4 de mayo de 2016

GRACIAS POR DIONNE WARWICK (con tributo a Sharon Tate).

GRACIAS POR DIONNE WARWICK (con tributo a Sharon Tate) No sé si lo he escrito antes: Sharon Tate es la más bella actriz del séptimo arte, según creo. Sí he apuntado que era mi amor platónico y cuando fue cegada su vida por el loco Manson viví el primer dolor profundo. Vi todas sus películas y varias veces Valley of the Dolls, donde actúa Sharon Tate junto a Patty Duke, Barbara Perkins, Susan Hayward y Lee Grant, iconos de esa época con fondo musical y definitivo de André y Dory Previn con John Williams, acorde encarnado en la voz enorme de Dionne Warwick, rescatando un despiadado retrato del mundo del cine. Conmovido, hace unas horas he visto actuar a Dionne Warwick en el Teatro Cariola en su cuarta visita a Chile: profunda, melancólica, mientras ella cantaba, en momentos sentada sobre un taburete junto al piano, yo di gracias a Dios por haber sobrevivido, por su música, por sus dos palabras invitando a su fe cristiana; luego dijo “Relájense y disfruten” antes de repasar algunos de sus éxitos, desde I’ll Never Fall in Love Again, This guy’s in love with you, hasta Alfie, I say a Little prayer, That’s What friends are for, What the World Needs Now is Love, No Make Me Over, Do You Know the Way to San José, For the Rest of My Life, Silent Voices… cuando interpretó el tema central de Valley of the Dolls di gracias a Dios por Dionne Warwick… el caso es que, en verdad, a mis quince años yo amaba a Sharon Tate. Era esa toda mi emoción (Waldemar)

8 de febrero de 2016

PREGUNTA

Extrañado, fui donde uno de los hombres sabios chilenos y le pregunté: -¿Cómo es posible que se metiera ese elefante en mi pijama? Y me dijo: -Antes de responderte, dime tú primero, ¿qué es más importante? ¿Qué abras la puerta y veas a un dragón? ¿O que abras la puerta?

4 de febrero de 2016

ELOGIO A RICHARD HAMILTON

Hace unos días al aire en youtube (https://www.youtube.com/watch?v=nFQEp09A6qI) de mi encuentro con Andy Warhol, digo del artista norteamericano que era un hombre impasible, para quien la historia del crecimiento de nuestra conciencia está escrita en la historia de nuestra sexualidad. Creía que existe en todas las personas un cierto combustible de fuerzas enormes, que al ser canalizado incide positivamente en el desarrollo del cuerpo y de la mente. Narro que mientras plasma un diseño improvisado, me dice que trabajar le resulta, "mucho más excitante que mantener relaciones sexuales con quien sea"… aquí cito a su quizás más sólida fuente de inspiración, ahora elogio a Richard Hamilton. (Foto: ¿Qué es lo que hace a los hogares de hoy día tan diferentes, tan atractivos? Collage de 1956 por Richard Hamilton) El artista Richard Hamilton, nacido en Londres en 1922, acuñó el término Pop Art en 1956 al crear su primer collage inspirado en la cultura norteamericana, donde Andy Warhol desde Nueva York una década después masificó el término que inspiró el movimiento creativo de obras pop en que también luego sobresalen Jasper Johns y Robert Rauschenberg. O sea, Hamilton no fue el más famoso pero sí el pionero, quien sentó las bases parodiando el carácter consumista de la cultura norteamericana, desde su primera muestra en 1956 formando parte de un colectivo de artistas ingleses, el Independent Group, que desafiaban el modernismo. Nunca obtuvo reconocimiento de su obra mientras vivió y aparentemente al final no le importaba, no por nada fue el más reticente para que se efectuara una retrospectiva internacional de su obra en 2013 proyectada en Los Ángeles, Filadelfia, Londres y Madrid, falleciendo en 2011, sin concretarse el ajuste de cuentas del artista con el público. En vida, expuso dos veces en la Tate Gallery, él declaró a Alaister Sooke, crítico del Daily Telegraph: “Tengo la sensación de haber sido rechazado toda mi vida…mi exposición en la Tate en 1992 fue calificada como la peor del año. Me sentí orgulloso, por fin era el primero en algo”. Anotemos que tuvo aciertos innegables en su carrera, entre otros, dio a conocer a Duchamp en Inglaterra, retrató a Mick Jagger cuando el líder de los Rolling Stones era desconocido, alentando su carrera musical; también ideó la portada blanca del White Album de The Beatles; en los 70 homenajeó a Picasso usando la técnica del autor del Guernica en una obra donde retrataba Las Meninas de Velázquez; apoyó el movimiento pacifista británico (entre otras señas, en su obra El ciudadano hizo un paralelo entre Jesucristo y Bobby Sands, entonces preso del ejército republicano irlandés en huelga de hambre); en el 2000 retrató a Tony Blair vestido de cowboy usando una impresora digital para plasmar la tela, y en el 2002, en el Museo Británico, expuso su ahora elogiada serie de grabados inspirados en la novela Ulises de James Joyce, de la que entonces la crítica guardó silencio. Es cierto que en 1993 ganó el León de Oro en la Bienal de Venecia, y también es cierto que fue poco para un artista a quien otros le deben tanto. Vaya este elogio como homenaje a su obra que inspiró a notables como Andy Warhol, con quien rescato mi encuentro en “Gente Notable” ISBN 9789563535624 Sitio relacionado http://andywarholenvogue.blogspot.com/

26 de enero de 2016

HUELLA DE MONNA BELL

ELOGIO A MONNA BELL Fotos: Monna Bell y Waldemar Verdugo Fuentes Fragmentos publicados en Vogue y Novedades, México RESCATE DE PAPEL VEGETAL Escrito incluido en el libro “FRAGMENTOS DE CHILE” Monna Bell forma parte de la estirpe de artistas que en el siglo XX logró que la canción popular en nuestro idioma terminara de consolidarse con sus voces propias. Ella también amaba la lengua portuguesa porque se la enseñó sola, igual como salvó los desafíos de la vida desde que comenzó a trabajar cantando desde su niñez en Santiago de Chile, donde nació, que fue en su vida como una noche callada y el único lugar donde regresaba por el puro placer de estar. Cierta noche fuimos a cenar con la actriz cubana Ninón Sevilla al Night and Day de Ciudad de México; allí me presentó a Monna Bell: concerté con ella una entrevista para Vogue a la que accedió solo porque se trataría de una conversación entre dos chilenos, pues era reacia a la prensa. No lo sabía entonces, pero desde que conversamos por primera vez, comenzó a brotar en mi vida una de las amigas más consistentes que se me ha dado en gracia tener. Para ella, “ahora, cuando han transcurrido tantos años desde que comencé, aún me causa sorpresa el ver cómo se ha desenvuelto mi historia, que es la historia de una mujer que descubrió que haciendo lo que quería -cantar-, podía, además, vivir de ello. Yo canto como un carpintero hace un mueble o cómo un médico sana una herida. Canto en tonos más bajos, esa es toda mi diferencia. Lo demás es el oído del público". Dice Monna Bell de su trabajo musical: -Creo que sólo Dios es algo más importante para el ser humano después de su trabajo. Pienso que el trabajo es la forma perfecta de relación con nuestros semejantes, por eso me ha interesado siempre hacerlo mejor cada vez. Porque una profesión mal servida es el caos en nuestra sociedad; si uno hace lo suyo lo mejor que puede, todo a su alrededor se levanta. Si las cosas no son mejores, es porque nuestras profesiones no están bien servidas. Cantar, entonces, es mi forma natural de relación con la época en que vivo, con mis semejantes. Y es mi forma de relacionarme con cierto Orden Universal. Es cierto que hay quienes creen en Dios por temor, yo no: creo en Dios por agradecimiento, porque mi historia es, además, la historia de una mujer conforme. Los premios han sido algo absolutamente secundario en mi vida. Yo nunca he cantado para recibir premios, nunca quise ser una estrella, sólo he querido ser una cantante, una intérprete de canciones, nada más. Y a partir de ahí, hacerlo lo mejor posible. En mi carrera siempre presentí que no se trataba de cantidad, sino de calidad. Mi trabajo es cantar, a eso nada más aspiro, a servir de intérprete lo mejor posible. Que ese logro secreto es para mí más que suficiente. RÉQUIEM POR MONNA BELL (1938-2008) Amiga mía, pocos meses antes de devolverte a la distancia conversábamos con frecuencia por el chat. Dos días antes de que partieras, llevé mi micrófono a la terraza de mi hogar aquí en Cartagena para que escucharas el sonido del mar y el canto de las gaviotas: guardaste silencio y luego me escribiste “Nunca creí que pudiera sentir esto, pero ahora lo único que desearía sería estar de regreso en Chile”. Muy querida Monna, te dije, te enviaré un crucigrama de un diario popular chileno en que tu nombre aparece hoy, entre las palabras secretas cruzadas del juego, a manera de un aspecto muy delicado de nuestra mentalidad chilena. Aquí en Chile estás para siempre. http://monnabell-entrevista.blogspot.com/

18 de diciembre de 2015

NAVIDAD DEL HIJO DEL HOMBRE.

Maestra Gabriela Mistral en fin de año 1950 con niños de la escuela que lleva su nombre en el puerto de Veracruz, durante la última visita que hizo la magnífica errante a México. (Rescate fotográfico de la investigación para el libro “Gabriela Mistral y los Maestros de México” ISBN 97895635346349)
Lo bueno era el sudor helado en nuestras sienes; ciertos escalofríos que recorrían la noche de la infancia como una corriente eléctrica conectada a lo sensorial, a lo más íntimo que teníamos debajo del saco, porque si no había sudor, no había magia, y el misterio era absolutamente necesario en la fecha, en el recuento de las mejores y las peores que habíamos cometido en la inocencia o en la inconciencia, o, a lo mejor, en toda la terrible conciencia que posee un niño en sus reservas. Y lo bueno era tener miedo, y no pura alegría la noche del 24, y esperar temblando, porque el miedo era parte del encantamiento; entonces lo bueno era el destello en los ojos que buscaban estrellas, y estar lúcidos para el descubrimiento, porque el Viejo Pascuero atravesaba la noche y había que verlo aunque fuera a través de los vidrios, y saber al fin por qué nos habían lavado la cara, y la peinada con jugo de limón, y dos pellizcos para que estuviéramos tranquilos; y cincuenta recomendaciones de buenos modales y un Padrenuestro por el pan nuestro de cada día, que ese día era con chocolates y fruta confitada, y así, toda una ceremonia que comprometía la conducta particular -por lo menos- durante las horas de la víspera. Y era víspera -el estado del alma- en que la taquicardia asumía un lugar de primera línea y las urgencias se transformaban en sonrojos y pipí a destiempo y puntadas aturdidoras; toda esa soberana víspera consiguió pasar la barrera de los años cumplidos, de tu madurez, de la mía, de la indiferencia de otro, y consiguió tener su hora en la historia particular y en la historia general, y a eso no hay vuelta que darle, porque a alguna historia tienes que pertenecer siendo hijo de hombre, de alguna forma nos va a tocar el clima de Navidad aunque no sea, precisamente, con villancicos y campanitas y todas las santas cosas que traen las tarjetas impresas, aunque la infancia esté lejana y se haya quedado colgada en un guardapolvo de la escuela, aunque seas mayor de edad y tengas hijos y nietos, o tú, en soledad; aunque el mundo se transforme con evoluciones y viajes al espacio y computadoras, y ocurra la muerte y ocurra la vida, y llueva o truene; la Navidad va a llegar, está llegando para tu bien y el mío, para la compostura y para la esperanza, porque al fin y al cabo, somos hijos todos. Y lo bueno es que cada hijo tenga su parte de noche de paz y de noche de amor. Porque el amor -se ha dicho tanto- debe preocuparnos desde la largada, y en eso estriba todo. Para qué insistir más. Para que si en ti y en mi hay un niño, no hay que olvidarlo, es importante, es principal el niño, sobre todo a esta hora cuando mucha infancia anda en las calles duras buscando un pecho, una mirada para quedarse, y a lo mejor la ternura depende de tus ojos, y el chocolate depende de tus manos, y muchas cosas que no son el arbolito, dependen de la postura del corazón, hay que reconocerlo; porque la indiferencia mata y la soledad no pregunta; y no es necesario escribir un cuento de Navidad para traer a terreno el sentimiento, porque la piel hay que tenerla delgada siempre, afinada, como quien dice. Y no porque ahora vaya a ser 24 o 25 de diciembre y el nacimiento de Jesucristo nos toque donde mejor se pueda, y veamos pinos con luces, y nos pertrechemos con rosca de reyes; no por eso, solamente, fijemos una noche de paz o una de amor para el techo familiar: pequeño círculo cerrado, porque la nochebuena comprende el hemisferio, este canto debe ser como la noche (comprenderlo todo) con la realidad y una composición de lugar estrictamente verdadera. Y que el canto no se nos vaya al infinito, ni a explorar estrellas desconocidas, ni se transforme en puro villancico, en tarjeta de felicidad; porque la luz debe estar en nosotros, compartida a ras de tierra, porque el canto deber ser la paz de ahora, la noche y el día del amor para los que vienen detrás de nosotros. (Por Waldemar Verdugo Fuentes. Publicado en VOGUE)

1 de diciembre de 2015

MEMORIA

Di tiempo a mi memoria para que cumpliera su primero y más apremiante oficio: olvidar. Aquí el aire parece transparente, tengo miedo hasta de pestañear. Pienso hasta donde terminan los gestos. Tal vez si cambio la mirada provoco en el mar el nacimiento de una caracola...lo hago. Para ti me vestí esta mañana. Por ti afeito el rostro de mi cuerpo, por ti emprendo jornadas sin término, por ti agoto mi alma en estériles esfuerzos, en vanos deseos y ambiciones. Por ti hago las cosas como si no las hiciera, por ti he renunciado a todo y a mí mismo. Por ti medito sin cesar: ¿estoy acaso muerto acaso vivo? Por ti voy a la Escuela de los Adivinos, por ti pongo música y quemo incienso mientras voy destapando cofres. Por ti sigo siendo un hombre libre, por ti me huyo en el sueño. Por ti descubrí el movimiento de la puerta: una vez abierta una vez cerrada (me pregunto cómo será sin ti lo que escribo)

19 de septiembre de 2015

¡ARRIBA FIESTAS PATRIAS 2015!

FUERZA CHILE SIEMPRE
(en el Parque O’Higgins de Santiago, Septiembre de 1959)

6 de febrero de 2015

DONDE ACABAN LOS RIELES.

Aquí estoy, el mar verde desde mi ventana se extiende hasta mi silla con precisión; en una línea recta en el horizonte figuras lejanas de nubes semejan barcos detenidos dibujando hacia lo alto el cielo dorado de la tarde. Desparramado como los hombres de mar en el paisaje terrenal al llegar a cierta edad con mi alma dispuesta al silencio que es quebrado por mi perro Obama que ladra a las gaviotas, pienso en el amor no duro en la vejez habiendo corrido tantos rieles mientras la cantina en la cima de los acantilados cercanos, con su ventana iluminada de música y carcajadas cómplices, miran afuera hacia donde terminan los rieles destruidos, son rostros a los que se podría herir muy fácilmente. Le sonrío a Obama que me trae su pelotita queriendo jugar: le lanzo su pelotita, me prendo un cigarrillo, suspiro y me levanto sintiendo que aún en el tiempo mi cuerpo se sueña eterno; veo a la orilla del mar florecidas las lavandas azules con las hojas todas volteadas hacia el sol tardío, caen unas mientras vaga tu voz por entre las hojas quebrando la superficie de la tierra redonda, justo ahora cuando pensaba haberte dejado en el olvido. “Hablarme no te hace ningún bien”, te respondo al teléfono. Solo es que dejamos de oler la fruta, de amar las plantas porque nuestro pulso no luce igual bajo la piel, “lo tuyo son solo recuerdos de hace años”, digo como hablando un lenguaje de palabras minúsculas cuando caigo en cuenta que eres tú quien me hablas: yo estaba solo, hacía un año que habías muerto y ahí estabas, con tus historias de mirar juntos las estrellas, con tu palabrería que destroza el corazón, con esa tu forma de mostrar que la felicidad existe aunque no es que no se pueda ser feliz estando solo: igual la felicidad existe porque es bella el alma del mundo a pesar de tu hipócrita manera de invocar tu profesión oscura aunque ¡Dios mío, sé que no tienes un corazón duro! Y al fin todos decimos a veces malas palabras, “si igual junto a ti me parece que el mundo se detiene, que ni importa si hay una hecatombe o mal a la puerta”, te repito esto que sueles repetir, “eres lo que existe y no existe”. Solo es que ahora estoy navegando en mi bote de remos donde a duras penas hay espacio para yo mismo y mi perro. Ando, es cierto, no muy adentro en las aguas olorosas de algas remando al ritmo del palpitar despaciolento de mi corazón, dejando a ratos mi bote libre mientras orino al océano sintiéndome relajado después de eternidades de tensión, como el viejo Borges riendo cuando alguien le decía maestro. “Tú tienes el sentimiento bueno, y con tu dote no te faltará”, con tu mirada de Kin-Kong, por la ventana del hotel, observando a Fay Wray, de enorme ternura, desvalido amor. O con tu actitud a veces de Joan Crawford, con un cigarrillo en sus labios metida en la bañera, y tu gesto ese que haces al fumar, con tu sonrisa de seguridad y tu mirada de lascivia. “Ahora te dejo, me reclama Obama volver a tierra firme”, pero solo quiero jugar con él a la pelotita, antes que la noche haga penetrar sus velos junto con el primer aullido de las lobas pariendo abajo en los acantilados, mientras descifro lo que vivo. (Waldemar Verdugo Fuentes)

LAS AGUAS BRAVAS.

Mi hogar está al fondo de los mares del Sur, donde se cruzan el Meridiano 33 y el Paralelo 71. Vivo a orillas del mar interior, las aguas entre el continente y Rapa Nui, la isla de Pascua; son aguas de un azul eléctrico a esta hora del día, son aguas bravas casi todo el año y luego de las tempestades se arrastran como un manto que se extiende más allá del horizonte, hacia las fuentes del océano que se pierde en la salida antártica hacia el mundo exterior, sobre mi cabeza. Al sur está la tierra de los Hiperbóreos, limitada en su perímetro por el río océano donde los peligros de navegación por los restos del continente hundido están señalados con verdaderas columnas de diamante que brotan de los hielos antárticos, señalando una entrada al Reino Interior, entre el Cabo de Hornos y la Tierra de O’Higgins. Al norte de nosotros mismos, subiendo en la distancia están los montes sagrados andinos, cuya fuerza reposa en el silencio. Después de siete años de navegar por las tinieblas, en un mar sumamente agitado, vimos una isla que flotaba como elevada por la bruma, que se transformaba en tal espesa niebla que parecía brotar sobre un infranqueable muro de metal y piedra escarpada y desnuda. Era como un monte oscuro por la distancia y me pareció tan alto como no había visto nunca otro alguno. Un ruido sordo pegaba contra los arrecifes y la alta resaca dejaba oír sus lapidarios gruñidos contra nosotros. El barco parecía hundirse tan bajo a ratos, que subía a penas sobre el nivel del mar. En un instante, como si arrancara de la tierra que veíamos, un torbellino sacudió la nave por la proa, la hizo girar con tal brusquedad que se levantó la popa en alto, mientras la proa se hundía y el mar se cerraba sobre nosotros. Anclamos en esta playa de hermosas aguas bravas, sin embargo con accesibles acantilados en forma de herradura y abrigada del viento. Aquí hice mi hogar. Luego de realizar en el inmediato bosque de eucaliptus los ritos y las oraciones en honor de los muertos como el otro Waldemar iba indicando, vimos aparecer una multitud de sombras entre sutiles reflejos de los que fueron en vida ancianos, mujeres y hombres, jóvenes y niños que nos abrían paso en silencio y con cierta actitud reverente, hasta que cruzamos a la zona de luz que marcaba la entrada a la Caleta de Cartagena. En las puertas de la ciudad, en una inscripción en la piedra, tallamos: "Quien ha llegado aquí, puede llegar a cualquier lugar que exista o no exista”. Una vez que anclamos, y rescatamos el barco extrañamente intacto, tampoco supimos la dirección que nos trajo aquí; aún cuando tuvimos un deseo manifiesto de explicarnos las rutas de navegación, no supimos decir qué tipo de energía hizo moverse al barco por sí mismo, como un animal vivo, indicándonos solo el rumbo que seguía en un sistema de coordenadas radiales que, después supimos, tenía como centro de referencia el Oráculo de Cartagena. Este Oráculo, ahora sé, cuando estoy junto a él, es en apariencia nada más una bola de cristal que tiene en sus manos la estatua de San Pedro, patrono de Cartagena; parece otro artificio, pero refleja en el mar que lo rodea todas las cosas como sucedieron, como están sucediendo y como han de ocurrir. Al parecer, por los comentarios rutinarios intentando convencerme de que no sucede nada, delatado por el tono levemente preocupado del otro Waldemar ante mi respuesta al hecho magnífico, al fin dijo: "Es que no cualquiera puede ver los reflejos en el agua sin temer descontrolarse para siempre. Muy poco más se sabe. -Pero, físicamente ¿donde en realidad estamos? -dije. -Estamos en un sitio que es todos los sitios a la vez y ninguno. Poco tiempo después de la caída del país Antártico, cuando los habitantes del Reino Interior lo absorbieron entre las aguas detenidas en los hielos más colosales del mar, varios pueblos se esparcieron por estos mares del sur. Algunos huyeron a las islas Polinesias que veo desde mi ventana, ellos son los constructores de los moais cuya alma preserva el pueblo Rapa Nui. Otro grupo se quedó a nuestras espaldas, en el valle más fértil, ahí levantaron su ciudad: Santiago de Chile. De los que escaparon con vida cuando cayó la segunda luna y quebró los continentes, simplemente llegaron del mar a estas playas en sus cóncavas naves, esperando volver a sus sitios de origen. Arribaron de muchos lugares; algunos vinieron del país de los Cardófagos, que se alimentan principalmente del fruto de cierto cardo, cuyas semillas trajeron, esparcieron aquí sus sembradíos, y quien lo prueba se olvida de su patria. Otros lograron llegar hasta aquí debiendo cruzar el triste país de los Muertos, en los confines del océano de profunda corriente, donde el sol resplandeciente jamás ilumina con sus rayos; debieron cruzar la zona del sueño y rodear la cueva desde la cual se puede descender al Reino del Mar. Los que logran, cuando más, cruzar sin novedad luego zozobran con sus naves intactas en estas aguas bravas del Sur, aunque algunos, como los que trajeron el Oráculo de Cartagena en un tiempo olvidado, son naturalmente empujados hacia acá por el Hacedor de Caminos. Nada más se sabe” -terminó el otro. Aquí se dice de nuestros mayores que llegaron en el tiempo del hundimiento de las aguas, que corresponde al tiempo anterior a la época del bronce, metal procedente de la aleación del estaño, del cobre y de minerales más comunes en esta zona como el plomo y la plata. El estaño lo tomaban fácilmente los antiguos y con él fabricaban espejos, recipientes pequeños destinados a contener perfumes o medicamentos y también para soldar y afirmar sus construcciones. Para conseguir cobre simplemente lo excavaban de los caminos que cruzan todas las entradas a los Andes chilenos, que vemos en la distancia si volvemos la vista contra el mar. El oro no era importante porque sus alquimistas tenían también la receta para hacerlo, pero al ver la codicia por este metal que demostraron los invasores europeos del siglo XVI, la receta fue tan oculta que terminó por perderse. Sin embargo, aún hoy, en recuerdo de los antiguos que poblaron esta zona se cultivan rarísimas especies como la canela y el clavo, el sándalo y la mirra, que se aprecian más que el oro. Aquí, en estas aguas bravas a orillas del mar vive la maravillosa borrachilla, el pez dorado iluminador de la mente que se alimenta del peyote del mar que arrancan del fondo oculto las aguas bravas. Ayer se dejó caer la tarde con un gran viento, súbito como un ancla cae en las aguas profundas. El mar onduló su vientre por encima de los botes y remolcadores, y andaba como queriéndose engullir la caleta de los pescadores de San Pedro. Muy luego el cielo se quebró en rayos y truenos. Dos vapores en la distancia de las aguas se estremecían con sus sirenas al aire. Los lanchones buscaron protección hacía la raya del horizonte, confundida con nubes tempestuosas que los fundieron en la oscuridad del mar. Gaviotas y alcatraces gritaban desde los acantilados. Las lobas marinas lanzaban al viento su canto largo como si estuvieran pariendo. Con la entrada de la noche, que se vino temprano, súbitamente se dejó caer el aguacero, y los caminos de Cartagena, que desembocan todos en el mar, se transformaron en peligrosos ríos. Sábanas de agua de cielo cubrieron el pavimento y las veredas, y parecía que las aguas bravas también andaban queriendo salirse del mar. Y tanto duró la tenaz lluvia que el corazón se apropió de todos. Nos fuimos los que estábamos a mirar de la terraza la población de los pescadores arriba de los acantilados... “-Los cauces arrastrarán sus casas tan frágiles. No resistirán” -dijo alguien. “-¡Resistirán!” -afirmó enérgico otro. Y todos estuvimos de acuerdo, aunque nuestro corazón estaba sobrecogido. Vi cómo la naturaleza desatada sacudía persistente los techos y barría las calles de todo. Vi como quien esperaba un milagro o un hecho distinto les despertara del sueño malo con viento en el mar. El temporal ya era un gigante, brutal. Vi que la bajada blanca a la Caleta era como un canal desbocado abriéndose en todos sentidos. En el mar, los botes que no alcanzaron a sacarse, como caballos espantados, aparecían y desaparecían entre las olas, algunos queriéndose estrellar sin compasión en las rocas que crecen del mar. Vimos justo el momento en que la proa del bote con piso transparente se hundió en las aguas para siempre, no pudo soltarse mar afuera y afrontó su destino. Los mares del sur estaban furiosos y temimos en un momento que brotara el gran tentáculo de que hablan, la gran lengua del mar que absorbe poblados enteros. Cartagena se hundía por los cuatro costados. En sus cerros y a orillas de los acantilados, en todos los patios los árboles milenarios y los nuevos barrían el planeta con sus melenas desatadas. Un rayo partía en dos nuestro pequeño mundo cuando vimos que algunas mujeres con niños en brazos y los pescadores que estaban en tierra abandonaban sus casas, a punto de desprender el viento de sus cimientos y precipitarlas al mar, bien podía desencadenarse una tragedia, y buscaron refugio en el corredor techado de la Junta de vecinos y otros en el gimnasio del Club Deportivo, en las casas más seguras y se dispuso todo y las hileras de niños, mujeres y hombres fueron cruzando las calles de agua hacia el refugio ocasional, con sus cosa más imprescindibles, siempre silenciosos, como repitiendo un rito largamente en práctica, envueltos en una tristeza larga. Vi algunas mujeres apuntando sus ojos implorantes al mar sordo iracundo elevado por el viento. Y todos los que estábamos más protegidos recibimos amigos, y llegaron los Pakarati, que ni siquiera en su Isla de Pascua están acostumbrados a que les entren las aguas bravas por los cuatro costados, y nos contaron de Rapa Nui y animamos la tragedia con un poco de música. Vi niños a salvo del viento y del agua, y dos de los más pequeños dormitaban acurrucados en el regazo de sus madres jóvenes, que estaban iluminadas y sus ojos eran de lapislázuli enmarcados en la tez fina con el cabello en desorden bajando a sus hombros. También los mayores en voz alta nos guiaron en un Padrenuestro por los pescadores a quienes el temporal les salió al encuentro en su faena del día. Luego se metieron en las santas cuestiones que vienen acá abajo con los temporales, que camas secas y un ulpo para los niños, el pan amasado, que el carbón no se moje, el mate que corre. Que fuimos y vinimos. El viento prosiguió toda la noche y al amanecer su concierto silbante y los árboles, deshojados y transparentes como fantasmas, parecían elevados al cielo. Las araucarias y eucaliptus, sin embargo, apenas se ven despojados de unas hojas. También las cercas han capeado bien el temporal. Con las primeras luces de este día las aguas bravas se compadecieron de sus hijos, y un arcoiris de paz se quedó dormido sobre las algas. Las mujeres miraron a sus hijos como una sola alma y se abrazaron, luego volvieron a sus casas y ninguna estaba destruida. En la distancia de plata junto al sol poco a poco se fue apareciendo algo semejante a un collar de hielos, eran los pescadores, salvos todos, con sus lanchones cóncavos intactos del mal tiempo, casi al ras del agua por el peso de la pesca abundante. Vienen los botes cargados de peses de plata, en un ras entre todos ayudamos, los sacamos en vilo de las aguas y son recibidos con aplausos. Noto la lucecilla tenue del Oráculo de Cartagena posado en las manos junto al corazón de la estatua de San Pedro que anuncia su caleta. Las gaviotas y los alcatraces se lanzan en picada y sacan del mar peces que parecen danzar en el aire, aún vivos, para luego engullirlos de un bocado. Los lobos marinos y sus familias están alborotados comiendo la pesca submarina que se vino abundante. El cielo está tan claro que parece transparente. Y el aire tiene un aroma que más no quiero yo, ni el otro. (Waldemar Verdugo Fuentes)

22 de diciembre de 2014

NOCHEBUENA PARA EL HIJO DEL HOMBRE.

Santo y seña: amarás a tu prójimo como a ti mismo, aunque sea un poco, aunque tan sólo trates…
Por Waldemar Verdugo Fuentes Foto: Nadine Markova. Publicado en revista VOGUE. (ARCHIVO VOGUE)

5 de octubre de 2014

EL COCINERO DEL REY.

Con pejerreyes de plata, erizos espinudos de lengua oro viejo y un soberbio congrio que me ocupaba todo un brazo, regresé del puerto. El congrio estaba colgado de las agallas de la tienda del pescador: era el más soberbio pez del mercado. Lo abriré con mi cuchillo de ancha hoja y lo rellenaré con manzanilla fresca. Salvo este congrio, los grandes peces hoy parecían haberse escondido. Al abrirlo se destaja como la piedra al golpe del agua. El carbón de álamo encendido bajo el fondo de la greda con ajo machacado en salmuera asentará su sabor y le llevará a la boca a los reyes, mis amos de las sandalias de oro repujado. Así ni más les sirviera los pejerreyes en la gran fuente blanca, bastaría... que mi mano les sacie y les impida la pena este día especial. En lo que a mí respecta, hoy sí hay invitados mayores. Vendrá el viejo poeta que canta a la vida y su hija Elisa, ella, que llegará coronada de rosas. Les serviré y aplaudirán cuando gusten lo que preparo, y el rey permitirá que me quede, apoyado en el alféizar de la puerta, para ver las caderas ágiles de Elisa que baila con él, y el poeta con su majestad la reina, todos moviéndose al toque de mis palmas, luego del vino que llevan los erizos del mar. (Fragmento de "LIBRO DE LOS OFICIOS")

21 de agosto de 2014

MARÍA LUISA BOMBAL: UNA HUELLA

En la literatura de Chile, a María Luisa Bombal sólo se la compara con Gabriela Mistral en la perfección de su obra. Autora de tres novelas breves y cinco cuentos de unas pocas hojas, no fue más necesario a María Luisa Bombal para dejar una profunda huella en las letras del siglo XX. Adelantada del Realismo Mágico, aquí se refieren a ella Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo y el cineasta John Huston, que la admiraban, así como se retrata un singular perfil de la escritora. “María Luisa Bombal, una Huella” de Waldemar Verdugo Fuentes, es un libro reconocido con el Premio Escrituras de la Memoria Año 2011 del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile. ISBN 9789563533927 EN AMAZON.COM http://www.amazon.com/dp/B00GL9QMC4

20 de agosto de 2014

AVENTURA AMERICANA (Diario de Viajes)

Fragmento del Prólogo: “Este Diario de Viajes por América reúne algunos testimonios que recogí entre 1972 y 2010, de labios de los vecinos con quienes conversé en los lugares cuya impresión aquí anoto: la Antártica chilena; camino a Lima; Nazca donde escriben los dioses; con Borges en Buenos Aires; Quito en la mitad del mundo; Islas Galápagos; en zona Maya, que cruza Honduras, Guatemala y México, donde vi al Templo Mayor, Teotihuacán la ciudad de los dioses, y Los Cabos de la Baja California. Cierra este Diario de viajes una mínima relación de lo que he visto en Nueva Orleáns, porque sería ingrato no citar un lugar donde se ha vivido un gran amor… Conocer estos lugares ha sido una aventura. Naturalmente, una aventura es algo que nos sucede; es algo que nos escoge a nosotros, no algo que nosotros escogemos. Es cierto que crucé estos caminos sin premeditarlo, simplemente me dejé llevar por la aventura que es algo extraordinario para el que se deja vivirla.”
ISBN 9789563580129

MEMORIA DE CUESTIONES ISBN 9789563580143

EN AMAZON.COM: Esta “Memoria de cuestiones” rescata una serie de crónicas publicadas en fragmentos en papel vegetal en revista Vogue y periódico Novedades de México, en periódico El Mercurio de Chile, en revista Norte/Sur de México-Argentina, y otros medios citados en la Hemerografía. Son trazos de la superioridad de la raza, signos de resistencia al trabajo, a la enfermedad y a la soledad, de la capacidad para el esfuerzo y ánimo que brota de nuestra secreta materia gris. Cuestiones para llorar de risa, el circo, nuestros gestos humanos y las máscaras con carnaval y el Dragón, un elogio de la locura. Cuestiones acerca de nuestros ríos de la memoria con el Hombre como centro a partir de la idea de que el mundo se inicia desde donde uno está. Son trazos de un diseño del mundo con la Inmortalidad de fondo, donde se juega con el Tiempo y se moldea la materia del sueño. El autor, Waldemar Verdugo Fuentes, nacido en Santiago de Chile, ha sido reconocido con el Premio Nacional de Periodismo Cultural año 1987 del Instituto Nacional de Bellas Artes del Gobierno de México, y con el Premio Escrituras de la Memoria año 2011 del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile.

TRAZO DE AGUAS ISBN 9789563580136

Este “Trazo de Aguas” lo componen una serie de crónicas publicadas en fragmentos en papel vegetal en revista Vogue y otros medios. Anota el autor en el prólogo: “Son crónicas acerca del nacimiento del mar y las aguas medicinales. Del mar de Chile, y un trazo del amanecer del día 27 de febrero de 2010, cuando el Señor de Todas las Aguas a su paso inundó poblados a orillas de los mares del sur chilenos, y entendí de la grandeza de los oficios.”

LA RESPUESTA HUMANA ISBN 9789563580112

Fragmento del Prólogo: “La base de cualquier respuesta humana consiste en el buen cumplimiento del oficio de cada cual, pues toda labor es necesaria y suma, porque, en principio, según cree el autor, los problemas inmediatos y más necesarios de responder como raza se solucionarían si cada cual se limitara a cumplir bien su trabajo, nada más.”

NUESTRA ESPECIE DIGITAL ISBN 9789563580105

Fragmento del Prólogo: “Nuestra raza humana se transmuta digital en cuerpo y alma. Aquí hablo de la integración global otorgándonos diversidad de perspectivas con la llegada de Internet, la red virtual que entre todos comenzamos a tejer, que nos ubica y abre soluciones en terrenos como la inequidad, el medio ambiente y la pobreza, incentivando más empleos auspiciados por las nuevas oportunidades de negocios, desarrollados por la innovación y el desafío emprendedor en un mercado inédito, en que al intercambio universal de información y almacenamiento digital con espacio ilimitado, se unen los cambios en los modelos de negocios, creando con el mercado global una inédita fuente de recursos. Con acceso al saber de nuestra humanidad, ubicados los cinturones de hambre y violencia, de peligro y desastre natural, que nos importa a todos, respondiendo en común, de manera muy delicada inherente a nuestra raza… Domésticamente, la piel digital se integró a nuestra vida cotidiana evolucionando con ella.”
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LA EVOLUCIÓN SEXUAL ISBN 9789563580099

Esta obra “La Evolución Sexual” trata del amor en la Isla de los Inmortales. Entramos en una etapa delicada del progreso de la humanidad que se evidencia en el salto tecnológico digital que nos trajo a cierto enlace a nivel planetario, que nos permite comunicarnos anuladas las distancias geográficas, en que salvamos límites de información, y discretamente dejamos de ver la intimidad como un “problema sexual” y de tragedia para convertirse en cualidad de apertura y evolución de la raza, que, en sólo unas décadas respecto al progreso biológico crece como nunca antes en toda la historia de nuestra civilización. Aquí se habla de toda una vida como viaje de atentados a la sexualidad, de persistencia crónica en algunos aspectos, de los pioneros liberados y su consecuencia hasta ahora, cuando enfrentamos con altura los desafíos inmediatos y aplicamos soluciones. En este libro se habla de los asexuales fuera del armario, cuando salen del clóset todas las minorías sexuales. Se habla de dominar la materia para fortalecer el espíritu, de un cierto combustible de fuerzas enormes que comenta el impasible Andy Warhol. Se habla de castidades, de la continencia como un placer, de eunucos, de la asexual ave llamada Fénix y del celibato sacerdotal no como un rechazo al amor, sino, una expresión del amor. De los Shakers, Rappitas y la Sociedad Memnonia. En una entrevista con el autor, John Huston recuerda a Marilyn Monroe: A mayor atracción sexual, mayor taquilla. Se habla de los hijos de la clonación, y el comercio de la intimidad: la nueva familia Dink y Homosexual. Se rescata una memoria inmediata de mujeres y la adelantada Sor Juana Inés de la Cruz. De Gabriela Mistral y la sexualidad trazando un límite entre el individuo y el Estado. De las “malas” de Ninón Sevilla y su castidad legendaria. Del amor platónico y la colonia de Oneida. De la salud sexual del matrimonio: el amor después del amor. De la represión del impulso natural sexual y la fragmentación del Yo, perdidos los sexos en el momento del clímax del amor. Del hombre sexual antes del siglo XXI: cantidad antes que la calidad como escudo masculino frente a la mujer multi orgásmica. De cierta antelación del amor que no tiene sexo, con el poder trascendente de manifestarse en todos los sexos. Del movimiento Vírgenes Renovadas y un raramente comprendido centro sexual. De quienes buscan maravillarse, utilizando la evolución sexual como vehículo cuya energía brota de cierta cópula cósmica, de una sexualidad atribuible a los inmortales.

DEL SENTIDO DE LA VIDA ISBN 9789563580082

Esta obra “Del Sentido de la Vida” anota que cuando la existencia deja de percibirse como promesa y recompensa, no por eso deja de ser todavía una tarea. En el prólogo se traza aquí una delicada anatomía del suicidio de Silvia Plath, Anne Sexton, Yukio Mishima, Clarence Finlayson, Luis Emilio Recabarren, de la ingeniosa Virginia Woolf, de Marilyn Monroe la reina sola, y acerca de la pasión de Violeta Parra. Se comenta de sacrificios y culto: en todos los grupos humanos a través de los tiempos los ritos que involucran a la muerte son un culto a la vida, en la creencia antigua de que morir es nacer a otra vida. Se anota de la Eutanasia. Y apoya el fin a la pena de muerte. En el epílogo de esta obra se menciona un centro con sentido de dónde parten todas las cosas y hacia dónde vienen todas las cosas.

GENTE DE MÉXICO ISBN 9789563580075

Este libro “Gente de México” lo integra una serie de entrevistas: a la legendaria curandera María Sabina, a Anthony Quinn, María Félix, Elías Nandino, Mario Moreno "Cantinflas", Guadalupe "Pita" Amor, Linda Christian, Salvador Elizondo, Lucha Villa y Juan Rulfo. Entrevistas des escritos chileno Waldemar Verdugo Fuentes publicadas en papel vegetal en revista Vogue y periódico Unomásuno de México, revista Caras y periódico El Mercurio de Chile. Ilustraciones: fotos inéditas tomadas durante estas entrevistas y fragmentos publicados en papel botánico.