10 de junio de 2010

Del Dragón.

DEL DRAGÓN

En la más remota antigüedad nadie intentaba matar al dragón. Lo subyugaban. Lo domesticaban. En su significado más profundo, este animal mitológico representa el poder de la naturaleza; es la sabiduría oculta: la "programación" interna que todo humano lleva dentro, el instinto y la intelectualidad, la carne y el espíritu. Y el equilibrio que debe prevalecer entre esos factores. El dragón ha ocupado un sitio propio en la religión de casi todos los pueblos.
Los mayas, por ejemplo, le nombraban Itzamná (iguana celestial), fusionando en este nombre el principio masculino -cielo- y femenino -tierra-, adjudicándole, por lo tanto, la capacidad inherente por lo general a los dragones: dominio de lo alto y lo bajo. Puede andar, nadar y volar. En los pueblos de Oriente (aunque ahora hablar de hemisferios es obsoleto), en sus religiones el dragón siempre está presente. Para los chinos es el "rey" de 369 especies de reptiles escamosos. Dentro de su mitología es el animal mágico por antonomasia, pues tiene el poder de transformarse y volverse invisible. En la primavera sube al cielo; en el otoño se sumerge en el fondo del mar. Al reaparecer con el invierno anuncia el recobro de las energías de la naturaleza de las aguas primigenias. Los chinos decían que "el fuego de los dragones y el fuego de los humanos son opuestos. Si el fuego del dragón encuentra humedad, se aviva. Si agua, quema. Pero si se le combate con fuego, deja de quemar y se extinguen sus llamas"... la ecuación alquímica de la materia original -según se sabe- asevera que, para purificar una sustancia, ésta ha de ser lavada no con agua, sino con fuego.
El simbolismo de China lo resume como una conjunción de las otras especies de la tierra, el agua y el aire, explicando con ello, incluso, todos los fenómenos meteorológicos. En su difundido zodíaco, el dragón aparece cada doce años, rigiendo su última influencia este recién pasado año 2000, y astrológicamente con un significado de buen augurio, por ser el más benevolente de los 12 animales que componen sus signos zodiacales. Como el dragón impera sobre los factores naturales que más directamente influyen sobre la suerte de los seres vivos en el planeta, y particularmente del hombre, se le considera en esencia como un ente protector contra los espíritus malignos y las epidemias. En China son comunes los amuletos con figuras de dragón para lograr éxito, riqueza o importancia. Así es como desde hace siglos, cada doce años, cuando surge el dragón zodiacal, millones de chinos tratan de que sus hijos nazcan bajo el signo, para que el dragón les proteja y les lleve por caminos venturosos, escribiendo un futuro próspero en su destino. Este año 2000 las autoridades chinas no dejaron de recordar a la población el problema que enfrentan contra el incremento demográfico.
Cuándo el dragón pasó a ocupar un lugar en el panteón de seres míticos de China es algo que se pierde en las brumas del tiempo, lo escrito es que ya en la Dinastía Han, hacia el año 206 antes de nosotros, el dragón era un símbolo del poder imperial, llegando a ser una interpretación de la fortaleza de sus soberanos, quienes eran los únicos que podían dormir en una cama con forma de dragón y usar ropajes con dibujos de dragones bordados en seda y oro, portando en su estandarte un dragón de cinco garras, mientras que los oficiales del ejército usaban uno de 4 garras. En la literatura de China, escritos del siglo III comienzan a citar a Lung Wang, una deidad controladora de las lluvias a la que se describe como un rey-dragón. Luego, el animal fantástico es protagonista de toda clase de leyendas, a veces citado como una bestia terrible en apariencia, aunque siempre con cierta disposición infantil, cuya principal diversión era asustar a los cortejos de los novios en las bodas aldeanas; algunas veces se les ubica asolando comarcas y muchas más, secuestrando princesas. Ya desde esos tiempos antiguos, los chinos usan la imagen posible del dragón en sus fiestas carnavalescas como vemos hoy esparcido en el mundo, en que incluso en carnavales como Mardi-Gras en Nueva Orleans o en Brasil, vemos desfilando algún dragón. Aunque al contrario de la interpretación que le damos en nuestros países occidentales, debemos anotar, el dragón en Oriente no es dañino, y nunca se le ataca, pues causarle daño siempre resulta en mal designio. El solo insultar a este ser magnífico es arriesgarse a que se ofenda y retire a las profundidades de la tierra y ahuyente las lluvias, por lo que se hace necesario despertarlo haciendo mucho ruido. Precisamente de esta creencia derivan las mascaradas figuras de dragón que hacen danzar y moverse a un grupo de personas flexionando el cuerpo de un lado a otro dando movimiento al largo disfraz entre la algarabía general.
Wang Fu, un sabio chino que vivió hacia el siglo III, dice de los dragones: "Cuando se espera lluvia, los dragones gritan y sus voces son como el sonido que se produce al golpear vasijas de cobre (que es como los truenos)... su saliva puede producir toda clase de perfumes (los aromas de la vegetación con la humedad). Su aliento se convierte en nubes, y se valen de esas mismas nubes para cubrir sus cuerpos cuando desean no ser vistos... Aún ahora, algunas personas han visto algunas veces en los lagos y ríos asomar la garra o la cola de un dragón, pero las cabezas no se ven.

"En el verano, después del cuarto mes, los dragones se dividen las regiones de la tierra entre ellos y cada uno delimita su territorio. Esta es la razón por la cual en una distancia de unos cuantos kilómetros puede haber diferentes climas, aunque ellos siempre llevan las benditas aguas que son celestes si las producen por su propio instinto cuando una zona está seca, o más oscuras si han sido obligados a crearlas por insistencia de ruego y mucho ruido, que los puede violentar hasta enviar el aluvión."
Los emperadores chinos también decían poseer la facultad de producir lluvia, según esto, porque entre sus títulos y atributos estaba también el de Rey de los Dragones. Al serlo, podían ejercer su mando moviéndose en las cuatro direcciones simultáneamente. La quinta dirección es el centro, donde el emperador permanece. Y aunque su emblema tenga cinco garras, no pueden tener más de cuatro dragones subsidiarios. El primer emperador chino en "dragonizarse" fue Fu Hsi, quien vivió "antes de que la historia empezara". A él le tocó poner en orden las aguas del país, al mandar que se excavaran numerosos diques y canales de irrigación, merced a lo cual se logró dominar el caudaloso Río Amarillo. La religión más antigua de China, y una de las más remotas del mundo, el taoísmo destinaba al dragón un lugar especial entre las deidades que representaban las fuerzas de la Naturaleza, lo que explica su significado divino preservado durante generaciones. En que la anatomía del animal magnífico suma cualidades de diferentes especies. Para los chinos antiguos es el Señor de los animales con escamas, tiene cabeza de caballo, cola de serpiente y alas. Para la tradición más extendida son nueve los seres que le prestan su fisonomía: sus cuernos se parecen a la cornamenta del ciervo; la cabeza, a la testa de los caballos; los ojos, a aquellos de los demonios; las orejas, a las de los bueyes; el cuello se parece al cuerpo de una serpiente; el vientre, a una gran almeja; sus escamas se asemejan a las del pez carpa; sus garras son como las del águila, y tiene las plantas de los pies como los de un tigre, con sus propias huellas digitales únicas. Los chinos no matan al dragón: lo subyugan. Lo domestican, a imagen y semejanza de la superación humana que intenta equilibrar todas las fuerzas de la naturaleza para que siga la vida, encarnada, justamente, en este animal fantástico que es y no es; que aparece y desaparece como la vida misma.
En los países de Europa el dragón suele tener cuernos, que son símbolo de virilidad. Su cola puede ser de lagarto, serpiente, cocodrilo, anguila o delfín. Nuevamente la dualidad: al estar formado por parte de animales de sangre caliente y fría, muestra su naturaleza de agua y fuego. Porque puede tener partes de ave, de pez, de reptil, de mamífero. O hasta de insecto, cuando se le agregan detalles que lo emparientan con las langostas voladoras o las libélulas. También Leonardo Da Vinci, en uno de sus libros de diseño, daba su forma particular para dibujar dragones que resultaran convincentes, mezclando partes de animales. En La Biblia la Gran Bestia del Apocalipsis que amenaza la Tierra es representa como un dragón de 7 cabezas, y frecuentemente es derrotado o sometido por diferentes mártires y santos, representándose en incontables pinturas y grabados esculturales en que el bien vence al mal-dragón. San Miguel venció al dragón-Satán en una lucha cuerpo a cuerpo; San Jorge combatió de acuerdo a los cánones de la caballería. Teniendo una protección extra: los arcángeles, enemigos del dragón. Porque San Jorge derrota al dragón "demoníaco" ayudado por la inspiración divina y rescata a la hija del rey de la comarca con lo que logra la conversión al cristianismo de todo el pueblo: era costumbre en Silene, Libia, sacrificar niños al dragón que habitaba en un pantano, el mismo al que San Jorge eliminó para dar fin a esa salvaje costumbre; claro que la leyenda del santo caballero, que es patrono de Inglaterra, se originó en la necesidad de combatir los sacrificios humanos. Es bien conocido, por otra parte, que durante la época de las Cruzadas, se incluía con frecuencia al dragón en los escudos de los Caballeros, quienes así pretendían inspirar miedo a sus contrincantes. Como reminiscencia de esta costumbre, la figura del dragón pasó a formar parte del escudo de armas del Príncipe de Gales en Gran Bretaña. Precisamente en este país se halla la famosa Dragon's Hill o colina del dragón que no es sino un dibujo en la tierra que representa a un caballo blanco resguardado por los habitantes de la región durante casi 2000 años. Nadie sabe el significado de dicha figura ni la razón del nombre que lleva la colina, pero sí es conocida la enorme importancia que se le otorga al sitio, basado quizás en el temor a lo desconocido. En la misma Inglaterra subsiste un mito folklórico según el cual si una serpiente engulle a una congénere, se convertirá en dragón, y aún cuando la historia de San Jorge sigue siendo la más difundida, probablemente ésta deriva de una aún más antigua, situada en Etiopía, que con la señalización de mito de Andrómeda, se ubica como una de las primeras apariciones del dragón en Occidente, perpetuada en forma oral; cuenta esta leyenda que una bella virgen griega de nombre Andrómeda fue ofrecida en sacrificio a un dragón marino que asolaba la región y que sólo pudo ser salvada por su enamorado, quien con ayuda de artes mágicas derrotó a la bestia y se casó con la doncella.

El héroe romano Hércules, vence a varios dragones en sus trabajos míticos, a uno le cortó la lengua. Con eso no sólo lo emasculó, sino que adquirió la capacidad de entender el lenguaje de las aves; también hubo de hacer diques para poder controlar los profundos pantanos cercanos a Lerna, el lugar donde estaba la terrible Hidra, un dragón acuático, y sus varias cabezas a las que hubo de hacerle una degollina múltiple (se dice que las múltiples cabezas simbolizaban lo incontrolable, el tener que dar una solución de conjunto a un problema). A las sierpes que en su cuna habían cuando bebé, Hércules las estranguló. Otra leyenda narra que un dragón quedó ciego por cometer la indiscreción de ver a la diosa Atenea desnuda mientras ésta se bañaba. Pero una vez aclaradas las cosas, se le compensó dándole "otra vista" (el sexto sentido). El La Ilíada de Homero, Agamemnón porta un estandarte con un dragón tricéfalo. Otro héroe mítico, Perseo (que algunos identifican con el héroe etíope que salva a Andrómeda) pudo derrotar a la Gorgona, matarla y decapitarla ayudado por el escudo de invisibilidad que Hades (el señor del "otro mundo", donde rara vez se presentan los deseos carnales) le prestó. Según la leyenda, Perseo no sólo terminó con un mal, sino que legó un arma a sus heroicos sucesores: al morir la Gorgona, de su sangre nació un corcel que, más tarde, sería el que llevó a otro héroe a matar a la Quimera (el dragón como símbolo del anhelo imposible de tantas cosas).
Otra apreciación del "satanismo" del dragón se registra en Francia; lo que a principios del siglo XVII se llamó dragonnade (dragonada) fue una cruenta persecución que ordenó Luis XIV contra los protestantes y herejes. En Francia se habla de dragones que, si lo desean, pueden asumir la forma humana, viven en cavernas cercanas a los ríos, esperan que lleguen los hombres a beber, los atrapan y se los comen. A las mujeres (especialmente a las que están criando) las atraen al fondo, las hacen cautivas y las dedican a amamantar dragoncitos; son liberadas luego de un tiempo y, por lo general, recompensadas por sus servicios. Dicen los galos que si una mujer toma un poco de la pasta de anguila con que sus captores la alimentan y la unta en uno de sus ojos, será capaz de reconocer a cualquier dragón que esté disfrazado de hombre ( a estas mujeres les dicen "de ojo sabio"). Son cuatro los dragones típicos de Francia, tienen en común que les gusta comer niños tiernos y raptar vírgenes. Uno de ellos en Aix, Provenza, murió reventado por Santa Margarita, a la que se había comido; la santa brotó de sus entrañas sana y salva, por ello alguien decidió convertirla en la patrona de los partos. Cabe mencionar que en Aix de Provenza se han encontrado numerosos huevos fósiles de dinosaurios, por lo que se puede pensar en la memoria histórica. Otro dragón francés "vivió" en Draguignan (el nombre de la provincia lo dice), población donde el alcalde del pueblo tiene el derecho de bautizar a cualquiera de sus ahijados con el nombre de Drac. Al tercero lo ubica la tradición gala en Beaucaire; éste se especializa en conseguir nanas para los dragoncitos. Pero quizás el más popular de la cuarteta es el de Tarascón: a éste lo domó Santa Martha según la leyenda.
En Alemania también su mitología asigna al dragón cualidades mágicas. Sigfrido, un héroe mítico germano, por ejemplo, mata al dragón custodio de un fabuloso tesoro: la fuente de la vida. El héroe se baña con la sangre de la bestia y logra hacerse invulnerable; luego, al beber un poco de ese líquido vital, aprende el lenguaje de las aves y tiene acceso a diversos misterios de la naturaleza. Esto hace común la idea de que quien derrote al dragón malo adquirirá por ese mismo hecho, poderes extraordinarios. A los dragones se les ha llamado, entre muchos otros nombres, El Sabio, El Terrible, El Magnífico, El Abominable, El Abrasador, El Que Mira Más Allá, El Señor Del Mundo... la religión católica excepcionalmente le da una interpretación maléfica; muy probablemente no sólo por la liga del fuego con Satán, sino por lo que el dragón en sí representa: la parte de nosotros mismos que hay que controlar, nuestro yo verdadero que nunca debemos negar o aniquilar porque es integrante esencial de nuestra fórmula humana.
El dragón, entonces, es el símbolo de la combinación primigenia que prevale químicamente en la formación de la vida al tener en sí todos los elementos que la forman. En idioma sánscrito, la antigua lengua literaria de India, en que se escribieron libros sagrados como el Ramayana y el Mahabharata, se han rescatado escritos que hablan de que antes de que comenzaran los tiempos contables, el dragón no tenía diferenciado su ser de su no-ser, ni su luz de su oscuridad, ni el cielo de la tierra... entonces sólo se le podía llamar entonces Tad Ekam, que significa Aquel... La escritora mexicana Gloria Fuentes afirma que "Quetzalcoátl, la serpiente emplumada, es otro dragón. Su leyenda pinta un ser que se debatió entre lo carnal y lo espiritual. Su castidad llegó a ser afrentosa para Tezcatlipoca, el espejo oscuro humeante, que lo inclina a pecar con la carne. Y Quetzalcoátl debe abandonar la tierra, con la promesa de volver un día..."

Entonces, aunque el concepto y el nombre son universales, su aspecto y costumbres difieren considerablemente según la región del planeta. Existen dragones acuáticos, terrestres, voladores; los hay de aspecto fiero o tímido; de proporciones gigantescas o domésticas. El dragón hindú, por ejemplo, se asemeja a un elefante; el chino a un siervo y el occidental a un reptil, pariente cercano de la serpiente. Este último, en particular, se parece notablemente a un reptil prehistórico, parecido a un dinosaurio. Por ello, no es imposible que el origen de su mito provenga del descubrimiento de algunos fósiles de animales que vivieron hace millones de años. Conforme a ciertas hipótesis al respecto, el dragón sería un reptil perteneciente a la orden de los saurios, muy semejante a un lagarto o serpiente, con alas batientes, enorme hocico escupe-fuego y una larga cola flexible. Si se examinan con detenimiento las características físicas del dragón, sin exagerar sus cualidades y proporciones, resulta evidente que este mítico animal podría ajustarse a la descripción científica del llamado dragón de Komodo (Varanus komodoensis) que es en realidad un lagarto; por supuesto, las facultades de escupir fuego, volar y cambiar de tamaño parecen ser más hijas de la exageración que de la observación.
Con frecuencia el dragón occidental ostenta más de una cabeza, y se le atribuye como alimento favorito la carne joven y fresca de muchachas vírgenes: algunos psicólogos modernos que han estudiado esta característica han llegado a la conclusión de que el combate con la bestia por rescatar hermosas doncellas simboliza la lucha interna entre los instintos lujuriosos y las bases morales de la conciencia. Otros, sin embargo, sostienen que representa la vejez, la impotencia sexual, que son reemplazadas por la energía de la juventud al comenzar una nueva vida.
Ciertamente, en muchas culturas el dragón es considerado una deidad del mar (son múltiples las leyendas de los navegantes del siglo XVI y XVII acerca de las terribles serpientes marinas, que luego sirvieron de inspiración para sus narraciones a autores como Julio Verne). Los chinos creen que hay cuatro dragones: uno en cada uno de los grandes océanos que existen. De ahí que los marineros en muchas regiones se encomiendan a él. En relación a las embarcaciones con forma de dragón, probablemente nacieron de los grupos que practicaban el pillaje en los mares, como los vikingos. Aunque actualmente en Japón son populares los barcos dragónicos a bordo de los cuales se realizan recorridos turísticos. La nave cuya proa es un busto dragonil solía ser utilizada también por los emperadores chinos, que también lo simbolizan con un barco que lleva las almas al otro mundo. Según una leyenda comenzó a haber barcos-dragón a partir del siglo séptimo; se dice que un monje budista -Gisho- llegó a China en aquél entonces y regresó a su natal Corea llevando allá las enseñanzas de la secta Kegon. Durante su estancia en el país en enamoró perdidamente de él una muchacha china. Cuentan que al ver que Gisho se embarcaba, la chica se arrojó al agua tras su nave, y que entonces ella se transformó en un amoroso dragón que le guió hasta hacerle llegar sano y salvo a su destino.
En nuestra América, la palabra "huracán" deriva del dragón caribeño del mismo nombre, quien además de estos fenómenos meteorológicos, produce terremotos... se le representa como un ser mitad humano, mitad serpiente. Avanza "como en un solo pie", girando: es el tornado, el ciclón. Coincide con el simbolismo chino del hacedor del clima... El nombre mismo "dragón" no deja de ser interesante; al parecer la palabra castellana viene del vocablo griego "drakon", que se utilizaba comúnmente para señalar cualquier tipo de serpiente de grandes proporciones. Aún en la actualidad, la mayoría de las representaciones pictóricas del dragón se inspiran en figuras de serpientes. Curiosamente el nombre "dragón" no tiene significado zoológico, aunque se aplica la voz latina "draco" para designar algunas especies de lagartos pequeños de la región indo-malaya. Así, mientras la ciencia niega al dragón como animal real y rechaza aún la eficacia de su nombre para designar una especie determinada, la leyenda y la mitología lo han magnificado hasta convertirlo en fuente de explicación de los misterios vitales.
Sea parte solamente del catálogo de seres imaginarios o fruto de resabios ancestrales en la memoria humana, este animal fantástico sugiere, por sí mismo, por su permanencia en los siglos y las culturas, que en cada cosa que nos rodea ( en nosotros mismos) hay algo de inmortalidad. Es el espíritu de la vida, que anima al agua que corre, a los árboles, a las rocas de las grutas. Por tanto, su existencia no puede desacreditarse empleando las formas usuales de comprobación... pero tampoco puede ser probada absolutamente. Quedémonos con el deseo de que si existe, sea lo que su existencia mágica sugiere: el ocupar un singular sitio, mitológico o no, en la historia de la imaginación humana. Alquímicamente, todo ejemplar fantástico debe conjuntar características que lo identifiquen con los cuatro elementos: agua, aire, tierra y fuego. Aunque lo importante de su fisonomía es secundario si pensamos que habita en el reino de la imaginación. Por lo demás nadie ha probado que no hay o hubo dragones.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

Del Arte del Encuentro

DEL ARTE DEL ENCUENTRO
(Fragmento de El Sentido de la Vida)

Digamos ahora que, desde siempre, mediante la reflexión el hombre intenta una explicación lógica a los fenómenos de la naturaleza. El género humano entiende que si es capaz de desentrañar el origen de los fenómenos en que vivimos inmersos, podemos además manejarlos. Por supuesto que hoy día a la reflexión científica se le ha sumado la filosofía. Esta disciplina madurada en el alma misma del grandioso pasado siglo XX, ahora nos permite saber casi perfectamente de qué están constituidas todas las cosas, conocemos la evolución de nuestro universo al parecer desde el mismo momento de su formación, y dominamos los distintos fenómenos naturales de tal forma que podemos acabar varias veces con todo vestigio de vida en nuestro planeta; y también podemos trasladar, sin ningún esfuerzo, pesadas cargas de un extremo a otro de la Tierra y hasta más allá en las estrellas. Digamos adiós con un beso al siglo XX, que se recuerda con admiración por la magnitud de la fuerza humana al descubierto que legó a los siglos que vendrán. Literalmente, ahora podemos decir que sabemos de tres tipos de interacciones capaces de crear los mismos tres tipos de fuerza: las gravitatorias, que tienen su origen en la masa de los cuerpos; las electromagnéticas, que corresponden a la carga eléctrica de los cuerpos, y las llamadas “anímicas” que aparecen únicamente en el interior del núcleo atómico. La interacción constante de estas tres fuerzas, que dependen una de otra, mantienen unidas las partículas y plantea una de las deducciones científicas más fascinantes legadas por el siglo XX: todas las fuerzas son una sola fuerza, única, irrepetible. Que en nosotros como seres humanos se concentra en cada uno de nuestros átomos y podemos manejar a través de lo que es común nombrar “pensamiento positivo”. Somos lo que pensamos.
El pensamiento positivo es nuestra energía al máximo de potencia: cuando está expresada en un nivel de conciencia. Un máximo que, científicamente, es el mínimo. Descubierto el átomo aparecieron nuevos componentes concentrados en su núcleo; y supimos que estas partículas a su vez están formadas por sub partículas en una sucesión hasta un punto anímico semejante a las fotos que tenemos de los hoyos negros del espacio exterior, que absorbe todo lo que hay a su alrededor hacia un lugar ignorado. Esta simple razón científica de ubicación de mayor a menor hasta lo indecible indica que al final del laberinto hay en verdad un minotauro, o un constructor de laberintos. Esta razón lógica y no otra es la que se esgrime para afirmar que en este aparente caos hay un orden: un orden establecido.
Es cierto que todas las Escuelas hoy concluyen que esta energía, diminuta pero soberbia, que nos anima, la podemos modificar. Nosotros mismos siempre podemos ser mejores. Por ejemplo, a través de la realización de ejercicios mentales. Como la oración o el simple rezo, que entendemos como una disciplina de la mente que se hace deseo del corazón. También son efectivos ejercicios mentales las afirmaciones y las ideas inducidas (el creerse que todo está bien y seguirá bien e irá mejor). También podemos ayudarnos con ejercicios físicos, como la simple respiración adecuada, ya se sabe, entrar aire por la nariz, tirar aire por la boca; manteniendo el aire en nuestros pulmones tanto como nos sea posible para despedirlo con la mayor suavidad que seamos capaces. Un ejercicio completo es unida la Oración y la respiración adecuada, a la manera que la practican los monjes de casi todas las órdenes religiosas, a quienes se puede acudir.
Es responsabilidad de cada uno el promover la salud de la energía que nos tocó en parte, individualmente. El pensamiento positivo, por ejemplo, unido a la práctica de hábitos higiénicos adecuados, es infalible en la regeneración física e integridad psíquica. Digamos que eliminar todo pensamiento negativo es asumir una nueva actitud ante la vida. Se dice que el objetivo de la vida es la auto superación del ser. Y estamos de acuerdo. El hombre es todo lo que el creador es. Somos un centro de energía y vida organizada, un centro de donde parten todas las cosas y hacia donde vienen todas las cosas. La conciencia ordena y el subconsciente obedece: por esto se hace necesario aumentar las actividades conscientes, disminuyendo las inconscientes. Estamos de acuerdo si decimos que no hay que ejercitar condiciones represivas sobre los demás. No inhibir. No cohibir. No cambiar el curso natural de las cosas. No necesitamos bañar al cisne cada día para que sea blanco, porque el cisne es naturalmente blanco y cada mañana amanece blanco por ser el color de su plumaje. Tampoco necesitamos teñir de negro las alas del cuervo cada día porque el cuervo es naturalmente negro. No debemos alterar la existencia como es naturalmente, que está hecho nuestro cuerpo y las cosas de la misma esencia que las plantas y la cordillera, por eso todo importa. Somos también el mar. Todo es una perfecta armonía de ritmos que nos envuelve, y expresamos en pensamientos, emociones y actos creativos y evolucionados. Aquí se trata de tener una buena disposición, nada más. Digamos que se trata de sintonizarnos, de ponernos el chip como se dice, entonces ¡a ponernos el chip!

Debemos practicar un intercambio adecuado de movimiento y descanso, sueño suficiente. Pensamientos, sentimientos y acciones positivas. Así cada persona es un fin en si misma, una expresión vital particular y única del movimiento de la vida en esta rueda de la existencia, aquí y ahora. Estamos de acuerdo en no intentar que los demás vivan como creemos que deben vivir, o para que actúen en la forma que creemos que deben actuar, a pesar de todos los derechos aparentes que creamos tener sobre ellos. Dejemos crecer los niños. Vivamos y dejemos vivir. Que el éxito en esta vida no está en el poder sobre los demás, sino en la correcta expresión de uno mismo tal cual es, y tal cual quiere ser. Que no es noble quien ejerce un título, sino que es noble quien se comporta como tal. Así pues, tomemos nuestro camino en la vida y dejemos que los demás vayan por el suyo... que si nuestros caminos se han cruzado es maravilloso que así estuviera escrito en las pizarras azules del cielo, no porque lo buscáramos. Que las cosas son como deben ser. Que todo está bien y seguirá bien, todas las cosas están equilibradas. Somos la gota de un inmenso océano de inteligencia que rige la formación de todos los cuerpos físicos dentro de sí, un océano que es sideral, mineral, vegetal, animal... somos semilla del viento; cada uno depositado en su sitio justo: aquí ahora.
No podemos olvidar: esta carga de energía maravillosa que nos mueve ha sido adquirida a través de cierto mecanismo de incorporación. Por esto es trascendental y totalmente importante nuestra respiración, la forma en que lo hacemos, porque lo primero que incorporamos en nuestro cuerpo es el aire que respiramos. Respiramos incorporando no sólo el oxígeno, sino el aliento de todo el mundo que nos rodea. Así la respiración se convierte en experiencia y a la vez en memoria. La forma de jugar este juego de la vida a través de la Incorporación de la respiración es afirmando: Esto es lo que quiero; Esto lo puedo lograr; Esto es lo que anhelo y lo logro. Esta es nuestra aspiración. En la práctica respiramos, y mantenemos el aire en nuestro cuerpo un instante: este momento en que el aire está dentro de nosotros es un momento perfecto para la oración, de comunicarnos con el Hacedor, como sea que decidamos hablarle, por el rezo común o la reflexión interior con la voz que anima nuestra alma. Limpiamos lenta, pero muy lentamente nuestros pulmones. Se dice que nos oxigenamos cuando al botar el aire, lo hacemos con tal lentitud que no movemos una pluma delante de la boca, por donde tiramos el aire. La correcta manera de respirar con la práctica se convierte en un hábito para el cual nuestro cuerpo está dispuesto en forma natural. Igual nuestros hábitos son en realidad reflejos condicionados: nuestro cerebro ordena, el cuerpo responde. Esto es armonía. Si actuamos con acierto es porque no hubo lugar para el error. La sustancia mental está formada por ideas (imágenes) y se trabaja con ellas. Las ideas nuestras de cada día, entonces, traen aparejadas la emoción y el comportamiento (la acción).
Los pensamientos negativos en nuestro cuerpo producen sustancias tóxicas que envenenan nuestro organismo y lo destruyen. Hablamos de los pensamientos negativos propios. Que si el deseo de nuestros corazón reposa en la pura fe en el Bien, nada puede dañarnos demasiado. Así, propiamente tal, por ejemplo en un tratamiento médico éste ya no se enfoca exclusivamente hacia los síntomas; ni tampoco a los microbios o virus dañinos. Que también nuestro cuerpo en resonancia con su pensamiento logra, siempre que se lo propone, establecer sus propios ritmos vitales de salud, y que se manifiesta a sí mismo como una corriente energética que cura lo que debe curarse, que arregla lo que debe ser arreglado. El cuerpo orgánico es una manifestación de los tres estados de la materia: sólido, líquido y gaseoso. Los cuales deben estar en equilibrio y sincronía con la vida que nos ilumina y se manifiesta como consecuencia de los tres estados básicos equilibrados; si este equilibrio se rompe, nos enfermamos. O sea, un principio de sanación cualquiera se inicia con el deseo de sanar; el deseo se hace orden al cerebro que ordena al cuerpo, armoniza su circulación sin interrupción, restableciéndose nuestra fuerza vital que es pura idea y la manifestación más alta de nuestra inteligencia: sobrevivir.
Nuestras células no son otra cosa sino ecos vivos de lo que pensamos. Por eso hemos logrado resistir, por nuestra fuerza humana enorme en el arte de imaginar, del cual todos somos maestros. Así es: podemos siempre utilizar esta energía extra, promoviendo nuestros buenos deseos en intensidad. Y casi siempre reactivamos la suficiente potencia para poder desintegrar, romper, anular y eliminar el elemento intruso, así sea un virus o un pensamiento negativo. El mantenimiento del equilibrio sólo puede ser restablecido a través de la práctica persistente de hábitos positivos, hábitos físicos y mentales. El mundo físico ya no es observado como algo ajeno, sino que participamos activamente en éste. Nuestra participación depende exclusivamente de la conciencia del individuo que observa, uno, integrado, existiendo, haciendo resaltar nuestra razón como una enorme fuerza de energía vital, consciente. Por esto, todo es posible, nada está predeterminado ineludiblemente porque son los asuntos según las interrelaciones que entren en juego dentro de los cambios incesantes, impredecibles de la vida, todo es cambio entre el que observa, uno, y lo observado, el mundo. Así entendemos que el universo físico que nos rodea no es en absoluto rígido ni inexorable: solo es eternamente cambiante. Todo cambia porque nuestro pensamiento constante se transforma. Así el mundo físico como creación de la conciencia, debe ser considerado como parte inseparable de ella y en constante cambio.

Es verdad que nuestra mente puede alterar el holograma de la realidad que nos rodea, y crear realidades enteramente nuevas. Los mecanismos estructurados de la realidad de nuestra conciencia humana no tienen límites. Es la energía de la conciencia, el deseo de la idea imaginada, lo que nos permite tener en nuestros arsenales médicos, por ejemplo, una vacuna que anula de inmediato 10, 20 o treinta virus que hace medio siglo eran mortales. Son curaciones que entregan al mundo hombres preclaros de su realidad, a quienes les importa la forma y la manera de cómo estamos conscientes de nosotros como seres reales que merecemos permanecer. Este deseo de ser íntimamente se relaciona, a través de nuestra mente, con el sistema nervioso humano: nuestra computadora interior, que se carga con el positivo y se descarga con el negativo. La mente crea, gobierna la materia. Por esto, pensar es crear, es nadar en este inmenso océano de inteligencia en que vivimos.
Específicamente, lo que se sabe de la influencia de la mente sobre la materia está en pañales. Sin embargo, hay aportes muy valiosos: aquí solo hablaremos de los que citan a la mente en relación a las defensas de nuestro cuerpo. Porque se ha encontrado una franca relación entre el sistema nervioso y el sistema inmunitario, a través del proceso natural de retroalimentación de nuestro cuerpo. Esto es: somos lo que pensamos. Nuestro estado de ánimo determina el mayor o menor nivel de nuestras defensas inmunológicas, que deben entenderse como un sexto sentido del organismo. Se ha observado, en amplia experimentación, que si se pierde la memoria se pierden las defensas. El cerebro que envejece ya no manda órdenes adecuadas al organismo: olvida y enferma. Todo lo que altera el funcionamiento de la mente (stress, depresión, intoxicación) lleva a un debilitamiento de las defensas. Las personas inclinadas a un enfoque positivo de la vida enfrentan mejor las circunstancias manteniendo su equilibrio. Por supuesto que esta inclinación positiva debe estar inducida por la razón. El imaginar, la visualización mental del problema solucionado, del mal curado, se ha comprobado, multiplica los linfocitos, nuestros defensores naturales. Los pensamientos de un enfermo son vitales en su curación. No debemos perder nunca el aliento. Así nuestro sistema actúa adecuadamente, habrá vida. Mientras no olvidemos el deseo de vivir, viviremos. Científicamente, este factor que restaura nuestro organismo se conoce con la sigla NGF, nuestro mensajero natural de órdenes, un mediador químico, cierto factor de acción hormonal, potentísimo, que tenemos dentro de nosotros.
Está bien. Comenzamos citando la existencia de una fuerza extra, y dijimos que rozaríamos un crisol de comentarios al respecto del uso de esa fuerza extra. Ahora definamos situaciones puntuales a seguir. Desde este instante no soy yo quien habla, sólo soy la mano que escribe esto y sugiere con ideas precisas. En principio, eliminaremos todas las preocupaciones innecesarias. No supongamos cosas. El suponer situaciones es estéril. No guardemos nunca rencores. Vamos a perdonar, comenzando por perdonarnos a nosotros mismos. Vamos a sentir que vivimos respirando en el puro aliento equilibrado del existir: creamos que, cuando nos disponemos, el espíritu inicial derrama su energía extra en todas las células que nos forman. Nuestra memoria, entonces, se hace una sola idea que corre por todo nuestro organismo y mente. Y este poder restaurador circula por cada partícula nuestra. Nos ayudamos también escogiendo alimentos vitales para una nutrición adecuada: agua pura, frutas y legumbres de la estación, carnes blandas o blancas, pescado y semillas. Respiramos en plenitud, concientemente. Y afirmamos que la inteligencia creativa mientras vivimos transmuta las cosas a nuestro antojo. Si somos lógicos cuando estamos despiertos, podemos hacer de nuestra existencia una verdadera creación a imagen y semejanza de nuestros sueños.
Vivimos unidos firmemente al equilibrio del universo, y hemos aprendido a expresarnos con nuestra acción externa cotidiana, con todo el amor puesto en cada cosa que hacemos. No estamos dormidos. Ya nos hemos levantado, entonces. Y sabemos que existen caminos que ni sospechamos, nuevos, distintos e inesperados: todos los caminos son soluciones y cruzan desde antes que nosotros la vida. Se trata, nada más, de tomar el sendero adecuado a cada uno. El sendero adecuado es aquel que te sirve tomar para solucionar lo que deseas solucionar. No otro. Hemos aprendido a borrar con afirmaciones positivas todo lo negativo de la vida acaecido hasta ahora. O de lo contrario no seguirías leyendo, tu lector mi reflejo, el haber llegado hasta aquí juntos nos ha salvado la vida a ambos, porque este de leer es un sendero que tú has decidido para encontrar algo, y me desafía a seguir vivo más allá de estar muerto, si te entrego lo que necesitas encontrar.
He aquí que somos nuevas criaturas; que vivimos y sentimos como de verdad lo afirmamos en la existencia diaria. Que nuestra motivación para vivir sea el amor. Amar siempre. Amar a un ser humano, a unos pocos amigos, a toda la humanidad, amar un animal, a una planta, a las cosas, a una idea, a un proyecto presente, a los recuerdos del pasado, a un proyecto futuro, amar el quehacer nuestro de cada día. Que aquí se trata de amar, no de que nos amen: que quien ama en verdad es amado. Amar basta para salir rápidamente del lado oscuro de la vida: con la costumbre de amar alguien o algo cualquier pensamiento egoísta se desintegra. Tal cual desaparecen los gestos violentos con el solo deseo del corazón que se inclina al amor. Y entendemos que conforme cambia nuestra manera de pensar, cambia nuestro cuerpo. Caminamos ahora con una nueva visión en la mente, y ninguna pereza, negligencia o apatía. Nos hemos hecho disciplinados y mantenemos un esfuerzo constante: ese ritmo de Dios... Ahora mantengamos nuestra decisión con fe profunda. Que no se conoce la fe hasta que no se vive solamente de fe.

La vida es el arte del encuentro: ahora mismo nos hemos encontrado tú y yo, lector, porque estamos en la acción correcta en el momento justo. En armonía con otro, compartiendo la vida. Que si no tenemos nada que dar, a veces, unas palabras son suficientes. De repente el mundo no necesita más que una sonrisa y una palabra animosa. Es cierto que hay hambre en la Tierra y enfermedades y riqueza mal distribuida y leyes que se pasan a llevar: todas las injusticias se enfrentan, primero, con la disposición del corazón. Que no podemos enseñar a cosechar sin saber sembrar. Hay mucho quehacer, entre tanto estamos activos, inmersos siempre en lo nuevo, alertas. Somos el amo de nuestros pensamientos y reacciones, siempre y no a ratos. Si lo decidimos de una vez, en el fondo de nuestro corazón ya no queda ni un solo pensamiento destructivo: por esto ya no conoceremos fracaso; ya podemos levantarnos una y otra vez, hasta que será un hábito el estar despiertos.
Somos, como personas físicas, la suma de cargas bio eléctricas, que nos hacen una fuerza única e indivisible. Nuestros pensamientos, las ideas, son chispazos electromagnéticos, son pura energía. Por esta energía natural es que a través de lo que pensamos atraemos del universo fuerzas increíbles: somos receptores de las fuerzas del anti universo, es decir, como personas podemos ser positivos como negativos y en ambos estados desenvolvernos, por lo tanto, de acuerdo a nosotros mismos, podemos cargar nuestro organismo positiva o negativamente. En la vida hay que elegir. Y, según creo, el camino es el de la luz y no el de la oscuridad. Para entrar al camino positivo, basta con la intención del corazón. Que el deseo del corazón posee energía y capacidad de trabajo. La fuerza lógica de acuerdo a su naturaleza para actuar es la luz: así nosotros estamos continuamente radiando electrones bajo quantums de luz diminutos. Los seres físicos estamos continuamente cargando nuestras baterías: científicamente, somos un magneto que absorbe por la cabeza las fuerzas positivas, la energía cósmica (el positivo eléctrico), y a través de nuestros pies absorbemos la energía negativa de la Tierra (el negativo eléctrico): ambos polos nos hacen un campo electromagnético, que sentimos bajo la forma de calor y energía, que estamos capacitados para dirigir al sitio que queramos de nuestro cuerpo, como es usual en cualquier método de auto curación. También este electromagnetismo peculiar a los seres vivos, los humanos podemos dirigirlo extra corporalmente, a través de nuestra mente consciente (quien sabe si los otros seres vivos de la creación tienen esta particularidad). En verdad, a través de cada uno de nosotros se expresan todas las fuerzas del universo, que insinúan que si nos alimentamos de ideas positivas, tendremos resultados positivos. Hay que manifestarnos, entonces, sin inhibición alguna, normalmente en nuestro vivir cotidiano, con un sentido perfectamente definido enriquecido con nuestro electromagnetismo natural dirigido. En nuestro cuerpo, es el sistema nervioso el motor, y trabaja por medio de impulsos eléctricos que le enviamos con el pensamiento. Adelanta cuando nuestra idea es positiva, es decir, está respaldada por la fe en un buen resultado. Retrocede, al contrario, cuando pensamos negativamente. En el primer sentido, el del pensamiento positivo que es lo que nos concierne, nada nos puede dañar. Esto es una idea, pero también es una ráfaga de energía buena que carga con fuerzas todas las células de nuestro cuerpo.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

23 de abril de 2010

TATUAJE DE MAR

TATUAJE DE MAR Y TIERRA.

En mi pobre corazón de arena hay un viejo marino, lo que afirmo por haber navegado, durante muchos años, por todos los puertos de América, por haber cruzado muchos mares, pero, afirmo, ninguno como este donde he visto aparecer al Ser de las aguas y sus seres, donde tengo mi hogar y más no quiero yo, sobre unos acantilados de la Caleta de los Pescadores de San Pedro de Cartagena. Por eso nada más afuera deseaba conocer, sabiendo que podía siempre gozar de nuevo de aquello que era mío; reclinarme en estos horizontes como sobre un regazo o tirado en las algas finas a la orilla del mar entre las rocas, al abrigo del canto de las gaviotas, y la conversación de las focas acompasada con el aplauso gracioso de sus brazos alados. Aquí se me ha dado descubrir el mar en toda la enorme estatura de su porte como lo vi una vez hace muchos años, según recuerdo vagamente, corriendo a la orilla de las aguas, explorando grutas y persiguiendo pájaros marinos, entonces fue que vi cuando Caicalvilú el Ser de las aguas se hizo presencia anunciado por el movimiento de su manto, y precedido por su corte de seres, cuando en toda la inconciencia de la niñez, o conciencia, no sé, durante el terremoto de 1960 me atreví a bajar los mismos acantilados y acercarme y tocar su manto. No me dañó un pelo; entonces menudo como pájaro, desligado de la felicidad, aún sin razón ni canto, ni alegría, sentí para mi solo las aguas y el mar, para mi solo el universo. Ahora, confieso, vi también embriagado por las mismas orillas, con el mismo color de espuma y también las aguas desplomándose desde sus alturas como una torre herida, encrespado el mar saliéndose de sus raíces con un solo golpe, quebrando el espacio. Así, desde antes data el recuerdo de esta abrasadora sed que me ha arrebatado. Con mi propia sangre detenida en su propia tempestad, entre juncos y lavandas que crecen de las piedras, mientras sentía esa fuerza como un toro dividiendo mi pecho. Ahora como entonces sorprendido del canto del mar con su clamor de repente, tenso como el arco o el látigo violento.

He visto la bravura del mar cantando desde sus profundas cuencas, donde vive el Ser de las aguas y su corte, más abajo de lo explorado donde no existe ni tierra, ni aire, ni fuego, sino una materia que las contiene a todas, y ruta obligada a través de la cual no se puede navegar ni transitar. En la zona oscura del día y de la piedra, desde ahí el mar cuando nosotros apenas éramos semilla de materia sin memoria, donde el Ser de los símbolos tiene su reino, existiendo siempre, desde antes este Señor de los seres submarinos suele visitar la tierra que despierta con aventuras geológicas impredecibles. En este día inmediato a la luna llena de finales de febrero el Ser enseñó la expresión de su fuerza, luego que se salieran las aguas en los mares del sur de Chile hasta frente a mi ventana bajo los altos acantilados en las aguas de Santiago la Capital, en línea recta subiendo a la cordillera de Los Andes sagrados. Aquí he conocido el mar definiendo la vida. En la terraza de mi hogar construido en la piedra bruta, sobre las rocas altas, he vivido también el pleno temblor metafísico, según pienso, inspirándome humildad y temor apacible. Me he visto protestando la transfiguración hacia la felicidad mortal con esa racha de dolores humanos, oculto en el besador mentiroso de la Tierra. Como pequeños presagios, en estas azulinas postrimerías del verano austral, por el medio día trabajando callado, oí a unos niños jugar soplando caracolas de mar con que imitaban el rugir de las olas en la tormenta, de inmediato he visto desde la terraza de mi hogar, sobre mi cabeza, nubes de púrpura transcurriendo como grandes peces o alas de ave grande que cruzaron, sin ruido, el morado crepúsculo. Con noche cerrada fue que todo se remeció y en el lejano horizonte del mar, plateado por la luz de la luna llena, los pescadores en sus botes iluminados trabajando sus redes, no supe si iba hacia ellos o ellos venían hacia nosotros. Mi pequeño fox-terrier Obama y la fuerte mestiza Lucrecia ladraban al mar con furia salvaje, cuando los arcos, pilares y cadenas envigadas de la terraza donde nos refugiamos, comenzaron a cruzar volando entre nosotros, toda en ruedo la vida, al menos eso parecía el instante en que el canto gutural del mar se oyó y su furia sonora quebró la materia de un golpe, entrándose las aguas para devolverse en olas rudas y breves que se devolvían con cuanto encontraban en las orillas, estirándose y retrocediendo en un instante con cada vez más fuerza física y sonora. El terremoto hizo una sola cosa del mar y la tierra, el aire, la terraza y nosotros, tatuando las cosas en una sola, sin posibilidad de distinguir alguna de otra, como bestia ensordecida que al grito no responde. Inconsciente, llevado por la impresión, desde la terraza de mi hogar, con mis perros sin dejar de ladrar escondidos entre mis piernas que sentía como rieles hundidos en la arena, entonces fue que observé la corte con sus propios sentidos de seres submarinos que anuncian al Ser del mar, Caicavilú el Todopoderoso de las aguas, de cuyo manto es la materia de las aguas bravas caminando por los barrios de mi pueblo.

Resultó que el mar dejó descubierto su fondo, diría que unos mil metros desde la orilla de los acantilados se recogió en sí mismo; dejando al descubierto lo que fue el primer puerto español en Chile envuelto en un destello anaranjado que brillaba sobre murallas roídas por las aguas y el reflejo plateado de la luna sobre numerosas construcciones de piedra blanca, bloques enormes de lo que es sin dudas mármol de la zona, algunos fragmentos demasiado grandes para ser abarcados con una sola mirada, cuando no de pura piedra pulida por el roce de las aguas enteramente cubiertos de incrustaciones y algas verde-esmeralda, cortas y finas como cabello, que con el desplazamiento súbito de las aguas fueron descubriendo una arquitectura esmerada, en que resaltaba lo que semejaba el escenario de un teatro de piedra muy pulida, que pareció ser la explanada del muelle principal por su ubicación entre dos enormes diques destruidos, ubicados a unos cinco o seis metros bajo el agua según la arena que removió el mar en fuga a partir de las rocas bajas de los acantilados. Descubrí nuevas ruinas a medida que retrocedía el mar y se despejaba la niebla de jade claro en la profundidad develada y más obscuro arriba. Descubrí que la mancha negra que solía divisar insinuada en el mar en día claro, son dos enormes bloques de piedra que anuncian lo que semeja la cúpula de una torre perfectamente redonda enterrada en la arena: es verdad lo que describían nuestros mayores de las construcciones macizas que se había tragado el mar en el siglo XVII, en que sobresalía una torre deslumbrante de un tamaño suficientemente elevado como para servir de señal a los navíos por muy alejados que estuvieran; alrededor se ven estructuras de piedra finamente talladas; ahora entiendo que desde mi terraza era visible el malecón hundido que rodeaba el puerto, yo diría que de unos sesenta metros de ancho, y en él destacando numerosas arcadas del que parte lo que parece ser parte del muelle. Y sobre los enormes bloques de piedra son perfectamente visibles columnas derribadas que parecen de plata, no sé si por el reflejo de la luna llena en la roca o por semejar la textura del mineral. Diviso más allá un conjunto de columnas que parecer ser parte de un solo edificio, por fragmentos enormes de piedras talladas, cubiertas de un depósito calcáreo y musgos como el resto, pero perfectamente reconocibles por el largo y su forma redondeada sobresaliendo perfectamente en la arena verde y azul del fondo marino. Desde mi terraza hasta lo que el mar dejó descubierto esos minutos, es obvio que los grandes monolitos pulidos y gastados por el agua fueron tallados de un modo particular, como elementos de un colosal juego de construcción, en que de modo alguno logré divisar algo que pareciera una forma humana o animal tallada en la piedra, seguramente se han puesto irreconocibles con la acción de la calcarie que las reviste y las algas, existiendo enormes extensiones en especial cubiertas de huiros finos, cochayuyo y coral blanco. Igual alcanzo a divisar formas en piedra que me parecen ánforas, jarros, otras semejan platos o fuentes, y sin dudas restos de alfarería con asas muy graciosas de curvas delineadas por la luz de la luna, todas muy limpias por la protección de la arena que las ha dejado al descubierto. A lo largo de estas costas no existía ningún puerto seguro, excepto este donde desde antes de la llegada de los españoles ya estaba construido, por los primeros chilenos que habitaban esta zona unos 4000 años, de quienes sabemos muy poco, excepto que también construyeron el Reloj de Piedra del sol de Santo Domingo a cuarenta minutos por las orillas de los acantilados, antes del vecino puerto de San Antonio, donde se trasladó oficialmente este puerto principal luego del terremoto que lo hundió. Le he visto emergiendo de la arena, brotando de las rocas submarinas, intacto, hipnotizante, por unos instantes iluminado por la luz de la luna.

Luego junto con volver las aguas en olas de varios metros, con el maremoto fue que el cortejo del Ser del mar Caicavilú se apareció desde el límite de mi campo visual, emergiendo como una silueta fantasmal avanzando lentamente, muy erguida: la aparición brota de la penumbra y se hace visible, en un instante, sobre lo que parecía un río de piedras entre los remolinos cruzando las aguas, cruza la corte precedida por un gran animal, el soberbio dragón, impactante tirando fuego por su hocico, con su cuerpo alargado de tronco grande, levemente elevado del mar furioso, con sus grandes membranas a manera de alas que le permiten desplazarse por el aire a ras de las aguas. A ratos adaptado perfectamente a su cualidad también acuática, con sus cuatro extremidades transformadas en aletas nadando impulsado por ellas y con su cola, larga y robusta. Es un animal grande como un dinosaurio, pero no más, sin embargo irradia una fuerza que abre a su paso todo de par en par. Siento que en el mar, la tierra o el aire no hay animal que pueda competir con él por el alimento o el espacio vital o que pueda destruirlo. Si acaso, los hombres una vez cada varias generaciones le ha echado ocasionales vistazos desde lejos, sin saber realmente de qué se trataba tal ser fantástico. Lo vimos bien, su cabeza pequeña y excepcional: de forma larga puntiaguda tiene fosas nasales negras tan profundas como sus grandes ojos de singular factura; sus largas y poderosas mandíbulas se ven erizadas de dientes largos y puntiagudos, con los que puede triturar cualquier ser incluso las conchas duras como piedra de los moluscos. Nada, corre y vuela ágil y velozmente, de manera que es capaz de dar alcance al ser que ha elegido devorar, sin importar su naturaleza. Transcurría en su remolino que era especialmente concentrado de corrientes encontradas, por la capacidad del gran animal de sorber los remolinos del agua a su alrededor y de vomitarlos cada ciertos instantes, con su cola pavorosa, escamoso de azul petróleo y verde esmeralda, el que domina, el que arrasa y abate abriendo camino, alta furia, el crinado de algas salvajes. Los primeros que pierden asombrados la vida es entre sus manos más crueles que la nieve y de inmediato. Dejando tras suyo playas solitarias como recién creadas. Vi al gran animal que en los países al otro lado del mar frente a mi hogar aterroriza pero consideran de buena suerte: vi al dragón presidiendo el cortejo que guiaba con gran agilidad y movimientos como de anguila, levantando la cabeza y parte del cuerpo unos veinte metros, suspendido en el aire con un leve movimiento de sus aletas, contados desde la altura de mi hogar unos diez metros más arriba sobre los más altos acantilados. Salió de unos arreboles nocturnos que se dejaron caer de súbito rosando el mar, dejando tras de sí una gran estela espumeante, y remolinos vacíos provistos de patas, en que se transportaban los otros seres submarinos que formaban el cortejo de Caicavilú.


Al aquietarse las aguas bajo los remolinos tras el paso del dragón, por un instante como rasgados en sí mismos, me pareció que los rayos de sol reflejados por la Tierra no volverían a esta alejada región. Cuando de repente a esa hora de la noche las aguas chisporrotearon, prendiendo en llamas amenazando con reducir a cenizas todo, ardiendo el mar de fuego semejando en sí mismo apariencia infernal. Ardieron las aguas de horripilantes destellos un momento en todo el paraje marino bajo mi terraza y otro en alguno distante. Desbocados los organismos flameantes de la misma familia que la marea roja, tan letal como ella. Porque el mar se encendió de fuego que en las aguas tiene vida propia. Las embarcaciones pueden recorrer muchas veces una ruta sin ver nada excepcional y en el siguiente viaje la embarcación se ve envuelta por fuegos: de súbito aprecian primero que la estela del bote comienza a brillar con una luz blanca azulada contra la oscuridad marina, pronto el brillo de la estela aumenta y comienza a brotar el despliegue de fuegos surgiendo a ambos lados de la embarcación, de imprevisto saltando del agua y al caer salpicando todo con chispas líquidas que a ratos se hacen llamas amenazando devorar todo fuera del agua, lo que produce el pánico acentuado por los remolinos ardiendo, y aunque no se trata de auténtico fuego, no son inofensivos. Son organismos vivos que se impulsan moviendo una larga y delgada cola en forma de flagelo; son muy pequeños, microscópicos, pero miles de millones de ellos que unidos producen destellos tan horripilantes como el fuego, de chispa azulosa que dan al mar un aspecto fantasmagórico creado por organismos vivos. Son fuegos giratorios medidos en 185 mil seres microscópicos por cada litro de agua, que vistos actuar juntos en miles de litros cúbicos causan terror; emiten solamente su fuego de noche porque la naturaleza del día los anula aunque se les mantuviera en la total oscuridad todo el tiempo. El Ser conoce este reloj biológico por eso sólo utiliza de noche en su cortejo fenomenal a los fuegos del mar, que cesaron tan repentinos como se aparecieron y fueron precedidos por otros nuevos remolinos en que se posaban toda suerte de seres monstruosos y dioses marinos menores convocando en el cortejo peces con forma de caballo, de cerdo y becerro, gorgonas, ninfas, y otras singulares formas; en las orillas de una serie sucesiva de remolinos sin mayor violencia nadaban el pez leonino, con su cabeza, figura y talla de un león melenudo, con cuatro patas con membranas entre los dedos como el castor o pato de río, con su cola larga adornada también de pelo en su extremo, las orejas grandes y el cuerpo con escamas finas doradas que semejaban piel suave. Vi al pez fraile, de tamaño no mayor al de un hombre común, con cabeza rasurada y lisa de cara que me pareció extraordinariamente semejante a una persona, aunque rústica: sobre los hombros un capuchón de monje de escamas anunciaba sus dos largas aletas delgadas que parecían largos brazos, y el extremo del cuerpo acabado en una cola fuerte de pez. Vi cruzando un enjambre de peces voladores que me parecieron pájaros de plata por el reflejo de la luna. Vi un rebaño de focas quietas pariendo dolorosas aullando en el centro de un remolino, mientras los machos silenciosos las observaban ubicados naturalmente en el círculo de aguas vivas. Vi peces enormes como la vaca marina y el pez buey con cachos y pezuñas amenazantes de plata más brillante que las escamas duras que cubre sus cuerpos; vi en un remolino una familia de manatís, con sus ojos pequeños, sin cola reemplazada por aletas de fuerza enorme que salen de sus hombros, sin escamas, como de cuero su piel, de boca como toro, el lomo llano, su cuerpo muy grueso, la hembra con dos grandes tetas, algunas dando de mamar a sus hijos, de pie, recién paridos a la manera de los animales de tierra. Anunciado por los manatís fue que se apareció cruzando espectral el Caleuche, el barco donde navegan los brujos, cuya visión es de tal impacto que se dice en estos mares del sur de Chile que quien osa acercarse al navío fantasmagórico se vuelve mudo y permanece para toda la vida con sus facultades mentales perturbadas: por ser una nave de brujos puede trasladarse en un instante de un lugar a otro y puede navegar tanto en la superficie de las aguas como debajo de ellas. Por ser el Caleuche creación de arte de magia alcanza velocidades inconcebibles y transforma a voluntad su estructura, así a ratos me pareció un tronco de árbol gigantesco o una roca negra cruzando las aguas, como semejando un velero bellísimo iluminado de una intensidad mágica que opaca incluso la luz de la luna también ocultándose tras negros nubarrones que cruzaban acompañando la aparición: se aparece como punto luminoso que se hace mancha centelleante, que poco a poco difumina sus contornos imprecisos para semejar un navío en llamas, extraño, de antigua forma, de casco alargado con tres mástiles cargados como de corroídas velas desplegadas fosforescentes, encendidas, flameando por efecto del fuerte viento que soplaba acompañando el barco: pude distinguir en la proa un torreón y sobre la cubierta siluetas de una tripulación indefinible pero de formas humanas normales, hombres y mujeres envueltos en una luminosidad roja como corazón del fuego, que se entretenían bailando al compás de una música que me sonaba embriagante, que subyuga y atrae con magnético encantamiento, tanto que permaneció en mi memoria más allá de cambiar su forma el barco mágico, que desapareció cuando una gran sombra cubrió todo en medio de un fuerte olor a azufre. Al volver la luz de la luna llena a iluminarlo todo, que se apareció en medio de los claros a quienes dieron paso los nubarrones, el Caleuche ya no estaba, sólo su música como rebotando en las rocas, que se volvió música gloriosa inundando el aire, que se hizo un sonido de voz humana pero como de otro mundo en este mundo, un sonido celestial diría.


Fue entonces que en un remolino vi a las sirenas quienes embriagaban con su sonido atrapador, con su canto seductor y de fondo la voz cadenciosa del mar creando una melodía fantástica. Originalmente mujeres mortales de singular belleza, las sirenas, se sabe, son hermanas castigadas por sus padres monarcas de un reino lejano, quienes enojados con ellas por no haber defendido, celosas, a la más bella de sus hermanas raptada por un colérico héroe enamorado, fueron castigadas y transformadas en monstruos marinos mitad mujer y mitad pez desterradas de su reino, buscando desde entonces refugio en los promontorios rocosos entre las islas del mar, dedicadas en su enojo a la macabra tarea de atraer hacia las rocas a los hombres que trabajan en los mares con su canto irresistible para darles muerte. Integradas a la corte del Ser de los mares, hechizan las sirenas con su canto contra el que no hay defensa. Mis perros Lucrecia y Obama con sus hocicos firmes clavaron levemente sus dientes en mis piernas incapacitando mi andar y lanzarme a las aguas respondiendo a su llamado seductor, con su torso, busto, brazos y cabeza de mujer, bellísimas a la luz de la luna llena y los reflejos del mar, de brazos torneados y femeninos con sus largas cabelleras verdes sedosas cayendo en sus hombros, y la parte inferior del cuerpo de pez simulado bajo las aguas. Algunas sirenas jugaban con blancos delfines y otras con su mirada acariciadora observando a quienes las seguían en su propio remolino: tritones, condenados a jamás poder amar a estas falsas mujeres de corazón seco que no aman a los dioses ni a los hombres, así sean como ellas tritones, hombres de mediana estatura también de la cintura para abajo con forma de pez, cubiertos de vellos y sin apreciables escamas; su cara de boca ancha y oreja pequeña con ojos saltones de profunda negritud; los dedos de sus manos unidos por membranas que noté muy bien, porque de cuando en cuando tiraban con sus manos al aire chispas líquidas que pudieron ser pececillos finísimos de alimento vivo aún entre los remolinos en que cruzaban posados, mientras se comunicaban entre ellos con gruñidos que eran aplacados por el canto del mar y el de las sirenas que aún rebotaba seductor en el aire cuando descubrí que seguía el cortejo un tenebroso personaje de colosales dimensiones infrahumanas, un pez animal como a reacción navegando su masa enorme con tentáculos flotando tras el cuerpo blando y viscoso, repulsivo, que a ratos tomaba la forma del remolino en que resaltaba su mandíbula en forma de pico de loro, y una mirada que se me antojó siniestra en su forma de cabeza con dos ojos enormes, y por cuello tentáculos parecidos a serpientes que capturan a su víctima y la inmovilizan con sus ventosas cargadas de electricidad que utilizan para adherir las embarcaciones y arrastrarlas al insondable fondo del mar; el gran pulpo es de terror con sus tentáculos más largos que el mástil de un barco, oculto en los acantilados submarinos, quien se acerca a su madriguera es recibido con su mortal abrazo: su cabeza de muchos metros de circunferencia resulta comparable a una isla más que a un ser vivo, lo creo el más grande monstruo del mar entero de la Tierra, en que sólo la longitud de sus ojos calculé desde mi distancia en la terraza que podían medir entre diez y cincuenta metros; de fuerza tan colosal que a su paso las aguas terminaban de subir a la zona más alta de los villorrios inundados de estos mares del sur; su semejanza la asociaría con la de un calamar descomunal, de color rojo ladrillo, de ojos con forma de tambores, con sus diez tentáculos que alcancé a contar y que en momento alguno intentaran invadir mi terraza, quizás alejado por los ladridos furiosos que a todo pulmón le dirigían mis perros junto a mi en la terraza que en una fracción de segundo se volvió toda roja por el reflejo del mar de sangre que cruzó en el cortejo, quizás tinta arrojada por el pulpo gigante o en verdad sangre que era la primera impresión que me causó inmediato espanto, porque era en verdad un mar de sangre que cruzaba con vida por efecto de los remolinos que alentaban el líquido de siniestro color sanguinolento, y sobre él flotando incontables personas yertas confundidas con animales intactos también muertos, recién ahogados. Era una macabra escena de cadáveres de horror, sin embargo no traía el aire nocturno olor alguno, pero de él emanaban vapores invisibles que causaban escozor en los ojos y nariz, y al respirar mi garganta ardía por el aire transparente que despedía el mar arremolinado de sangre alborotada de cuerpos muertos que al sólo ver hacía la respiración difícil y causaba acceso de tos: la visión parecía una advertencia divina indignada, de efecto desastroso porque asfixia con el sólo pigmento rojo envenenado secreto de su química, color donde está el veneno que acaba con todos los organismos vivos que caen en sus fauces y de inmediato consume partiendo por el oxígeno de los cuerpos, al tiempo que asfixia con sus toxinas que afectan el sistema nervioso y desquician la actividad de músculos y membranas. Las sustancias químicas emanadas por el mar de sangre son tan fuertes que pueden actuar sobre ciertos metales: no hay especie o cosa que no pueda resultar diezmada por esta marea roja, que, sin embargo, debo agradecer que cruzó con la rapidez apurado por un sin fin de enormes bolas marinas que el Señor del mar suele utilizar para acusar también su presencia poderosa: son formas esferoidales, ovales y cilíndricas de unos doce centímetros de diámetro, millones de ellas, de un material semejante al fieltro, formado con fibras de algas entrelazadas y compactas de gran dureza semejante al hueso pero más débil que la piedra, aunque en su conjunto muy dañinas; de color verde claro u oscuro, estas formas de plantas acuáticas se reproducen sin necesidad de semillas, por ramificación que crece en los jardines acuáticos del Señor: venían en el cortejo cubriendo entero un remolino de proporciones gigantescas de espuma resaltando su forma circular amenazante a punto de dispararse, lo que aterrorizaba. Luego fue que todo el mar visible desde mi terraza, entre los meridianos 32-33 y paralelos 71-73 sur, se hizo ese solo remolino horroroso de restos de algas y desechos de mar en todos los tonos del azul, inundando el aire de un nauseabundo olor putrefacto de yodo y muerte como de lugar olvidado por la vida: desolación inacabable con tal intensidad de páramo que hasta mis perros aminoraron los enérgicos ladridos a su paso. Se dice que los hombres de mar atrapadas su embarcaciones en este mar de putrefacción deciden suicidarse antes de esperar su suerte al ser atrapados en él: desde mi terraza, hasta donde daba mi vista, en el centro de esta pura muerte vi lo que era una verdadera ciudad en ruinas flotante, formada por quebradas embarcaciones que, prisioneras de la masa de algas y vegetales muertos del mar, eran lentamente arrastradas hasta el vórtice de corrientes en remolino; no se veía un solo ser vivo, puro resto y devastación poblada de invisibles espectros de marinos condenados a derivar el círculo donde el tiempo está detenido, en que las orillas que llegaban justo a la entrada misma de la caleta de los pescadores de San Pedro bajo mi terraza, era de aguas transparentes por la escasez de organismos vivos, aguas de un color vivo azul y cálidas, quizás si por efecto aún de los otros remolinos que había antes cruzado entre las rocas, con su fuerte olor salino exaltado por los jirones de plantas y animales atrapados en las orillas que navegan arrastrados por las corrientes circulares del soberbio trecho de mar en que transcurría.

No bien cruzó el espanto de restos, fue que se vino la lluvia de peces del cielo que cubrieron todo en un instante, que nos obligó a refugiarnos en la mitad techada de la terraza, para luego apresurarme, una vez que cruzó el fenómeno, a tirar en dirección al mar una gran cantidad de los peces de todos tamaños sin ser ninguno demasiado grande: en eso estaba intentando descubrir casi un metro de pescados que cubrían el suelo, cuando vi que Obama, como podía, y la fuerte Lucrecia, agarraban en sus hocicos algunos de ellos y los dejaban con cuidado en la parte techada: así mismo hice, eligiendo, con premura, los peces sierra y lisa que veía, cuyo sabor son de todo mi agrado, labor que aminoró mi impresión, dejándolos a resguardo del copioso chubasco que acompañó el hecho anunciado por el repentino aspecto extraño, indefinible, que adquirió el cielo y todo nuestro universo alumbrado por la luna llena enorme, lo que me había despertado asombro pero hizo huir el temor, quizás por la lógica de rescatar alimento, luego de los hechos sucesivos que acaecieron esta noche excepcional, y también aminorada en parte, pienso ahora, la impresión brutal de ver los seres que acompañaban al Ser de las aguas, descubrir luego en la corte que cruzaba a la Pincoya, que los chilenos conocemos desde niños, iba sentada en una roca que crecía el centro de un remolino, en cuyas aguas circulares nadaban incontables pececillos dorados, igual que el cabello largo y sedoso de la diosa de la fertilidad marina: de ella depende la abundancia o escasez de los mariscos en las playas y de los peces en los mares del Sur: vestía un maravilloso traje de hojas de sargazo y completa su atavío un cinturón de huiro casi transparente que a la luz de la luna llena brilla como el oro. Como hembra es hermosísima, sensual y tan atrayente que hasta los peces a ratos detienen su nado, venciendo la fuerza del remolino, para quedarse contemplándola. Maneja una energía poderosa y la envuelve un reflejo que semeja llovizna de luciérnagas o una casada de oropel. Peinaba su cabellera dorada que le cubre las espaldas muy tranquila con un peine de nácar, ajena al mundo convulsionado a su alrededor, lo que entrega paz a quien la observa: iba de espaldas a la costa mirando hacia el horizonte del mar, lo que pensé que era un signo de que la abundancia de mariscos y peces bendecirá la costa luego de cualquier desastre ocurrido. En un instante supremo, la Pincoya elevó sus delicados brazos al cielo y agita con suavidad las manos jugando con la posición de las estrellas que cambiaban de posición a su antojo: maravillado, observaba el cielo guiado por su acción, y cuando volví la vista a ella, había desaparecido.
Finalmente cerrando el cortejo que anuncia a Caicavilú el Ser de los seres del mar, cruzando fue que vi a la gran serpiente blanca de cabeza negra con un soberbio cuerno de diamante brotando de su frente, que en los mares del sur de Chile conocemos como Tentenvilú, quien no solamente mora en las aguas, sino que puede incursionar por tierra firme adentrándose en la tierra, con su rapidez como de rayo, con hocico tan grande que en su boca cabe holgadamente un hombre a caballo, y un soberbio cuerno brotando de su frente. Quienes la han visto afirman que su paso dura tres días, yo digo que cruzó por aquí en tres minutos, durante los cuales mis perros Obama y Lucrecia callaron de inmediato sus furiosos ladridos y parando sus orejas se pusieron en actitud de alerta, mirándome, esperando mis órdenes. De niño también había visto la gran serpiente blanca atacando a una ballena, a la cual, tras feroz batalla que duró unos instantes, creo, logró atrapar y engullir entre sus fauces. Luego, desde mi terraza me ha parecido otras veces divisar que pasa su cuerpo apareciendo entre las aguas como un gran navío, con sus demás sesenta metros de longitud por seis de espesor. Con sus ojos de un verde muy claro, casi blanco, con pupilas negras y verticales. Con su cuerpo cilíndrico sin aletas ni patas de ninguna clase. Tentenvilú se aparece emitiendo una especie de silbido que alerta, desplazándose por medio de ondulaciones verticales de su cuerpo de reptil, que algunos confunden con jorobas redondas, por su costumbre de perseguir las embarcaciones, elevando las barcazas en forma erecta y formando una especie de columna gigantesca, barriendo con los pescadores, devorándolos, cuando, para prevenirse, no han clavado un cuchillo de mango negro en el palo mayor de la embarcación, bien santiguada y orada. La impresión fue horrible, de repente la gran serpiente velozmente vino derecho hacia donde estábamos y cuando parecía que nos iba a engullir, desapareció en los acantilados debajo de la terraza donde estábamos, que de inmediato subió varios metros más.

Sólo se que luego fue que cruzó el Señor de los seres del mar: Caicavilú, cuya aparición vino con el maremoto horrible, en que las olas del mar se tragaron incluso a los remolinos, pero cuya altura no logró dañarnos ni a los pobladores de la Caleta que no alcanzó por la altura en que nos elevó Tentenvilú, haciendo verdad su costumbre de proteger si así lo desea a los animales y hombres que peligran de ser engullidos por Caicavilú, que se desplazaba en su carro tirado por hipocampos que tienen el tamaño y la forma de los caballos de mar, quizás de líneas más finas, si es posible, con sus cascos de bronce y fuertes crines con apresurado vuelo grácil al ras de las aguas; el Ser que domina sobre todas las aguas dulces y saladas, que son una sola agua que discurre bajo la tierra y la sustentan: por eso al agua se deben los terremotos, porque ciñe el mundo y hace temblar la tierra. El Señor Caicavilú, que vi y cegó hasta ahora uno de mis ojos, tiene la forma de un pez con cuerpo de semejanza humana, con cabeza dos brazos y dos piernas todo acorazado de escamas, erguido su cuerpo simétrico, estético, cercanamente identificable con uno mismo, como un reflejo en el espejo de las mismas aguas. Con su tridente de oro, parecido al arma de los pescadores de atún, fue que vi el tatuaje que el Señor iba creando, al tiempo que iba ascendiendo cíclicamente el nivel de las aguas como si el mar se hinchara de vez en cuando, a intervalos de la rítmica respiración desatada de la Tierra, semejando todo un gigantesco animal vivo, imperioso, incompasivo. Es cierto lo que dicen quienes afirman que descendemos del mismo Caicavilú el Señor de las aguas, que suele inundar la Tierra enojado por haberlo abandonado el hombre para vivir en la superficie seca, aunque hubo incontable seres que se quedaron en su reino por lo que el inventario de los seres marinos que existen no sólo falta completar, sino que jamás se concluirá. Junto con cruzar el Ser bajaron las aguas y el mar se calmó. La verdad debe ser vivida para ser dicha; miré a los ojos de mis perros Obama y Lucrecia que me observaban vivamente y en sus ojos sentí que me decían en su mirada: el Dios que habita en nosotros es el Dios que habita en ti y en todos y es el Dios que habita en el Señor de las aguas que nos ha tatuado de mar y tierra.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

TATUAJE DE MAR Y TIERRA 1

El mar es la cuna de la vida por un proceso aún no bien conocido que tiene algo de milagroso, donde brotó la primera célula, el protoplasma original que fue evolucionando poco a poco hasta convertirse en las formas inferiores de seres vivientes, hasta que uno o una pareja de ellos, que habían hecho su hogar en las aguas profundas, fueron desterrados o por puro deseo de estar solos, caminaron los senderos de arena y nadaron las aguas oscuras hasta la luz que se divisaba arriba, adoptando un tipo de vida anfibia en la playa que poco a poco se convirtió en terrestre. La tierra firme, entonces ya plena en árboles, plantas y flores, limpia de lluvia y viento, rica de sol, comenzó a poblarse y animarse hasta llegar a nosotros, los llegados del mar al mundo deshabitado. Aquí he llegado a sus orillas, cansado sin razón de tanto andar de viaje. Algo deshabitado a plegar mis alas como piedra mojada en aguas de crepúsculo, en cierto fragor burbujeante igual viniendo y huyendo y comenzando hasta perderse, a mi hogar sin madre, familia ni nadie diciendo que saliera, ni nadie diciendo que me entrara, una cosa conmigo mismo, adentro de mí mismo, sin sombra tendida junto a mi en la arena, pudiendo entrar desnudo en el mar para sentir volver purificado a la tierra. Aquí he llegado a vivir a orillas del agua sin dudas inteligente, las mismas aguas de la vida geométrica. Al mar, el poderoso hacedor de geografías, el purificador de universos, el soltero imperturbable que ríe, baila, trabaja, poderoso, robusto y transparente, sonoro de puro canto que suele convertir en rugido constelado. Al mar chileno que canta don Alonso De Ercilla cuando narra que llegó a Chile en su nave dando cuenta que era la capitana de la armada, que arrojada de la áspera tormenta andaba sin gobierno derramada, cuando con tal furia a la nave el viento asalta, y tan recio y presto el terremoto, que la gran ola cogió la vela mayor alta y estaba en punto el mástil de ser roto, por la braveza del mar, el recio viento, el clamor, alboroto, las promesas, el cerrarse la noche en un momento de negras nubes lóbregas y espesas, los truenos, los relámpagos sin cuento, las voces asustadas de pilotos hacen un son tan triste y armonía que el mundo perecía, con fuerza tan brava, que ningún aparejo gobernaba con la mar hasta los cielos levantada. Fue la furia tan presta, que aún no había amainado la gente, cuando fue que vieron los pilotos la costa y viento airado inclinando la nave hacia ella, rindiendo la esperanza al duro hado, con las hinchadas olas rebramando en las vecinas rocas quebrantadas, en la oscura tiniebla penetrando, hirviendo el agua con la arena y los cuatro poderosos elementos contra la flaca nave conjurados, traspasando sus términos y asientos, yendo del todo desordenados, indómitos, airados y violentos, removidos, revueltos y mezclados en su antigua discordia y fuerza entera, como en el caos y confusión primera. Pues de tantos contrarios combatida, la quebrantada nave forcejeando, iba casi de un lado sumergida, las poderosas olas contrastando: más ya al furioso viento y mar rendida, sin poder resistir, se va acercando a los yertos peñascos levantados, de las violentas olas azotados. Con la congoja del morir presente, las voces y las lástimas crecían, pilotos, marineros y la gente, como locos, sin orden discurrían. El uno con el otro se atraviesa, y así turbado del temor se impide; quien a públicas voces se confiesa y a Dios perdón de sus errores pide; quien hace voto expreso, quien promesa; quien de la ausente madre se despide, haciendo el gran temor siempre mayores los lamentos, plegarias y clamores. Por otra parte el cielo riguroso del todo parecía venir al suelo, y el levantado mar tempestuoso con soberbia hinchazón subir al cielo. ¿Qué es esto, Eterno Padre Poderoso? La confianza y ánimo más fuerte al temor se entregaban importuno, que la espantosa imagen de la muerte se le imprimió en el rostro a cada uno: del todo ya rendidos a su suerte, sin esperanza de remedio alguno, el gobierno dejaban a los hados corriendo acá y allá desatinados. Más Dios, que de los suyos no se olvida (aunque a veces su favor dilata), a su lugar volvió la sangre fría, cuando con la súbita alegría lanzó fuera el temor desconfiado que había los miembros ya desamparado, resguardando a todos en una isleta que resiste al furor airado, y a los continuos golpes de marea que bate furiosa de lado a lado, una caleta que brota como seno tranquilo y sosegado donde se hace seguro albergue y dulce abrigo y donde al llegar la luz del día ya habían desembarcado, salvos.

Don Pedro de Oña también vivió el furioso mar chileno envuelto en ira, cuando un vecino sin color al otro mira sin verlo de miedo cegado, la gente hablando a puras voces altas pero sorda, atónitos, confusos, derramados, los más temblando en pie y arrodillados; pareciendo desgarrarse el alto cielo, abrirse entre las olas el profundo mar, y la compuesta máquina del mundo deshecha derramarse por el suelo. Ahora todo en calma, como quien dice que aquí no pasó nada. Los pájaros marinos, repletando sus rocas y en las araucarias al norte de mi ventana, cansados dormitan semejando masa oscura como amor sin besos. Abajo de mi terraza hay focas con sus familias en los riscos de mar afuera y otras saltan por la orilla mojada de agua tan cristalina que veo las estrellas marinas tendidas en el fondo transparente. Las golondrinas de mar, mansas y graciosas, cruzan de un lado a otro como saetas van y vienen desde sus grutas. Bajo a la playa seguido de Lucrecia y Obama, ni un pájaro ni hombre ha tocado antes lo que caminamos recién inventado por la nueva situación, mientras las espumas rebasadas se levantan por la suave brisa entre los desfiladeros, la arena descubierta en que van quedando nuestras huellas es borrada por las verdes olas suaves que se asoman tímidas de blanca espuma antigua y sal azul de mar paseando solo, a pasos lentos. Mis perros se adelantan corriendo y ladrando hasta detrás de unas grandes rocas: en un blanco grupo salen volando gaviotas en bandada tumultuosa. Siento un pájaro volar de mi pecho y volver a mi en igual instante. Este es el mar con sus propios sentidos el que borra mis huellas, el más poderosos, el que he visto abrirse de par en par, quebrado de repente, en cuyo centro mi ojo viera el comienzo del mundo, con el mar riendo y batiendo la cola, sintiendo salir de mi mismo como espuma en galope, sacudido. Miro restos de mástiles y grúas, entre corales y algas, algunas tan finas como no había visto, de formas y colores nuevos, devorados mis ojos de sal destituida. Un grupo de alcatraces salen de sus rocas frías y estiércol, ásperos de ritmo lento. Recuerdo al viejo Nicanor Parra, hace unos pocos días, en la terraza de mi casa mirando la distancia líquida, como ahora hago, diciendo como quien reza una oración: “siempre había vivido mi familia en el valle central o en la montaña, nunca supe del mar hasta que partí con mi padre desterrado a Chiloé, donde al descender del tren, con voz que tengo en el oído intacta, dijo mi padre: este es, muchacho, el mar. El mar sereno. El mar que baña de cristal la patria”. Poco antes del 27 de febrero de este 2010, cuando viví todo y nada, nada y todo. Ahora cuando siento que de nuevo existo, canto a viva voz, creo, recién lavado.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

7 de marzo de 2010

TATUAJE DE MAR Y TIERRA.

Calculo que pocos segundos después de las 3.32 del amanecer de este día 27 de febrero de 2010, entrada de luna llena, mi perrito Obama en la terraza y la vieja y fuerte perra Lucrecia en la puerta de la calle, llamaron toda mi atención despertándome con sus ladridos continuados a todo pulmón; ladraban en tono muy grave como nunca les oí antes: de inmediato, en instantes me vestí advertido de un peligro inminente. A las 3:34 horas se vino el terremoto que traía el tsunami anunciado en estos mares del sur desde mucho, tanto tiempo que ya nos habíamos acostumbrado a vivir esperándolo como si nunca fuera a ocurrir; y llegó en forma terrible, destruyendo todo lo que tocó a su paso en Chile. Al salir a la terraza el pequeño Obama se escondió entre mis piernas, asustadísimo, llamando mi atención el silencio espectral que envolvía todo, el aire, la tierra. Observaba el mar, la expresión de nuestra fuerza, cuando calló de súbito el mundo; vi cruzar sobre las aguas una bandada de pájaros nocturnos, gaviotas, lechuzas, a buscar refugio sobre las copas de los eucaliptos y araucarias: desde allí vi sus ojos brillantes reflejados por la luz radiante amarilla de la luna llena brillando en gran esplendor, envolviendo toda la naturaleza terrena y el mar con un brillo especial. Entonces la tierra se sacudió en medio de un ruido atroz de acabo de mundo. Mi impacto inicial fue roto por los ladridos de Lucrecia desde abajo en la casa y Obama, junto a mi, con tonos medios en cadenas de tres o cuatro ladridos rápidos, indicándome que debíamos hacer algo, luego del movimiento vertical infernal que trajo ese ruido como de tren cruzando sobre la casa. Que nos ha dejado enfrentados a las verdades elementales de lo incontrolable. Luego, como Job tratamos de hallarle a la experiencia un sentido que no tiene, hasta que pensamos en aquellos que la sacaron mal, y decimos un padrenuestro en nombre de aquellos.
Una hora después que la Tierra vibró como una campana se murió el mar, en perfecto silencio se retiró de la orilla como manto que recogen; descubriendo las rocas no demasiado hondas con sus bases cubiertas de algas, caracolas y seres submarinos como vacíados de sí mismo. Luego fue que retornó fuerte lleno de juventud su ancianidad, encabritado como un animal salvaje, un toro inmenso de cuernos crueles blancos y ojos de esmeralda. Ha sido este tsunami producto de un terremoto de una magnitud 8.8 en la escala de Richter en su mayor intensidad, su epicentro a 115 kilómetros de Concepción, al norte de Valdivia, donde en 1960 se produjo el terremoto más fuerte registrado en la Tierra, de magnitud 9,5 expresado en grados Richter. Se dice que la energía liberada en este megasismo que acabamos de sufrir es semejante a la de 100 mil bombas como la de Hiroshima, en que la energía liberada por la Tierra iguala a la producida por 56 mil millones de kilogramos de explosivos colocados al mismo tiempo (el cataclismo de 1994 en California liberó la energía equivalente a casi dos mil millones de kilos de explosivos): la zona de acoplamiento en Chile se produjo 63 kilómetros al suroeste de Cauquenes y en términos históricos se iguala a la erupción en 1988 del volcán Krakatoa, que separó esa isla en un archipiélago, y es producto del constante roce de las placas de Nazca y Sudamericana, dos de las más activas dentro del llamado “círculo de fuego del Pacífico”, que se han desplazado ocho metros; normalmente se desplazan a razón de 6,5 centímetros por año, y cuya acción desbocada involucra que cuando tiembla en estos mares del sur chileno a través de las fosas marinas puede generar tsunamis en islas polinésicas como Tahiti, Tonga, islas Cook, Samoa, las Fidji, tras el terremoto de Chile de 1960, un maremoto arrasó parte del archipiélago de Hawaii, y ahora de inmediato se ha evacuado a los residentes en las zonas costeras y se clausuraron los vuelos en el aeropuerto de Hilo por encontrarse en la costa; también en Honolulu los residentes hacen filas ante los supermercados para comprar agua embotellada, alimentos enlatados y pilas eléctricas. Se alertaron las islas ubicadas en la Micronesia hacia Filipinas y la Melanesia hacia Nueva Guinea, se alertaron todas las costas occidentales de la cuenca del Pacífico, Australia, Rusia, Japón y Nueva Zelanda, donde se toman precauciones ahora. En Rapanui nuestra Isla de Pascua, afortunadamente sólo hubo una entrada de agua menor. Ahora, el terremoto 8.8 modificó el eje de la Tierra, según especificó Richard Gross, geofísico de laboratorio de la NASA en Pasadena, California, quien en la edición electrónica del Business Week, apoyado en un modelo computacional para calcular los efectos, afirmó que la duración del día se acortó 1,26 microsegundos (millonésimas de segundo) moviendo el eje del planeta 8 centímetros.
No sufrimos daño alguno en mi hogar en la Caleta de San Pedro de Cartagena, a unos 150 kilómetros de Santiago, la capital tierra chilena donde nací y están mis familiares directos a salvo, protegidos por lo Alto y las faldas de la cordillera, que siempre uno echa de menos cuando no está en la ciudad más moderna de América, de donde sólo anoto que mi familia me cuenta que en principio se han enterado que hubo daños menores en barrios como Yungay, Ñuñoa, Macul, Quilicura, Maipú, pero casi todo está intacto, el metro, sus carreteras, los edificios como la nueva torre más alta del continente, afectadas pero sin daños estructurales resultaron edificios como el de la Biblioteca Nacional, el Palacio de Bellas Artes, el Palacio Cousiño, el Club Hípico, así como iglesias patrimoniales: la Basílica del Salvador, la Gratitud Nacional, la iglesia de San Francisco y de Los Sacramentinos. Aquí donde estoy a orillas del mar frente a Santiago, ubicado en el punto donde se encuentra el meridiano 33 con el paralelo 73 sur, donde la intensidad del terremoto fue grado 8: la población José Arellano es el sector urbano más destruido, por el desprendimiento de terreno que colapsó las estructuras viales, aceras y muros de contención, en que los vecinos dieron ejemplo de civismo al país porque no existió ninguna denuncia que no fuera para dar a conocer algún problema urgente de solucionar por la circunstancia. De inmediato se dispuso de albergue para damnificados la Casa de la Cultura Altazor y el Club Deportivo Unión Libertad, principalmente dirigido a turistas incomunicados sin posibilidad de retornar a sus lugares de origen; hasta ayer los supermercados cerrados por falta de electricidad y casi sin locomoción colectiva por falta de combustible. El cuerpo de bomberos unió a su labor distribuir agua afuera de su cuartel, frente a la plaza de Armas; hasta que se normalice la reconstrucción de las zonas básicas de funcionamiento se suspendieron las clases en las escuelas Presidente Aguirre Cerda, Lo Zárate y en el Liceo Poeta Vicente Huidobro. En el vecino Puerto de San Antonio quedaron quince barcos a la gira en el mar: hay daños en parte de la losa y el espigón presenta un leve hundimiento en ciertas áreas, como los sitios 1,2,3 y 5 que registran desniveles en la superficie, cayó una grúa y muchos contenedores quedaron apilados. La Aduana está operativa luego de unas pocas horas hasta el nuevo amanecer de inoperar; asimismo se continuó operando con 5 sitios que estaban atendiendo a naves con diversa carga y descarga, de un total de nueve con que cuenta el terminal más importante de la zona central chilena. Dándose prioridad de atención ahora a los buques contenedores de frutas y de alimentos en general, para apoyar la distribución a los sitios críticos a través del acceso al puerto por la ruta 78 Autopista del Sol, plenamente operativa. La entrada a la explanada de la Caleta Pacheco Altamirano quedó averiada; el Museo de San Antonio resultó con daños en su techumbre, estructuras exteriores, biblioteca científica y en la sala principal tres depósitos en el suelo que dañaron perdidas no cuantificadas aún de material arqueológico y de historia natural; se perdieron totalmente varias vitrinas que contenían peces y cetáceos rescatados provisoriamente para iniciar su reubicación. El puente de Lo Gallardo se ha desalineado. La señalética instalada en distintos puntos de San Antonio, Barrancas, Llolleo y Cartagena fue fundamental ante la emergencia. En lo personal, más que el instante mismo me parecen peores las réplicas que hasta ahora se producen, algunas de ellas cercanas a los 7 grados de fuerza. Sólo ayer pudimos volver y dormir en nuestros hogares, aún sin luz y con poca agua que llegó en la mañana. La luz nos vino hace pocas horas en toda la zona central, pero aún quedan a oscuras y sin agua amplias zonas del sur. Son las once de la noche y acaba de temblar, una réplica con una intensidad que me parece semejante a los temblores que suelen sentirse en California.
Diez minutos se retrayó el mar frente a la Caleta de los pescadores de san Pedro donde vivo, pero en otros lugares se adentró una hora. Luego fue que resucitó por sí mismo con esa fuerza colosal imposible de predecir: quebrando en dos al mismo silencio original se devolvió inundando islas como Robinson Crusoe, frente a esta Caleta de San Pedro, donde una hora después del terremoto el mar inundó más de trescientos metros el poblado de Juan Bautista, devastando 3,5 kilómetros del territorio de la isla, casi destruyendo todas las casas, el colegio, la municipalidad y la plaza pública; tragando villorrios enteros tal cual el de Constitución o parte importante de Pichilemu; entrando olas continuas de varios metros de alto a pueblos como Talcahuano, y ciudades legendarias de los mares del sur como Concepción, que fue arrasada en gran parte. En Coi Coi frente a Temuco el mar entró sobre 200 metros; Dichato fue arrasado desplazando las embarcaciones por los caminos; el Puente Viejo del río Bío Bío destruido. En Tomé y Penco el paso de las aguas borró todos los caminos. El mar se vino explotando con furia en olas de aguas definitivas, como la de más de diez metros que a las cinco de la mañana se acaba de llevar el camping entero Ojos de Mar en mi vecino poblado de Llo-Lleo, que cruzo casi casa día, donde antes de llegar la gran ola comenzó a salir agua de unas grietas que se hicieron en el suelo. Vayan estas líneas en nombre de estos mis muertos, que suman tantas inexplicables almas devueltas a la distancia.
Las noticias cuentan que en la Región costera del Maule el paisaje es desolador, devastando sucesivos tsunamis zonas completas de Chanco, Pelluhue, Iloca, Curanipe y por supuesto Constitución, donde se detectaron olas sucesivas de más de 10 metros; en Maule fueron afectados en especial los cascos históricos de sus ciudades más importantes; Curicó, Talca, Linares y Cauquenes. En Curicó, la iglesia de San Francisco perdió su nave central y quedaron muchos inmuebles inutilizables, como el que albergaba el diario la Prensa. El Talca casi todo el centro histórico está literalmente en el suelo por ser en su mayoría construcciones de adobe centenario; también quedó destruido el Mercado Central, monumento nacional, y devastada la iglesia de los Agustinos; también la centenaria iglesia Corazón de María, orgullo del patrimonio Maulino, tiene serios daños estructurales. El templo de San Antonio de Padua, en Chépica, se derrumbó y sólo su torre quedó en pie. Según lo que sabemos hasta ahora, en especial en zonas de Maule, Bío Bío, La Araucanía y la Región de los Ríos, la destrucción es enorme en materia de infraestructura, con el derrumbe total o parcial de edificios, casas, autopistas, puentes, aeropuertos y otras construcciones incluyendo las dedicadas a la salud y la educación, como hospitales y escuelas. Lo que supone armonizar los esfuerzos de todos los oficios y profesiones, en principio he visto actuar valientes rescatistas, bomberos, paramédicos, carabineros, fuerzas armadas, voluntarios encendidos en cada vecino; avisando de las estructuras en peligro, aislando las zonas de riesgo, ayudando a evacuar a los necesitados; con las fuerzas en lo posible de lo humano manteniendo el orden, manejando el oportuno envío y distribución de la ayuda de todo tipo, restableciendo el suministro de servicios básicos, como electricidad, agua, gas, telecomunicaciones. Se ha decretado oficialmente estado de catástrofe, por los dos millones de damnificados, activando el Plan Nacional de Emergencias Sísmicas sistematizado en 2002 por la Oficina Nacional de Emergencias de Chile, que plantea las directrices que deben seguir los ministerios y los servicios, instituciones y organismos dependientes o relacionados con el Estado: este incluye el llamado Accesísmico, una metodología para elaborar planes de prevención y respuesta por actividad sísmica, que se pondrá a prueba ahora y, seguramente, será perfeccionado para el análisis de riesgo, planificación y reconstrucción que permitirá revisar normas y diseños de construcción; la eventual reubicación de asentamientos poblacionales y todas las necesidades que tendremos que cubrir como país. La vitalidad de los pueblos costeros es sorprendente y así enfrentaremos los hechos.
Mientras escribo estas lineas, la Lucrecia y Obama se comunican entre el primer y segundo piso con ladridos cortos prolongados y sonoros anunciando su presencia, socializando desde las distancias y reafirmando su territorio, alertas, para echarse luego de un suspiro que es sonido sin tristeza, más bien como anunciando que están satisfechos, que se van a echar un ratito, que al final su trabajo es satisfactorio y bien se merecen haber comido caliente y ahora una buena siesta para imaginar que todo ha sido un sueño y nada más, que de no ser así, mañana hay mucho que trabajar. Así pienso. En Chile, cuando no somos nosotros mismos, la naturaleza suele recordarnos que la vida es una cuestión muy frágil, y que lo único que contamos para hacer frente a las catástrofes que producimos o nos sobrevienen somos nosotros mismos; nuestro ánimo de cuerpo; nuestra resiliencia; nuestra fuerza que hace que Chile sea lo que es; ahora cuando deberemos construir casi entero un nuevo país, asentado en la esperanza de que este dolor adquiera algún sentido y desafío de unidad para un país. Una coyuntura que exige a cualquier nación, de sus autoridades y ciudadanos una inédita dosis de organización y generosidad, centrado en lo inmediato en el apoyo a los más afectados y, luego, en la reconstrucción. .
Internet da cuenta de la solidaridad de personas de todas partes del mundo con Chile en estos momentos tristes, que se hacen menos dolorosos cobijados por las redes sociales. Aquí en la Caleta San Pedro de Cartagena los vecinos nos pasamos dos noches alrededor de una gran hoguera cálida de eucaliptus y pinos silvestres, que avivamos con paja y ramas secas de las orillas de los acantilados. Las vecinas prepararon té, café, leche con chocolate y comida, pollo asado y pan amasado, mientras por la radio de un auto nos íbamos enterando, ciertamente protegidos en las alturas de estas rocas y en la calidez de la fraternidad humana. En 1985 me encontré en el terremoto de la Ciudad de México con 8.1 grados de intensidad en la escala Richter, que viví en la mi departamento de la Plaza Washington, casi en el epicentro de la catástrofe, en un edificio de cuatro pisos de piedra que se mantuvo intacto, donde llegaron mis amigos y estuvimos dos días haciendo vigilia, siguiendo el consejo de la sabia Guadalupe Pita Amor, que allí estaba con nosotros, quien nos indicó que cada uno hiciera lo suyo, que trabajáramos en algo, que mientras hubiera alguien trabajando, no había fuerza posible que quisiera acabar con el ser humano, y tomando su cuaderno que traía se puso a escribir su poesía, entre las réplicas que fueron si acaso más intensas que las sentidas ahora: así mismo hice: tomé una pequeña libreta y alrededor de la fogata, alumbrado por el fuego y la luna me puse a escribir, y, lo juro, más luz ni de día yo quería. Ahora trazo estas lineas rápidas transcurridas entre réplicas intranquilas. La radio cuenta que en el vecino Valparaíso, la torre de la iglesia San Francisco, construcción que le da el sobrenombre de “Pancho” al principal puerto del país, es la más afectada, junto a algunas construcciones de la zona histórica, como el Palacio Subercaseaux y el Palacio Polanco; escuelas tradicionales como el colegio Juana Ross de Edwards y el Liceo Eduardo de la Barra también han sido dañados y deberán reconstruir sus estructuras, como la de hospitales como el Eduardo Pereira y el Carlos van Buren, donde se inundó la unidad de emergencias y se produjo un daño estructural en el puente que une dos edificios del complejo. La zona portuaria revela hundimiento de hasta 40 centímetros en uno de sus sectores; el legendario Muelle Prat quedó seriamente dañado. La Capilla de Lo Vicuña de Putaendo, monumento histórico, se derrumbó completamente. A minutos del sismo unos diez mil vehículos se lanzaron a las calles de Viña del Mar, en dirección a la ruta 68 para huir hacia la cordillera, mientras que las personas que se encontraban en el borde costero evacuaron las áreas de inundación demarcadas para caso de tsunami y corrieron hacia el sector oriente de la ciudad, concentrándose en el Sporting Club y el Palacio Vergara, en un traslado dificultado por los semáforos, postes de luz y trozos de concreto que cayeron a la calle, entre los automóviles haciendo sonar sus bocinas para evitar atropellos y aportando con la luz de sus focos en medio de la oscuridad que se hizo total. Varios palacios y museos declarados monumentos nacionales de Viña del Mar, han resultado afectados, siendo el más dañado su Museo de Bellas Artes que funciona en el Palacio Vergara, así como el Teatro Municipal, donde hay daño estructural y se quebraron todas las esculturas de mármol.
La honorable presidenta Michelle Bachelet, luego de una cargada agenda internacional, venía llegando desde Buenos Aires pasada la una de la mañana, descansó dos horas antes del sismo, concentró en su residencia en Las Condes a su familia, que entre sus miembros cuenta con su madre de 84 años, la legendaria luchadora Angela Jeria, y pocos minutos después de las cuatro de la mañana estaba en la Oficina Nacional de Emergencia, desde donde habló por radio y televisión, informando de lo ocurrido haciendo un llamado a la calma y dando consejos médicos post traumáticos inmediatos a la población, así como sugiriendo de inmediato que en algunos lugares, en las zonas costeras de réplicas fuertes, las personas se acerquen a las tierras altas. Y no ha dejado de trabajar, concentrada en sus dos labores principales: médico y Jefa de Estado en el Palacio de La Moneda, junto a su gabinete, donde llegó luego de sobrevolar en helicóptero, primero todo Santiago, y luego en avión las zonas afectadas, dirigiéndose por la noche al país informado de lo que ha visto y las medidas que se están tomando. El electo presidente Sebastián Piñera, que asume el gobierno chileno este día 11 de marzo, puso a disposición de La Moneda su gabinete, con quienes ha estado también sobrevolando las zonas afectadas y reunidos en la Onemi para preparar su trabajo inmediato. En momentos tan difíciles se ha recibido la solidaridad inmediata del resto del mundo. Entre los mandatarios que de inmediato se comunicaron con La Moneda lo hizo el presidente de Ecuador, Rafael Correa, y de España José Luis Rodríguez Zapatero, así como el Rey de España, Juan Carlos II, quienes hicieron llegar de inmediato una aeronave con 7,5 toneladas de ayuda humanitaria y un equipo de 63 personas, entre bomberos y personal de salud. Cuba envió una brigada de 27 médicos, además de hospitales de campaña, instrumental y medicamentos. Japón hizo llegar equipos de rescate especializados en escombros y perros adiestrados para este tipo de desastres. Así también, el presidente de México, Felipe Calderón, envió un avión con equipos de rescate, médicos y perros rastreadores. Sin oficialidad, llegó el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien estaba en Montevideo en el cambio de mando en Uruguay, quien en lugar de regresar a su país se vino a Chile a apoyar en lo que pudiera: llegó en un avión Hércules trayendo un hospital de campaña, además de otros elementos, para evaluar con sus ojos la situación y tomar las medidas de asistencia que Brasil pueda adoptar para la ayuda. El presidente de Estados Unidos Barack Obama manifestó: “Estamos listos para ayudar en los esfuerzos de rescate y recuperación, y tenemos los recursos posicionados para despliegues si el gobierno de Chile pide nuestra asistencia”, llegando su primera ministro Hillary Clinton trayendo su saludo y teléfonos satelitales; hospitales de campaña con equipos de operaciones y cirugía de primeros auxilios, sistemas autónomos de diálisis, equipos de generación de energía eléctrica, carpas y equipos de purificación de agua salada. El presidente de Perú, Alan García, expresó que su país se pone “al servicio de Chile” para lo que necesitemos, y vino por tres horas trayendo un equipo de 21 médicos acompañados de su ministro de salud, Oscar Ugarte, y un hospital de campaña; luego hizo llegar dos aviones de carga con carpas, toldos y un equipo de 34 efectivos del Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Perú. De México, el presidente Felipe Calderón envió a hombres de su “Brigada De Rescate Topos Tlatelolco”, que nació durante los eventos del terremoto de 1985, entre quienes figuran rescatistas, técnicos especializados en materiales peligrosos, ingenieros estructurales, médicos y perros amaestrados en la búsqueda de personas; provistos de sus equipos y con capacidad de autonomía para ocho días de trabajo. También el presidente Alvaro Uribe envió desde Colombia personal de rescate. De Argentina la presidenta Cristina Fernández llamó a la presidenta Bachelet y ofreció “toda la ayuda necesaria”, enviando de inmediato seis aviones con un hospital militar reubicable con 55 médicos, tres plantas purificadoras de agua y cuatro plantas generadoras de energía, mostrando su disposición para elevar en hasta seis veces los envíos de gas natural hacia el ducto chileno, para descomprimir los requerimientos de diesel del sector eléctrico, lo que se comenzó a hacer efectivo de inmediato.
Asimismo lo hizo el Jefe de Estado de Bolivia Evo Morales, quien dijo: “Vamos a compartir lo poco que tenemos con el pueblo chileno”, enviando la mitad de su sueldo, así como el de algunos de sus ministros que se adhirieron, y haciendo llegar 40 toneladas de agua embotellada, y anunciando una campaña de donación de sangre para Chile. Canadá hizo un aporte de 150 albergues de campaña. China, como Japón y Australia, concretó un aporte de 1 millón de dólares, y envió un hospital móvil, una planta para purificar agua y carpas de campaña. Corea del Sur envió un avión con personal médico y alimentos. La Comisión de la Unión Europea también de inmediato se puso a disposición de lo que requiriéramos en Chile a través de su vocero José Manuel Durao Barroso, haciendo un aporte inmediato de 4 millones de dólares. Y en especial el presidente de Francia Nicolas Sarkozy (que ofreció de inmediato 70 rescatistas y 12 perros de rastreo), el primer ministro de Gran Bretaña Gordon Brown así como la reina Isabel II. El secretario de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, expresó que Chile “cuenta con toda la cooperación” que esa organización pueda brindarle. De la misma forma, el gobierno de Israel puso de inmediato a disposición hospitales de campaña de avanzada, equipos purificadores de agua, puentes mecano e ingenieros civiles. Alemania envió especialistas en rescate, médicos y un experto en coordinar asistencia. El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, arribó al país, expresando, primero que nada, profundas condolencias, y trayendo 10 millones de dólares, teléfonos satelitales, generadores eléctricos y otros objetos, expresando su afán de apoyo humanitario y técnico, junto a los organismos que tiene la ONU. De Rusia, enviaron dos aviones de transporte IL-76, con más de 50 toneladas de carga humanitaria, consistente en frazadas, tiendas de campaña para decenas de personas, generadores eléctricos, instrumentos de rescate, extractores y purificadores de agua. La ayuda internacional y la que se ha logrado de inmediato recabar en el mismo país con una teletón bajo el nombre de Chile ayuda a Chile organizada por Mario Kreutzberger (que juntó una parte de lo que se necesita), logrará en parte paliar las pérdidas de la catástrofe estimadas en principio en unos 30 mil millones de dólares.
Ya llegará el momento de hacer evaluaciones críticas, por ahora es necesario enfrentar la urgencia, pero es necesario anotar que los sistemas informáticos internos y la comunicación digital puso en jaque a servicios cruciales. Los teléfonos celulares fueron prácticamente nulos en las zonas de catástrofe: apenas luego de varias horas comenzaron a funcionar permitiendo comunicarse primero con las redes de telefonía fija; la explicación es simple: las radioestaciones y antenas repetidoras de celulares funcionan con energía eléctrica; al fallar la electricidad, el sistema contempla como mecanismo de respaldo el funcionamiento de bancos de batería, que en la realidad deben tener un tiempo determinado de duración, pero fue un tiempo mínimo o colapsaron casi de inmediato. Asimismo se pudo comprobar que la red de Internet inalámbrica se hizo fundamental en las primeras horas, cuando, junto a la infalible radiotelecomunicación, y la mensajería SMS que siguió activa, fueron la única forma de enterarnos de lo que estaba sucediendo más allá del impacto inmediato que sufríamos cada cual donde estábamos. La preeminencia de la red virtual ha hecho posible que el V Congreso de la Lengua Española a celebrarse en Chile en estos días, que marcaba el inicio del año cultural, pasa a ser históricamente el primer congreso realizado en forma virtual. Se encontraba en Chile el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, quien aceptando suspender las actividades presenciales del encuentro, programó junto a los organizadores en Chile, y Carmen Caffarel, directora del Instituto Cervantes, subir a la web todas las conferencias plenarias, además de las publicaciones: los diccionarios de americanismos proyectados presentar, las ediciones conmemorativas de Gabriela Mistral y Pablo Neruda... Se comienza a subir a la red todo el trabajo realizado, para que queden divulgadas las actas y con acceso público al cibernauta, a partir de ahora mismo. Algo claro que aprendimos con este magno terremoto de 2010 es a impulsar la solidaridad digital, liberando la Wi-Fi en momentos difíciles mientras no se haga de uso común a todos. Aquí en Chile se esparció de inmediato la iniciativa de liberar el acceso a los routers con clave, para compartir el internet inalámbrico con quienes están desconectados, sugiriendo recomendaciones para hacer un uso racional de la web en el momento crítico, porque las redes también están en una situación de vulnerabilidad significativa, y se trata de que los recursos estén lo más disponibles posibles, evitando el tráfico de archivos pesados, así como evitar en lo posible entrar a internet con los teléfonos celulares, para no congestionar la red, en especial donde la señal es aún débil y donde la aparente mejor forma de comunicarse, si no es posible por voz, es a través de mensajes de texto.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

13 de febrero de 2010

AÑO NUEVO EN CHINA.



SALVEMOS AL TIGRE.
Hoy se inicia el Año Nuevo en China, junto con la primera Luna nueva del año solar. Hacia el año 104 aC, los chinos comenzaron a medir y observar el comportamiento de las sombras proyectadas por una varilla vertical clavada en la tierra (gnomon). De esta manera no sólo lograban determinar el inicio de las estaciones, sino que estimaron la duración del año en 365,2502 días, una aproximación excelente para la época; el año 480 de nuestra era, el sabio Ju Chongzchi lo fijó en 365,2428 días, un exceso de tan sólo 52 segundos respecto el valor actual (que es de 365,2422). En el calendario de China, debido a la Luna y su movimiento cíclico, el primer día del año puede caer en cualquier lugar entre finales de enero y mediados de febrero, correspondiente este para ellos al año 4708, desde que el año 2600 antes de nosotros el Emperador Huang Ti introdujo el primer ciclo de su zodíaco, día en que, de acuerdo a su tradición, Buda citó a los animales, de los cuales sólo llegaron 12 y éstos recibieron como premio gobernar un año, es decir convertirse en signo astral e influir en la personalidad y el carácter de quienes nacen en ese periodo. Para los astrólogos chinos, este año corresponde al Tigre, un animal que simboliza poder: las personas nacidas bajo este signo son sinceras, afectuosas y generosas; poseen un maravilloso sentido del humor y les encanta ser el centro de atención; son seres independientes y arrogantes, tenaces, inteligentes, intuitivos, sutiles y tan suaves como agresivos. Si usted nació en el año 1914, 1926, 1938, 1950, 1962, 1974, 1986, 1998 o 2010, es un tigre y por su sagacidad, cuidado y reflexión, muy capaz de defender a los niños, amigos y seres queridos contra todos los enemigos. Así, este año se va a regir por la valentía y los retos; es un ciclo favorable para las actividades relacionadas con la infancia, la defensa de la Naturaleza y el activismo social, económico y ecológico. Sin duda un buen año para los negocios, el cambio, la novedad y la competencia. El ingreso del nuevo año será hoy a las 20:53 horas de Chile. En China será en doce horas más, cuando se inician los festejos que culminan 15 días después, con el cuerpo celeste lleno, día en que se celebra el Festival de los Faroles. Este año, la fecha tiene un significado especial, ya que también cae en el Día de San Valentín, día del amor y la amistad, por lo que es un día doblemente propicio para celebrarlo. Hoy, hablar de Oriente y Occidente es obsoleto; simbólicamente anotemos aquí que en todo el planeta la persona que nació bajo el signo del tigre que goza de mayor popularidad es Marilyn Monroe, conocida en los países de Oriente como “la muy honorable actriz del trasero movedizo”.
Según la leyenda hace miles de años existía un monstruo feroz llamado Nian que entre el primero y el décimo quinto día de cada mes lunar, bajaba de las montañas para comerse las personas. Durante esos días los lugareños permanecían encerrados en sus casas hasta que un anciano muy sabio pensó que el miedo de la gente era lo que potenciaba al monstruo y los convenció de combatirlo y espantarlo con el ruido de tambores, campanas, disfrazados de dragones, quemando bambú y explotando petardos. En una fría noche, el monstruo Nian, apareció otra vez y fue obligado a retroceder por las explosiones y los ruidos que toda la gente de la aldea generaba, corriendo hasta caer derrotado por las personas: toda su fiereza no fue suficiente ante un pueblo unido para combatirlo. Desde entonces, el pueblo chino ha mantenido esta bella tradición del festival de la primavera para celebrar el nuevo año y mantener los demonios alejados de sus casas.
Hay ahora supersticiones comunes en el planeta: Si te zumban los oídos o se te ponen las orejas calientes es que alguien está hablando mal de ti; levantarse con el pie izquierdo da mala suerte y ocasionarás tener un mal día; pisar mierda trae buena suerte; de los que tienen siempre suerte, se dice que han nacido con estrella, y los otros estrellados; si se ve volando un picaflor o colibrí se puede pedir un deseo, así como cuando se observa en el cielo una estrella fugaz, al soplar las velas del pastel de cumpleaños; un juramento no tiene valor si mientras lo haces cruzas los dedos; encontrar un trébol de cuatro hojas servirá como amuleto para la buena fortuna; si quiebras o te llegaras a mirar en un espejo roto, corres el riesgo de tener 7 años de mala suerte... también acciones orientales para celebrar el Año Nuevo se van haciendo universales en esta fecha, tal cual realizar pequeñas supersticiones como la limpieza de la casa, en que se ejerce el barrido de todos los rincones de la casa. Es importante señalar que para el pueblo chino el acto de barrer tiene una metodología importante: no se debe barrer la casa mañana, primer día del nuevo año, para que la buena fortuna no se vaya, haciéndolo hoy día de la siguiente forma: comenzando en la puerta, se barre la casa hacia el centro de la sala; el polvo o basura se coloca en una esquina y no se pisa ni se bota hasta el quinto día después del año nuevo. Si barremos la basura hacia el frente o fachada exterior de la casa podremos alejar un miembro de la familia y también botaremos la buena suerte. Se debe barrer siempre de la puerta principal hacia dentro y la basura sacarla por las puertas traseras de las casas. Si se barre mañana, se está barriendo la suerte de toda la familia. Tampoco es recomendable realizar quehaceres domésticos; así que debemos asegurarnos que sobre comida esta noche para no trabajar mañana en la cocina. Se debe esperar el nuevo año con toda la casa limpia y guardados los equipos de limpieza. Sábanas limpias en las camas y toallas en los baños con paños nuevos en la cocina.
La limpieza personal se debe enfatizar también, lavando hoy día cuidadosamente el cabello. No se deben usar ropa de color negro o blanco, ya que tradicionalmente son los colores de luto, lo que debería ser un día para usar el color rojo o para añadir pintura roja en algún lugar de la casa, simbolizando un impulso extra de la energía. Las naranjas son símbolos excelente de oro. Así que en muchos hogares habrá 8, 9, o 10 naranjas (el número de la prosperidad) ubicadas en un plato en un lugar céntrico de la casa, junto a platos de frutos secos o dulces para simbolizar abundancia y hogar fecundo. Coloque una nueva planta en el sector Este de su casa para simbolizar una buena salud y las relaciones familiares para el Año Nuevo. Otra superstición implica el uso de las palabras: deben abstenerse el lenguaje soez, hablar de mala suerte o palabras ofensivas, no mencionar la palabra muerte o morir. La primera persona que se conozca y las primeras palabras que se escuchen entre hoy y mañana son significativamente importantes en cuanto a lo que la suerte será para todo el año. Es inconveniente saludar a alguien en su cuarto porque en este día, incluso los enfermos deben ser vestidos y sentados en la sala. No hacer referencias al último año ya que todo debe enfocarse hacia el Año Nuevo y un nuevo principio. No utilizar cuchillos o tijeras el día del Año Nuevo porque esto puede cortar los hilos de la fortuna que puede traer el año. Al acercarse la medianoche en esta víspera del Año Nuevo, cada puerta en la casa, e incluso las ventanas, tienen que estar abiertas para permitir que el viejo año salga. En China se acostumbra a cenar en familia y permanecer despiertos para recibir el nuevo año, con comida a base de pescados y mariscos y se conversan acciones para mejorar la salud, bienestar, prosperidad y progreso.
El tigre es el segundo animal más poderoso de su calendario, que por cierto se encuentra al borde de la extinción (el más poderoso es el dragón, que está extinguido y ahora sólo habita en los recovecos de nuestra imaginación). La organización ecologista WWF (World Wildlife Fund) advirtió hace dos días que los tigres silvestres están a punto de desaparecer en Asia, a menos que la comunidad internacional actúe con rapidez para prevenir una pérdida calificada como “devastadora” para la biodiversidad de nuestro planeta. Investigadores de WWF dijeron que en la actualidad la población de tigres silvestres se estima en tan sólo 3 mil 200 ejemplares, mientras que a principios del siglo XX, las selvas asiáticas estaban pobladas por más de 100 mil tigres. No se dispone de cifras exactas sobre la población global de tigres, pero se estima que en la actualidad quedan tan sólo 50 ejemplares en las selvas de China, cerca de 15 ‘‘tigres de Bengala’’ viven en el Tíbet, hay 10 tigres indochinos en la provincia de Yunnan, y alrededor de 20 tigres siberianos, explicó Xie Yan, director del Capítulo China de la Sociedad para la Protección de la Fauna (WCS), quienes junto a los investigadores de la WWF, afirman que de no hacerse algo rápido se calcula que la especie se podría extinguir para el año 2022. La antigua costumbre en países de Oriente de utilizar partes del tigre en la medicina tradicional es uno de los grandes problemas en contra de la supervivencia de este felino. Vayan estas lineas como modesto llamado de atención para la supervivencia del tigre.
© Waldemar Verdugo Fuentes.