13 de julio de 2026

POR LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES NUESTROS HERMANOS MENORES, CON RÉQUIEM POR EL COMPAÑERO PERRO OBAMA

En papel de este mundo que amo, escribo que mi compañero perro Obama me humanizó. Enseñándome que es una persona menor de edad. Aprendí que, como los niños, nuestros animales nos necesitan hoy. Digo que es una persona el compañero perro Obama: sus derechos constituyen el derecho a la vida. Nuestro encuentro fue el encuentro de dos personas, de dos formas de dignidad, de dos almas que se complementan, de dos espíritus gratuitamente viviendo juntos. Cada uno haciendo lo suyo, yo su comida y agua, él pendiente de todo. En la noche al cuidado dirigiendo a la jauría con sus ladridos acompañadores hasta que me duermo, cuando la última mirada ha sido la suya de ojos graves, de dulzura expresada con entendimiento: en su mirada no cabe el aburrimiento ni la confusión. En papel de este mundo que amo, escribo: Aquí, a orillas del Pacífico central de Chile, creo que, por puro amor, el compañero perro Obama llegó a mi mundo siendo cachorro, unos quince años viviendo juntos. Aquí canto al compañero perro Obama. A su valor sin medida. Siempre vigilante desde nuestra terraza mientras trabajo. Atento a la entrada abajo donde los acantilados brotan del mar. Sin miedo a cosa alguna que exista o no exista. ¿Qué se puede decir del compañero más cercano? ¿Cantar a su alegría anclada en la niñez humana? Que juega quedándose quieto, como la estatua del templo, le digo. Y entonces baila, ¿se puede decir que baila cueca con todo cuerpo y alma? ¿Qué le gusta la música electrónica? ¿Qué se puede decir de cuanto he visto en mi compañero perro Obama? ¿De sus desarrolladas facultades y emociones? ¿Elogiar su memoria, la atención, su curiosidad, su imitación de gran simulador? Si me percibe riendo cuando escenifica determinado gesto o conducta, lo repite para complacerme. Así de sensible y contenedor. Desde que vivimos juntos nos comunicamos con Obama en forma igual que humanamente mezclando las emociones; me ha enseñado que codifica, aprende y recuerda las acciones que compartimos: su memoria involucra toda la historia, jamás olvida. Por años he visto su rechazo sin tregua al perro negro de orejas puntiagudas, ese que le impedía comer y lo hirió cuando de cachorro llegó a La Caleta, al cual ya viviendo conmigo lo comenzó a enfrentar. Mi compañero perro Obama llegó un día frío: al salir esa mañana a caminar por los acantilados a la orilla del mar, descubrí alborotada la peligrosa jauría que cuida el sendero. Ahuyentaban a un perro cachorro que vino de quien sabe dónde, al que protegí reprendiendo a la jauría de callejeros, que luego me siguieron hasta la puerta de mi hogar donde suelo darles comida: el cachorro sin timidez alguna hizo lo mismo ubicándose al final, y cuando el perro negro de orejas puntiagudas quiso impedir que comiera le ordené no atacarlo, el cachorro me miró a los ojos y vi una sabiduría antigua reflejando su mirada agradecimiento maduro, como diciendo: “gracias por protegerme para que no me ataquen, pero yo puedo defenderme solo”. El cachorro aparecido, rechazado por la jauría, luego andaba queriendo hacerle punta al temporal caminando firme bajo la lluvia, cuando el atardecer llegó con un aguacero que solo aquí se deja caer. Observando desde la terraza vi al cachorro cuando, en una cavidad apenas excavada de la tierra con sus patitas, movía paja, cochayuyo con otras algas y las acomodaba para acurrucarse junto a una roca a la intemperie, lo vi dispuesto a sobrevivir contra todo: le hice notar que lo observaba y entonces bajé. Llegando junto a él pude notar que tenía una pata herida a la que no daba la menor importancia. Le hablé como a un semejante sin saber otra forma de comunicarme, y de inmediato nos entendimos de lo más bien. Pude conversar con Obama y entenderlo, poniendo la misma atención con la que él me escucha. De mi compañero perro Obama, su hablar de palabras cortas se arrastra del lenguaje que abría las entradas a las viviendas de los primordiales, cautelosos con los extraños, que sólo franqueaban la entrada a sus cuevas a los iguales, con su lenguaje posiblemente gutural, pero de sonido familiar. Al que el lenguaje de ladridos del perro desde entonces se integró a la familia humana, protegiendo, advirtiendo, acompañando. Vivo con Obama toda la intensidad de ese lenguaje, primordial y delicado, que arranca del lazo entre animales para sobrevivir. De acuerdo con los Principios en la Carta de las Naciones Unidas, la libertad, la justicia y la paz en el mundo, obedecen al reconocimiento de la dignidad natural y derechos iguales de los miembros de la familia humana, y los animales siendo también parte de nuestra familia, ¿no merecen, acaso, derechos? He visto en mi compañero perro Obama una dignidad sin límite. Le dije que podía dormir esa noche en casa, ante lo cual paró sus orejas y sentí con fuerza su mirada acompañada de ese su lenguaje, diciendo mientras me seguía: “si tú quieres que vaya contigo, voy, pero yo puedo solo con mis problemas”. Luego curé su herida y lo adopté o mejor dicho él me adoptó cuando en casa decidimos su nombre, en honor de Barack Obama viéndolo por televisión presidente electo de USA, el 4 de noviembre de 2008: desde entonces juntos hasta ahora cuando creo que mi compañero perro es de lo mejor y más tierno que ha ocurrido desde hace mucho en el mundo que amo. En este mundo que amo la compañía de Obama se fue haciendo trascendental en mi vida porque es saludable. Nuestro afecto es voluntario, nada lo fuerza siendo en cierta manera muy delicada un poderoso lazo amistoso nuevo en mis afectos maduros, sin conflictos ni escenas desgarradoras. He conocido en mi compañero perro Obama a un amigo fiel sin reservas, delicadamente dulce, un niño alegre detenido en la madurez de la razón, su compañía me ha arrebatado. Enseñándome que es indigno insistir que sólo los humanos sufren, tan indiferentes frente a los demás animales, que son harto semejantes a nosotros. Aquí, en nuestro hogar, el lugar favorito de Obama es esta terraza. Con la brisa que despeina su pelo largo que se vuelve espuma de mar danzándole al espacio, siempre dispuesto al juego del tiro y trae su pelotita azul o dando saltos fenomenales ladrando a las gaviotas que quieren arrancharse en nuestra terraza, donde con este fondo de aguas olorosas de algas, vamos remando en tierra firme al ritmo del palpitar acompañador de su presencia poderosa en este mundo que amo. A mi compañero perro Obama lo considero muy propio. Por el conocimiento que él me ha enseñado en años compartiendo nuestra vida, abogo por una Declaración Universal de Derechos Animales, la infancia humana tiene derecho a leyes especiales, no menos deben ser base para toda especie animal. Apelo con quienes reclaman para animales derechos semejantes a los que protegen a los niños, por ser personas menores que necesitamos proteger. Los Derechos del Niño entraron en vigor de acuerdo con la Declaración Universal de Derechos Humanos el 2 de septiembre de 1990. De acuerdo con estos Derechos del Niño, aplicados como base de Derechos de los Animales, requiere solo detalles lógicos de resolución, aquí anotemos que estipula en Parte Uno Artículo 1 que, “se entiende por niño todo ser humano menor de diez años”, lo que en el caso de Derechos de los Animales no debe ser aplicable, por ser su tiempo de vida distinto al nuestro. Todo animal tiene derecho a que la duración de su vida sea conforme a su longevidad natural, como una persona. Como nuestros niños los animales deben recibir la protección y asistencia necesarias para una vida protegida con derecho a legislaciones particulares, en el espíritu de los ideales proclamados en la Carta de las Naciones Unidas, que canta a la dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad. Como los niños, los derechos de los animales no requieren ser acompañados con deberes. Son derechos concedidos a seres que no podrán hacer uso de ellos, y permiten a la sociedad apelar a la ley para protegerlos, apoyados más allá que confiando en la ética humana. Existe la pionera declaración de La Liga Internacional de los Derechos del Animal en 1977, luego aprobada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) y por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), son derechos celebrados, pero carentes de leyes articuladas en una Declaración Universal de Derechos Legales de los Animales, que aquí apelamos. En la defensa de los animales, como ejercicio de dignidad, apelamos por sus derechos porque no somos los únicos que actuamos racionalmente, los únicos que podemos pensar y tener sentimientos. Para su protección la infancia humana tiene derecho a leyes especiales, así también la naturaleza animal, independiente de la especie, debe ser sujeto de derecho en nuestro orden jurídico. Todo ser para vivir necesita legislaciones con la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento. Unidas todas las voces, humana y animal, cantan que toda la naturaleza nos está hablando, cada ser aquí tiene su voz y merece ser escuchado. Ahora cuando invoco por una declaración universal de derechos de los animales, apelando al amor a manera de gracias por mi compañero Obama. Y apelando a la razón, convocando a la inteligencia de los animales, en la medida de cada cual, que se ofrece como prueba de su humanidad. He escrito que de Obama conjuro su compañía y destreza inteligente, si fuera necesario justificar cualquier derecho legal para los animales. Porque, como cualquier persona, mi compañero perro Obama es más o menos inteligente. Con su personalidad me enseña que los seres considerados inferiores tienen conciencia de sí mismos, autoestima y deciden en su relación con el mundo que los rodea. La diferencia entre la inteligencia de los seres humanos y los otros animales es cuestión de grado y no de clase. Apelando como cualidad superior a nuestra cultura, debemos enriquecerla siendo incluyentes dando dignidad para ser dignos. Si tenemos más inteligencia que los otros animales, no es razonable afirmar que los otros animales no la tienen en absoluto. La inteligencia nos hace diferentes a quienes comparten nuestro reino animal: mi compañero Obama tiene la suya propia, con sus atributos, emociones y habilidades mentales, con su entendimiento propio de especie animal.
Apelando a la compañía de los animales, a su amor sin condiciones declaramos nada más suficiente para exigir sus derechos. Así creo, cuando mi compañero perro Obama me ha acompañado estos años con su delicada presencia de puro afecto que me ha hecho mejor. Cada uno haciendo lo suyo, yo su comida y agua, él pendiente de todo. En la noche al cuidado dirigiendo a la jauría con sus ladridos acompañadores hasta que me duermo, cuando la última mirada ha sido la suya. El amor incondicional que transmite especialmente la mirada de un animal es una de las mejores sensaciones que podemos tener en la vida. Aceptar su amor incondicional, es un modo de estar de mejor humor. La Nobel Gabriela Mistral, defensora mayor de los animales en la literatura, escribe: “Trabajando en tierra con guerra, he visto pequeños sin más compañía que sus perros, los hermanos menores ayudando a los niños huérfanos para encontrar refugio y fuentes de alimento. Dios requiere que ayudemos a los animales cuando necesitan nuestra ayuda. Cada ser, humano o criatura, tiene el mismo derecho de protección. Y tú, no te avergüences si alguna vez los animales están más cerca de ti que las personas, ellos también son personas, son tus hermanos. Que los animales no son objeto, sin alma o insensibles. De otra tierra y otro reino llegarían los animales que parecen niños perdidos”. Declaró la maestra Gabriela Mistral en el foro de las Naciones Unidas: “Hablo en nombre de nuestros hermanos mudos, sin voz para defenderse. Los animales son mis hermanos menores y yo no me como a mis hermanos. Es cierto que, al igual que algunos animales se alimentan de otros para subsistir, es necesario al hombre poder tomar los animales que necesite solo hasta encontrar una mejor solución. Los animales de engorda son criados en espacios horribles, enjaulados, mal tratados. Cuando un animal es criado para la alimentación debe ser nutrido, instalado y transportado, que, si es necesaria la muerte de un animal, ésta debe ser instantánea, indolora y no generadora de angustia. Todo acto que implique la muerte de un animal sin necesidad es un crimen contra la vida. En la experimentación científica, las técnicas alternativas deben ser utilizadas y desarrolladas. A medida que avanza la ciencia vamos sabiendo calidad y cantidad de proteínas y complejos en cada alimento, reemplazando unos por otros mejores, con menor costo físico más accesible a cubrir la alimentación de la población mundial, buscando una dieta universal cada vez dañando menos la naturaleza original que sacrificamos”, señaló Gabriela Mistral. Indicando: “Que los animales como los niños son personas menores. Que Dios creó a todas las criaturas con severa bondad, grandes, pequeñas, con forma humana o animal, creando a todos como sus hijos, dando a cada uno su propia inteligencia. Reconocer los Derechos Universales de los Animales anima el progreso social y eleva nuestro nivel de vida dentro de un concepto más amplio de evolución. Todo animal perteneciente a una especie salvaje tiene derecho a vivir libre en su propio ambiente natural, y a reproducirse. Tiene derecho a vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de libertad propias de su especie. Toda modificación de ese ritmo o privación de libertad es contraria a este derecho. Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia. Todo animal tiene derecho al respeto. El humano, como especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a los otros animales, violando ese derecho. No respetar sus derechos es incompatible con la dignidad del animal, que no debe ser sometido a malos tratos ni a actos crueles”. No por una cuestión de decir aquí las palabras que se citan en memoria del que ha partido, recordando a sus mayores terrier chilensis de quienes heredaba los desafíos que salvó, de esa huella fuerte que continuó trazando aquí, solo susurremos que Obama fue un guerrero. Creo ahora que la profunda relación del humano con el animal obedece a algo más alto. En este mundo que amo a manera de hablar por el compañero perro Obama, conjuro aquí a personas llamando por los derechos de los animales, por nuestras personas menores apelando a la razón y al puro amor humano. He escrito en “Noticias de Chile” convocando al poeta mayor Nicanor Parra: Ayer tuve su grata visita, llegó el poeta manejando su Citroneta y lo acompañaba su hija Colombina Parra, que, cálida como es ella, entretenida caminando recovecos, luego dijo ser semejante mi hogar a un laberinto. Obama le hace gracias al poeta terrestre, sentado aquí en la terraza iluminado de azul que no deja de acariciarlo, de lo más a gusto. Cuando Nicanor conoció a Obama trabó con él una relación afectuosa inmediata, dijo: -Su nombre está muy bien puesto, porque tanto el primer presidente negro de Estados Unidos como el terrier chileno mezcla de perro callejero y fino Fox inglés, pertenecen excepcionalmente a seres únicos, aparte del establishment. Son seres únicos en los que encarna el Dragón y su poder de ser todos los seres -dijo el poeta Nicanor. Es cierto que mi compañero Obama enfrentado al sol parece brotar de él, como deben ser los dragones, puro tiempo y piedra. Al despedirse ellos, dije a Colombina: “eres una estrella”, y el poeta creyó que le decía a él, rectificándome de inmediato: “yo no, mi hija es una estrella”. Le respondí: “A ella me refería, lúcido Nicanor, tú no eres una estrella. Tú eres un inmortal”, y riendo se fue feliz. Nosotros quedamos impregnados de frescura madura. Como ángel de la guarda valiente por cualidad propia, el compañero Obama desde nuestro primer día hace lo suyo, tan digno conjurando arriba los arreboles al centro el horizonte del mar y abajo los acantilados, donde la jauría trata de llamar su atención para que al bajar juntos a la orilla del mar los deje acompañarnos, y luego sean invitados a comer, orden impuesto por Obama que en un lenguaje de feroces sonidos y amenazante, ahora terminó por dejar al final de la jauría a la hora de comer al perro negro de orejas puntiagudas. Pronto el compañero Obama comenzó a proteger a todas las hembras ancianas de la jauría, a una que había quedado ciega y luego de ser líder fue relegada al final, el compañero Obama la ubica al principio a la hora de darles de comer. Y cuando los alimenta en la puerta de su hogar doña Alicia Hernández, viuda de Devia, que es la vecina justa de la que hablan los cuentos, una dama pura calidez que los animales respetan, entonces, con toda confianza, Obama impone el orden que dicta a la hora de comer en la puerta de nuestro propio hogar. Por su profunda cercanía con doña Alicia Hernández, que es la presencia maternal más cercana de mi compañero Obama, por eso la ama. Ahora, cuando a manera de tributo debo velar mi presencia ante la luz poderosa del compañero perro Obama. A manera de réquiem, ahora cuando se ha devuelto a la distancia, ¿qué se puede decir? ¿sin su compañía por los acantilados bajando al mar? Corriendo o detenido orinando a la orilla de una roca, oliendo todo en el camino, abriendo paso a la jauría que nos acompaña, alertas siguiendo a Obama que, a ratos, retrocede y me abraza, cariñoso, atento guiando mis pasos en el camino mojado entre los acantilados para que mis pies no fueran a resbalar. Aquí, ahora el aire parece de cristal, es la hora temerosa crepuscular, pienso hasta donde terminan los gestos. Tal vez si cambio la mirada provoco la gracia... lo hago. Le sonrío a Obama que me trae su pelotita azul queriendo jugar y le lanzo su pelotita que vuelve a traer y yo a lanzar, todo muy real, pero sin su música de fondo. Ahora quebrada mi fuente real de numerosas alegrías. Sin Obama hablándome con su lenguaje propio. En silencio cortado el lazo de unión con la mirada mutua, la del amigo con el amigo, a veces padre a veces hijo. ¿Ahora sin su persona atentos sus ojos? Cegada su mirada. ¿Qué se puede decir? ¿Qué me amaba como se amaba a sí mismo? Ahora, sin su mirada atenta diciendo, “puedes seguir hablando todo lo que quieras, que te escucho”, ahora que ha partido el que prestaba gran atención, mi mayor confidente en la vida, el siempre dispuesto oyente excepcional que no juzga, el oído del amigo que consuela ha partido. ¿Qué se puede decir? ¿Qué era el más feliz e inteligente? Mi compañero Obama tiene una inteligencia suya propia, con sus atributos, emociones y habilidades mentales, con su entendimiento propio de especie animal. Se define que la inteligencia es la capacidad de enfrentar símbolos, relaciones y nuevas situaciones o problemas y resolverlos de una manera adecuada. En mi compañero perro Obama he visto todas estas capacidades, en la medida de sus fuerzas. Me ha enseñado su capacidad de razonamiento, sentimientos y comportamiento inteligente. Ahora, conjurando a mi compañero Obama, aquí en esta terraza, con su lenguaje de gestos, mirada y palabras cortas, cuando en el camino a orilla de los acantilados cruzando con música el coro evangélico, con ladridos alentadores, Obama se unía a los cantos de alabanzas gozosas por la salvación final de todas las almas, que al final, se me hace que todos nos salvaremos. Mi compañero Obama se unía a los coros a la manera que se envuelve a los cantos religiosos. Unidas todas las voces, humana y animal, cantan que toda la naturaleza nos está hablando, cada ser, el mar, los árboles y la piedra, todo aquí tiene su voz y merece ser escuchado. Ahora, sin mi compañero Obama aquí, digo que sigue vivo en mi corazón. Ahora cuando el perro negro de orejas puntiagudas hace mucho que se fue, y los otros más grandes y feroces que han llegado con los años fueron liderados por mi compañero perro Obama. Hasta ahora, cuando el amado compañero se devolvió a la distancia, con la jauría y yo mismo devastados, ellos sin su líder y uno aquí ahora sin su conversación, cuando solo escucho el sonido que arrasa de las aguas rebotando en las rocas, cuando solo quiero jugar con Obama y su pelotita azul, sentir su ladrido guardián espantando a las gaviotas de la terraza, antes que la noche tienda sus velos, junto con el primer aullido de las lobas de mar, pariendo abajo en los acantilados, como ladrido de perro perdido, mientras descifro lo que vivo. Ahora, de la crueldad que Dios permite en su reino, ¿qué se puede decir? Ahora con estrépito remecido mi pequeño mundo, que intento reconstruir con el consuelo ese de que todas las historias, si se llevan demasiado lejos, terminan con la muerte. Solo es que su partida ha trizado el mundo que amo. Sin su temple concentrado observando la entrada que es también salida de los acantilados que entran al mar. En su escalerita enfrentado al horizonte, recortado de azul de mar y luz del sol, emanando de él una energía poderosa brotando de sí mismo, potestad terrenal, digo yo, que serenaba hasta las olas furiosas cuando las aguas se vienen bravas. Ahora, sin mi compañero Obama, con su ladrido imperioso, ¿quién calmará al mar? La maestra Gabriela Mistral afirma que no somos los únicos seres que pueden sentir amor en la Tierra. Aquí, vigilando desde la terraza el camino junto a los acantilados, un día el compañero perro Obama llamó mi atención con urgencia para que bajáramos, al salir vi entrando al sendero una nueva vecina que tiraba una bella perrita terrier chilena: fue el de ellos amor inmediato, la perrita le traía de sus juguetes como regalo, y Obama era al único ser no humano que permitía recorrer todo nuestro hogar, invitándola a comer de su plato. Obama iba a verla cada día, a veces le permitían traerla a casa y llegaba con ella, felices. Luego de tres años de relación intensa consumada no dejando hijos, conoció el dolor del corazón cuando los vecinos se fueron y nunca más la vio. Fue en su juventud, luego andaba como queriendo solo dormir, y casi no comía, pero con puro cariño logré sanar su dolor del corazón, y ya nunca lo vi tan enamorado. ¿Cómo no hemos de ser todos salvos? ¿Si todos aquí debemos sobrevivir al mismo dolor y la misma angustia del amor y sus consecuencias? El compañero perro Obama dejó esta dimensión como las personas que han amado mucho. Los animales se hacen presente en la obra de Gabriela Mistral a manera de vital necesidad de proteger, ella nombra en su obra toda clase de ellos, todos le importan, luchando por los animales en general. En su poema que nombra propiamente tal “Animales”, viendo los niños con los animales que juegan su ronda, reflexiona: “De otra tierra y otro reino llegarían los animales que parecen niños perdidos”, escribe la maestra Gabriela Mistral, a quien conjuro en este réquiem, aquí, cuando canto al compañero perro Obama, fuerte como el más fuerte de su especie protectora. Aprendiendo de su personalidad infinitamente más serio que yo sin dudas, sin él perder la alegría del juego amistoso siempre bien dispuesto con su intuición perfecta ayudado por su olfato poderoso, hacedores de una entrada a túneles y pasadizos casi infranqueables, salvadores de vidas humanas atrapadas bajo los escombros fortuitos. En Chile resiliente conjuro al compañero Obama ayudando como uno más enfrentando las catástrofes. “Yo creo que los hombres continuarán matándose y torturándose los unos a los otros mientras maten y torturen a los animales, que deben tener sus derechos”, afirmó Gabriela Mistral. Así también creo, cuando a la pura fe inclino este Réquiem, ahora que creo que mi compañero perro Obama estará conmigo el tiempo que dure aquí nuestro tiempo, y aún allá donde el tiempo no existe, tal ha sido su complacencia en mi vida. Ahora, cuando invoco por una Declaración Universal de Derechos legales de los Animales a manera de réquiem por mi compañero perro Obama, una persona, un semejante. Descanse Obama como descansa el rayo de luz que refleja la hora del crepúsculo del atardecer, que a tan enorme tejido secreto ha obedecido su vida, doy fe. Me niego a creer que el inolvidable amigo se esfume como si nada, cierto es que vivirá en mi pequeño mundo mientras yo viva, pero al compañero Obama lo imagino eterno, por necesario, como semilla del viento. (Waldemar Verdugo Fuentes)

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