26 de enero de 2016

HUELLA DE MONNA BELL

ELOGIO A MONNA BELL Fotos: Monna Bell y Waldemar Verdugo Fuentes Fragmentos publicados en Vogue y Novedades, México RESCATE DE PAPEL VEGETAL Escrito incluido en el libro “FRAGMENTOS DE CHILE” Monna Bell forma parte de la estirpe de artistas que en el siglo XX logró que la canción popular en nuestro idioma terminara de consolidarse con sus voces propias. Ella también amaba la lengua portuguesa porque se la enseñó sola, igual como salvó los desafíos de la vida desde que comenzó a trabajar cantando desde su niñez en Santiago de Chile, donde nació, que fue en su vida como una noche callada y el único lugar donde regresaba por el puro placer de estar. Cierta noche fuimos a cenar con la actriz cubana Ninón Sevilla al Night and Day de Ciudad de México; allí me presentó a Monna Bell: concerté con ella una entrevista para Vogue a la que accedió solo porque se trataría de una conversación entre dos chilenos, pues era reacia a la prensa. No lo sabía entonces, pero desde que conversamos por primera vez, comenzó a brotar en mi vida una de las amigas más consistentes que se me ha dado en gracia tener. Para ella, “ahora, cuando han transcurrido tantos años desde que comencé, aún me causa sorpresa el ver cómo se ha desenvuelto mi historia, que es la historia de una mujer que descubrió que haciendo lo que quería -cantar-, podía, además, vivir de ello. Yo canto como un carpintero hace un mueble o cómo un médico sana una herida. Canto en tonos más bajos, esa es toda mi diferencia. Lo demás es el oído del público". Dice Monna Bell de su trabajo musical: -Creo que sólo Dios es algo más importante para el ser humano después de su trabajo. Pienso que el trabajo es la forma perfecta de relación con nuestros semejantes, por eso me ha interesado siempre hacerlo mejor cada vez. Porque una profesión mal servida es el caos en nuestra sociedad; si uno hace lo suyo lo mejor que puede, todo a su alrededor se levanta. Si las cosas no son mejores, es porque nuestras profesiones no están bien servidas. Cantar, entonces, es mi forma natural de relación con la época en que vivo, con mis semejantes. Y es mi forma de relacionarme con cierto Orden Universal. Es cierto que hay quienes creen en Dios por temor, yo no: creo en Dios por agradecimiento, porque mi historia es, además, la historia de una mujer conforme. Los premios han sido algo absolutamente secundario en mi vida. Yo nunca he cantado para recibir premios, nunca quise ser una estrella, sólo he querido ser una cantante, una intérprete de canciones, nada más. Y a partir de ahí, hacerlo lo mejor posible. En mi carrera siempre presentí que no se trataba de cantidad, sino de calidad. Mi trabajo es cantar, a eso nada más aspiro, a servir de intérprete lo mejor posible. Que ese logro secreto es para mí más que suficiente. RÉQUIEM POR MONNA BELL (1938-2008) Amiga mía, pocos meses antes de devolverte a la distancia conversábamos con frecuencia por el chat. Dos días antes de que partieras, llevé mi micrófono a la terraza de mi hogar aquí en Cartagena para que escucharas el sonido del mar y el canto de las gaviotas: guardaste silencio y luego me escribiste “Nunca creí que pudiera sentir esto, pero ahora lo único que desearía sería estar de regreso en Chile”. Muy querida Monna, te dije, te enviaré un crucigrama de un diario popular chileno en que tu nombre aparece hoy, entre las palabras secretas cruzadas del juego, a manera de un aspecto muy delicado de nuestra mentalidad chilena. Aquí en Chile estás para siempre. http://monnabell-entrevista.blogspot.com/

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