo de su trayectoria artística. Supo utilizar elocuentemente los vacíos que ofrecían al espectador la libertad para el gozo y la complicidad con que trabajaba la línea sugiriendo estos espacios entre trazos fragmentados que hacían participar de su obra al que observa. Decía Magaña que “los cuerpos de Utrilla son esencialmente eróticos: siempre están al límite de las caricias”. Ahora parte de la obra del pintor se exhibe en el Museo José María Velasco, donde trazó las últimas pinceladas de su vida, digo, de esta vida, porque seguro que ahorita está dibujando los angelitos en la otra vida, en el cielo o dondequiera que sea más allá.


Ilustraciones: “Waldemar Verdugo”, dibujos de Gonzalo Utrilla, acuarela y lápiz sobre papel de arroz y corteza de maguey, realizados en 1980 y 1985: Archivo revista “Vogue-México”.

sábado, mayo 17, 2008

FRAGMENTOS

Estas historias las he escuchado contar a los narradores de cuentos que van en las caravanas que cruzan los desiertos del norte de Chile. Las narro como las oí.

PRINCIPIO DE LA CARAVANA DE ATACAMA:
Lo primero es saber que lo que creemos que es la verdad,
no lo es en absoluto.


EL GRAN CURANDERO DEL DESIERTO
Un hombre del oasis de Caldera consultó al gran curandero del desierto porque su esposa no podía concebir. La mujer estaba excesivamente gorda; el curandero la examinó, le tomó el pulso y dictaminó:
-No puedo tratar su esterilidad porque he descubierto que de todas maneras morirá dentro de cuarenta días.
Después de escuchar tal afirmación la mujer quedó tan preocupada que no pudo comer durante los cuarenta días siguientes. Pero no murió en el plazo señalado. Volvió el esposo a consultar al sabio quien le dijo:
-Sí, lo sabía: ahora será fecundada.
El esposo preguntó de qué manera había sucedido este cambio y el curandero respondió:
-La exagerada obesidad de tu esposa interfería en su fertilidad. Sabía que lo único que la haría olvidar la comida sería el temor a la muerte. Por lo tanto, ya está curada.

Otro día, un hombre que vivía en condiciones suficientemente holgadas en Santiago la capital, fue al norte y en el oasis de Caldera buscó al curandero que tenía reputación de poseer todo el conocimiento médico, y le dijo:
-Respetado sabio, no tengo problemas materiales en la gran ciudad, sin embargo no soy feliz. Siempre estoy descontento; durante años he buscado una respuesta a mis pensamientos interiores y de tener una relación correcta con el mundo. Por favor, aconséjame para curarme de mi infelicidad.
El curandero respondió:
-Mi amigo, lo que está escondido para algunos está oculto para otros. El remedio para tu enfermedad no es ordinario. Debes recorrer los oasis del desierto hasta llegar a aquél donde vive el hombre más feliz de Chile. Tan pronto lo encuentres, deberás pedirle su camisa y ponértela.
El hombre de la ciudad, desde ese momento y sin descanso comenzó a recorrer los oasis de las tierras más secas del planeta buscando hombres felices. Uno después de otro los interrogaba y todos contestaron:
-Sí, soy feliz. Pero hay otro que lo es más.
Después de viajar de un oasis a otro, lo que le tomó mucho tiempo, llegó al lugar donde todos decían que vive el hombre más feliz del mundo, que era, para su sorpresa el mismo oasis de Caldera; donde bastó que se acercara para oír la risa alegre de un hombre envuelto en su manta de lana sentado a la sombra de una gran roca tallada que anuncia el oasis.
-¿Eres el hombre más feliz de Chile, como se dice en todos los oasis? -le preguntó.
-Claro que lo soy -dijo el hombre sentado.
-Mi nombre es fulano; mi condición es tal y cual. Y mi remedio, prescrito por el gran curandero de este lugar, es ponerme tu camisa. Por favor, véndeme tu camisa; te daré a cambio lo que quieras de lo que tengo.
El hombre más feliz lo miró fijamente y luego rió. Rió y rió. Cuando se calmó un poco, el hombre desdichado, un tanto sorprendido por esta reacción tan poco seria, le dijo:
-Estás loco para reírte de un pedido tan serio. He vivido siempre en la gran ciudad y dejé todo para buscarte y acabar con mi desdicha. ¿Estás loco?
-Quizás -respondió el hombre más feliz-. Pero si te hubieras molestado en mirar, habrías visto que no poseo camisa. Sólo tengo mi manta para enfrentar el frío de la noche del Atacama.
-Entonces, ¿qué debo hacer ahora?
-Ahora quedarás curado. El luchar para tener algo inalcanzable proporciona el ejercicio para lograr algo necesario más cercano; como cuando un hombre reúne todas sus fuerzas para saltar un arroyo como si fuera más ancho de lo que es y siempre consigue llegar al otro lado.
Entonces, el hombre más feliz se quitó su manta que le cubría también parte del rostro, y el hombre inquieto vio que era el mismo gran curandero que lo había aconsejado.
-Pero, ¿por qué no me dijiste todo esto hace tanto tiempo, cuando vine a verte? -preguntó el hombre, desconcertado.
-Porque entonces no estabas maduro para comprender. Necesitabas ciertas experiencias, y tenías que recibirlas de tal manera que asegurara que las habías de vivir. Una mula que usa una biblioteca como establo no aprende a leer y escribir. El hilo no se ennoblece por pasar a través de las perlas. ¿Por qué buscas la felicidad fuera, cuando la tienes dentro de ti mismo? La felicidad es un manantial interior. Para ser feliz no necesitas camisa.

Otro día, un escritor narrador y en las caravanas fue a ver a este gran curandero en el Oasis de Caldera, y le dijo:
-Tengo toda case de síntomas terribles. Me siento infeliz y desasosegado, mi cabello, mis brazos y mis piernas están como si los hubiesen torturados.
El médico le preguntó:
-¿Es verdad que hace meses no has cruzado el desierto trabajando con tus narraciones?
-Eso es cierto -contestó el hombre-. Sólo me he dedicado a escribir y a nadie he contado nada.
-Muy bien -dijo el médico-. Ten la amabilidad de recitar algunos cuentos de los que has escrito.
El narrador así lo hizo y, ante la insistencia del médico, dijo una y otra vez sus textos. Entonces el médico diagnosticó:
-Ponte de pie pues ya estás curado. Si bien habías trabajado, no te decidías a entregar tu fruto final; es necesario apartarse una vez realizada la obra. Lo que tenías en tu interior había afectado tu físico. Ahora que ya lo has liberado, has vuelto a estar bien. Ya puedes integrarte a las caravanas a trabajar.

EL OASIS DEL PROFETA SOTO ROMERO
Cierta vez un anciano extranjero errante buscador de la verdad cruzaba los desiertos del norte de Chile, cuando encontró el nombre del Profeta Soto Romero tallado en ciertas rocas marcadas que había visto en sueños, lo que consideró una señal de que el fin de su búsqueda había llegado, marcas que siguió mucho tiempo mientras leía cuanto se refería a su asunto y que lo llevaron finalmente al Oasis del Profeta en Antofagasta.
Sin conocer a nadie, estaba cerca de la casa de piedra del Profeta, que también era el templo del oasis, cuando vio al hombre amable a quien le dijo:
- Amigo, llévame ante el Profeta Soto Romero.
El hombre amable lo guió hacia el interior del templo pétreo, lleno de gente angustiada. El Sucesor estaba sentado al frente de la asamblea en el salón principal, cuando el anciano errante se acercó a él creyendo que era el profeta y exclamó:
-¡Oh Sabio, Profeta Soto Romero, Elegido de Dios, un buscador de tu luz llega a ti luego de andar una vida!
Al oír la mención al Profeta, todos comenzaron a llorar desconsoladamente, incluso el Sucesor. El anciano errante no sabía qué hacer y dijo:
-Soy extranjero y desconozco los ritos necesarios para dirigirse a ti, Oh Profeta. Es verdad que he leído tus enseñanzas contenidas en los cuatro mil pergaminos en que explicas el origen, causa y desarrollo de las cosas, pero no sé referirme a ti. ¿He dicho algo inconveniente? ¿Debo permanecer callado? ¿O es esta la observación de algún ritual? ¿Por qué lloráis? Si es una ceremonia de este oasis del desierto, tierra sagrada que piso, la desconocía y no existe en los otros desiertos de la tierra...
El hombre amable dijo:
-No lloramos por nada que tu hayas hecho, pero debes oír, infortunado, que hace solo una semana que el Profeta dejó la tierra. Cuando oímos su nombre el pesar se apoderó nuevamente de nuestros corazones.
Al oír esto, el anciano errante extranjero desgarró sus ropas, cayó al suelo arrodillado de angustia y lanzó gritos al cielo. Cuando ya se había recuperado un poco, dijo:
-Hacedme un favor. Por lo menos dejadme ver una prenda del Profeta para tocar su ropa, ya que no podré verlo a él y mi vida de búsqueda ha sido inútil.
El hombre amable le contestó:
-Solo la mujer del Profeta custodia cada una de sus prendas; pero no creo que permita que nadie se acerque a las cosas del Profeta. Sin embargo, te acompañaré y tocaremos a su puerta.
Y así lo hicieron, cruzando las salas interiores ante la curiosidad de la Asamblea, mientras el Sucesor se retiraba a orar. En cuanto tocaron a la puerta de la viuda del Profeta, esta les abrió y explicaron su deseo. Ella contestó:
-Ciertamente mi Señor el Profeta Luis Antonio Soto Romero habló con verdad, como siempre, cuando dijo, poco antes de morir: "Un extranjero buscador de la verdad que ha cruzado la tierra y que me ama y es un buen hombre vendrá a tocar la puerta. No me verá. Dale, de parte mía, con toda mi consideración, este manto en mi nombre, y trátalo con gentileza dándole la bienvenida".
El anciano buscador errante se puso el manto y pidió que lo llevasen a la tumba del Profeta, en el campo de sal del oasis de Antofagasta. Y fue allí donde exhaló su último suspiro.


UNA HISTORIA DEL REY DEL NORTE
Un día llegó un mosquito a la corte del rey del Norte.
-Gran rey, la paz sea contigo -dijo en alta voz-. Vengo a suplicarte que rectifiques las injusticias con que tu corte me hace objeto diariamente.
A lo que el rey replicó:
-Haz constar tus quejas y serás ciertamente escuchado.
Dijo entonces el mosquito:
-Ilustre y digno monarca, mi queja es contra el viento. Cada vez que salgo al aire libre, llega el viento y, con un soplo, me lanza muy lejos. Por consiguiente carezco de esperanza para alcanzar los lugares que creo son para todos los que viven en tus dominios.
Habló el rey:
-De conformidad con los principios de justicia generalmente aplicados; no puede aceptarse queja alguna si no se encuentra presente la parte acusada para contestar los cargos. Ordeno que se llame al viento para que exponga sus puntos de vista.
Llamado el viento, una suave brisa fue heraldo de su presencia, después se hizo más fuerte. Entonces el mosquito gritó:
-¡Oh, gran rey, retiro mi queja, porque el aire me está obligando a volar en círculos y, antes de que el viento llegue realmente, yo habré sido arrastrado muy lejos.
Así fue como las condiciones exigidas tanto como por el demandante como por la corte fueron consideradas imposibles para la causa de la justicia en el reino del Norte.

EL PUMA TATUADO
Había una vez un hombre que quería que le tatuaran un puma en la espalda. Fue a ver a un artista del tatuaje en el oasis de Taltal y le expuso lo que quería, contratando sus servicios.
Pero tan pronto sintió los primeros pinchazos, comenzó a gemir y quejarse:
-Me estás matando, ¿qué parte del puma dibujas?
-En este momento estoy haciendo la cola -dijo el artista tatuador.
-Entonces no la hagamos -aulló el hombre.
Así que el artista empezó nuevamente. Y otra vez el cliente no pudo soportar los pinchazos.
-¿Qué parte del puma estas haciendo ahora? -gritó-, pues no puedo soportar el dolor.
-Ahora -dijo el artista- hago la oreja del puma.
-Tengamos un puma sin oreja, jadeó su paciente.
Así es que el tatuador comenzó de nuevo. No acababa de entrar la aguja en la piel cuando la víctima se torció nuevamente: -¿Qué parte del puma es esta vez?
-Es el estómago -contestó cansado el artista.
-No quiero un puma con estómago -dijo el hombre.
Entonces el artista tatuador tiró su aguja y dijo: -¿Un puma sin cabeza, sin cola, sin estómago? ¿Quién podría dibujar semejante cosa? Ni siquiera Dios lo hizo.
Y se negó a continuar.

LOS DOS HERMANOS
En el oasis de Quillagua vivían dos hermanos que juntos cultivaban la tierra plena de vida encerrada entre milenarios algarrobos, chañares y ricos terrenos de cultivo surgidos en medio de la pampa salitrera. Como sus mayores, ellos cultivaban el mango, ese fruto pequeño, fragante y de sabor delicioso que nace en el oasis, y siempre compartían las cosechas.
Un día, uno de los hermanos despertó durante la noche y pensó: "Mi hermano está casado y tiene hijos. A causa de esto tiene necesidades y gastos que yo no tengo. Iré y pondré algunas bolsas de mangos míos en su bodega; es lo menos que puedo hacer, y lo haré al amparo de la noche, no sea que a causa de su generosidad no quiera aceptarlo".
Así, cambió con sigilo varias bolsas llenas de mangos y regresó a la cama.
Poco después, esa misma noche, el otro hermano despertó y dijo: "No es justo que yo tenga la mitad de todos los mangos de nuestra tierra. Mi hermano, que es soltero, trabaja de sol a sol, y debe pagar por cada servicio pues carece de una mujer que lo atienda, no posee nada y por lo tanto trataré de compensarlo pasando algo de mis mangos a su bodega".
Y así lo hizo.
A la mañana siguiente, cada uno quedó sorprendido al ver que tenía el mismo número de bolsas en su bodega, y nunca pudieron comprender cómo, cada cosecha, el número de bolsas con mangos seguía siendo el mismo aún cuando, a escondidas, lo cambiaban.

LA RESPUESTA DEL ESCRITOR
Alguien se acercó a un escritor mendigo del desierto de Atacama que lloraba con grandísima amargura.
Le dijo:
-¿Por qué lloras?
El escritor contestó:
-Lloro para mover a piedad Su corazón, pues quiero volar.
El otro dijo:
-Se supone que como escritor debes ser inteligente. Pero tus palabras son absurdas, pues El no tiene corazón.
El escritor contestó:
-Eres tú quien se equivoca, pues El es el dueño de todos los corazones que existen. Sólo a través del corazón puedes llegar a El.
Dicho esto, el escritor se elevó por los aires.

EL CONSTRUCTOR ASTRÓLOGO
Un constructor de los que trabajan la piedra y el barro dando forma a las casas y templos donde se escribe la historia de los oasis en el desierto más árido, y que además era astrólogo, una noche leyó en las estrellas el día y la hora en que lo alcanzaría la muerte. Su sorpresa fue mayúscula.
Entonces construyó un círculo de rocas a su alrededor para impedir que entrara la muerte y pensar qué haría, impidiendo el acceso a quien lo deseara interrumpir en su reflexión. Mientras estaba adentro, sin embargo, no se lograba concentrar porque algunos iban a observarlo por ciertas grietas entre la juntura de las piedras. Por la luz, ubicó los pequeños espacios y los selló con firmeza. Al bloquear finalmente estas grietas de luz, casi sin darse cuenta se acabó el oxígeno y entonces le llegó la muerte el día y la hora fijada.


ESCRITORES QUE TALLAN SU LETRA EN LA PIEDRA
1
Un joven visitó a los escritores que trabajan la piedra en el desierto de Atacama; se acercó a uno de ellos y le dijo que estaba equivocado y muchas otra cosas.
Entonces el escritor se quitó un anillo del dedo y se lo dio, diciendo:
-Lleva esto al mercado del oasis de Paipote y trata de conseguir más de dos monedas por él.
Pero nadie le ofreció dos monedas y el joven regresó con el anillo.
-Ahora -dijo el escritor- llévalo a un joyero en el gran oasis de Copiapó, y pregúntale cuanto ofrece.
Así lo hizo el joven iniciando el viaje, que no es lejos.
El joyero ofreció cien monedas por la sortija.
El joven regresó muy impresionado.
Entonces el escritor le dijo:
-Tu conocimiento sobre las letras es tan grande como el de los mercaderes respecto a las joyas. Si quieres apreciarlas, talla la letra en la piedra.

2 Un poderoso monarca del desierto de Tarapacá gozaba de gran respeto por su talante. No obstante, un día se sintió confundido, convocó a los escritores de su comarca que tallaban la sabiduría en la piedra y les hablo así:
-Ignoro la razón, pero estoy confundido. Algo me impulsa a tener una piedra inscrita que estabilice mi estado. Debo poseerla para cambiar mi desdicha en felicidad. Al mismo tiempo. Si cuando me sintiera feliz la mirase, debe devolverme la tristeza, y si estoy triste debe devolverme la felicidad.
Después de profundas meditaciones y largas consultas a las estrellas los escritores llegaron a una feliz decisión sobre el texto de una piedra así. Y le entregaron al monarca una que llevaba la siguiente inscripción:
"También Esto Pasará".

3
Un día, dos escritores del grupo que tallaba la piedra en el desierto estaban discutiendo: Uno de ellos, que era un joven aprendiz entonces, se sentía muy frustrado y alegaba que había dejado un próspero negocio por las letras, pues su padre era un rico comerciante. Estaba arrepentido y blasfemaba; entonces el otro dijo:
-La vida de renunciamiento que tiene un escritor se ha desperdiciado en ti. Estar aquí lo conseguiste a un precio muy bajo y, por lo tanto no le das su valor.
El escritor joven lo miró con desprecio y le dijo:
-Dime, ¿qué precio pagaste tú por estar aquí?
El hombre viejo respondió: -Yo he dado mi reino a cambio, y aún así lo considero un precio bajo. Ahora estoy dispuesto a dar mi cabeza y mi alma si todo no es suficiente.
Así supo que con quien estaba hablando era con el hombre que había sido monarca del reino de Tudor, uno de los más ricos de que se tenga memoria hasta hoy en los desiertos de Chile.

(c) Waldemar Verdugo Fuentes.

lunes, abril 14, 2008

TIBET PARA LOS TIBETANOS.


No hay una sola China: aún el gran coloso amarillo comete el error de tener invadido a Tibet, y estos días hay motivos para estar especialmente tristes, cuando las protestas de los monjes budistas están siendo aplacadas violentamente por militares chinos. Los corresponsales extranjeros han sido obligados a abandonar las ciudades tibetanas y nadie sabe qué está ocurriendo, pero hay muertos, muchos muertos.
He conversado hace veinticinco años con S.S. el XIV Dalai Lama, en Dharamasala, India, donde debió refugiarse cuando en 1950 el Tibet fue invadido por China. Entonces le oí decir algo que más o menos repite hoy:
“A pesar de los atroces crímenes de que hemos sido víctimas, debo decir que los tibetanos no albergamos en nuestro corazón ningún sentimiento de odio hacia el grandioso pueblo chino. Pienso que uno de los peligros actuales es culpar a las naciones por las culpas de los individuos. Por eso no debemos buscar venganza, sino reflexionar. Nuestro único deseo es vivir en paz y en cordial amistad con todos nuestros vecinos, incluyendo a los chinos; es por eso que apelamos a las mujeres y hombres de todo el mundo conscientes del valor de la tolerancia y la bondad”.
Hoy ha denunciado como “genocidio cultural” lo que vive Tibet en estos días, cuando la Revolución de los Lamas nacida en el corazón de los lamasterios subyugados, se expresa con protestas públicas que el gobierno de China está respondiendo con asesinatos a plena luz del día, y también protegidos por la oscuridad de la noche oscura que hace medio siglo cayó sobre Tibet.
Es una vergüenza nacional para China mantener invadida por la fuerza bruta a Tibet: no puede ser que la tierra que vio nacer a Lao-Tze y Confucio hoy tenga sus ojos vendados por la violencia y la ambición desmedida, y ejerza el horror de las armas sobre hombres y mujeres de paz, que revolucionan solo cantando y orando sus letanías a viva voz en las calles de Lhasa y sus otras ciudades sagradas. Es necesario que acaben su violencia contra la población, la liberación de los presos políticos y la apertura de un diálogo con S.S. el Dalai Lama, quien también dijo cuando conversamos con él:
"Tarde o temprano tendrán que aceptar nuestras demandas; y estoy seguro de una cosa: los chinos se darán cuenta de que les será sumamente difícil mantener su control indefinidamente sobre Tibet. Actualmente se encuentran muy descontrolados e insultados al darse cuenta de la oposición que encuentran entre los jóvenes tibetanos, quienes han sido educados por ellos mismos, y que -sin embargo- no han logrado producir un solo líder notable. De cualquier forma, la verdad acerca de Tibet se está haciendo pública, aunque esto está sucediendo lentamente comparado con la urgencia de nuestra situación”.
Las palabras dichas en 1983 hoy se están haciendo realidad, cuando la Revolución de los Lamas es una realidad histórica en Tibet.
¡Salve Su Santidad Tenzin Gyatso XIV Dalai Lama!

Entrevista completa publicada en “El Mercurio” de Chile.
http://entrevistadalailama.blogspot.com

miércoles, marzo 19, 2008

EN UN OASIS DE ATACAMA

SIN QUE EL FUEGO TE QUEME

(Un apunte al margen)
En el Oasis de Pueblo Hundido, una noche, de pronto, viví una experiencia mística. Nos habíamos reunido al aire libre en el plano arenisco frente al salón comunal del oasis, que anuncia cuando el desierto de Atacama se interna y cruza los Andes por el Paso del León Muerto. Es común que las caravanas en su trayecto visiten estos oasis del camino, que en el desierto de Chile no son pocos, y hoy conforman poblados pequeños que cuentan con luz eléctrica, agua potable y todos los adelantos accesibles a través de la comunicación satelital. Sin embargo, tienen sus propias costumbres ancestrales. Esa noche, acompañaban nuestra caravana las fuerzas vivas del oasis de Pueblo Hundido; estaban el alcalde y los concejales con sus esposas, el matrimonio de profesores de la escuelita y el médico con su mujer, la enfermera del modesto hospital y sus hijos; había mercaderes, el cura del templo y otros vecinos ilustres. Estuvimos escuchando primero canciones tradicionales chilenas, tonadas, cuecas, payas, norteñas, luego pequeñas piezas musicales en que se utilizan los más variados instrumentos, incluso algunos poco conocidos que dejaron de legado en la zona sus habitantes prehistóricos; era todo muy armónico. Bebíamos té negro o café con pisco, luego de la carne asada con pebre y pan amasado, sin hacer demasiado caso a la música. Fue entonces cuando la orquesta local se retiró y entraron los instrumentos de viento, las quenas, zampollas, flautas, que eran de todas las clases conocidas: grandes, pequeñas, de madera, de barro, conchas marinas... las tenían hombres que, en general, pasaban de los sesenta. Serían -creo yo- los más viejos del pequeño oasis en el desierto; gordos y pequeños unos; otros altos y delgados; pero todos con algo en común: un extraño sentido del ritmo, de la intensidad del sonido, del soplo, de la voz. Toda la sala comunal pareció de pronto quedarse hundida en aquellos sones. Sentí que todos nosotros -los que veníamos en la caravana, el alcalde y las personalidades, todos los allí presentes y yo mismo- comenzamos a vibrar, sin quererlo, como el viento que se eleva en el desierto y sube a la cordillera o baja al mar; sentí que los huesecillos de mis oídos comenzaron de algún modo a golpearme el cerebro, impidiéndome pensar y hasta comprender ninguna cosa que no fuera el sonido musical de los instrumentos de viento que lograban con sus labios los viejos, vestidos de mantas de lana cruda. En esos instantes fue cuando distinguí al hombre. Más que fijarme en él, llamó mi atención el revuelo que comenzó a armarse en torno suyo. Luego le vimos comenzar a bailar despacio, agitando los hombros, con la mirada perdida en las estrellas muy cercanas del cielo atacameño; seguía el ritmo de los instrumentos y la música del viento y no había nadie más a su alrededor, nada más que aquél sonido largo que atravesaba los tímpanos y tensaba la memoria como las cuerdas de un arco.
-¡Quiere fuego! ¡Háganle espacio! -gritó alguien, no se quién. Pero inmediatamente, tres o cuatro se levantaron abriéndole camino hacia la hoguera que todos rodeábamos, y el hombre entró en los leños ardiendo sin dejar de bailar frenéticamente, agitando sus hombros y todo su cuerpo. Aquella danza dentro del fuego, lejos de quemarlo, le dio fuerzas. Sus piernas se volvieron más ágiles, sus ojos se abrieron de par en par mirando a las estrellas, mientras los labios de los viejos se afinaban en los instrumentos de viento. El danzante en el fuego se hizo ritmo y movimiento, viento y euforia. Por unos minutos dejó de ser humano para hacerse torbellino cósmico vencedor del fuego. El hombre se elevó de las llamas de fuego y bailaba levemente suspendido en el aire, luego bajaba y sus pies dispersaban millones de chispas de luz candente, volvía a ascender y sus movimientos eran gráciles sin dejar de ser fuertes y decididos mientras parecía brotar del fuego. Luego, en un transcurso de tiempo sin medida, se hizo pura vibración, en un remolino de gritos, de movimientos perdidos entre sudor y convulsión rítmica cada vez más agitada. Hasta que súbitamente se elevó en manera fenomenal y quedó suspendido en el aire varios segundos sobre el fuego. Yo lo vi. Los instrumentos callaron. Hubo un silencio espeso y el danzarín de un salto fenomenal salió de su espacio propio sobre las llamas de fuego y se detuvo con la música, con los ojos en blanco, como si se le hubiera escapado el aliento vital. Dos o tres hombres lo sostuvieron y el hombre cayó entre sus brazos como muerto, como ajeno, pero sin un mínimo rastro de su cuerpo o ropa quemada. Lo sentaron en una manta en la arena y batieron una hoja de palma en su rostro, rojo como el fuego que no lo había quemado. Poco a poco, con lentitud de siglos, el hombre volvió en sí. Los ojos se le revolvían inquietos, como asustados de ver gente en torno suyo; como tristes también, muy tristes -y aquí creo que estaba su secreto- por regresar de nuevo a esta dimensión humana. Aquel hombre había hecho un viaje a otra parte o, al menos, una parte de él se había desplazado y le había abandonado por unos momentos. Era como un borracho sin beber vino, porque jamás le vi beber ni siquiera un sorbo de pisco; estaba satisfecho sin haber comido; algo en él lo hacía parecer como un rey después de haber vencido, y vestía apenas de campesino del desierto. Este hombre se había pasado sin solución de continuidad del éxtasis a la catalepsia, sólo ayudado por la música del viento.
El intelecto se había vuelto un estorbo en el oasis de Puerto Hundido: no había respuestas. No había sentido común en lo que vimos; la lógica estaba ausente, y en su lugar reinaba la paradoja, la falta de sentido, el acto sustancialmente irracional de entrar en el fuego sin que el fuego te queme.

viernes, febrero 08, 2008

Gracias Monna Bell.


Gracias querida Monna, tu amistad ha sido señera en mi camino. Una buena amistad es una suerte muy grande que nos acompaña durante toda la vida: porque aún cuando no nos veamos siempre, para mi basta saber que existes para sentirme acompañado. Me enseñaste que una buena amiga es una mujer para la cual nuestra vida no tiene secretos y que, a pesar de todo, nos aprecia. Me enseñaste que cada amigo que ganamos en la vida nos perfecciona y enriquece por lo que de nosotros mismos nos descubre, y por lo que de él mismo nos da. La amistad es el vino bueno de la vida.
Gracias por tu preocupación y apoyo constante. He recibido ayer el regalo maravilloso que me has hecho de una colección de tus grabaciones, obra y legado musical magnífico para la historia de la canción popular. Cuando te conocí en México, hace tantos años, supe de inmediato que nuestra amistad estaba predestinada: te sentí “al tiro” cercana. Uno o dos días después me invitaste a la casa de los Hermanos Silva, donde se le daba una fiesta al Fernando Ubiergo (otro buena persona) por haber ganado la OTI. Esa noche también me hice amigo de Palmenia Pizarro y de Lolita Silva, que junto a sus hermanos siempre me apoyaron. Creo que desde ese día, querida Monna, fue que comenzamos a escribir nuestro inventario de principios de amistad: nunca dar explicaciones; nunca quejarse; la vida es demasiado corta para perder el tiempo; no lamentarse de lo que no puede ser cambiado; partir siempre de la situación presente; no odiar pero combatir si se requiere; buscar en el otro lo mejor; no preocuparse demasiado por “niuna huevá” que todo pasa... porque la vida es una tómbola, tom, tom, tómbola...
¿Te dije gracias, también, por interceder con Juan Gabriel para que escribiera la música de la película acerca de Gabriela Mistral? La historia de mi guión “La Mistral” rescata dos edades de la escritora: su juventud en Chile y su adultez en México, ésta última cuya música de fondo es la escrita por Juan Gabriel gracias a tu intervención. El productor Stan Jakubowicz me compró el guión con todas las de la ley, por lo que, en cierta forma mi labor ha terminado, sin embargo estoy apoyando en cuanto se me pide. Estuvo acá Angélica Aragón, quien, según creo, es la primera actriz de México, y bien sabes que me une a ella una sólida amistad: será quien interprete a La Mistral en su adultez en México: ya trabajamos sus parlamentos aquí en Cartagena, donde tuve el placer de tenerla unos días, en pleno regocijo con estos mares del sur que acogen siempre con cariño a la maestra Angélica, quien ya trabajó con Stan en “La mujer de mi hermano”.
Me preguntaste por “La Mistral”, amiga mía, y te sigo contando. La dirigirá Raúl Ruíz: estuve trabajando con él un par de meses en que combinamos nuestros tiempos de lo más bien; nos juntamos en su casa en las mañanas temprano y analizamos juntos cada escena y determinamos cada cambio. Trabajar con él fue una experiencia, literalmente, fantástica. Tiene Raúl Ruíz el don de la humildad que suelen tener las grandes personas. Vino Stan a Chile exclusivamente a cerrar contratos: junto con firmar mi cesión de derechos del guión, firmó Raúl para dirigir la película. Nos reunimos los tres a trabajar y un día en El Parrón se decidieron algunos papeles: el personaje de Gabriela Mistral en su juventud lo hará Leonor Varela; ahí mismo la ubicó Stan por celular y la encontró en Hollywood: hablamos con ella los tres. Aceptó de inmediato. Raúl propuso para el papel de “Petronila Alcayaga”, madre de La Mistral, a otra actriz chilena excepcional: Valentina Vargas. Yo mismo propuse y ya le hablé a Esperanza Silva para el papel de “Leonora”, madre de Juan el marido de Emelina, la medio hermana de La Mistral, que es otro de los principales. Y propuse a Benjamín Vicuña para el papel de “Romelio Urueta”, el amante suicida de la escritora que le inspiró sus “Sonetos de la muerte”; no lo conozco personalmente a Benjamín, pero creo que un personaje que creó haciendo para televisión de “Manuel Rodríguez” es la personalidad que necesitamos: y resultó amigo de Stan y ya almorzó con Raúl. Entre tanto, con Stan nos embarcamos en otro proyecto que nos obligó a darle prioridad estos últimos meses, decantando La Mistral y tomando su propio tiempo como es usual que se tome cada cosa que sale de Hollywood. De hecho, según entiendo, los artistas convocados recién recibirán en estas semanas el guión definitivo con las observaciones que trabajé junto a Raúl Ruíz. Al respecto, finalmente, sólo puedo terminar diciendo, a la manera de Chaplin, que el tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto.
Bueno, querida Monna, igual esta escritura inmediata de tu amigo era nada más para decirte que recibí el regalo, que sigo tu consejo de hacerme ligero como el ave y no como la pluma y para enviarte un beso.

(En foto: Monna Bell y Waldemar Verdugo, foto tomada por Nadine Markova ©Vogue)

Videos de Monna Bell en Youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=aGTpPRNpXXM Enamórate.
http://www.youtube.com/watch?v=C6PwAA3cKPU Noche de Ronda.
http://www.youtube.com/watch?v=SlAovNTMgJs Fragmento de El Telegrama.
y entrevista para revista Vogue en:
http://monnabell-entrevista.blogspot.com


Día 20 de abril de 2008.
Mi muy querida amiga Monna Bell ha partido anoche. El maestro Borges decía que uno nunca debía escribir sin haber esperado que decante la emoción, pero mi amigo Alex Phillips III, me ha pedido que escriba unas palabras para ser leídas el día de mañana, durante las honras fúnebres de su madre la inmortal. Con humildad escribo:
MONNA BELL QUE ESTÁ EN LOS CIELOS.
“Se ha devuelto a la distancia nuestra querida y admirada Monna Bell, cuya voz ha sido fuente de inspiración de poetas y escritores y del hombre nuestro de cada día. Ahora está cantándole a los ángeles en lo Alto, y seguramente Dios y los santos y vírgenes la están oyendo admirados de su obra, cuando nos ha abandonado la amiga estrella para ser patrimonio de los cielos y leyenda de la Tierra, cuya voz ahora rebota para siempre en los cristales transparentes del aire.
Quienes tuvimos la dicha y el alto honor de conocerla sabemos que fue la mejor amiga de sus amigos, que siempre la seguiremos recordando aquí y más allá de nosotros quienes vendrán en el futuro cuando ya no estemos, y conozcan a una de las voces definitivas en lengua castellana, cuyas canciones pasan a ser ahora patrimonio de la música universal.
La respetada artista Monna Bell triunfa primero en Chile, en la década de 1960, al ganar el Festival de la Canción de Viña del Mar, y luego triunfa en el Festival de Benidorm, en la costa mediterránea de España, donde graba dos discos que se hacen universalmente conocidos: “La vida es una Tómbola” y “El Telegrama”. A partir de entonces, recibió todos los elogios de la crítica: "Trofeo Avelino Muñoz" de Panamá, a la artista extranjera más popular en Centroamérica; "Trofeo a la Voz", IX Reseña Mundial de Festivales Cinematográficos", México; "Trofeo Gran Voz" de Colombia; triunfadora del "Primer Festival Mundial de la Voz", en Venezuela; "Primer Festival del Mediterráneo", España; "Festival Internacional de la Canción Popular", Brasil; "Festival de la Canción Latina en el Mundo", México; "Disco de Oro de Hollywood", a la Voz Latina, en Estados Unidos, donde triunfó antes que cualquier otro cantante hispanoamericano y abrió las puertas del mercado anglosajón a la canción popular en lengua castellana. En España y toda América obtuvo la mayoría de los reconocimientos a que puede aspirar un cantante popular.
Su voz excepcional le ganó admiradores en todo el mundo, que ahora unidos damos gracias por haberla conocido y ser honrados con su amistad cariñosa, que en su vida diaria expresaba en su hogar donde recibía a sus amigos y familiares con ricas ensaladas y empanadas chilenas que preparaba como nadie, a la manera ancestral de sus mayores. De su país también heredó su calidez, la fuerza para enfrentar la vida y la sabiduría de su forma de vivir, en plena armonía con la naturaleza humana a pesar de vivir como pocas estrellas hispanoamericanas una idolatría hasta el último día de su vida: en nuestros países nuestra fue olvidada, y uno se daba cuenta al salir con ella, que siempre respondía las muestras de cariño de los demás con un modo alegre que le hacía brillar sus ojos grandes y sonrisa humilde de buena gente.
Nuestra muy querida Monna Bell surgió a la vida artística en la década de 1960, junto con la explosión de la redes de comunicaciones satelitales, cundo se ubica el inicio de la llamada "canción popular" en su más alta expresión pionera. Es a partir de entonces que la canción latina emerge con sus líneas melódicas, formas armónicas, alegrías y silencios, voces y letras propias. En un momento en que la gente ya no desea "conocer" sino que busca "saber", en que para contraponer la técnica que lo invade todo, busca elevarse a ese algo oculto de donde proceden los fenómenos sensibles. La canción popular estuvo marcada por dos guerras mundiales y el dominio del átomo, por la llegada del hombre a la Luna y los innumerables exilios políticos. El resultado hoy es sorprendente: la canción popular llevó al pueblo a poetas como Pablo Neruda y Antonio Machado...que se dispersaron sus letras en canciones arregladas musicalmente por artistas enormes, practicantes de disciplinas altamente depuradas. La canción popular representó un fuerte desafío para los intérpretes, que deben no sólo saber decir, sino también saber decir algo; prestando su voz al diálogo del ser nuestro de cada día, que necesita hablar de aquellas pequeñas cosas que por tener cerca, justamente, a veces no vemos. Entonces fue que el título de la primera grabación de Monna Bell se hizo famoso de inmediato: "La vida es una tómbola", y retrató una época que hoy es semilla del viento.
Nuestra Monna Bell, ennoblecida por su voz excepcional, mantuvo su arte que es hoy vigente como un eco largo, inacabable. Su estirpe es de pioneros, y si como artista abrió el mercado anglosajón para los artistas hispanoamericanos, como mujer encontró el amor en otro artista excepcional: Alex Phillips II, y fue bendecida con sus hijos Jenny y Alex Phillips III, a quienes sus amigos hoy acompañamos en el dolor. Sus últimos días los pasó en la compañía de su familia y sus nietos que alcanzaron también a conocer su amor. Y es en esos últimos días suyos rodeados de amor cuando quiero rescatar algunas frases de ella que revelas su enorme estatura. Conversando en una entrevista que hicimos para revista Vogue, yo le preguntaba lo que significaban los premios innumerables recibidos, y Monna Bell decía:
- “Los premios han sido algo absolutamente secundario en mi vida. Yo nunca he cantado para recibir premios, nunca quise ser una estrella, sólo he querido ser una cantante, una intérprete de canciones, nada más. Y a partir de ahí, hacerlo lo mejor posible. Ahora, cuando han transcurrido tantos años desde que comencé, aún me causa sorpresa el ver cómo se ha desenvuelto mi historia, que es la historia de una mujer que descubrió que haciendo lo que quería -cantar-, podía, además ser feliz con ello.
"Yo canto como un carpintero hace un mueble o cómo un médico sana una herida. Creo que sólo Dios es algo más importante para el ser humano después de su trabajo. Pienso que el trabajo es la forma perfecta de relación con nuestros semejantes, por eso me ha interesado siempre hacerlo mejor cada vez. Porque una profesión mal servida es el caos en nuestra sociedad; si uno hace lo suyo lo mejor que puede, todo a su alrededor se levanta; es un desafío que la madre de familia enfrenta cada día. Como cada uno en su profesión...
"De un buen profesor sólo puede surgir buena educación; de un buen político sólo debe surgir buena política...si las cosas no son mejores para el pueblo es porque la profesión política no está bien servida. Si las cosas no son mejores, es porque nuestras profesiones no están bien servidas. Lo que sea lo que uno haga en la vida como oficio, hágalo bien. Cantar, entonces, es mi forma natural de relación con la época en que vivo. Y es mi forma de relacionarme con Dios, por supuesto. Porque soy creyente en un Orden Universal. Es cierto que hay quienes creen en Dios por temor, yo no: creo en Dios por agradecimiento, porque mi historia es, además, la historia de una mujer conforme con la vida."
El estilo musical de Monna Bell es propio de ella, inédito. No necesitamos recordar ahora que ella lo mismo actuaba un día en la Ciudad de México, otro en Caracas o en Las Vegas o hacía una larga temporada en un club de Hollywood; no necesitamos decir que cuando Plácido Domingo se topo con ella por casualidad en un estudio de Televisión en México le besó sus manos. Ella nunca necesitó probar nada a nadie. Simplemente fue y seguirá siendo más allá de nosotros, cuando la escuche alguien en una estrella lejana rebotando en los espacios del tiempo. Por eso es que sólo grabó excepcionales discos en su vida, que desde antes que nuestra querida amiga se subiera a cantar a los cielos, ya eran patrimonio de la lengua española con su voz única de fondo. Decía ella:
"En mi trabajo siempre presentí que no se trataba de cantidad, sino de calidad. Digamos que mis discos han sido, por decirlo así, meras casualidades. Sin embargo, con toda modestia, creo que he entregado uno o dos discos que el público ha recibido y ha hecho suyo en el seno del hogar. Lo que para mí es suficiente. La canción popular es patrimonio del pueblo, por derecho propio."
Nuestra querida Monna Bell se despidió en México, pero nunca dejó de visitar fugazmente Chile, por el puro placer de estar con sus amigos que la admirábamos y recibíamos, a veces solamente horas, como un rayo de luz que cruzaba nuestras existencias, como durante su última visita de dos días en 2004, cuando le rendimos un homenaje sus amigos, escritores, artistas de otras disciplinas e intérpretes, como ella. Monna Bell nació en Santiago, donde a los veinte años ya era una figura respetada de la música popular chilena. Comenzó profesionalmente a los 16 años, recorriendo Chile como "crooner" de una orquesta de jazz; pasó a la canción popular acompañando al legendario director musical Roberto Inglés en sus actuaciones: él la ayuda a crear su estilo: "Canto en tonos más bajos, esa es toda mi diferencia -nos decía ella-. Lo demás es el oído del público. Más que grabar un disco yo amo estar en el escenario, cantando en vivo es la comunicación inmediata, mi forma de alabar a Dios y a mis semejantes, no menos. Que esa comunicación, para mí es agua viva, algo que tiene que ver con una nota musical precisa, con decir lo mejor posible una canción, así sea una canción que nunca hubiera grabado. A eso nada más aspiro, a servir de intérprete musical lo mejor posible. Que ese logro secreto es para mí más que suficiente”.
Digamos ahora, en estos momentos tristes, que su logro fue único. Nuestra querida Monna Bell no ha partido, ahora vive para siempre en la memoria de la música que se interpreta en lengua castellana. Y vive para siempre como regalo cariñoso de la vida en el corazón de quienes la conocimos y a su alta humanidad. Gracias amiga grande Monna Bell que estás ahora en los cielos”.
Waldemar Verdugo,
Santiago de Chile, otoño de 2008.

martes, enero 29, 2008

Narraciones del Norte Chileno.

Estas historias las he escuchado contar a los narradores de cuentos que van en las caravanas que cruzan los desiertos del norte de Chile. Las narro como las oí.


DE LA HISTORIA DE ATACAMA

Apresado por los conquistadores españoles, un gran sabio y mártir del oasis de Caldera, convicto de apostasía y herejía, no dio pruebas de dolor cuando le cortaron las manos. Permaneció impasible cuando los españoles y las huestes indígenas peruanas que los acompañaban desde el norte le arrojaron piedras, que le abrieron grandes heridas.
Sin embargo, cuando uno de los maestros del oasis que se había doblegado al extranjero, se acercó a él y lo golpeó con una tierna flor del desierto, nuestro sabio gritó como si lo estuvieran torturando. Procediendo así para demostrar que nada de lo que hicieran quienes estaban equivocados podía dañarlo. Pero el más ligero roce de alguien que sabía, y aún así se doblegaba, era más doloroso que cualquier golpe o mutación.
Algunos de estos legendarios sabios del desierto al norte de Chile que resistieron, aunque fueron imponentes ante la tiranía, son recordados por historias como esta.


TRES CUENTOS DEL SUCESOR

UNO
Un día, en el oasis del Profeta, un rudo arriero de los que atraviesan el Atacama y cruzan la cordillera con su rebaño de animales, se acercó al Sucesor del Profeta y comenzó a insultarlo y a su padre y a su madre.
El Sucesor dijo:
-Hombre, ¿cuál es tu problema?
Pero el arriero, sin escucharlo, continuó vociferando y maldiciendo con todas sus fuerzas. Entonces, el Sucesor, dándole unas monedas, ordenó que le sirvieran comida y agua fresca y dijo:
-Perdona arriero, pero contra tu odio sólo puedo bendecirte, y darte todo lo que puedo ofrecerte; y si tuviera algo más te lo daría sin reserva.
Cuando el arriero oyó estas palabras y vio el gesto se sintió vencido y exclamó a viva voz:
-Doy testimonio de que en verdad eres el Sucesor del Profeta, nuestro amado. Había llegado hasta aquí y me detuve para comprobar si concordaban tu linaje y tu naturaleza.

DOS
Un día el Sucesor estaba trabajando como jardinero en un oasis de frutas y su patrón le pidió algunos mangos. El jardinero trajo varios, pero todos estaban verdes. Su patrón le dijo:
-¿Has trabajado aquí durante tres temporadas y aún no sabes cuáles son los mangos maduros?
El empleado respondió:
-Me empleaste para cuidar las frutas y no para probarlas. ¿Cómo puedo saber cuáles son más dulces?
Fue entonces cuando ese patrón del oasis de frutas supo que tenía contratado como jardinero al Sucesor del Profeta.

TRES
Se cuenta que el Profeta les dijo una vez a sus discípulos:
-Deposité toda mi confianza en Dios y crucé el desierto de norte a sur y de este a oeste con sólo una pequeña moneda en el bolsillo. Fui como peregrino al gran templo del reino interior de los Andes por el camino dorado de Caldera, fui y regresé y aún tengo la moneda.
El Sucesor, que entonces era un jovencito, se levantó y le dijo al Profeta:
-Si llevabas una moneda en el bolsillo, ¿cómo puedes decir que confiabas totalmente en Dios?
-No tengo nada que argumentar -dijo el Profeta-, pues este joven tiene razón. Cuando se confía en el mundo oculto a los ojos no hay lugar para ninguna pequeña provisión, por pequeña que sea.


UN NARRADOR Y EL ERMITAÑO

Una vez, cierto narrador pidió al Dios de los Báculos que le mostrara a uno de sus amigos y una voz interior le dijo:
“Ve hacia el Oasis de Vallenar y ahí encontrarás a uno que amo, uno de los escogidos que transita el sendero”.
El narrador fue y encontró en la entrada a Vallenar a un ermitaño vestido con harapos, plagado de toda suerte de insectos y sin poder moverse, miserable.
Y le dijo: -¿Puedo hacer algo por ti?
El ermitaño postrado contestó: -Emisario del Señor de los Báculos, tráeme un poco de agua, pues estoy sediento y me muero de sed.
Cuando el narrador regresó con el agua encontró muerto al hombre.
Fue a buscar ayuda para enterrar al harapiento y cuando regresó, junto a dos que lo acompañaron asegurando que el ermitaño era un hombre santo, vio que unos pumas del desierto habían devorado casi todo el cuerpo. El narrador estaba muy afligido y exclamó:
-¡Omnipotente y Omnisciente, conviertes en arena a los seres humanos! A algunos te los llevas al paraíso, otros son torturados, uno es feliz, otro es miserable. Esta es la paradoja que nadie puede comprender.
Entonces una voz interior habló al narrador y le dijo:
“Este hombre ermitaño había confiado en nosotros para aplacar su sed y luego retiró esa confianza. Para su sustento confió en un intermediario. Fue su culpa haber pedido ayuda de otro después de haber estado satisfecho con nosotros”.


PRINCIPIO DE LA CARAVANA QUE CRUZA ATACAMA:
Lo primero es saber que lo que creemos que es la verdad,
no lo es en absoluto.


(Fragmento de "Libro de los Oficios")
(c)Waldemar Verdugo.