13 de julio de 2026

POR DERECHOS DE LOS ANIMALES UNA CAUSA DE TODOS

Reconocer los Derechos Universales de los Animales anima el progreso social y eleva nuestro nivel de vida dentro de un concepto más amplio de evolución. La profunda relación del humano con el animal obedece a algo más alto. De acuerdo con los Principios en la Carta de las Naciones Unidas, la libertad, la justicia y la paz en el mundo, obedecen al reconocimiento de la dignidad natural y derechos iguales de los miembros de la familia humana, y los animales siendo también parte de nuestra familia, ¿no merecen, acaso, derechos? Como los niños, nuestros animales nos necesitan hoy. Para su protección la infancia humana tiene derecho a leyes especiales, así también la naturaleza animal, independiente de la especie, debe ser sujeto de derecho en nuestro orden jurídico. Como nuestros niños los animales deben recibir la protección y asistencia necesarias para una vida protegida con derecho a legislaciones particulares. Como los niños, los derechos de los animales no requieren ser acompañados con deberes. Son derechos concedidos a seres que no podrán hacer uso de ellos, y permiten a la sociedad apelar a la ley para protegerlos, apoyados más allá que confiando en la ética humana. “Terrenalmente, por los derechos de los animales me uno apelando a la razón” -nos dijo el poeta Nicanor Parra. Apelando por los derechos de todos los animales para no ser razonable se requiere un motivo, y un motivo es difícil de encontrar, el único posible es que muchos piensan más en lo que quieren decir que en responder con justeza a lo que le dicen. La razón es nuestra alta facultad que al momento de decidir aleja la incertidumbre de nuestros sentidos, se cifra en saber a qué atenerse. Claro que si se apela a la razón por sí sola da la impresión de tratar de convencer con sonidos inútiles, pareciendo la razón una facultad que impide comprender nuestra alma donde anida el sentimiento. Por esto aquí también apelamos al puro amor humano. Digo que mi compañero perro Obama me humanizó. Aquí, a orillas del Pacífico central de Chile, creo que, por puro amor, el compañero perro Obama llegó a mi mundo siendo cachorro, unos quince años viviendo juntos. Aquí canto apelando a su amor sin medida insinuando que la clave para entender y explorar la dinámica única del amor es la comunicación. Que el puro amor multiplica todo lo mejor que hay en una persona, que no es simplemente una emoción humana, sino una fuerza que conecta todo lo que vive y todo está vivo, todo tiene una voz, que une y crea sentido de comunidad y pertenencia, poderosa energía que trasciende la naturaleza humana, una fuerza en constante movimiento y evolución en la interconexión de toda la vida. Que si se trata de apelar al amor somos uno con todo lo que vive. Escribe Albert Einstein: “La relatividad en las relaciones humanas implica que no existen reglas universales para el amor. Cada expresión amorosa es única y está influenciada por factores que determinan su dinámica y evolución. Implicando a otro, sin embargo, son propias las necesidades emocionales y formas de manifestar y recibir amor. Expresión en que los animales de todas las especies suman su propia revelación y poderes sensoriales. Cada uno dentro de nosotros llevamos un poderoso generador de amor cuya energía debe ser liberada, y cuando la energía de todos los generadores se combine todo lo que destruye nuestro planeta será destruido al explotar esta bomba de amor. Solo podemos salvar al mundo a través del amor”. A manera de Réquiem por mi compañero perro Obama, ahora, cuando dejó esta dimensión como aquellos que han amado mucho, conjuro que, en la lucha por los derechos de los animales, la presencia de la Nobel Gabriela Mistral es colosal. Se refiere ella en sus libros a más de un centenar de diferentes animales, mamíferos, aves, insectos, peces y moluscos, reptiles y batracios. A la manera de San Francisco de Asís, predicando: “Dios requiere que ayudemos a los animales cuando necesitan nuestra ayuda. Cada ser, humano o criatura, tiene el mismo derecho de protección. Y tú, no te avergüences si alguna vez los animales están más cerca de ti que las personas, ellos también son personas, son tus hermanos”. Defendiendo a los animales, ante el foro de las Naciones Unidas, indica: “Hablo en nombre de nuestros hermanos mudos, sin voz para defenderse”. Llama a jugar a los niños, acompañando su ronda los animales. Reflexionando: “De otra tierra y otro reino llegarían los animales que parecen niños perdidos. Trabajando en tierra con guerra, he visto pequeños sin más compañía que sus perros, los hermanos menores ayudando a los niños huérfanos para encontrar un refugio y fuentes de alimento. Yo creo que los hombres continuarán matándose y torturándose los unos a los otros mientras maten y torturen a los animales, que deben tener sus derechos”, afirmó Gabriela Mistral. Conjuro aquí palabras en memoria de mi compañero perro Obama, un valiente que se ha devuelto a la distancia. Y no por decir aquí las cuestiones que se citan en memoria del que ha partido, recordando del compañero a sus mayores terrier chilenos de quienes heredaba su huella fuerte de guerrero trazada aquí en la Tierra, no se trata de invocarlo con palabras elogiosas, sino por estas y más razones, digo aquí que Obama que ha partido estará conmigo el tiempo que dure nuestro tiempo, y aún allá donde el tiempo no existe, si es posible, y tampoco importa aquí cuando invoco por una Declaración Universal de Derechos Legales de los Animales, a manera de réquiem por mi compañero perro, una persona, un semejante. Que descanse como descansa el rayo de luz que refleja la hora del crepúsculo del atardecer. Me niego a creer que el inolvidable amigo se esfume como si nada, cierto es que vivirá en mi pequeño mundo mientras yo viva, pero al compañero Obama lo imagino eterno por necesario como semilla del viento (Waldemar Verdugo Fuentes)

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