22 de agosto de 2016

CAMINAR SANTIAGO.

Caminar es el ejercicio completo más simple y fecundo; es una instancia en que propiciamos el mantenimiento de todo nuestro sistema físico y espiritual al ser un momento reflexivo del mayor calibre, un tiempo propicio para adecuar nuestras ideas y ahondar en lo que nos motiva o preocupa y debemos resolver. Hoy, frente a la automatización creciente de la ciudad y la lógica del progreso desbocado, la figura del caminante tiene algo de subversiva, siendo necesario mejorar las condiciones para la experiencia de andar a pie, sosteniendo que luchar por mejorar las condiciones es una necesidad, la de trabajar por una ciudad más amigable y humana, que favorezca la serenidad, la proximidad, la sostenibilidad y el derecho a estar con uno mismo a nuestro propio ritmo. La infraestructura peatonal debe cumplir con tres objetivos: seguridad, es decir, que evite el riesgo de que los peatones sean atropellados o víctimas de un acto delictual. Accesibilidad, que todos -sin importar su condición- puedan utilizarla. Y por último, comodidad, sentirse a gusto caminando, lo que se traduce en una mejor utilización del espacio urbano usado en plena libertad, un ejercicio que tiene mucho de la sabiduría de animar la comprensión de uno mismo, que atraviesa las fronteras de la antropología y la geografía, el sexo y la filosofía, la política, la religión y el arte. Para Friedrich Nietzsche, “todos los grandes pensamientos se conciben caminando.” Caminar es un ejercicio que ocupa el movimiento para agilizar nuestro cuerpo y mente: no ignoramos lo que sucede en el mundo que nos rodea sin dejar de permanecer en la absoluta intimidad. Cavilamos en decisiones que tomaremos, ideamos y actuamos, disponiendo de este tiempo propicio en que marchar de un sitio a otro pensando nuestra natural curiosidad por el mundo nos sosiega y también serenamos nuestra mente porque está realizando su alto ejercicio humano de ser libre en la realidad del traslado soberano. El pensar caminando es algo muy antiguo, y la ciencia actual lo confirma: “aumenta la creatividad en el mismo momento y poco después. Abre el flujo libre de las ideas”, indica un estudio de investigadores de la Universidad de Stanford publicado en 2014 en Journal of Experimental Psychology. Desde mucho antes existen testimonios al respecto: “Nunca pensé tanto ni viví tan intensamente, nunca tuve tantas experiencias ni estuve tanto conmigo mismo (…) como durante los viajes que hice solo y a pie. Hay algo en eso de caminar que estimula y aviva mis pensamientos”, escribió el filósofo Jean-Jacques Rousseau, autor de El contrato social, y también de Ensoñaciones del Paseante Solitario. Otro pensador, el estadounidense Henry David Thoreau, adelantado de los derechos de la exigencia civil y también naturalista, publicó en 1862 un popular ensayo llamado Caminar, en el que sostiene que hacerlo es esencial para mantener una relación saludable con uno mismo y con el planeta. “No conozco ningún pensamiento tan oprimente que no pueda dejarse atrás caminando”, anotó el filósofo Soren Kierkegaard. El genial Beethoven hacía largos recorridos por los bosques de Viena con papel y lápiz a mano para anotar ideas, mientras que Steve Jobs, cofundador de Apple, solía caminar en medio de las reuniones de trabajo. Entre muchos, el escultor Constantin Brancusi, los escritores George Orwell, Vladimir Nabokov o Bruce Chatwin se inspiraron dando paseos. Caminaban los griegos trasmitiendo filosofía y lo hacen desde siempre los estudiantes de derecho en los pasillos de sus facultades para memorizar códigos. Grandes caminantes fueron los poetas Coleridge, Keats y Wordsworth, quien emprendió una caminata de 3.200 kilómetros a los 21 años: solía pasear por las calles de Londres y París, y hacia el final de su vida destrozó el cerco de un lord porque impedía el paso de los caminantes. Dickens se empapó de la vida caminando las calles de Londres; Virginia Woolf buscaba inspiración en sus paseos por Tavistock Square y entró caminando a las aguas fundiéndose en sus pasos; en París los impresionistas crearon su escuela al aire libre, y los montañistas y enamorados del senderismo se abren paso caminando bosques hacia las cumbres. El andar también se relaciona con las procesiones religiosas y en la noche abre otras dimensiones del callejeo que tienen que ver con aspectos delicados del alma humana. En el siglo XX caminar adquiere un carácter subversivo: la marcha de protesta, a la manera de Gandhi y Martin Luther King, y así lo entienden los movimientos sociales que políticamente reivindican el derecho y la libertad de caminar encontrando en el ejercicio una herramienta social específica que abarca todos los aspectos en marchas multitudinarias como nunca antes la historia vio.
Particularmente, caminar activa la interacción ordinaria del tejido social, al propiciar el encuentro con el otro, y cuanto se haga hoy por mejorar las vías peatonales es una necesidad inmediata si nos atenemos a las encuestas (como la llamada Origen Destino de 2012 en Chile), que indica que en Santiago un tercio de los desplazamientos diarios se realizan caminando, más de los que se realizan en auto (26 por ciento) cuando la capacidad de estacionamientos es cada vez más insuficiente, siendo solo un 4 por ciento los desplazamientos en bicicleta también por falta de vías adecuadas. En cantidad, anotemos que caminar unos diez mil pasos diariamente, unos 20 minutos dos veces al día, hace la diferencia entre llevar una vida sedentaria o salir de ésta, superando el acceso frente a otras actividades físicas por no requerir de compañía, un maestro o guía y como elementos sólo zapatos cómodos son necesarios, casi sin contraindicaciones por ser una actividad de bajo impacto. Hay que caminar con pasos normales, sin exagerar. La longitud del paso es de acuerdo a la altura y hay que ir con la cabeza erguida, el tronco recto y braceando a un buen ritmo. Todo eso ayuda y mejora el estado físico y la postura. Es cierto que en el mundo actual las grandes ciudades no hacen fácil el ejercicio de caminar, por el creciente número de autopistas urbanas, vías mal señalizadas y veredas ocupadas en los más diversos usos, siendo el andar a pie abandonado en la planificación urbana, en el diseño de la ciudad contemporánea, en que el peatón ha sido marginado, existiendo un movimiento creciente de ciudadanos que comienza a exigir en el espacio urbano un ambiente menos hostil. En Chile, al respecto, los peatones han logrado que las vías de caminata ocupen un lugar prioritario en la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones, lo que se respeta siendo menor el impacto del crecimiento urbano que afecta a otros países, presentando a nivel latinoamericano uno de los mejores estándares de calidad en ese sentido. Pero con deficiencias por la irregular distribución de los recursos, por ejemplo, en Santiago, comunas como Providencia, Las Condes o Vitacura tienen veredas de alto estándar, bien diseñadas, con un mobiliario funcional, árboles adecuados por su tamaño y sombra, aisladas del tráfico de la calle y mantenidas interviniendo regularmente con mejores elementos. Lo que es deficiente en las comunas a medida que son más populares, donde el espacio peatonal cumple con lo establecido en la norma, pero en menor calidad por ser escasos los recursos para ir adecuándolo con mejores materiales y mobiliario así como reemplazo de especies vegetales a medida que envejecen. En todas partes, es lo común, el peatón se enfrenta, por ejemplo, a obstáculos en su recorrido, por los arreglos viales por ejemplo, que obligan a transcurrir por donde se puede, o por la mala calidad de las veredas producto de la profesión mal servida cuando el contratista utiliza materiales de mala calidad o por un presupuesto deficiente desde las bases, sin embargo, siendo el principal obstáculo el deber caminar a la defensiva por la arremetida de los ciclistas o motoqueros, cuya regulación de tránsito y vías adecuadas es alarmante. Siendo la falta de seguridad y equipamiento el mayor obstáculo a salvar por el andante, que propicia el ejercicio no más allá de la distancia que lo lleva al paradero del transporte público, lo que requiere un cambio en la costumbre. Así como exigir de las autoridades, por ejemplo, considerar esencial la iluminación, porque de noche muchos tienen más tiempo y disposición para caminar sin apremio, siendo la oscuridad siempre hostil. En Santiago, como está siendo común en las ciudades consolidadas, existen recorridos a pie por lugares patrimoniales en que la caminata se vuelve una herramienta de cultura, en que guias autorizados van a la cabeza del grupo caminante enseñando la ciudad, habiéndose editado varias publicaciones al respecto, como la del grupo Cultura Mapocho: que enseña siete recorridos a pie mostrando los barrios Cívico, La Chimba, Yungay, Brasil, Estación Central, Dieciocho y Bellavista; el programa es gratuito, una vez al mes y no se requiere inscripción: los interesados deben presentarse en el punto de encuentro indicado que se anuncia regularmente en la página web del grupo Cultura Mapocho que se encuentra bajo ese nombre, entrando a la pestaña recorridos patrimoniales por Santiago, donde varias municipalidades comunales ofrecen también este servicio con la información accesible en los servicios turísticos que se ofrecen en la ciudad, siendo tradicional el que se ofrece diariamente partiendo desde la Oficina de Turismo Plaza de Armas, que tiene rutas por iglesias del centro, edificios patrimoniales y otras, como la llamada Santiago Popular que visita el Mercado Central, la Estación Mapocho, el Río Mapocho e instalaciones a sus orillas como la Vega Central y el Mercado Tirso de Molina. Santiago ofrece sitios verdes excepcionales para practicar caminata, citando sólo en el centro el Parque Metropolitano, el Parque Forestal, los cerros San Cristóbal y Santa Lucía así como la ribera del Río Mapocho muy adecuada para andar a pie con vías y puentes bien mantenidos. (Ilustración: Santiago de Chile en revista Vogue México por Waldemar V.F. Fragmentos de Chile)

6 de agosto de 2016

A BETSY PECANINS CON UN BESO.

Ahora que me han llegado noticias de tu presentación hace unos días en el Teatro de la Ciudad de México, Betsy Pecanins, amiga mía, ahora te envío esta escritura inmediata, palabras que nunca alcanzarán el tamaño de tu altura artística y humana pero que me sirven de excusa para enviarte un beso con blues de fondo. Ahora que los amigos que fueron a aplaudirte me dicen que estuviste plena, nueva, renacida siempre como el Ave Phoenix que aletea vitalizando a quienes te escuchan cantar, decir, susurrar tu música. Ahora cuando me llegan las noticias de tu actuación en el “Esperanza Iris” de la calle Donceles, recinto principal del Sistema de Teatros de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, ahora rescato cuestiones que de ti viven en mí, cuando comienzo a ver fragmentos en youtube de tu actuación, y verte me enternece.
Ahora rescato fragmentos de mi propia memoria porque, te digo, Betsy muy querida, es la memoria de tus amigos deleitados con tu ternura, por eso recuerdo cuestiones hombre adentro, de cuando llegué a vivir a Ciudad de México en 1980 y a los pocos días me invitaron a la inauguración de la Galería Pecanins que estrenaba su nueva ubicación en la colonia Roma, a un costado de la Fuente de las Cibeles, cuando estuve antes horas y horas leyendo lo que podía de quienes exponían antes de escribir una nota para Vogue, que sólo pude reseñar nombrando a los artistas porque te vi solo a ti, rodeada de gente: cuando como pude llegué a tu lado intrépido y puse mi brazo en tu hombro, me observaste y te susurré al oído “que bella eres”, sonreíste y seguiste conversando como si nada. Tu compañero entonces, el notable músico chiapaneco Federico Alvarez del Toro (que ya había creado composiciones notables como “Desolación”, su liturgia de la destrucción de la vegetación en Chiapas, “Estancias”, su reconocimiento a la voz humana, y presentaba por esos días su composición Gneiss, “Unión”, con la Orquesta Sinfónica del Estado de México, y “Ozomatli” con la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, que escuchamos con José Antonio Alcaraz y luego escribió en Vogue que la de Federico era “una nueva poética”) el mismo que no tardó en aclararme sutilmente que eras su compañera, lo que con los años se cansó de repetirme porque yo, cada vez que te veía, te abrazaba y no te soltaba; gracias por tu amistad Betsy magnética, por esos años, por escucharme y aconsejarme, llamándome “corazón de pollo” excusando mi ser sentimental, lo que ayudó a comprenderme. Ahora te cuento que un día antes de yo abandonar México fuiste a verme a la oficina de ARTEINC, por tu pura intuición chamánica llegaste a fortalecerme cuando en 1990 me trasladé a California y animaste enseñándome: “El verdadero lugar lo llevas en la piel. Porque naces cuando nace una pasión y lo importante es nacer todos los días”. También me enseñaste el blues, los músicos que amas, Muddy Waters, B.B King, Janis Joplin, Aretha Franklin… una estirpe de la cual tú formas parte, según siento. El blues que me enseñaste con tu paciencia infinita y que hasta ahora permanece entre la música que amo, y te cuento que sólo con los años sentí frases que decías de la influencia del blues en tu propia vida (quizás porque cuando te veía siempre me perdía en tu magnetismo y cada gesto tuyo, tus labios dejando escapar el tono melodioso de voz, tu cabello, tus ojos y tamaño de belleza) toda tú, para quien pueden ser muchas las influencias, “pero finalmente lo que establece mi estilo es mi trabajo personal. Hay muchas influencias que conforman mi canto. Pero lo que redondea mi estilo es el trabajo en el escenario. La técnica es muy importante, pero más importante aún es lo que uno va a decir. Crecí dentro de una gran cantidad de influencias musicales, pero el blues es la fuente primordial de mi canto, una raíz profunda, el blues ha sido muy generoso conmigo, y también para toda la música moderna.”
Es cierto que las notas del blues (melancolía saudade) tejen las hebras de aguas que fluyen al mar y, como el mar siempre se expande, con sus raíces en la gran influencia negra que tiene la música moderna, en las comunidades afroamericanas norteamericanas desarrollado a través de las espirituales, canciones de oración, canciones de trabajo, rimas inglesas, baladas escocesas e irlandesas narradas y gritos de campo, alentando al soul, al jazz y el country para que naciera el rock, llegando a formar parte del ragtime, bluegrass, rhythm, funk, heavy metal, pop, emparentado con otros géneros como el bolero y la nueva trova cubana y la ranchera mexicana, movimientos estéticos que nacen al alero del campo abierto, los bares y la revolución, humanizando el culto al amor y el desamor, tan cerca el uno del otro, y unificado al adoptar siempre su forma de las características personales, del contenido emocional de cada artista que lo interpreta, como tú dices, “el blues es una personalidad, es un rito de libertad donde hablamos de las cosas que nos duelen, que tiene un romanticismo áspero e irónico, y tiene muchas lecturas. Se habla del racismo, los derechos humanos, la intensidad de la vida, de la posibilidad de elegir una religión, el derecho a saber quién eres en este mundo.”
Ahora, me dicen los amigos, tierna Betsy bella, que del espectáculo que vienes presentando, contaste que, “lo he nombrado Ave Phoenix porque nace a partir de que hace cuatro años me diagnosticaron una condición neurológica que se llama disfonía espasmódica que afecta el habla con periodos de afonía, que nada tiene que ver con cantar o con la técnica, le pasa a cualquiera. El cerebro mandó una señal a las cuerdas vocales para que entraran en espasmo y ahí comencé. No me permite cantar como antes pero si usar la voz… el que una cantante pierda su voz es más que un drama, es una catástrofe… y un aliento que me hizo entrar en una etapa de composición, fue partir de cero, empezar de cero y desde otro territorio vocal y experimental, y han nacido muchas canciones, y este concierto que está en constante movimiento, renaciendo como el Ave Phoenix, con creaciones que nacen desde que tuve que fijarme en las cosas que sí tengo y seguir con eso. Ya no puedo cantar como antes, pero sí he encontrado otra forma de hacerlo, otra manera de decir las cosas que quiero decir, con otros elementos y acompañada de mi familia musical…” Como te refieres a quienes te acompañan: potencias vocales formadas en la Escuela de Música del Rock a la Palabra, Natalia Marroquín, Nayeli Stanfer y Elena Garnes, con los maestros Jorge García Montemayor (guitarra acústica) Felipe Souza (guitarra eléctrica) Héctor Aguilar (batería) Mónica del Águila (cello) y Alfonso Rosas (bajo), con tu familia de iconos musicales mexicanos, Jaime López, Guillermo Briseño, Rafa Mendoza y Jesús Antonio Rodríguez “Frino”, con Rocío Carrillo, que te acompañan en tu concierto Ave Phoenix producido por Arturo Mendoza. Concierto que es tu propio renacer con una analogía de la ciudad que te vio nacer, Phoenix, Arizona, y donde propones temas que hablan del amor, del desamor, del cuerpo, de la migración y de las obsesiones de la vida misma sin olvidar el buen humor; contando de tu padre que siendo niña te llevaba a escalar montañas, mientras tu madre, “florecita de asfalto”, te llevaba a los museos, transitando por la balada y el rock, y la música electrónica, boleros, rancheras y susurros con tu toque bellísimo, potenciando el espíritu blusero que inundas, seductora en castellano, inglés y catalán, cantando a los Beatles o afirmando en un verso que Ayotzinapa es personal recordando a las madres de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, Guerrero, el 26 de Septiembre de 2014, moviendo almas esa que habita tu cuerpo con fondo de blues en tu profundo espíritu, con tu pionera manera de rapear o hiphopear la letra de tus canciones, aunque no te asumas como maestra ni pionera, aunque no por nada en México para la crítica de la revista Proceso, el tuyo, “es uno de esos espectáculos fuera de serie”, y en La Jornada te nombran “mariposa del canto.” En Vogue elogiamos tu presentación en el Festival Internacional Cervantino de 1983, y calificamos “memorable” tu ahora legendaria actuación de 1985 en el Auditorio Nacional con el gran Papa John Creach, Real de 14, Dwight Cardoll, tu concierto de homenaje a George Gershwin de 1987 y tu voz en El Diluvio de Noé montado por Benjamín Britten en 1989, y reprodujimos las palabras de Félix Noarbe luego de escucharte en el bar Elígeme de Madrid, cuando dice: “Arrojamos tres claveles a Betsy Pecanins agradecidos de que nos demostrara que el blues, o el sentimiento del blues, está en cualquier corazón apto para recibirlo, que su lenguaje es universal, que pueden reunirse músicos de diversas latitudes del mundo en un solo sentimiento, que se puede cantar en castellano cuando la calidad impera.” Es cierto, el sentimiento del blues, según creo, se traspasa más allá del idioma que no por nada afirmas que, “las rancheras son el blues de México porque duelen, son desgarradoras, están llenas de sensualidad, porque uno se ríe de sí mismo, el sentimiento es doloroso sin aniquilar el humor a pesar de todo. Cuando vino la oportunidad de cantar temas de Lucha Reyes en la película de Arturo Ripstein (1994, La reina de la noche), eso fue todo un viaje. Fue descubridor. Cantar como Lucha Reyes me llevaba al blues, cantar el blues me llevaba a Lucha Reyes. El blues y la ranchera se parecen mucho, pero son distintos a la vez. Son semejantes en intensidad, en las rancheras la tristeza se da por el lamento, en el blues, la tristeza amarra con la ironía. Es el mismo temperamento desgarrado, con una alta dosis de sensualidad, una carga emocional que traspasa el lenguaje y que debí enseñarme cantando. Me costó mucho cantar en español con la misma naturalidad que lo hacía en inglés, porque las vocales son muy distintas, el sonido es otra cosa. Me inicié cantando el blues tradicional en inglés, mi lengua paterna, no lo podía evitar, nací y crecí en los Estados Unidos, mi segundo disco fueron canciones con letra de poetas catalanes que vivieron la etapa de la prohibición, el catalán es la lengua que heredé de mi madre, mi primer concierto lo hice en Barcelona, mi primera maestra de canto era catalana y aprendí mucho de ella. Fue muy importante incluir el español en México que es mi país de elección, donde vivo. Creo que el blues se puede cantar en el idioma que quieras, pero hay que encontrar el blues, tenerlo adentro, encontrando el equilibrio que se da en los espacios, lo que responde a la técnica, pero más que nada a la intuición y el gusto, con el sentido del humor fundamental para las cosas de la vida, para los buenos y los malos tiempos, siendo posible usarlo como canto contestatario y sanador, una fiesta para mirar al mundo con humor y vivir con dignidad. De las duras experiencias con mi salud, he aprendido con ellas, he cambiado con ellas. Cambiar no es malo -afirmas-. Los cambios son buenos te dan vuelta el camino y te exhortan a buscar otras cosas. Es difícil ser cantante y perder la voz, es como perderlo todo. Pero Ave Phoenix nació como respuesta a esa pérdida. Llega un momento en la vida que tienes que tomar una decisión y para mí la vida siempre fue superar muchas cosas, amar profundamente… eso ganó. Ha sido una época dura desde la abundancia, no de la carencia. Ha sido empezar desde otras ideas, comenzar a vivir intensamente este momento de creación que me encanta llamarlo Ave Phoenix, porque cuando meditas en que te volviste cenizas siempre encuentras la manera de renacer. Hay que estar dispuesto para renacer.” Así es. (A BETSY PECANINS CON UN BESO por Waldemar Verdugo Fuentes a 6 de agosto de 2016, Día Mundial del Blues y celebrando los primeros cincuenta años con Revolver de The Beatles)

4 de mayo de 2016

GRACIAS POR DIONNE WARWICK (con tributo a Sharon Tate).

GRACIAS POR DIONNE WARWICK (con tributo a Sharon Tate) No sé si lo he escrito antes: Sharon Tate es la más bella actriz del séptimo arte, según creo. Sí he apuntado que era mi amor platónico y cuando fue cegada su vida por el loco Manson viví el primer dolor profundo. Vi todas sus películas y varias veces Valley of the Dolls, donde actúa Sharon Tate junto a Patty Duke, Barbara Perkins, Susan Hayward y Lee Grant, iconos de esa época con fondo musical y definitivo de André y Dory Previn con John Williams, acorde encarnado en la voz enorme de Dionne Warwick, rescatando un despiadado retrato del mundo del cine. Conmovido, hace unas horas he visto actuar a Dionne Warwick en el Teatro Cariola en su cuarta visita a Chile: profunda, melancólica, mientras ella cantaba, en momentos sentada sobre un taburete junto al piano, yo di gracias a Dios por haber sobrevivido, por su música, por sus dos palabras invitando a su fe cristiana; luego dijo “Relájense y disfruten” antes de repasar algunos de sus éxitos, desde I’ll Never Fall in Love Again, This guy’s in love with you, hasta Alfie, I say a Little prayer, That’s What friends are for, What the World Needs Now is Love, No Make Me Over, Do You Know the Way to San José, For the Rest of My Life, Silent Voices… cuando interpretó el tema central de Valley of the Dolls di gracias a Dios por Dionne Warwick… el caso es que, en verdad, a mis quince años yo amaba a Sharon Tate. Era esa toda mi emoción (Waldemar)

8 de febrero de 2016

PREGUNTA

Extrañado, fui donde uno de los hombres sabios chilenos y le pregunté: -¿Cómo es posible que se metiera ese elefante en mi pijama? Y me dijo: -Antes de responderte, dime tú primero, ¿qué es más importante? ¿Qué abras la puerta y veas a un dragón? ¿O que abras la puerta?

4 de febrero de 2016

ELOGIO A RICHARD HAMILTON

Hace unos días al aire en youtube (https://www.youtube.com/watch?v=nFQEp09A6qI) de mi encuentro con Andy Warhol, digo del artista norteamericano que era un hombre impasible, para quien la historia del crecimiento de nuestra conciencia está escrita en la historia de nuestra sexualidad. Creía que existe en todas las personas un cierto combustible de fuerzas enormes, que al ser canalizado incide positivamente en el desarrollo del cuerpo y de la mente. Narro que mientras plasma un diseño improvisado, me dice que trabajar le resulta, "mucho más excitante que mantener relaciones sexuales con quien sea"… aquí cito a su quizás más sólida fuente de inspiración, ahora elogio a Richard Hamilton. (Foto: ¿Qué es lo que hace a los hogares de hoy día tan diferentes, tan atractivos? Collage de 1956 por Richard Hamilton) El artista Richard Hamilton, nacido en Londres en 1922, acuñó el término Pop Art en 1956 al crear su primer collage inspirado en la cultura norteamericana, donde Andy Warhol desde Nueva York una década después masificó el término que inspiró el movimiento creativo de obras pop en que también luego sobresalen Jasper Johns y Robert Rauschenberg. O sea, Hamilton no fue el más famoso pero sí el pionero, quien sentó las bases parodiando el carácter consumista de la cultura norteamericana, desde su primera muestra en 1956 formando parte de un colectivo de artistas ingleses, el Independent Group, que desafiaban el modernismo. Nunca obtuvo reconocimiento de su obra mientras vivió y aparentemente al final no le importaba, no por nada fue el más reticente para que se efectuara una retrospectiva internacional de su obra en 2013 proyectada en Los Ángeles, Filadelfia, Londres y Madrid, falleciendo en 2011, sin concretarse el ajuste de cuentas del artista con el público. En vida, expuso dos veces en la Tate Gallery, él declaró a Alaister Sooke, crítico del Daily Telegraph: “Tengo la sensación de haber sido rechazado toda mi vida…mi exposición en la Tate en 1992 fue calificada como la peor del año. Me sentí orgulloso, por fin era el primero en algo”. Anotemos que tuvo aciertos innegables en su carrera, entre otros, dio a conocer a Duchamp en Inglaterra, retrató a Mick Jagger cuando el líder de los Rolling Stones era desconocido, alentando su carrera musical; también ideó la portada blanca del White Album de The Beatles; en los 70 homenajeó a Picasso usando la técnica del autor del Guernica en una obra donde retrataba Las Meninas de Velázquez; apoyó el movimiento pacifista británico (entre otras señas, en su obra El ciudadano hizo un paralelo entre Jesucristo y Bobby Sands, entonces preso del ejército republicano irlandés en huelga de hambre); en el 2000 retrató a Tony Blair vestido de cowboy usando una impresora digital para plasmar la tela, y en el 2002, en el Museo Británico, expuso su ahora elogiada serie de grabados inspirados en la novela Ulises de James Joyce, de la que entonces la crítica guardó silencio. Es cierto que en 1993 ganó el León de Oro en la Bienal de Venecia, y también es cierto que fue poco para un artista a quien otros le deben tanto. Vaya este elogio como homenaje a su obra que inspiró a notables como Andy Warhol, con quien rescato mi encuentro en “Gente Notable” ISBN 9789563535624 Sitio relacionado http://andywarholenvogue.blogspot.com/

26 de enero de 2016

HUELLA DE MONNA BELL

ELOGIO A MONNA BELL Fotos: Monna Bell y Waldemar Verdugo Fuentes Fragmentos publicados en Vogue y Novedades, México RESCATE DE PAPEL VEGETAL Escrito incluido en el libro “FRAGMENTOS DE CHILE” Monna Bell forma parte de la estirpe de artistas que en el siglo XX logró que la canción popular en nuestro idioma terminara de consolidarse con sus voces propias. Ella también amaba la lengua portuguesa porque se la enseñó sola, igual como salvó los desafíos de la vida desde que comenzó a trabajar cantando desde su niñez en Santiago de Chile, donde nació, que fue en su vida como una noche callada y el único lugar donde regresaba por el puro placer de estar. Cierta noche fuimos a cenar con la actriz cubana Ninón Sevilla al Night and Day de Ciudad de México; allí me presentó a Monna Bell: concerté con ella una entrevista para Vogue a la que accedió solo porque se trataría de una conversación entre dos chilenos, pues era reacia a la prensa. No lo sabía entonces, pero desde que conversamos por primera vez, comenzó a brotar en mi vida una de las amigas más consistentes que se me ha dado en gracia tener. Para ella, “ahora, cuando han transcurrido tantos años desde que comencé, aún me causa sorpresa el ver cómo se ha desenvuelto mi historia, que es la historia de una mujer que descubrió que haciendo lo que quería -cantar-, podía, además, vivir de ello. Yo canto como un carpintero hace un mueble o cómo un médico sana una herida. Canto en tonos más bajos, esa es toda mi diferencia. Lo demás es el oído del público". Dice Monna Bell de su trabajo musical: -Creo que sólo Dios es algo más importante para el ser humano después de su trabajo. Pienso que el trabajo es la forma perfecta de relación con nuestros semejantes, por eso me ha interesado siempre hacerlo mejor cada vez. Porque una profesión mal servida es el caos en nuestra sociedad; si uno hace lo suyo lo mejor que puede, todo a su alrededor se levanta. Si las cosas no son mejores, es porque nuestras profesiones no están bien servidas. Cantar, entonces, es mi forma natural de relación con la época en que vivo, con mis semejantes. Y es mi forma de relacionarme con cierto Orden Universal. Es cierto que hay quienes creen en Dios por temor, yo no: creo en Dios por agradecimiento, porque mi historia es, además, la historia de una mujer conforme. Los premios han sido algo absolutamente secundario en mi vida. Yo nunca he cantado para recibir premios, nunca quise ser una estrella, sólo he querido ser una cantante, una intérprete de canciones, nada más. Y a partir de ahí, hacerlo lo mejor posible. En mi carrera siempre presentí que no se trataba de cantidad, sino de calidad. Mi trabajo es cantar, a eso nada más aspiro, a servir de intérprete lo mejor posible. Que ese logro secreto es para mí más que suficiente. RÉQUIEM POR MONNA BELL (1938-2008) Amiga mía, pocos meses antes de devolverte a la distancia conversábamos con frecuencia por el chat. Dos días antes de que partieras, llevé mi micrófono a la terraza de mi hogar aquí en Cartagena para que escucharas el sonido del mar y el canto de las gaviotas: guardaste silencio y luego me escribiste “Nunca creí que pudiera sentir esto, pero ahora lo único que desearía sería estar de regreso en Chile”. Muy querida Monna, te dije, te enviaré un crucigrama de un diario popular chileno en que tu nombre aparece hoy, entre las palabras secretas cruzadas del juego, a manera de un aspecto muy delicado de nuestra mentalidad chilena. Aquí en Chile estás para siempre. http://monnabell-entrevista.blogspot.com/

18 de diciembre de 2015

NAVIDAD DEL HIJO DEL HOMBRE.

Maestra Gabriela Mistral en fin de año 1950 con niños de la escuela que lleva su nombre en el puerto de Veracruz, durante la última visita que hizo la magnífica errante a México. (Rescate fotográfico de la investigación para el libro “Gabriela Mistral y los Maestros de México” ISBN 97895635346349)
Lo bueno era el sudor helado en nuestras sienes; ciertos escalofríos que recorrían la noche de la infancia como una corriente eléctrica conectada a lo sensorial, a lo más íntimo que teníamos debajo del saco, porque si no había sudor, no había magia, y el misterio era absolutamente necesario en la fecha, en el recuento de las mejores y las peores que habíamos cometido en la inocencia o en la inconciencia, o, a lo mejor, en toda la terrible conciencia que posee un niño en sus reservas. Y lo bueno era tener miedo, y no pura alegría la noche del 24, y esperar temblando, porque el miedo era parte del encantamiento; entonces lo bueno era el destello en los ojos que buscaban estrellas, y estar lúcidos para el descubrimiento, porque el Viejo Pascuero atravesaba la noche y había que verlo aunque fuera a través de los vidrios, y saber al fin por qué nos habían lavado la cara, y la peinada con jugo de limón, y dos pellizcos para que estuviéramos tranquilos; y cincuenta recomendaciones de buenos modales y un Padrenuestro por el pan nuestro de cada día, que ese día era con chocolates y fruta confitada, y así, toda una ceremonia que comprometía la conducta particular -por lo menos- durante las horas de la víspera. Y era víspera -el estado del alma- en que la taquicardia asumía un lugar de primera línea y las urgencias se transformaban en sonrojos y pipí a destiempo y puntadas aturdidoras; toda esa soberana víspera consiguió pasar la barrera de los años cumplidos, de tu madurez, de la mía, de la indiferencia de otro, y consiguió tener su hora en la historia particular y en la historia general, y a eso no hay vuelta que darle, porque a alguna historia tienes que pertenecer siendo hijo de hombre, de alguna forma nos va a tocar el clima de Navidad aunque no sea, precisamente, con villancicos y campanitas y todas las santas cosas que traen las tarjetas impresas, aunque la infancia esté lejana y se haya quedado colgada en un guardapolvo de la escuela, aunque seas mayor de edad y tengas hijos y nietos, o tú, en soledad; aunque el mundo se transforme con evoluciones y viajes al espacio y computadoras, y ocurra la muerte y ocurra la vida, y llueva o truene; la Navidad va a llegar, está llegando para tu bien y el mío, para la compostura y para la esperanza, porque al fin y al cabo, somos hijos todos. Y lo bueno es que cada hijo tenga su parte de noche de paz y de noche de amor. Porque el amor -se ha dicho tanto- debe preocuparnos desde la largada, y en eso estriba todo. Para qué insistir más. Para que si en ti y en mi hay un niño, no hay que olvidarlo, es importante, es principal el niño, sobre todo a esta hora cuando mucha infancia anda en las calles duras buscando un pecho, una mirada para quedarse, y a lo mejor la ternura depende de tus ojos, y el chocolate depende de tus manos, y muchas cosas que no son el arbolito, dependen de la postura del corazón, hay que reconocerlo; porque la indiferencia mata y la soledad no pregunta; y no es necesario escribir un cuento de Navidad para traer a terreno el sentimiento, porque la piel hay que tenerla delgada siempre, afinada, como quien dice. Y no porque ahora vaya a ser 24 o 25 de diciembre y el nacimiento de Jesucristo nos toque donde mejor se pueda, y veamos pinos con luces, y nos pertrechemos con rosca de reyes; no por eso, solamente, fijemos una noche de paz o una de amor para el techo familiar: pequeño círculo cerrado, porque la nochebuena comprende el hemisferio, este canto debe ser como la noche (comprenderlo todo) con la realidad y una composición de lugar estrictamente verdadera. Y que el canto no se nos vaya al infinito, ni a explorar estrellas desconocidas, ni se transforme en puro villancico, en tarjeta de felicidad; porque la luz debe estar en nosotros, compartida a ras de tierra, porque el canto deber ser la paz de ahora, la noche y el día del amor para los que vienen detrás de nosotros. (Por Waldemar Verdugo Fuentes. Publicado en VOGUE)

1 de diciembre de 2015

MEMORIA

Di tiempo a mi memoria para que cumpliera su primero y más apremiante oficio: olvidar. Aquí el aire parece transparente, tengo miedo hasta de pestañear. Pienso hasta donde terminan los gestos. Tal vez si cambio la mirada provoco en el mar el nacimiento de una caracola...lo hago. Para ti me vestí esta mañana. Por ti afeito el rostro de mi cuerpo, por ti emprendo jornadas sin término, por ti agoto mi alma en estériles esfuerzos, en vanos deseos y ambiciones. Por ti hago las cosas como si no las hiciera, por ti he renunciado a todo y a mí mismo. Por ti medito sin cesar: ¿estoy acaso muerto acaso vivo? Por ti voy a la Escuela de los Adivinos, por ti pongo música y quemo incienso mientras voy destapando cofres. Por ti sigo siendo un hombre libre, por ti me huyo en el sueño. Por ti descubrí el movimiento de la puerta: una vez abierta una vez cerrada (me pregunto cómo será sin ti lo que escribo)

19 de septiembre de 2015

6 de febrero de 2015

DONDE ACABAN LOS RIELES.

Aquí estoy, el mar verde desde mi ventana se extiende hasta mi silla con precisión; en una línea recta en el horizonte figuras lejanas de nubes semejan barcos detenidos dibujando hacia lo alto el cielo dorado de la tarde. Desparramado como los hombres de mar en el paisaje terrenal al llegar a cierta edad con mi alma dispuesta al silencio que es quebrado por mi perro Obama que ladra a las gaviotas, pienso en el amor no duro en la vejez habiendo corrido tantos rieles mientras la cantina en la cima de los acantilados cercanos, con su ventana iluminada de música y carcajadas cómplices, miran afuera hacia donde terminan los rieles destruidos, son rostros a los que se podría herir muy fácilmente. Le sonrío a Obama que me trae su pelotita queriendo jugar: le lanzo su pelotita, me prendo un cigarrillo, suspiro y me levanto sintiendo que aún en el tiempo mi cuerpo se sueña eterno; veo a la orilla del mar florecidas las lavandas azules con las hojas todas volteadas hacia el sol tardío, caen unas mientras vaga tu voz por entre las hojas quebrando la superficie de la tierra redonda, justo ahora cuando pensaba haberte dejado en el olvido. “Hablarme no te hace ningún bien”, te respondo al teléfono. Solo es que dejamos de oler la fruta, de amar las plantas porque nuestro pulso no luce igual bajo la piel, “lo tuyo son solo recuerdos de hace años”, digo como hablando un lenguaje de palabras minúsculas cuando caigo en cuenta que eres tú quien me hablas: yo estaba solo, hacía un año que habías muerto y ahí estabas, con tus historias de mirar juntos las estrellas, con tu palabrería que destroza el corazón, con esa tu forma de mostrar que la felicidad existe aunque no es que no se pueda ser feliz estando solo: igual la felicidad existe porque es bella el alma del mundo a pesar de tu hipócrita manera de invocar tu profesión oscura aunque ¡Dios mío, sé que no tienes un corazón duro! Y al fin todos decimos a veces malas palabras, “si igual junto a ti me parece que el mundo se detiene, que ni importa si hay una hecatombe o mal a la puerta”, te repito esto que sueles repetir, “eres lo que existe y no existe”. Solo es que ahora estoy navegando en mi bote de remos donde a duras penas hay espacio para yo mismo y mi perro. Ando, es cierto, no muy adentro en las aguas olorosas de algas remando al ritmo del palpitar despaciolento de mi corazón, dejando a ratos mi bote libre mientras orino al océano sintiéndome relajado después de eternidades de tensión, como el viejo Borges riendo cuando alguien le decía maestro. “Tú tienes el sentimiento bueno, y con tu dote no te faltará”, con tu mirada de Kin-Kong, por la ventana del hotel, observando a Fay Wray, de enorme ternura, desvalido amor. O con tu actitud a veces de Joan Crawford, con un cigarrillo en sus labios metida en la bañera, y tu gesto ese que haces al fumar, con tu sonrisa de seguridad y tu mirada de lascivia. “Ahora te dejo, me reclama Obama volver a tierra firme”, pero solo quiero jugar con él a la pelotita, antes que la noche haga penetrar sus velos junto con el primer aullido de las lobas pariendo abajo en los acantilados, mientras descifro lo que vivo. (Waldemar Verdugo Fuentes)

LAS AGUAS BRAVAS.

Mi hogar está al fondo de los mares del Sur, donde se cruzan el Meridiano 33 y el Paralelo 71. Vivo a orillas del mar interior, las aguas entre el continente y Rapa Nui, la isla de Pascua; son aguas de un azul eléctrico a esta hora del día, son aguas bravas casi todo el año y luego de las tempestades se arrastran como un manto que se extiende más allá del horizonte, hacia las fuentes del océano que se pierde en la salida antártica hacia el mundo exterior, sobre mi cabeza. Al sur está la tierra de los Hiperbóreos, limitada en su perímetro por el río océano donde los peligros de navegación por los restos del continente hundido están señalados con verdaderas columnas de diamante que brotan de los hielos antárticos, señalando una entrada al Reino Interior, entre el Cabo de Hornos y la Tierra de O’Higgins. Al norte de nosotros mismos, subiendo en la distancia están los montes sagrados andinos, cuya fuerza reposa en el silencio. Después de siete años de navegar por las tinieblas, en un mar sumamente agitado, vimos una isla que flotaba como elevada por la bruma, que se transformaba en tal espesa niebla que parecía brotar sobre un infranqueable muro de metal y piedra escarpada y desnuda. Era como un monte oscuro por la distancia y me pareció tan alto como no había visto nunca otro alguno. Un ruido sordo pegaba contra los arrecifes y la alta resaca dejaba oír sus lapidarios gruñidos contra nosotros. El barco parecía hundirse tan bajo a ratos, que subía a penas sobre el nivel del mar. En un instante, como si arrancara de la tierra que veíamos, un torbellino sacudió la nave por la proa, la hizo girar con tal brusquedad que se levantó la popa en alto, mientras la proa se hundía y el mar se cerraba sobre nosotros. Anclamos en esta playa de hermosas aguas bravas, sin embargo con accesibles acantilados en forma de herradura y abrigada del viento. Aquí hice mi hogar. Luego de realizar en el inmediato bosque de eucaliptus los ritos y las oraciones en honor de los muertos como el otro Waldemar iba indicando, vimos aparecer una multitud de sombras entre sutiles reflejos de los que fueron en vida ancianos, mujeres y hombres, jóvenes y niños que nos abrían paso en silencio y con cierta actitud reverente, hasta que cruzamos a la zona de luz que marcaba la entrada a la Caleta de Cartagena. En las puertas de la ciudad, en una inscripción en la piedra, tallamos: "Quien ha llegado aquí, puede llegar a cualquier lugar que exista o no exista”. Una vez que anclamos, y rescatamos el barco extrañamente intacto, tampoco supimos la dirección que nos trajo aquí; aún cuando tuvimos un deseo manifiesto de explicarnos las rutas de navegación, no supimos decir qué tipo de energía hizo moverse al barco por sí mismo, como un animal vivo, indicándonos solo el rumbo que seguía en un sistema de coordenadas radiales que, después supimos, tenía como centro de referencia el Oráculo de Cartagena. Este Oráculo, ahora sé, cuando estoy junto a él, es en apariencia nada más una bola de cristal que tiene en sus manos la estatua de San Pedro, patrono de Cartagena; parece otro artificio, pero refleja en el mar que lo rodea todas las cosas como sucedieron, como están sucediendo y como han de ocurrir. Al parecer, por los comentarios rutinarios intentando convencerme de que no sucede nada, delatado por el tono levemente preocupado del otro Waldemar ante mi respuesta al hecho magnífico, al fin dijo: "Es que no cualquiera puede ver los reflejos en el agua sin temer descontrolarse para siempre. Muy poco más se sabe. -Pero, físicamente ¿donde en realidad estamos? -dije. -Estamos en un sitio que es todos los sitios a la vez y ninguno. Poco tiempo después de la caída del país Antártico, cuando los habitantes del Reino Interior lo absorbieron entre las aguas detenidas en los hielos más colosales del mar, varios pueblos se esparcieron por estos mares del sur. Algunos huyeron a las islas Polinesias que veo desde mi ventana, ellos son los constructores de los moais cuya alma preserva el pueblo Rapa Nui. Otro grupo se quedó a nuestras espaldas, en el valle más fértil, ahí levantaron su ciudad: Santiago de Chile. De los que escaparon con vida cuando cayó la segunda luna y quebró los continentes, simplemente llegaron del mar a estas playas en sus cóncavas naves, esperando volver a sus sitios de origen. Arribaron de muchos lugares; algunos vinieron del país de los Cardófagos, que se alimentan principalmente del fruto de cierto cardo, cuyas semillas trajeron, esparcieron aquí sus sembradíos, y quien lo prueba se olvida de su patria. Otros lograron llegar hasta aquí debiendo cruzar el triste país de los Muertos, en los confines del océano de profunda corriente, donde el sol resplandeciente jamás ilumina con sus rayos; debieron cruzar la zona del sueño y rodear la cueva desde la cual se puede descender al Reino del Mar. Los que logran, cuando más, cruzar sin novedad luego zozobran con sus naves intactas en estas aguas bravas del Sur, aunque algunos, como los que trajeron el Oráculo de Cartagena en un tiempo olvidado, son naturalmente empujados hacia acá por el Hacedor de Caminos. Nada más se sabe” -terminó el otro. Aquí se dice de nuestros mayores que llegaron en el tiempo del hundimiento de las aguas, que corresponde al tiempo anterior a la época del bronce, metal procedente de la aleación del estaño, del cobre y de minerales más comunes en esta zona como el plomo y la plata. El estaño lo tomaban fácilmente los antiguos y con él fabricaban espejos, recipientes pequeños destinados a contener perfumes o medicamentos y también para soldar y afirmar sus construcciones. Para conseguir cobre simplemente lo excavaban de los caminos que cruzan todas las entradas a los Andes chilenos, que vemos en la distancia si volvemos la vista contra el mar. El oro no era importante porque sus alquimistas tenían también la receta para hacerlo, pero al ver la codicia por este metal que demostraron los invasores europeos del siglo XVI, la receta fue tan oculta que terminó por perderse. Sin embargo, aún hoy, en recuerdo de los antiguos que poblaron esta zona se cultivan rarísimas especies como la canela y el clavo, el sándalo y la mirra, que se aprecian más que el oro. Aquí, en estas aguas bravas a orillas del mar vive la maravillosa borrachilla, el pez dorado iluminador de la mente que se alimenta del peyote del mar que arrancan del fondo oculto las aguas bravas. Ayer se dejó caer la tarde con un gran viento, súbito como un ancla cae en las aguas profundas. El mar onduló su vientre por encima de los botes y remolcadores, y andaba como queriéndose engullir la caleta de los pescadores de San Pedro. Muy luego el cielo se quebró en rayos y truenos. Dos vapores en la distancia de las aguas se estremecían con sus sirenas al aire. Los lanchones buscaron protección hacía la raya del horizonte, confundida con nubes tempestuosas que los fundieron en la oscuridad del mar. Gaviotas y alcatraces gritaban desde los acantilados. Las lobas marinas lanzaban al viento su canto largo como si estuvieran pariendo. Con la entrada de la noche, que se vino temprano, súbitamente se dejó caer el aguacero, y los caminos de Cartagena, que desembocan todos en el mar, se transformaron en peligrosos ríos. Sábanas de agua de cielo cubrieron el pavimento y las veredas, y parecía que las aguas bravas también andaban queriendo salirse del mar. Y tanto duró la tenaz lluvia que el corazón se apropió de todos. Nos fuimos los que estábamos a mirar de la terraza la población de los pescadores arriba de los acantilados... “-Los cauces arrastrarán sus casas tan frágiles. No resistirán” -dijo alguien. “-¡Resistirán!” -afirmó enérgico otro. Y todos estuvimos de acuerdo, aunque nuestro corazón estaba sobrecogido. Vi cómo la naturaleza desatada sacudía persistente los techos y barría las calles de todo. Vi como quien esperaba un milagro o un hecho distinto les despertara del sueño malo con viento en el mar. El temporal ya era un gigante, brutal. Vi que la bajada blanca a la Caleta era como un canal desbocado abriéndose en todos sentidos. En el mar, los botes que no alcanzaron a sacarse, como caballos espantados, aparecían y desaparecían entre las olas, algunos queriéndose estrellar sin compasión en las rocas que crecen del mar. Vimos justo el momento en que la proa del bote con piso transparente se hundió en las aguas para siempre, no pudo soltarse mar afuera y afrontó su destino. Los mares del sur estaban furiosos y temimos en un momento que brotara el gran tentáculo de que hablan, la gran lengua del mar que absorbe poblados enteros. Cartagena se hundía por los cuatro costados. En sus cerros y a orillas de los acantilados, en todos los patios los árboles milenarios y los nuevos barrían el planeta con sus melenas desatadas. Un rayo partía en dos nuestro pequeño mundo cuando vimos que algunas mujeres con niños en brazos y los pescadores que estaban en tierra abandonaban sus casas, a punto de desprender el viento de sus cimientos y precipitarlas al mar, bien podía desencadenarse una tragedia, y buscaron refugio en el corredor techado de la Junta de vecinos y otros en el gimnasio del Club Deportivo, en las casas más seguras y se dispuso todo y las hileras de niños, mujeres y hombres fueron cruzando las calles de agua hacia el refugio ocasional, con sus cosa más imprescindibles, siempre silenciosos, como repitiendo un rito largamente en práctica, envueltos en una tristeza larga. Vi algunas mujeres apuntando sus ojos implorantes al mar sordo iracundo elevado por el viento. Y todos los que estábamos más protegidos recibimos amigos, y llegaron los Pakarati, que ni siquiera en su Isla de Pascua están acostumbrados a que les entren las aguas bravas por los cuatro costados, y nos contaron de Rapa Nui y animamos la tragedia con un poco de música. Vi niños a salvo del viento y del agua, y dos de los más pequeños dormitaban acurrucados en el regazo de sus madres jóvenes, que estaban iluminadas y sus ojos eran de lapislázuli enmarcados en la tez fina con el cabello en desorden bajando a sus hombros. También los mayores en voz alta nos guiaron en un Padrenuestro por los pescadores a quienes el temporal les salió al encuentro en su faena del día. Luego se metieron en las santas cuestiones que vienen acá abajo con los temporales, que camas secas y un ulpo para los niños, el pan amasado, que el carbón no se moje, el mate que corre. Que fuimos y vinimos. El viento prosiguió toda la noche y al amanecer su concierto silbante y los árboles, deshojados y transparentes como fantasmas, parecían elevados al cielo. Las araucarias y eucaliptus, sin embargo, apenas se ven despojados de unas hojas. También las cercas han capeado bien el temporal. Con las primeras luces de este día las aguas bravas se compadecieron de sus hijos, y un arcoiris de paz se quedó dormido sobre las algas. Las mujeres miraron a sus hijos como una sola alma y se abrazaron, luego volvieron a sus casas y ninguna estaba destruida. En la distancia de plata junto al sol poco a poco se fue apareciendo algo semejante a un collar de hielos, eran los pescadores, salvos todos, con sus lanchones cóncavos intactos del mal tiempo, casi al ras del agua por el peso de la pesca abundante. Vienen los botes cargados de peses de plata, en un ras entre todos ayudamos, los sacamos en vilo de las aguas y son recibidos con aplausos. Noto la lucecilla tenue del Oráculo de Cartagena posado en las manos junto al corazón de la estatua de San Pedro que anuncia su caleta. Las gaviotas y los alcatraces se lanzan en picada y sacan del mar peces que parecen danzar en el aire, aún vivos, para luego engullirlos de un bocado. Los lobos marinos y sus familias están alborotados comiendo la pesca submarina que se vino abundante. El cielo está tan claro que parece transparente. Y el aire tiene un aroma que más no quiero yo, ni el otro. (Waldemar Verdugo Fuentes)

22 de diciembre de 2014

NOCHEBUENA PARA EL HIJO DEL HOMBRE.

Santo y seña: amarás a tu prójimo como a ti mismo, aunque sea un poco, aunque tan sólo trates…
Por Waldemar Verdugo Fuentes Foto: Nadine Markova. Publicado en revista VOGUE. (ARCHIVO VOGUE)

5 de octubre de 2014

EL COCINERO DEL REY.

Con pejerreyes de plata, erizos espinudos de lengua oro viejo y un soberbio congrio que me ocupaba todo un brazo, regresé del puerto. El congrio estaba colgado de las agallas de la tienda del pescador: era el más soberbio pez del mercado. Lo abriré con mi cuchillo de ancha hoja y lo rellenaré con manzanilla fresca. Salvo este congrio, los grandes peces hoy parecían haberse escondido. Al abrirlo se destaja como la piedra al golpe del agua. El carbón de álamo encendido bajo el fondo de la greda con ajo machacado en salmuera asentará su sabor y le llevará a la boca a los reyes, mis amos de las sandalias de oro repujado. Así ni más les sirviera los pejerreyes en la gran fuente blanca, bastaría... que mi mano les sacie y les impida la pena este día especial. En lo que a mí respecta, hoy sí hay invitados mayores. Vendrá el viejo poeta que canta a la vida y su hija Elisa, ella, que llegará coronada de rosas. Les serviré y aplaudirán cuando gusten lo que preparo, y el rey permitirá que me quede, apoyado en el alféizar de la puerta, para ver las caderas ágiles de Elisa que baila con él, y el poeta con su majestad la reina, todos moviéndose al toque de mis palmas, luego del vino que llevan los erizos del mar. (Fragmento de "LIBRO DE LOS OFICIOS")

21 de agosto de 2014

MARÍA LUISA BOMBAL: UNA HUELLA

En la literatura de Chile, a María Luisa Bombal sólo se la compara con Gabriela Mistral en la perfección de su obra. Autora de tres novelas breves y cinco cuentos de unas pocas hojas, no fue más necesario a María Luisa Bombal para dejar una profunda huella en las letras del siglo XX. Adelantada del Realismo Mágico, aquí se refieren a ella Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo y el cineasta John Huston, que la admiraban, así como se retrata un singular perfil de la escritora. “María Luisa Bombal, una Huella” de Waldemar Verdugo Fuentes, es un libro reconocido con el Premio Escrituras de la Memoria Año 2011 del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile. ISBN 9789563533927 EN AMAZON.COM http://www.amazon.com/dp/B00GL9QMC4

20 de agosto de 2014

AVENTURA AMERICANA (Diario de Viajes)

Fragmento del Prólogo: “Este Diario de Viajes por América reúne algunos testimonios que recogí entre 1972 y 2010, de labios de los vecinos con quienes conversé en los lugares cuya impresión aquí anoto: la Antártica chilena; camino a Lima; Nazca donde escriben los dioses; con Borges en Buenos Aires; Quito en la mitad del mundo; Islas Galápagos; en zona Maya, que cruza Honduras, Guatemala y México, donde vi al Templo Mayor, Teotihuacán la ciudad de los dioses, y Los Cabos de la Baja California. Cierra este Diario de viajes una mínima relación de lo que he visto en Nueva Orleáns, porque sería ingrato no citar un lugar donde se ha vivido un gran amor… Conocer estos lugares ha sido una aventura. Naturalmente, una aventura es algo que nos sucede; es algo que nos escoge a nosotros, no algo que nosotros escogemos. Es cierto que crucé estos caminos sin premeditarlo, simplemente me dejé llevar por la aventura que es algo extraordinario para el que se deja vivirla.”
ISBN 9789563580129

MEMORIA DE CUESTIONES ISBN 9789563580143

EN AMAZON.COM: Esta “Memoria de cuestiones” rescata una serie de crónicas publicadas en fragmentos en papel vegetal en revista Vogue y periódico Novedades de México, en periódico El Mercurio de Chile, en revista Norte/Sur de México-Argentina, y otros medios citados en la Hemerografía. Son trazos de la superioridad de la raza, signos de resistencia al trabajo, a la enfermedad y a la soledad, de la capacidad para el esfuerzo y ánimo que brota de nuestra secreta materia gris. Cuestiones para llorar de risa, el circo, nuestros gestos humanos y las máscaras con carnaval y el Dragón, un elogio de la locura. Cuestiones acerca de nuestros ríos de la memoria con el Hombre como centro a partir de la idea de que el mundo se inicia desde donde uno está. Son trazos de un diseño del mundo con la Inmortalidad de fondo, donde se juega con el Tiempo y se moldea la materia del sueño. El autor, Waldemar Verdugo Fuentes, nacido en Santiago de Chile, ha sido reconocido con el Premio Nacional de Periodismo Cultural año 1987 del Instituto Nacional de Bellas Artes del Gobierno de México, y con el Premio Escrituras de la Memoria año 2011 del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile.

TRAZO DE AGUAS ISBN 9789563580136

Este “Trazo de Aguas” lo componen una serie de crónicas publicadas en fragmentos en papel vegetal en revista Vogue y otros medios. Anota el autor en el prólogo: “Son crónicas acerca del nacimiento del mar y las aguas medicinales. Del mar de Chile, y un trazo del amanecer del día 27 de febrero de 2010, cuando el Señor de Todas las Aguas a su paso inundó poblados a orillas de los mares del sur chilenos, y entendí de la grandeza de los oficios.”

LA RESPUESTA HUMANA ISBN 9789563580112

Fragmento del Prólogo: “La base de cualquier respuesta humana consiste en el buen cumplimiento del oficio de cada cual, pues toda labor es necesaria y suma, porque, en principio, según cree el autor, los problemas inmediatos y más necesarios de responder como raza se solucionarían si cada cual se limitara a cumplir bien su trabajo, nada más.”

NUESTRA ESPECIE DIGITAL ISBN 9789563580105

Fragmento del Prólogo: “Nuestra raza humana se transmuta digital en cuerpo y alma. Aquí hablo de la integración global otorgándonos diversidad de perspectivas con la llegada de Internet, la red virtual que entre todos comenzamos a tejer, que nos ubica y abre soluciones en terrenos como la inequidad, el medio ambiente y la pobreza, incentivando más empleos auspiciados por las nuevas oportunidades de negocios, desarrollados por la innovación y el desafío emprendedor en un mercado inédito, en que al intercambio universal de información y almacenamiento digital con espacio ilimitado, se unen los cambios en los modelos de negocios, creando con el mercado global una inédita fuente de recursos. Con acceso al saber de nuestra humanidad, ubicados los cinturones de hambre y violencia, de peligro y desastre natural, que nos importa a todos, respondiendo en común, de manera muy delicada inherente a nuestra raza… Domésticamente, la piel digital se integró a nuestra vida cotidiana evolucionando con ella.”
LIBROS DEL AUTOR EN AMAZON

LA EVOLUCIÓN SEXUAL ISBN 9789563580099

Esta obra “La Evolución Sexual” trata del amor en la Isla de los Inmortales. Entramos en una etapa delicada del progreso de la humanidad que se evidencia en el salto tecnológico digital que nos trajo a cierto enlace a nivel planetario, que nos permite comunicarnos anuladas las distancias geográficas, en que salvamos límites de información, y discretamente dejamos de ver la intimidad como un “problema sexual” y de tragedia para convertirse en cualidad de apertura y evolución de la raza, que, en sólo unas décadas respecto al progreso biológico crece como nunca antes en toda la historia de nuestra civilización. Aquí se habla de toda una vida como viaje de atentados a la sexualidad, de persistencia crónica en algunos aspectos, de los pioneros liberados y su consecuencia hasta ahora, cuando enfrentamos con altura los desafíos inmediatos y aplicamos soluciones. En este libro se habla de los asexuales fuera del armario, cuando salen del clóset todas las minorías sexuales. Se habla de dominar la materia para fortalecer el espíritu, de un cierto combustible de fuerzas enormes que comenta el impasible Andy Warhol. Se habla de castidades, de la continencia como un placer, de eunucos, de la asexual ave llamada Fénix y del celibato sacerdotal no como un rechazo al amor, sino, una expresión del amor. De los Shakers, Rappitas y la Sociedad Memnonia. En una entrevista con el autor, John Huston recuerda a Marilyn Monroe: A mayor atracción sexual, mayor taquilla. Se habla de los hijos de la clonación, y el comercio de la intimidad: la nueva familia Dink y Homosexual. Se rescata una memoria inmediata de mujeres y la adelantada Sor Juana Inés de la Cruz. De Gabriela Mistral y la sexualidad trazando un límite entre el individuo y el Estado. De las “malas” de Ninón Sevilla y su castidad legendaria. Del amor platónico y la colonia de Oneida. De la salud sexual del matrimonio: el amor después del amor. De la represión del impulso natural sexual y la fragmentación del Yo, perdidos los sexos en el momento del clímax del amor. Del hombre sexual antes del siglo XXI: cantidad antes que la calidad como escudo masculino frente a la mujer multi orgásmica. De cierta antelación del amor que no tiene sexo, con el poder trascendente de manifestarse en todos los sexos. Del movimiento Vírgenes Renovadas y un raramente comprendido centro sexual. De quienes buscan maravillarse, utilizando la evolución sexual como vehículo cuya energía brota de cierta cópula cósmica, de una sexualidad atribuible a los inmortales.

DEL SENTIDO DE LA VIDA ISBN 9789563580082

Esta obra “Del Sentido de la Vida” anota que cuando la existencia deja de percibirse como promesa y recompensa, no por eso deja de ser todavía una tarea. En el prólogo se traza aquí una delicada anatomía del suicidio de Silvia Plath, Anne Sexton, Yukio Mishima, Clarence Finlayson, Luis Emilio Recabarren, de la ingeniosa Virginia Woolf, de Marilyn Monroe la reina sola, y acerca de la pasión de Violeta Parra. Se comenta de sacrificios y culto: en todos los grupos humanos a través de los tiempos los ritos que involucran a la muerte son un culto a la vida, en la creencia antigua de que morir es nacer a otra vida. Se anota de la Eutanasia. Y apoya el fin a la pena de muerte. En el epílogo de esta obra se menciona un centro con sentido de dónde parten todas las cosas y hacia dónde vienen todas las cosas.

GENTE DE MÉXICO ISBN 9789563580075

Este libro “Gente de México” lo integra una serie de entrevistas: a la legendaria curandera María Sabina, a Anthony Quinn, María Félix, Elías Nandino, Mario Moreno "Cantinflas", Guadalupe "Pita" Amor, Linda Christian, Salvador Elizondo, Lucha Villa y Juan Rulfo. Entrevistas des escritos chileno Waldemar Verdugo Fuentes publicadas en papel vegetal en revista Vogue y periódico Unomásuno de México, revista Caras y periódico El Mercurio de Chile. Ilustraciones: fotos inéditas tomadas durante estas entrevistas y fragmentos publicados en papel botánico.

RECOPILACIONES TAOISTAS ISBN 9789563580068.

Traducción de “LIBRO DEL CAMINO DE LAO TSE”, TAO-TE-CHING. El “Tao-Te-Ching” de Lao Tse hijo de Naiu-Yu, bibliotecario de los archivos de la dinastía Chou oriental, en el período de la Primavera y el Otoño (700-475 antes de nosotros), es una serie de 81 poemas que sistematiza la filosofía del TAO. Esta traducción publicada originalmente en papel vegetal en 1983 rescata las correcciones en nuestra lengua realizadas por Jorge Luis Borges, leída esta versión a él y anotadas por el traductor al castellano Waldemar Verdugo Fuentes, de la versión realizada del idioma chino al inglés por Lin Yutang y Omar Peña Díaz. El taoísmo indica hacer las cosas como si no se las hiciera. El pensamiento último recogido por el guardia fronterizo Yin-hsi que aprendió de Lao Tse, fue el Wei-Wu-Wei: hacer al no hacer. Que puede ser entendido como la práctica de la inacción, el dejar a la naturaleza que siga sus propias leyes; lo que no significa “no hacer” sino que significa “hacer las cosas como si no se las hiciera”, la práctica natural del oficio, porque los taoístas son antes que nada practicantes férreos de su oficio, sea este cuál sea, son grandes trabajadores. Famoso es el pasaje que narra el encuentro entre Lao Tse y Confucio (año 517 antes de nosotros, cuando trabajando Lao Tse de bibliotecario, lo busca Confucio). La narración dice que a causa de su juventud, Confucio llegó pedantescamente delante del anciano filósofo, con el propósito de predicarle toda su doctrina del amar a todos los seres con un amor auténtico y sin interés alguno. “No comprendo vuestro punto de vista -le dijo Lao Tse-. Ese amor universal de que hablas, ¿no es acaso una perversión de los sentimientos naturales?, ¿no es una intromisión, acaso?, ¿no es interesarse diciéndose desinteresado?...mira el cielo, el sol, la luna, las plantas y los animales en la naturaleza. Ellos no tienen necesidad de vuestro interés en amarlos y ordenarlos. Señor, trabaja por considerar y mantener al mundo en su forma original. El cisne no necesita para ser blanco bañarse cada mañana, ni el cuervo necesita teñir sus plumas de negro, porque el negro es su color natural. La sencillez original de lo negro y lo blanco está más allá del alcance de todos los argumentos. Cuando un estanque se seca y los peces quedan sobre la tierra, humedecerlos con el aliento o mojarlos con un poco de saliva de nada servirá, se asfixiarán de todos modos; lo que los peces necesitan es la profundidad del río, su libertad y sus sombras”. La tradición cuenta que una vez que Confucio regresó de este encuentro con Lao Tse, declaró a sus discípulos: “Los pájaros vuelan, los peces nadan, los cuadrúpedos corren. Al que nada se le agarra con red; al que corre, con una cuerda; al que vuela, con un arco. En cuanto al dragón que se eleva hacia el cielo llevado por el viento y las nubes, yo no sé cómo se le puede coger. He visto a Lao Tse. Él se parece al dragón”.

7 de junio de 2014

LA RESPUESTA HUMANA, fragmento

DE LA VIDA A TIEMPO NI ESPACIO SOMETIDA. Según pienso, hay vida después de la muerte. Me parecen acertados los planteamientos de la física cuántica que afirman la existencia de cierto centro existencial, biológico, donde existe sin final y en forma paralela lo que conocemos y lo que no sabemos, lo que vive acá y en el más allá. La muerte como concepto brota de nuestra conciencia: es algo que aceptamos desde que nacemos pero sólo tiene existencia en nuestra mente. Creemos en la muerte como final porque la asociamos con nuestro cuerpo físico, sin mayor cuestionamiento inmediato, porque sabemos que el cuerpo humano fallece. Pero el universo solo existe debido a la conciencia de un individuo sobre él mismo. Lo mismo sucede con los conceptos de espacio y tiempo, que son sólo instrumentos de la mente; así, en sentido real la muerte no existe, no tiene límites para intentar definirla. Porque el mundo que nos rodea no tiene una existencia objetiva independiente de nosotros, todo tiene que ver con todo y vive sin edad a partir de ese cierto centro existencial, que no admite eventos terminales por ser ajeno al espacio y al tiempo. Siendo también la causa de que la inmortalidad no sea posible en nuestro sistema humano temporal, pero verídica como parte del centro existencial. Creo lógica la idea filosófica de los universos paralelos, donde existen todos los universos posibles simultáneamente, independientemente de lo que ocurre en cualquiera de ellos. Me parece teórica la hipótesis de los físicos cuánticos según la cual hay un número infinito de universos y todo lo que podría suceder ocurre en alguno de ellos, ahora mismo, a partir de ese centro existencial sin espacio ni tiempo, Aleph la primera letra que contiene todas las letras que existen escribiendo desde siempre y por siempre, creando infinitos escenarios donde la muerte no existe en ningún sentido real. Escenarios todos dispuestos a recibirnos en nuestra navegación que trasciende cualquier forma lineal ordinaria, una aventura maravillosa, según me parece, donde en cuerpo perenne volvemos a nacer no sometidos a matriz aleatoria alguna, solo de acuerdo a la vida que llegamos y su propia realidad ineludible, sometidos a un espacio y un tiempo.
(Fragmento de libro “La respuesta humana”, por Waldemar Verdugo Fuentes)

18 de abril de 2014

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ EN VOGUE.

ENTREVISTA CON GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ. Por Waldemar Verdugo Fuentes Publicado en revista Vogue, año 1981.
El Realismo Mágico es el camino emprendido por escritores latinoamericanos que se levantó como la más marcada huella literaria que cruza el siglo XX. No brotó una corriente más sólida. Surge como válvula de escape de la imaginería latinoamericana inspirada en nuestros áridos desiertos del norte y las ocultas selvas más profundas del sur. Extremadamente rigurosa en el uso de nuestra lengua, su sabiduría formal arranca de los tiempos en que los escritores narraban con números. El personaje es esa voz real que habla dentro de nosotros, de la que nos insinúa una posible forma en todas las cosas que sabemos, envuelta, sin embargo, en una atmósfera fantástica de pura soledad en ciudades fantasmas y de hombres aparecidos, de puro calor o niebla, islas nuevas y mujeres aladas. Por supuesto que no es posible siquiera citar a todos los escritores latinos involucrados; me limitaré a rescatar el juicio del más universal de sus cultores, Gabriel García Márquez, quien termina considerando que la huella de pioneros como María Luisa Bombal y Juan Rulfo es de lo más profunda y visible en su propia creación. El autor de "Cien años de Soledad" es un hombre absolutamente cordial. Su modestia natural es lo primero que delata en Gabriel García Márquez a un genio. Acercarse a él es de lo más sencillo. Vive desde hace décadas en la Ciudad de México y, que se sepa, jamás se ha negado a conversar con nadie. En lo personal, y sin premeditación alguna, he conversado con él en diversas oportunidades, en el Museo Carrillo Gil, en Bellas Artes, en la Sala Netzahualcóyotl... siempre se le ve igual, dispuesto al semejante, modestamente vestido, generalmente de blanco o con saco oscuro y camisa y pantalón blanco de textura indígena: es posible que nunca se haya puesto una corbata con agrado. Es muy sencillo. De “Vogue-México” me pidieron una nota acerca de García Márquez porque está de candidato al Premio Nobel. Osé llamarlo por teléfono y preguntarle sobre su postulación. El, gentilmente, dijo: "No soy dado a las abstracciones. Mejor hablemos de otra cosa". Le he preguntado, en su caso, ¿qué es ser un escritor? Y responde: -Es un mérito descomunal, porque yo soy muy bruto para escribir. He tenido que someterme a una disciplina atroz para terminar media página en ocho horas; peleo a trompadas con cada palabra y casi siempre es ella quien sale ganando. Cuando me hice escritor profesional, el más grave problema que debí enfrentar fue el de imponerme un horario. Estaba habituado al trabajo de periodista que me ocupaba sobre todo las noches. Me vi obligado a establecer una pauta de trabajo que iba de las nueve de la mañana a las dos de la tarde, cuando mis hijos volvían de la escuela. En ese tiempo tenía cuarenta años... Después me sentí culpable de escribir sólo por la mañana, intenté continuar por la tarde, pero caí en cuenta de que en la segunda parte del día nada me resultaba bien y debía rehacer todo a la mañana siguiente. -¿A qué otras dificultades debe enfrentarse para salir adelante en su trabajo literario? -Tengo otro problema: logro escribir sólo en un ambiente familiar que ya esté identificado con mi trabajo. Una pieza de hotel, una habitación puesta a mi disposición por otra persona, una máquina de escribir prestada, me bloquean, y esto es una lástima porque cuando viajo no puedo trabajar... Debo estar también en un estado de gracia, con el tema preciso y el tono exacto para desarrollarlo. Una de las primeras dificultades es la de escribir el primer párrafo. He llegado a pasar meses para tomar la onda: apenas superado este escollo, el resto ha salido facilísimo. Creo que con el primer párrafo logrado se supera la mayor parte de los problemas que plantea escribir un libro; allí queda definido todo: el tema, el tono, el estilo... Por esto pienso que es más difícil escribir un libro de cuentos que una novela; en cada relato es necesario comenzar de nuevo, partir de nuevo, mientras que en la novela se parte una sola vez, hay un solo inmenso esfuerzo... Hasta los ocho años Gabriel García Márquez vive en la pequeña aldea de Aracataca, situada casi al pie de la Sierra de Santa Marta, en los Andes de Colombia, sobre la costa del mar Caribe. Allí todo es como antes y no tiene morada la nostalgia. Allí el tiempo vacaciona y en sus caminos se transita sobre tierra y esperanza. Es un lugar donde la realidad ha sido destruida por la magia y la gente ha aprendido a llorar con los ojos abiertos para no perder el paso ante el sueño, que se mete hasta en los huesos. En honor a aquellos pasos, y para reencontrarlos, el escritor nombrará al lugar "Macondo", pueblo hechizado en que transcurre la acción de la mayor parte de sus escritos y donde viven sus personajes tan soberbiamente logrados. Luego la familia de García Márquez se traslada a Zipaquirá: sencilla ciudad en el centro de Colombia. Allí cursa sus estudios elementales y medios, y adquiere un hábito maravilloso: la lectura. Recuerda: -Por propia iniciativa comencé entonces a leer mucho, poesía y obras literarias en general, pero sobre todo poesía. Por eso creo que mi estructura cultural es esencialmente poética... Claro que tenía una buena base literaria, notablemente superior a la de mis compañeros... Hasta entonces la mayor parte de los libros que había leído eran muy académicos, obras aconsejadas por los profesores: los clásicos y los poetas de la edad de oro española... en Zipaquirá los únicos libros a que podía tener acceso eran los de la Biblioteca escolar... Prosigue sus estudios en la Universidad de Bogotá, pero otras experiencias tienen mayor impacto en él que la vida académica: el tristemente célebre "Bogotazo" que culmina con la muerte del líder político Eliecer Gaitán, en 1948, es un hecho que le conmueve profundamente, y le insta -como hombre y escritor- a comprometerse con la realidad de los más desprotegidos. Interrumpe sus estudios universitarios y, mientras publicaba en "El Espectador" de Bogotá, se traslada al puerto de Barranquilla. -Allí -nos dice- descubrí una vida que había sido mía, que conocía, de la cual quería escribir. Mis amigos de Barranquilla tenían muchas obras de autores contemporáneos que conseguía me prestaran. Desde entonces se produjo en mi vida una integración con lo que leía y lo que escribía. Por esa época vuelve unos días a Aracataca y se emociona al ver que en quince años nada había cambiado en el lugar en que había transcurrido su infancia: -No tuve la impresión de mirar la aldea... era como si la estuviera leyendo, como si todo lo que veía estuviese ya escrito y no debiese hacer otra cosa que sentarme y escribir lo que ya estaba ahí, lo que estaba leyendo... José Arcadio Buendía; Úrsula; Pilar Terneros; Remedios "la bella"; Mauricio Babilonia; Melquiades... fue como si todos sus personajes esperasen por él. A su regreso escribe "La Hojarasca" y al poco tiempo es enviado como corresponsal periodístico a París. Recorre Europa y luego se establece en México, donde escribe su obra maestra: "Cien años de soledad", acertada conjunción entre lo que es y lo que no es, mito e historia que marca el más alto vuelo de lo llamado Realismo Mágico en la historia de la literatura. ¿Cómo entiende su "don" García Márquez? De hecho no lo ve diferente a la bendición que recibió el carpintero con su oficio. Nos dice: -Escribir algo requiere tanto empeño como fabricar una mesa. El escritor trabaja sobre una realidad que es un material duro como la leña. Literatura y carpintería requieren una notable habilidad técnica y una buena dosis de secretos del oficio. Pero, sobre todo, en la base de ambas hay un trabajo esforzado." ¿A qué secretos del oficio se refiere García Márquez? El mismo revela que, "si tú escribes que has visto volar un elefante, nadie lo creerá; pero si afirmas haber visto volar cuatrocientos veinticinco, es probable que el público lo crea." "Cien años de soledad" está llena de esos trucos... ¿en qué consiste la inspiración para él? Dice: "Consiste en encontrar el tema preciso, un tema que agrade y que haga más llevadero el trabajo. También es fundamental en el novelista la intuición, un don especial que ayuda a descifrar la realidad sin que sea necesario tener una cultura científica o de otro orden. Es una especie de experiencia inventada, un modo de hacer experiencia sin afanarse a vivirla. Sustancialmente, es lo opuesto al intelectualismo, la cosa que más detesto, porque reduce la realidad a una teoría inmutable. La intuición se tiene o no se tiene, y por más esfuerzo que uno haga no puede cuadrar el círculo. -¿Cómo se inició usted en la literatura? -Una noche, a finales de los años cuarenta un amigo me prestó "La metamorfosis" de Franz Kafka. Llegué a mi pensión y comencé a leer. Por poco el primer renglón no me hizo caer cama abajo: "Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto". No imaginaba que fuera lícito escribir así. Si lo hubiese sabido antes, me habría puesto antes a escribir también yo. Así, pues, comencé entonces a escribir, en 1947. Dice García Márquez que otra impresión igual, decisiva en su vida, le ocurrió en México. Narra que alguien, un día, le dijo: "¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda!". Esa "vaina" era un libro de Juan Rulfo: "Pedro Páramo": -Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Desde la noche tremenda en que leí "La metamorfosis" en una lúgubre pensión de Bogotá, casi diez años antes, nunca había sufrido una conmoción semejante. Al día siguiente leí "El llano en llamas", y el asombro permaneció intacto. Mucho después, en la antesala de un consultorio, encontré una revista médica con otra obra maestra: "La herencia de Matilde Arcángel". El resto de aquel año no pude leer a ningún autor fuera de Rulfo, porque todos me parecían menores... Para el inventor de Macondo, ese fabuloso lugar, la admiración por la obra literaria de Juan Rulfo va muy lejos: -En ese tiempo no sólo podía recitar párrafos completos del "Pedro Páramo", podía recitar el libro completo, al derecho y al revés, sin una falla apreciable, y podía decir en qué página de mi edición se encontraba cada episodio, y no había un sólo rasgo del carácter de un personaje que no conociera a fondo. La obra, sin duda, yo la conocía mejor que el propio autor. A Rulfo, por cierto, yo no lo conocía; lo vi en persona sólo varios años después. Ahora somos amigos. Recuerda cómo fue que, con el tiempo, y ya instalado en la Ciudad de México, sería guionista de varias de las películas que se han filmado inspiradas en la obra de Rulfo. De la última ("El gallo de oro"), dijo: -Carlos Velo me encomendó la adaptación para el cine de otro relato de Juan Rulfo que era el único que yo no conocía en aquel momento: "El gallo de oro". Eran 16 páginas muy apretadas en un papel de seda que estaba a punto de convertirse en polvo, y escritas con tres máquinas distintas. Aunque no me hubieran dicho de quién era, lo habría sabido de inmediato. El lenguaje no era tan minucioso como el del resto de la obra de Juan Rulfo, y había muy pocos recursos técnicos de los suyos, pero su ángel personal volaba por todo el ámbito de la escritura. Más tarde, el mismo Velo y Carlos Fuentes me invitaron a hacer una revisión crítica de la primera adaptación de "Pedro Páramo" para el cine. Menciono estos dos trabajos -cuyo resultado final estuvo muy lejos de ser bueno- porque ellos me obligaron a profundizar todavía más en el mundo de Rulfo. Carlos Velo había hecho algo sorprendente: había recortado los fragmentos temporales de "Pedro Páramo" y había vuelto a armar el drama en un orden cronológico riguroso. Como simple recurso de trabajo me pareció legítimo, aunque el resultado era un libro distinto: plano y descosido. Pero me fue útil para una comprensión mejor de la carpintería secreta de Rulfo, y muy revelador de su insólita sabiduría. Es cierto que cuando a García Márquez se le pregunta su impresión sobre la influencia de Rulfo en su propia creación, suele responder que le es imposible referirse al inventor de Comala, ese fabuloso lugar, sin que parezca que se está refiriendo a sí mismo: -El conocimiento de la obra de Juan Rulfo me dio el camino que buscaba para mis propios libros. Siempre vuelvo a releerlo completo, y siempre vuelvo a ser la víctima inocente del mismo asombro de la primera vez. No son más de 300 páginas, pero son casi tantas y creo que tan perdurables como las que conocemos de Sófocles. Así es mi admiración por Rulfo... Entonces, son Franz Kafka y Juan Rulfo dos incentivadores de la obra de García Márquez: también reconoce entre sus influencias a la escritora chilena María Luisa Bombal: -No leí la obra de María Luisa Bombal sino mucho después. La encontré, precisamente, buscando las propias lecturas e influencias de Rulfo. Ella es la adelantada de lo que se ha dado en llamar "realismo mágico" en que se involucra parte de mi obra y me halaga porque admiro lo que ellos escribieron; María Luisa Bombal; tiene algunos pequeños relatos que son de los más delicados de nuestras letras. Es fácil concluir que las mujeres que cruzan las páginas de "La amortajada" y "La última niebla", las obras capitales de Bombal, son mujeres únicas. Difícilmente un hombre puede escribir así. Por su parte, las lecturas de María Luisa Bombal son las mismas que alentaron a Juan Rulfo, en especial autores nórdicos: Knut Hamsum, Halldor K. Laxness... dramaturgos como Ibsen, o sea, grandes escritores como ellos mismos lo eran. Juan Rulfo y María Luisa Bombal fueron pioneros en esta corriente de realidad mágica que he explorado en mi trabajo, y me enorgullece haber aportado algo a la continuidad de este ánimo realmente fantástico que inventaron con su obra, en ambos reducida sin dejar de ser colosal. La influencia de Juan Rulfo fue una cálida oquedad y la obra de María Luisa Bombal pasó en mi vida como una abeja de fuego, tal cual la nombraba Pablo Neruda -dijo Gabriel García Márquez. A manera de testimonio sencillo. Hoy, cuando Gabo se devolvió a la distancia le digo gracias con un abrazo. Waldemar Verdugo Fuentes. Entrevista publicada en revista VOGUE en 1981. Gabriel García Márquez obtiene el Premio Nobel en 1982. Entrevista incluida en libro “Magos de América”, Ensayo acerca de Jorge Luis Borges, María Luisa Bombal, Juan Rulfo, John Huston, María Sabina, Gabriel García Márquez. Primera Edición: Editorial Norte/Sur y Librería Imagen, México, 2006. Inscripción Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Departamento de Derechos Intelectuales Chile. ISBN 978-956-353-388-0 Encuentro con el realismo mágico de las pioneras personalidades que se hicieron mágicas al practicar un arte olvidado: fueron gente humilde. http://www.amazon.com/dp/B00GBJWQ5G