OTROS GRAFICOS PIONEROS EN CHILE.
Emulando al adelantado alfabetizador fray Camilo Henríquez, la primera agrupación de carácter revolucionario anarquista en Chile fue la Unión Socialista, que se formó en 1897, pero donde se expresó mejor fue en los gremios especialmente gráficos, donde los grupos autónomos de trabajadores hasta ahora son bastiones de las prácticas libertarias; además de los obreros agremiados estucadores, pintores de brocha, zapateros, panaderos, estibadores, cuya influencia se expande a los principales centros industriales y productivos del país. Estos núcleos anarquistas recibieron un importante estímulo con la visita a Chile del notable anarquista italiano Pietro Gori el año 1900, quien ofreció charlas y conferencias. Desde entonces los anarquistas propician el método de la acción directa, vale decir, la lucha frontal llevada adelante por los mismos trabajadores contra la parte patronal y tienen por principal arma de lucha la huelga, las cuales frecuentemente asumen un carácter violento, dado el hostigamiento del Estado y su aparato represivo y de la patronal y sus poderes en contra de las demandas de los trabajadores. Por lo general, las protestas obreras encontraban por respuesta las balas policiales, militares o burguesas. Algunos ejemplos de esto, son las matanzas emblemáticas acaecidas durante la huelga del puerto de Valparaíso en 1903, en la que pierden la vida una cincuentena de obreros; la Semana Roja de Santiago, en 1905, donde el pueblo se movilizó en protesta por los precios de la carne, cayendo 250 vecinos, y la tristemente célebre masacre de la Escuela Santa María de Iquique, en 1907.
Por entonces, los anarquistas criollos no ven la necesidad de establecer una organización político-revolucionaria anarquista, y pretenden por el contrario, que las organizaciones sindicales asuman posiciones "partidarias" propias de la organización político-revolucionaria. Esta concepción anarco-sindicalista, que mezcla los roles de la organización de masas con los de la organización política (lo que no equivale a decir que a las organizaciones de masas no les corresponda asumir un rol revolucionario o posiciones tales), permanecerá hasta nuestros días, firmemente arraigada en el movimiento anarquista en Chile, donde otra de sus tareas características ha sido la lucha anti-militarista, de hecho una de las primeras actividades masivas convocadas por los anarquistas fue la protesta popular en contra del establecimiento del Servicio Militar Obligatorio el año 1900. Tuvieron un rol importante en la formación en 1905 de la Federación de Trabajadores de Chile, que enfrentó una fuerte resistencia del Estado y los poderes económicos, pero encontraron un decidido apoyo de los grupos cristianos, quienes desde entonces, y en ciertas épocas difíciles del país han actuado decididamente conjuntos apoyando al pueblo cuando ha quedado desvalido. En Chile, la propaganda anarquista pionera tiene como protagonistas a agitadores locales, como Magno Espinosa, Luis Olea, Víctor Soto Román, Esteban Cavieres, Carmen Herrera, entre los que dejaron escritos que hoy se estudian. Sin embargo, se debe citar algunos anarquistas extranjeros como el italiano Lombardozzi, que apoyó las organizaciones de trabajadores, y al enloquecido español Antonio Ramón que apuñaló (en 1914) al general Silva Renard, quien había ordenado la matanza de la escuela Santa María siete años antes, donde fue asesinado su medio hermano Mauricio Vaca, obrero baleado entre los 3600 al interior de la escuela en Iquique. Una de las puñaladas anarquistas, obligó al general a llevar un parche en el ojo hasta su muerte. Ya entrando en la década de 1910, se sostendrá un constante repunte de los anarquistas y de su actividad organizativa. Pero lo más notable, es que en esta época los anarquistas amplían su influencia más allá del sindicalismo revolucionario. En 1914 organizan la "Liga de los Arrendatarios", organización de carácter reivindicativo que llevará adelante las demandas de los arrendatarios de conventillos, respecto a cuestiones como los abusivos pagos de arriendo, las malas condiciones higiénicas, el hacinamiento... Incluso, se realizarán masivas negativas de pago de arriendos en protesta por las pésimas condiciones de vida. Por tanto, podemos considerar a los anarquistas como precursores no sólo de la organización sindical en nuestro país, sino que además, de las organizaciones "poblacionales". También aumentará la influencia de los anarquistas en las agrupaciones estudiantiles y hacia fines de esta década, la presencia anarquista se hará sentir muy fuerte en la FECh (Federación de Estudiantes de Chile, organización que agrupaba a los estudiantes universitarios y secundarios de la época, que posteriormente será sólo organización de los estudiantes de la Universidad de Chile), así como en la organización de una serie de grupos anarquistas estudiantiles, siendo quizás unos de los bastiones más importantes, la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, donde actuará el grupo Lux. A su vez, en esta época verán su aparición una serie de agrupaciones que plantearán de manera orgánica la emancipación de la mujer. Si bien este tema no era ajeno al anarquismo de principios de siglo, es en esta época que se forman una serie de "Uniones Femeninas" que agruparán a las mujeres en la lucha por igualar sus derechos con los hombres.
Cuando en 1909 se funda la Gran Federación, que luego será conocida como la FOCh (Federación Obrera de Chile) muchos gremios de influencia anarquista participan en ella, pero aquí se manifiestan las diferencias entre los trabajadores de influencia socialista de los libertarios. Este hecho, hace que muchos anarquistas tomen distancia de la FOCh y se alejen definitivamente cuando en 1912, con la formación del POS (Partido Obrero Socialista), la FOCh quede como la cara sindical de esta agrupación política. Las profundas diferencias entre las expresiones políticas de la clase trabajadora, repercutirán en sus organizaciones sindicales. Los anarquistas buscarán su camino propio para la unidad de las sociedades en resistencia. Ya en 1911 los trabajadores del área de Magallanes habían formado la FOM (Federación Obrera de Magallanes), donde coexistirán tendencias socialistas y anarquistas, pero en donde la influencia de éstos últimos será progresivamente mayor con el correr de la década, hasta llegar a ser una federación con características definidamente libertarias. En 1913 se forma la FORCh, para agrupar a las sociedades en resistencia de tendencia libertaria. Hacia fines de 1919, se llama a un gran Congreso Obrero en Santiago, donde asisten delegados de múltiples ciudades del país (Talca, Concepción, Valparaíso, Corral, Antofagasta, Iquique, etc....), aparte de los capitalinos, el que dará nacimiento a la sección chilena de los IWW (Trabajadores Industriales del Mundo- Industrial Workers of the World), con sólidos principios clasistas y que prenderá muy fuerte en todo el movimiento popular de la época. Su declaración de principios comenzaba diciendo "Entre la clase trabajadora y la clase patronal no hay nada en común", para terminar declarando que con la organización industrial de los trabajadores se formaba la estructura de la nueva sociedad dentro del cascarón de la vieja. Entre sus fines explícitos, estaba la lucha en contra del Estado, del Capitalismo, del régimen del trabajo asalariado y por combatir los prejuicios religiosos en las masas populares. Sus métodos de lucha eran la acción directa, el sabotaje y la huelga. Planteaban la necesidad de llevar la lucha frontalmente en contra del sistema capitalista. Entre sus órganos de difusión estarán "Acción Directa" (Santiago), "El Proletario" (Talca), "Mar y Tierra" (Valparaíso), entre otros menores o de gremios. Entre sus más destacados dirigentes estarán Armando Triviño, el "milico" , quien será su primer secretario general, Juan Onofre Chamorro, un destacado dirigente y activista portuario del gremio de los estibadores, Juan Demarchi, obrero carpintero de origen italiano que instruirá en la "cuestión social" al aún adolescente doctor Salvador Allende, Augusto Pinto, y los estudiantes Domingo Gómez Rojas y Juan Gandulfo. No se puede pensar en ningún caso, que la creación de este ente sindical, respondió a una copia mecánica a la experiencia de lucha de los obreros en otros lugares del mundo; no, la creación de los IWW en Chile era fruto de la maduración de la experiencia organizativa y de lucha propia de la clase trabajadora chilena desde fines del siglo pasado a través de las sociedades en resistencia. Venía a coronar el proceso de trabajo sindical comenzado por gente como Magno Espinoza y Luis Olea principiando el siglo. Además, esta organización en Chile, representaba la necesaria convergencia de los trabajadores en todo el mundo, sobre bases internacionalistas, para enfrentar a un sistema global, como es el capitalismo. Consecuente con el internacionalismo, esta organización participaba en 1925 en el segundo congreso, en Amsterdam, de la nueva Asociación Internacional de Trabajadores de corte anarco sindicalista, fundada en Berlín en 1922.
Si bien las disputas entre la FOCh y la IWW y los anarquistas, muchas veces con fundamentos y otras por puro sectarismo (con el que históricamente el socialismo atacó al comunismo anarquista), podían entorpecer el avance del movimiento, en realidad en la práctica y en muchas huelgas, las necesidades impuestas por la propia acción facilitaban la coordinación efectiva entre las dos agrupaciones obreras. Del mismo modo, existían espacios sociales en que anarquistas y la FOCh habían podido trabajar, como la Asamblea Obrera de la Alimentación (1918), instancia en donde se planteaban cuestiones urgentes del movimiento popular, como la carestía de la vida. Los anarquistas también pusieron fuertemente en práctica la unidad obrero-estudiantil. Es así como el secretario de notas del Congreso de 1919 que originará la IWW, será el estudiante Domingo Gómez Rojas, y como durante las huelgas estudiantiles por la Reforma Universitaria en 1922, la IWW se pliega al movimiento. Podemos ver también constantemente votos de "simpatía" en las asambleas de la FECh, hacia los IWW y la FOM. En 1926, se produce una escisión en el movimiento libertario con la fundación de la FORCh, por iniciativa de los obreros gráficos y de un pequeño grupo de gremios no representados en la IWW. Ello, por mayor afinidad con el modelo de federación por gremios (modelo seguido por la FORA argentina), así como producto de discusiones sectarias desde un mínimo grupo de anarquistas "principistas" que saturan la discusión y que se mantenían en posturas puras, las cuales con el paso del tiempo, producirán un alejamiento de los anarquistas de su base social de apoyo.
Las huelgas se sucedieron durante este período, sin que los patrones se mostraran mucho más blandos que a comienzos de siglo en su trato a los obreros "sublevados" pioneros: en 1913 se produce en el puerto de Valparaíso la "huelga del mono", en contra de la obligación a los trabajadores ferroviarios de fotografiarse, ya que con esto se perseguía reprimir a los activistas, en 1917 se declara huelga general de los portuarios; en 1919 comienzan una serie de movimientos huelguísticos por las ocho horas de trabajo; el mismo año en Puerto Natales durante la huelga de los trabajadores del frigorífico Bories, se abre fuego a los huelguistas ocasionando muertes ("la comuna de Puerto Natales"); en 1920 los IWW llaman a una Huelga General en Santiago por la jornada de ocho horas y en contra de la carestía de la vida; en 1921 mueren 130 trabajadores de la oficina salitrera "San Gregorio" víctimas de la represión a la huelga; en 1925 se produce la matanza de obreros huelguistas en La Coruña, al sur de Iquique. Pero como fruto de esta actividad huelguística, se consiguen importantes avances en las condiciones de vida de los trabajadores: se logra la jornada de ocho horas, se logra el descanso dominical, se logra la responsabilidad de los patrones por accidentes de trabajo, se reglamenta el trabajo nocturno, entre otros logros, pero por sobre todo se consigue fortalecer la conciencia de los trabajadores, se logra demostrar que la unidad, la organización y la lucha son las claves para el triunfo y se logra poner en cuestión al mismísimo sistema capitalista en el mundo obrero.
Los anarquistas de este período también realizan dos campañas internacionalistas de hondas repercusiones en el campo popular de ese período: la campaña de defensa a la Revolución Rusa, la cual es entusiastamente saludada por los anarquistas chilenos. Incluso, un titular de la "Verba Roja" llega a decir que la dictadura del proletariado está en camino del comunismo anárquico. Lamentablemente el posterior curso de los acontecimientos, no tardará en disipar dudas sobre el carácter burocrático que adoptaba la revolución, y en como el poder de los soviets, de genuina expresión de la clase obrera y del campesinado ruso, pasaba a convertirse en el poder dictatorial del partido bolchevique por sobre las masas populares. La otra campaña, es por la liberación de los anarquistas italianos en EEUU, Sacco y Vanzetti, los cuales, pese a las grandes protestas y a las campañas por su liberación en todo el mundo, mueren en la silla eléctrica en 1927.
A medida que crece la influencia anarquista, comienza también a crecer la represión hacia estos grupos revolucionarios que adquirían una creciente influencia en el mundo popular. Así vemos en 1918 redactada una ley de residencia que sirve como excusa para expulsar del país a múltiples agitadores anarquistas de origen extranjero, pero de larga residencia en el país, como Aquiles Lemire, Casimiro Barrios, etc. El mismo año se encarcela al redactor del periódico anarquista "La Verba Roja", Julio Rebosio, por negarse a hacer el Servicio Militar, el cual es sometido a terribles vejaciones y torturas propias de épocas de la Inquisición. Vemos también múltiples allanamientos a locales obreros y acusaciones infundadas de "dinamiteros" hacia los anarquistas criollos. En 1911 se realiza un montaje policial en que, a fin de excusar la represión a los anarquistas, los policías ponen dinamita en un convento. También entre 1923 y 1924 habrá una ola de "hallazgos" fraudulentos de dinamita en las sedes de los IWW de Iquique y Santiago, principalmente, lo que servirá como excusa para saquear esos locales y reprimir a un movimiento por razones puramente políticas. Del mismo modo, en 1920, se realiza la famosa "Guerra de don Ladislao": Ladislao Errázuriz, entonces Ministro de Guerra, ordena la movilización de tropas al norte y monta un espectáculo de peligro de guerra con Bolivia y con Perú. Así se logra crear un clima de fiebre patriotera que sirve para distraer a las masas de la crítica situación social del país, y se utiliza el montaje para justificar la represión a los anarquistas y a los IWW, acusados de estar financiados con el oro peruano. Se lleva entonces, adelante uno de los procesos más injustos y vergonzosos en la historia del país, en que se saquea y ataca el local de la FECh, de los IWW, se destruye la imprenta anarquista Númen, se encarcela y tortura por centenares a los más destacados anarquistas de la época (muchos tuvieron que pasar entonces a la clandestinidad). Como resultado de este proceso, muere víctima de las torturas el estudiante Domingo Gómez Rojas. También ese mismo año (1920) se produce el incendio del local de la FOM en Punta Arenas (como coletazo de las matanzas de obreros en la Patagonia Argentina) donde morirán 306 obreros. Esta ola represiva acabará con el establecimiento de la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo en 1927, momento en que el anarquismo será duramente reprimido, desarticulado, muchos de sus activistas serán encarcelados, relegados, fusilados, torturados y exiliados.
Durante las tres primeras décadas del siglo XX el movimiento anarquista chileno alcanzó su máximo nivel de difusión e influencia sobre el movimiento obrero, convocando a grandes manifestaciones, huelgas generales y sectoriales, meetings y protestas violentas contra el capitalismo y el estado burgués. En 1926 nació la Federación Obrera Regional de Chile (FORCH), afiliada a la internacional anarquista, Industrial Workers of the World. La influencia del movimiento libertario se hizo presente en el sector estudiantil y entre los intelectuales y artistas, en particular en la llamada generación de 1920. En la década de 1930, el movimiento anarquista entró en abierto conflicto con otras corrientes ideológicas, como radicales, socialistas y comunistas, que propiciaban un sindicalismo legal dependiente de los partidos políticos. Los anarquistas, por el contrario, propugnaban un anarco-sindicalismo libre, independiente de las leyes y del Estado. El Código del Trabajo, dictado en 1931, terminó por integrar a los sindicatos al sistema legal al regular los conflictos laborales, y acabó minando la influencia del anarquismo sobre los sindicatos. Terminada la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo, los anarquistas se reagruparon en la Confederación General de Trabajadores (CGT) pero, a pesar de los esfuerzos que hicieron por repudiar el nuevo sistema de asociación, no pudieron evitar la consolidación del sindicalismo legal. Aunque en 1953 participaron en la creación de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), pocos años después ya habían perdido su influencia sobre los movimientos laborales de alcance nacional. Con posterioridad a esta fecha, se mantiene en Chile una presencia atenuada y de baja organización pero real de todos modos. Una presencia que parece despertar entre 1970 y 1973, durante el gobierno de Salvador Allende, que es luego sofocada y se acrecienta en los tramos finales de la lucha contra la dictadura de Augusto Pinochet, que al acabarse, en la década de 1990 marcó la posibilidad de que el anarquismo surgiera como una fuerza que, en la izquierda chilena tradicional estaba totalmente olvidada. Hasta esa época ser “anarco” era como sinónimo de ser un tipo medio raro. Pero el anarquismo comenzó a verse de a poco como una corriente política, que, independiente de lo que uno pudiera pensar sobre ella, tiene todo el derecho de existir.
Entre los actuales núcleos anarco-sindicalistas podemos ubicar a Solidaridad Obrera de Concepción, vinculado a la AIT, y al Grupo Anarquista Germinal, de la localidad de Penco. Mayor desarrollo parecen tener los grupos “especificistas”: la Organización Comunista Libertaria, el Colectivo Agitación Libertaria de Arica, el Movimiento Libertario Joaquín Murieta de Temuco, el Frente de Estudiantes Libertarios y la revista Hombre y Sociedad. Pero encontraremos que la categoría más nutrida es la de aquellos grupos de acción contracultural: la distribuidora y sello Desobediencia, las Ediciones DSOBDC, el fanzine Akción Direkta, el Kolectivo Anarco Punk en Lucha de Valparaíso, la banda Malgobierno, los también punks de Terapia Radial, la Orgánica Anarquista La Idea, el Colectivo Libertario Maldita Cruz, Intoxicación, Ruido Libertario de Copiapó, Ñuñoa Rebelde y Libertaria, Anarquía y una rosa, Bomber, Colectivo Proyecto Urbano Anarquista de Antofagasta, el Nuevo Extremo y la web Subversión. Y al menos dos colectivos feministas: Mujeres Creativas y Amazonas al Choke. En el plano de actuación propio de aquellos núcleos cuyo principal centro de interés está constituido por las instituciones específicamente represivas del Estado mencionaremos a los grupos antimilitaristas GOKE y Ni Casco ni Uniforme así como al grupo de prisioneros políticos Kamina Libre. Por su parte, entre los grupos “autónomos”, como el Colectivo Esperanza Libertaria de la Comuna de Puente Alto, Bandera Negra de Santiago, Senda Libertaria de La Serena, Organización Libertaria ¡J@!, la Coordinadora de Jóvenes Libertarios, Kolectivo de Acción Antifascista, Red Anarquista del Sur y Corriente Revolución Anarquista, entre otros.
No debería llamar la atención la constatación inmediata de que el modelo de organización a construir y sus prácticas distintivas es uno de los principales puntos de desencuentro. En cierto modo, puede decirse que dicho desencuentro remite, en los años inmediatamente anteriores, a la experiencia del Congreso de Unificación Anarco Comunista ; un prematuro intento de convergencia de dicha corriente que cerró su ciclo en el año 2003 y del cual sólo sobreviven sus esquirlas. De ese mismo año 2003 data la separación entre la Organización Comunista Libertaria (OCL) y la Corriente Revolución Anarquista (CRA), agregándose en el año 2005 la escisión del Frente Anarquista Organizado (FAO) ; dicho esto de tal modo sólo para mencionar los fragmentos que mantuvieron una presencia colectiva.
Durante el Congreso de Hermenéutica Libertaria celebrado en la Universidad de Santiago de Chile (Usach) los días 6 y 7 de diciembre de 2007, se trató el anarquismo. En el Congreso no hubo hermenéutica en sentido estricto pero su sola realización en los sobrios espacios de la Escuela de Periodismo de la Usach es un elemento empírico más de confirmación de la acogida progresiva que la temática anarquista viene recibiendo en ámbitos académicos de distintos países latinoamericanos. Digamos, sin entrar en detalles de engorrosa enumeración, que las ponencias en sí abarcaron, con las diversidades y originalidades del caso, buena parte de la temática que los anarquistas suelen frecuentar en este tipo de eventos: la situación del movimiento en el mundo, la relectura de los clásicos, la investigación histórica chilena, la formulación de ciertos problemas teóricos, las características y los fundamentos de una economía autogestionaria, el rescate de los aportes femeninos, la reflexión sobre las modalidades comunicativas, la pedagogía libertaria, los enfoques anarquistas en literatura y artes visuales, etcétera. Los anarquistas mantienen un principio individualista de la libertad de asociación y de separación; afirmando que siendo el valor supremo para el hombre su libertad individual, cada hombre está facultado para no obedecer a ningún otro hombre, para actuar únicamente según su propio arbitrio. Lo que contradice su norma de que los contratos deben cumplirse, siendo que el hombre anarquista queda siempre libre de renunciar a cualquier contrato social... afirmaciones tan discrepantes que ha dado lugar hasta ahora para actuaciones diferentes de quienes se proclaman anarquistas, pudiendo afirmarse de ellos quien sea que busque una excusa para imponer a la fuerza y violentamente sus ideas. Es notable, por lo demás, destacar que en la práctica los anarquistas contemporáneos no aplican su tesis de rechazo a cualquier autoridad en su propia organización, férreamente formada con autoridades que exigen una estricta disciplina, lo que normalmente lleva a la formación de nuevos grupos que se separan del tronco común. Asimismo, cuando se ve como estos grupos emplean muchas veces una violencia irracional, matando inocentes que por casualidad se cruzan con un lugar castigado con una bomba, por ejemplo, uno perfectamente deduce que quien no respeta la vida ajena es porque no respeta la suya propia, es decir, está más que alejado de cualquier ideal de una sociedad justa, sólo posible de estar formada por personas que en principio respetan para ser respetados. No se puede esperar cosechar algo diferente de lo que se ha sembrado. El sucesor de Bakunin, Kropotkin, vio estas contradicciones anarquistas y agregó de su cosecha a la doctrina afirmaciones como de que la ley suprema de la evolución humana es llegar “desde un estado menos feliz al estado más feliz posible”, y otras tan imprecisas como las de su inspirador. Contrario a Bakunin, rechaza la propiedad privada en cualquier forma; admite sólo la propiedad social, y nombra a su sistema “comunismo anarquista”, en que la sociedad entera pone los productos comunes a disposición de todos, rescatando de Marx la norma suprema de la producción y de la distribución final de “a cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”.
Hay que reconocer en la doctrina anarquista una gran dosis de idealismo. Al igual que el comunismo parte de una rebelión contra la alienación del hombre siendo su ideal el desarrollo humano, sólo posible estando constituida nuestra sociedad por hombres libres, lo que ha llevado a políticos como Lenin a calificar al anarquismo como un “infantilismo revolucionario”. Refiriéndose a la negación sobre cualquier autoridad, Engels, dijo su frase famosa: “¿Cómo se imagina esta gente que podría funcionar un ferrocarril o un barco sin dirección? Esto no lo han explicado nunca”. En todo caso, la violencia empleada por la extrema izquierda como por la extrema derecha han servido sólo para instalar regímenes más opresores que los combatidos. Esto ha llevado a dictar leyes anti-anarquistas en los países europeos desde antes de 1870. En nuestro continente, el primero es del año 1902: durante la “II Conferencia Internacional Americana”, se firmó un Tratado de extradición y protección contra el anarquismo, firmado por 16 Estados, Norteamérica y los países latinoamericanos, excepto Brasil. Se puede afirmar que históricamente el anarquismo no tuvo y no tiene en ninguna parte resultado viable alguno. Justificar un atentado violento con un dudoso sentido de justicia es una irresponsabilidad. ¿Dónde está el título de legitimidad para cualquier juez que promulgue la violencia? No se puede representar a una clase explotada sin una base de respaldo legal, para eso son los contratos, que, por supuesto, deben ser alejados lo más posible del peligro de arbitrariedad, porque llegar a un contrato justo, es decir racional, es el medio principal para lograr los cambios revolucionarios que todos estamos decididos a realizar. Siendo básico entender que la solución a los problemas del mundo está en que cada uno haga bien su trabajo.
Se dice que las ponencias en la Universidad de Santiago en 2007 tuvieron más aroma a la izquierda revolucionaria latinoamericana de los años 60 y 70 que a otra cosa. Se repitieron cosas como el concebirse a sí mismos como un “partido” que ubica entre sus cometidos “la alfabetización política de las bases sociales en torno a la comprensión de la totalidad”, con la misión de “orientar, conducir y educar”, cuyo papel es “irremplazable en el actual orden de cosas” y que “debe apuntar en la etapa a elevar los niveles de desarrollo de conciencia para que la implementación del poder popular sea real”. Para mayores similitudes con la izquierda setentista, el “partido” también levanta “la bandera de la lucha soberana y popular de liberación, contra el imperialismo y sus aliados”.Afirmación esta última retocada algunos días después haciendo referencia en este caso a “la lucha soberana y popular de liberación contra nuestro enemigo común, el imperialismo y el Estado”; aunque nadie aclaró -en el plano específicamente teórico y previo establecimiento de una relación de igualdad- si el Estado chileno es percibido como un “aliado” del “imperialismo” o si también se lo considera una agencia de dominación con estatuto propio. Hubo preguntas sin responder o cuya respuesta no supimos interpretar. Como ¿La teoría o la acción? ¿la formación de ideas o la propaganda por los hechos? Por lo pronto parecería existir al respecto una diferencia latente pero todavía fraternal, por ejemplo entre quienes se muestran más inclinados a la reflexión y a la elaboración teóricas y aquellos que privilegian la agitación y el enfrentamiento inmediatos. Una expresión común la constituye el trabajo entre la librería-biblioteca Emma Goldman y quienes procuran revitalizar el Instituto de Estudios Anarquistas, que han producido trabajos de recreación histórica y una atención solidaria a la problemática del pueblo mapuche, las experiencias en el ámbito de la contra-información y las acciones en el campo contracultural, como aquellos que escriben un grafitti en las paredes del centro de Santiago donde dice: “Lee a Bakunin”. Ni en los escritos históricos ni en las manifestaciones orales o escritas existe una ideología anarquista definida en la forma que piensan dar al “poder” una vez conquistado, porque sus conceptos relativos a la sociedad ideal final son tan vagos que no soportan análisis posible. Desde Bakunin y Kropotkin se arrastran conceptos calificados por analistas políticos de “simplistas”: rechazan cualquier autoridad, por consiguiente predican la necesidad de la destrucción inmediata del Estado vigente, sea cual sea, incluso del posible Estado posterior a la revolución anarquista, hasta llegar a la sociedad sin clases, última fase sin ninguna etapa de transición. Creen que una vez derribada la clase dominante, los trabajadores serán capaces de dirigir ellos mismos sus empresas y toda la economía social, sin la dirección de una autoridad central, lo que fue una de las causas de la oposición radical que les expresaron Marx y Engels. Para Bakunin la ley suprema de la vida social es la del progreso evolutivo de la humanidad, ley tan vaga que como principio es aceptado por todos. Para lograr este “progreso evolutivo” Bakunin propone tanto rechazar al Estado como al Derecho positivo, porque el estado correspondería a una etapa inferior de la evolución humana (y sería, además, un producto de la religión). Así, afirma que el Estado debe desaparecer, para dar paso a una convivencia social, cuya única norma jurídica es la de que “los contratos deben cumplirse”, algo, asimismo, tan lógico que resulta cosa común; así como su filosofía social predicando que sólo en la sociedad (o la “convivencia social”) el hombre puede alcanzar la realización de su esencia humana, en que las normas aceptadas por “la voluntad general” deber ser aplicadas si es necesario por la fuerza (sin afirmar Bakunin ni ningún otro) cuál sería dicha fuerza, en ausencia del poder estatal o de cualquier autoridad. La sociedad anarquista se haría en base a asociaciones y federaciones cada vez más amplias, que van de los gremios a los municipios, las provincias, los países, las regiones hasta la sociedad humana planetaria, algo en lo que Bakunin, sin dudas, se muestra visionario si pensamos en la Red virtual de Internet, que estamos tejiendo todos, sin importar el lugar en que vivimos, que, incluso en el futuro, más allá desde las estrellas seguiremos tejiendo. Lo que puede hacer pensar que en el futuro el papel de la autoridad será menos importante, pero, considerando el mayor desarrollo se requiere una división del trabajo cada vez mayor, que no puede funcionar sin una cierta dirección central, pero pensar en la total autogestión sin autoridad alguna es una perfecta utopía. Es cierto que hoy día, con la tecnología actual y la comunicación instantánea por primera vez en la historia están dadas las condiciones para hacer llegar a todos los beneficios de la civilización y la cultura. Pero son necesarios cambios estructurales, económicos, sociales y políticos, que sólo comenzamos a vislumbrar, pero estoy convencido de que para dichos cambios que necesitamos hacer no es en absoluto necesario utilizar violencia de algún tipo, y cualquier doctrina que afirme lo contrario es un abuso y está obsoleta.
Una Cumbre Anarquista se desarrolló en Santiago entre el lunes 16 y el lunes 23 de noviembre de 2009, autorizada por las autoridades, desarrollándose todo en forma muy civilizada. Como parte de los actos, el miércoles 18, un grupo de no más de cuarenta personas, simbólicamente, acometió en la cárcel concesionada de Santiago con piedras y rayados, afirmando su principio de rechazo a las penitencias con cárcel que destruye la familia, y por la implementación de penas en educación y trabajo por la comunidad, aspirando a que, antes que nada, todas las familias tengan acceso al trabajo que provee cubrir las necesidades básicas de alimentación, habitación y vestuario. Exigiendo de inmediato la libertad de todos los jóvenes que permanecen internados en ese centro penitenciario, a cambio de educación obligatoria en escuelas como gesto político de las autoridades. Los gendarmes que custodian la otrora Penitenciaría apenas advirtieron disparando al aire un par de veces, mientras que un grupo de carabineros que llegó con sus escudos y un carro lanza aguas para dispersar a los manifestantes, no debió sufrir ningún ataque. Fue todo de lo más normal: los anarquistas realizaron su acto simbólico, tiraron piedras, rayaron un par de muros, y lanzaron sus panfletos al aire; los gendarmes viendo todo desde las ventanas y los altos en actitud alerta; los carabineros dispuestos para intervenir también lanzaron un par de chorros de agua al aire, pero en un instante, todo se dispersó y cada cuál cumplió lo que debía hacer, sin detenidos ni herido alguno. El viernes 20, una llamada anónima alertó al Metro subterráneo de una bomba en una estación concurrida, donde se formó un atoramiento, por lo que al final era una caja con dramáticos cables sobresalientes que conteníía un panfleto alusivo a la causa anarquista en letras recortadas donde se leía, más o menos: “Esto pudo ser una bomba verdadera”. El domingo 22, antes de la reunión final de cierre el lunes, básicamente centrada en estudios como toda la Cumbre Anarquista de Santiago en 2009, se realizó una marcha silenciosa por el centro de Santiago, sin presencia de fuerzas públicas. No se produjo incidente alguno y los manifestantes terminaron disueltos exponiendo sus puntos de vista entre los grupos conversadores a viva de la primera cuadra de Ahumada, y otros se unieron a los jugadores de ajedrez junto a la pérgola de cobre de la Plaza de Armas. Entre los estudios, al igual que fue punto de reflexión en el encuentro realizado en la Universidad de Santiago de Chile en 2007, se concluyó que era ultra prioritario buscar una solución al problema que implica que grupos delictuales, utilizando la violencia antigua, se atribuyan ser parte de ellos tirando al final de sus delitos falsos panfletos anarquistas.
En la Cumbre fue especialmente significativo comprobar que las organizaciones Mapuches radicadas en Santiago luchan con el mismo ímpetu que en el sur del país, pero con más ideas, educación y sin golpes. Manuel Calfiu (27), dirigente de la organización autónoma Meli Wixan Mapu, lucha a diario desde Santiago por las mismas razones que el resto de los mapuches: la restitución de las tierras que milenariamente, dicen, les han pertenecido, el respeto a los derechos humanos y colectivos, la autonomía y, como finalidad última, la auto determinación, vale decir, que ellos como pueblo indígena se encarguen de sus conflictos y problemas, sin que ello implique ser apartado del gobierno chileno, sólo que conservando esencialmente su propia raíz nacional que arranca de lo más profundo del país, y que, en vez de ser cortada, se debe preservar a toda costa exaltando su diferencia, que no es algo que les deba impedir migrar a la capital del país, si lo desean, sin que ellos les signifique perder sus tierras allá en el sur, y serles común al igual que gran parte de los chilenos, tomar el metro y conocer La Moneda y vender sus artesanías sin ser tratados como a los migrantes que llegan de Perú, Ecuador, Argentina, Bolivia y los otros países. “Al final que uno es chileno como el que más”, dice Manuel Calfiu, que debió migrar a Santiago no por elección propia: “Mis padres se vinieron del sur no por elección propia. Ellos llegaron producto del despojo del territorio durante la invasión militar en el proceso de pacificación, como le llamaron, excusándose de despojarnos al aducir que nosotros tomamos las armas, cuando no teníamos armas. Para un Mapuche salir de su tierra es como un exilio, ¿entiendes?”. Sin embargo, reconoce que en su caso, lo que para sus mayores ha sido un dolor largo, para él mismo ha sido una oportunidad de estudiar y luchar por su pueblo: “Santiago es una excelente plataforma, porque es un escenario que nos sirve para manifestar nuestras demandas en forma inteligente y organizada, utilizando las leyes chilenas confiando en que estas serán cumplidas si se trata de la verdad. Por supuesto que las organizaciones del Mapuche que llaman a las armas en el sur están hoy lejos de ser acatadas por todos nosotros, aunque sea más lo que nos une que lo que nos separa, hay quienes dejamos de tenerlos como referencia, lo que no nos hace indiferentes: lo que sucede es que ahora estamos luchando con las mismas armas legales que utiliza el chileno, cuando se enfrenta a la política de oídos sordos y gatillo fácil, que cada vez es más obsoleta, y debemos confiar y actuar pensando en que es así.” El grupo Meli Wixan Mapu tiene su propia forma de lucha. Haciendo ciclos de cine mapuche y cursos de mapudungún pretenden acercar su cultura a la gente, ya que creen que el principal motivo de la discriminación que existe contra ellos, es la ignorancia que los ciudadanos chilenos tienen respecto a sus costumbres. Tienen la certeza de que es ahí donde hay que trabajar. Además, convocan a medios de prensa y ciudadanos comunes y corrientes a sus actividades por medio de sus páginas web, tal como lo hicieron el pasado 12 de octubre en Plaza Italia, para manifestar el rechazo al “Día de la raza”, cita a la que llegaron cientos de personas. Afirma Manuel: “Decir que el movimiento mapuche es armado es un error, porque es un movimiento social y de masas, en el que debe estar comprometido todo el pueblo.”
Otro grupo de jóvenes mapuches reconocidos en la Cumbre Anarquista como ejemplo de civilización son el colectivo Wechekeche ñi trawün, quienes desde Santiago, y, por ejemplo, por medio de la música, con sus ritmos y letras contagiosas, buscan ampliar la conciencia de los chilenos para que entiendan la causa mapuche. Dice Gloria Pulkillanka (21), integrante de Wechekeche: “Buscamos informar con música, llamar a la juventud para que se reconozca como mapuche y que se dé cuenta de la realidad que vive nuestro pueblo unido por la digna sangre Mapuche. Antes éramos flojos, después alcohólicos y ahora nos llaman terroristas. Nos estigmatizan para justificar los robos a nuestras tierras y tradiciones”, dice aludiendo al trato que reciben de los medios de prensa nacionales. Por medio de tocatas y venta de Cds que ellos mismos producen, este grupo de música mapuche difunde su mensaje para que la gente conozca qué pasa en el sur de Chile con su pueblo y se entere de aquello que no aparece en ninguna parte publicado. Afirma: “No compartimos la idea de ocupar las armas para hacerse escuchar”, reconociendo que parte fundamental de su lucha está en despertar conciencia del auxilio legal y práctico que necesitan las familias y comunidades que viven en precarias condiciones especialmente en la IX Región, donde la situación es actualmente crítica. Siendo esta forma de llamar la atención en Santiago a través de la música, una forma válida de combatir, porque como dice una de sus canciones, “para un Mapuche la única derrota es no seguir luchando”. Son hombres y mujeres comprometidos con la lucha por un mundo mejor y más justo, que no se manifiestan por medio de enfrentamientos armados sino que por la cultura y su mejor herramienta: la educación.
En esta Cumbre Anarquista, como la realizada en la USACH el 2007, un elemento novedoso estuvo constituido por ponencias orientadas a dejar planteados algunos puntos de convergencia con el pensamiento anarquista desde las visiones humanista y cristiana, en que se afirmó que a pesar de que a lo largo de la Historia muchos cristianos y anarquistas se han combatido mutuamente, si se observa la teoría y práctica anarquista y la de los primeros cristianos se pueden encontrar evidentes vasos comunicantes. Las diferencias entre ambos movimientos a nivel político son claras. En primer lugar, el cristianismo parte de la prédica en la existencia de Dios y el anarquismo lo niega. En segundo lugar, especialmente durante el siglo XIX y XX, miembros de los dos bandos se combatieron furibundamente. Baste como ejemplo trágico el caso de la Guerra Civil Española. Sin embargo, cabe preguntarse si esos enfrentamientos no tienen que ver con posicionamientos institucionales estratégicos más que con diferencias ideológicas esenciales. Más concretamente con el proceso que lleva a las organizaciones religiosas a identificarse con el orden político social imperante de la época (que tiene como paradigma el sistema feudal medieval) y por lo tanto, a oponerse a todo movimiento humano emancipador como sin lugar a dudas lo es el anarquismo. Pero cada vez más la línea divisoria entre los seres humanos no está constituida por la proclamación explícita de la existencia de Dios o su negación sino por la adhesión o el rechazo a ciertos valores humanos fundamentales. O como lo expresaba el escritor inglés católico G.K. Chesterton con fina ironía: “el problema no está en los que no creen en nada sino en los que se lo creen todo.”
(Fragmento de “Perspectiva de la No-Violencia”)
(c)Waldemar Verdugo Fuentes, 2009
24 de octubre de 2009
LA PAZ SE CONSTRUYE.
LA PAZ SE CONSTRUYE.
Enfrentando las ideas que utilizan la violencia como herramienta de cambio revolucionario, el pensamiento cristiano utiliza en la práctica el amor, es decir, la fuente origen de la no-violencia. La más pura tradición cristiana de los primeros cuatro siglos es un testimonio de esta actitud de no-violencia, en que el cambio revolucionario está en la misma vida y prédica de Jesucristo, lo que inspira en sus seguidores a fieles que no se conforman con el orden establecido, y opta siempre por los cambios necesarios para que la sociedad sea cada vez mejor, en búsqueda de la perfección en su expresión estricta. Por eso confiarse en la violencia es ajeno a un cristiano, que confía sólo en la fuerza creadora del amor, que también se identifica en el quehacer con la verdad. Dudosamente podría haber sobrevivido el pensamiento cristiano si es que sus discípulos de las primeras épocas hubiesen respondido con violencia a la violencia que sufrieron. El compromiso social de los cristianos en el desarrollo de la humanidad, es una consecuencia del amor. El Papa Juan XXIII, en la Encíclica Pacem in Terris sostiene: “El orden propio de las comunidades humanas es de esencia moral. En efecto, es un orden que tiene por base la verdad, que se realiza en la justicia, que puede ser unificado por el amor, que encuentra en la libertad un equilibrio sin cesar restablecido y siempre más humano”. Jesucristo se sitúa en el Sermón de la Montaña como el que viene a perfeccionar la ley por el amor. No llega a destruir la ley sino a completarla: “No piensen que he venido a destruir la Ley o los Profetas. No he venido a abrogarla sino a consumarla. No vine a destruir, sino a cumplir” (Mateo 5, 17). La ley del amor guía la conducta cristiana, para quien la respuesta a la violencia es llegar al diálogo verdadero, aunque para lograrlo la lucha implique actos de rudeza, simbolizado en Jesucristo expulsando a los mercaderes del Templo, pero a la vez símbolo de la verdad respetada en el uso de las cosas para lo que son creadas, sin usurpar ni pasar a llevar, imponiendo la verdad haciéndose aborrecible de los mercaderes, pero “Si el mundo os aborrece, sabed que me aborreció a mi primero que a vosotros” (Juan 15, 18). La violencia no puede justificarse mas que a título de medio proporcionado; requiere un juicio correcto sobre una situación determinada. Instando siempre a la resistencia pasiva, es decir, la no obediencia a las leyes injustas de un gobierno legítimo. Cuando el gobierno es legítimo y hace mal uso de su poder, por leyes represivas, la resistencia pasiva es aplicable. En todo caso, los cristianos no oponen resistencia a la persecución, convencidos de que también en esta entrega está su máxima fuerza: dar testimonio de la verdad. La fuerza legada por Jesucristo radica en la entrega con la que se vive la verdad. Siendo la no-violencia un sello que lleva al cristiano a plantearse siempre situaciones nuevas, lo que la hace una experiencia progresista en el más amplio sentido, y es lo que le permite responder siempre a las situaciones nuevas, porque la no-violencia como consecuencia del amor humano es una fuerza invencible que supera todas las dificultades. En la Encíclica Rerum Novarum escrita por el Papa León XIII y en los escritos del cuarto año de regencia del papa Pío XI, se encuentra toda la concepción social, una organización de la sociedad, una doctrina sobre el poder y la autoridad en que la base es la exclusión de la violencia como método del cambio social, un orden nuevo fundado en la consecución del bienestar común, en el que la persona del trabajador es lo más importante, por lo que rechazan tanto el capitalismo burgués de derecha como la lucha de clases de izquierda, en que la columna vertebral es el principio del “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
El Papa Pablo VI en su Encíclica Populorum Progressio también se refiere a la no-violencia, con una visión enfocada en el desarrollo humano, que considera urgente y un bien al que se debe dar prioridad; que debe ser realizado con la colaboración de todos, porque nadie pueder ser marginado ni debe marginarse del desarrollo, por ser condición esencial de la paz, citando a la palabra “desarrollo” como un nuevo nombre de la paz. Afirma que muchas veces la violencia se ubica en la lucha por lograr el desarrollo, que debe ser logrado en forma acelerada pero nunca improvisada, que podría acarrear consecuencias peores. Afirma Pablo VI: “Hay que darse prisa. Muchos hombres sufren y aumenta la distancia que separa el progreso de los unos del estancamiento y a un retroceso de los otros. Sin embargo, es necesario que la labor que hay que realizar progrese armoniosamente, so pena de ver roto el equilibrio que es indispensable. Una reforma agraria improvisada puede frustrar su finalidad. Una industrialización brusca, puede dislocar las estructuras, que todavía son necesarias, y engendrar miserias sociales, que serían un retroceso para la humanidad”. Afirma que los desniveles en el desarrollo son los que producen condiciones sociales de injusticia, creándose condiciones y situaciones sociales de violencia. Pero falta el compromiso con el trabajo de cada uno, falta responsabilidad, iniciativa y actitud. Para el cristiano hay armonía entre la fe y la acción que es guiada por el amor. El costo humano de la violencia es demasiado elevado, y para los cristianos no es lícito combatir un mal real al precio de un mal mayor, porque el bien siempre vence al mal.
Las instituciones ayudadas a través del tejido común en la Red deben adecuarse a los cambios sociales, antes de ser un factor de freno, deben ser fuentes de desarrollo y adelanto. Porque existen estructuras agrarias, formas de distribución de la propiedad y el trabajo, sistemas educacionales, usos y prácticas, que por haberse vuelto arcaicos, son verdaderas fuentes de violencia legalizada. Lo que no hace toda estructura necesariamente violenta; sociológicamente las instituciones siempre son necesarias para el desarrollo normal de la sociedad, cuando evolucionan con ella. Las transformaciones que estamos viviendo en aspectos tan importantes como el libre tránsito de bienes por el levantamiento de fronteras y los tratados de libre comercio, hacen urgente transformar economías caníbales a una más humana, justa y equilibrada que impulse el desarrollo de toda la raza comunicada por la Red virtual, una economía que no conseguiremos en forma improvisada y por la vía violenta, que sólo conduce a diferencias de desarrollo y crecimiento. La paz se construye. Y con ella un nuevo orden social más humano, centrado en el desarrollo pleno, donde los derechos humanos son legítimamente asegurados y respetados, donde el cambio social en beneficio común no sólo es aceptado, sino impulsado por todos en plena solidaridad amorosa. La paz es obra de la justicia, como resultado de un orden en que es respetada la dignidad humana, satisfechas las legítimas aspiraciones, en verdad libres, cuando el hombre no es objeto sino agente de su propia historia. Por esto siempre la reconstrucción social y política debe buscar servir al hombre común, no a los intereses privados. Cuyo desarrollo exige planes ordenados, pasos escalonados, actos claros y sistemáticos. Pidamos al cielo menos combatientes y más trabajadores responsables de su obra; deseosos de construir y no destruir. Para ellos, reformemos y reemplacemos lo que debe ser reemplazado, rescatemos lo que debe ser conservado y mejoremos lo digno de mejorar, que es todo, porque en la vida en general alienta un gran espíritu de audacia creadora, o no estaríamos aquí, ahora.
Lo que da origen a la acción no-violenta es cierta convicción profunda, que no se basa en el cálculo, a pesar de que el cálculo aconseja también evitar la violencia. Mientras menos violencia más humanidad. Lo que significa que la no-violencia no es una forma abstracta de “dar testimonio”, porque nació y está viva como una forma de lucha. Porque si bien tiene como base un aspecto trascendente que no pertenece al mundo físico, como es el amor, y que le da fuerza, como forma de lucha actúa en este mundo para solucionar los problemas concretos. No está situada solamente en una actitud ética de creencia, sino como una responsabilidad. No se trata de dejar las cosas en las buenas manos de Dios en los concerniente a los resultados de nuestra acción; se trata de ser responsables de las consecuencias de nuestros actos, no dando las espaldas a las realidades históricas escudados en principios mal entendidos. Porque la no-violencia nace como una dimensión social de compromiso con los otros, con los que sufren violencia. El Mahatma Gandhi la veía como una religión, que explicaba diciendo: “Una religión que no tiene para nada en cuenta las cosas de índole práctica y no ayuda a realizarlas, no es una religión... una religión que está en conflicto con las leyes fundamentales de la economía, es mala”. Siendo una acción de amor, la no-violencia tiene como contenido y objetivos inmediatos el compromiso social y, por lo tanto, político en el más completo sentido de eficacia. No busca sólo convertir, sino remover los obstáculos. Porque viene a oponerse no solamente a la violencia de la guerra o el terrorismo de las armas, sino también a la violencia política, económica y cultural organizada y mantenida por la institución y la ley cuando es indigna. Es decir, no enfrenta una forma de violencia -negarse al servicio militar para oponerse a la violencia militar, por ejemplo- y de combatirla sólo a ella, desviando la atención sobre las otras formas de violencia, que pueden constituir una forma más grave de peligro inmediato para la persona: antes de denunciar los actos, la no-violencia denuncia las situaciones que los provocan para atacar las raíces de la violencia. Porque es un fin, no un medio. Pues no persigue solo la puesta en acción de obras capaces de resolver los conflictos sin recurrir a la violencia, sino que busca instaurar un modo de vida, una manera de ser en la relación entre las personas fundada en la solidaridad y la participación, de compromiso del uno para el otro, cuyo fin es la paz de la justicia. Que no puede ser alcanzada más que por medios pacíficos, por ser la no-violencia una afirmación radical de paz apoyada en la “fuerza de la verdad” o “fuerza del amor”, como la definía Gandhi, a quien se le atribuye esta frase: “Soy un político que hace lo posible por ser santo”.
Varios pensadores rescatan analogías entre la no-violencia con la democracia, considerada, cuando no es desviada de sus principios, como la sociedad no-violenta del futuro, pero en la actualidad como medio ambiente adecuado para el desarrollo y prácticas no-violentas. Como solía decir J.L. Borges, actualmente “la democracia es una superstición”, pero los principios democráticos tradicionales de Igualdad, Libertad, Fraternidad, son principios no-violentos, inspirados en un pensamiento de respeto a todas las opiniones y creencias así como a las personas que detentan las diversas posiciones, como base. Considerando en común que los hombres, en tanto seres humanos o ciudadanos, tienen una parte de la verdad que aportar, y que nadie puede pretender imponer la verdad a los demás. Para los demócratas, quien así lo pretende es un totalitario, cuya acción destruye la vigencia social general, y el acuerdo implícito de mutuo respeto, en que quien detenta una posición determinada no sólo tiene derecho a defenderla y difundirla, sino que en cierto sentido vital tiene el deber de hacerlo, por cuanto se trata de estar comprometidos en una tarea común: el desarrollo armónico de toda la sociedad, donde cabe el mundo entero, cada uno de sus integrantes, porque los integrantes de una democracia orgánica, practicada sin fallas ni desviaciones, están comprometidos en una tarea común. Esta noción de búsqueda común de la verdad es evidente en la no-violencia. El biógrafo del Mahatma Gandhi, Nirmal Kumar Bose lo explica así: “Literalmente la palabra sánscrita “satyagraha” con la que Gandhi definía la no-violencia significa “persistencia en la verdad”; su premisa básica es que ningún hombre capta la verdad total, por lo que no tiene derecho moral a imponer su interpretación particular de la verdad a los demás. Sin embargo, tiene el derecho y el deber de vivir según sus propias ideas, y de oponerse a todo lo que le parezca incorrecto en las ideas ajenas”.
El pastor Martin Luther King afirma de su acción militante: “Este es el verdadero valor y sentido de la compasión y la no-violencia: ayudarnos a apreciar el punto de vista del enemigo, a oír sus preguntas, a conocer su apreciación de nosotros mismos. Porque desde su punto de vista nosotros podemos ver realmente las debilidades básicas de nuestra posición, y si somos maduros, podemos aprender a fortalecernos y sacar ventajas de la sabiduría de nuestros hermanos que llamamos oposición”. En otro escrito (“Por qué no podemos esperar”), Martin Luther King afirma: “La meta de nuestro programa de acción directa radica en crear una situación tan pletórica de crisis (no violentas) que desemboque inevitablemente en la salida negociadora”; y afirmaba que la no-violencia era posible en Estados Unidos porque el adversario no tenía un frente unido, pues eran muchos los norteamericanos blancos que respondían positivamente a la tradición igualitaria y libertaria de todos los seres humanos. Gandhi también reconoció que su lucha era posible también por la tradición legal de libertad de los propios opresores, los ingleses; sobre sus condiciones de lucha en India, Jacques Maritain (en “El hombre y el Estado”) afirma: “En efecto, los éxitos de Gandhi no fueron posibles más que dado el trasfondo de libertad relativa acordado a los hindúes por la administración británica, en virtud de una vieja tradición liberal aristocrática, y de la creencia cínicamente errónea en una utilización posible de Gandhi”.
El ideal de no-violencia, en su aspecto económico, es llegar a una sociedad básicamente igualitaria, en la que el control de los medios de producción debe ser claramente social, en un mundo tal que nadie sufra por faltas de alimentos, ropa, vivienda y cultura; un mundo con las condiciones suficientes para que todos estén en condiciones de tener un trabajo para cubrir sus necesidades, un mundo como una república de vecinos independientes y dignos atendiendo su trabajo bien servido para lograr su sustento, y practicar su libertad desarrollando su voluntad hasta que la explotación sea obsoleta por no conveniente. En este sentido, la relación entre no-violencia y democracia es que sólo la no-violencia desarrolla la democracia verdadera. También el pensamiento de la no-violencia es unánime en afirmar que sólo puede ser practicada en un régimen de respeto a los derechos humanos, lo que no hace imposible, por supuesto, practicarla allí donde no existen derechos humanos o donde el poder político es francamente violento. Sin embargo, idealmente la no-violencia es resultado de un cierto desarrollo de la civilización en relación a los conceptos filosóficos y morales de persona humana y libertad, y de conceptos políticos sociales como la democracia. Para los grandes precursores de la no-violencia en el siglo XX, este es un conocimiento de tipo experimental, en que la teoría y práctica se fecundan mutuamente. No es un conocimiento científico, sistemático o religioso ni metafísico, la no-violencia es un asunto de experiencia, en constante innovación que nace de la observación de los hechos y del juicio real que se va formando como consecuencia del desarrollo logrado por la práctica. Gandhi anota: “Mi propio conocimiento del satyagraha aumenta diariamente. No tengo textos para consultar en momentos de necesidad, ni siquiera el libro sagrado Gita, al que he llamado mi diccionario. Tal como yo lo concibo, la no-violencia es una ciencia en gestación”. Para él, la no-violencia está destinada a ser un día la norma común de actuación moral de la humanidad: “La no-violencia no está destinada a los santos; es para el común de los hombres. Es la ley de nuestra especie, como la violencia es la ley del bruto. El espíritu duerme en el bruto. La dignidad del hombre quiere una ley más elevada: la fuerza del espíritu”.
En el sentido más amplio la no-violencia es brutal, si se entiende por violencia “la intensidad de la voluntad que se moviliza enteramente para la conquista del objeto deseado”. De esta manera se entiende al evangelista Mateo (11, 12): “El reino de los cielos sufre violencia y son los violentos los que le dan la fuerza”. Así, la no-violencia es una práctica para los espíritus fuertes, comprometidos con la defensa de la verdad y el derecho objetivos, que no busca primero convencer de las propias ideas, sino en reconciliar al entorno en primer lugar consigo mismo y a todos entre sí. En palabras de Thomas Merton (en “La violencia de los pobres”): “Cuando los poderosos creen que sólo la fuerza es eficaz, el resistente no-violento está convencido de la superior eficacia del amor, de la apertura, de la negociación pacífica, y por encima de todo, de la verdad. Porque la fuerza puede garantizar el bien de algunos hombres, pero en ningún caso permitirá el desarrollo del bien del hombre. La violencia siempre protege el bien de unos cuantos a expensas de todos los demás. Sólo el amor puede alcanzar y proteger el bien de todos. La pretensión de construir la seguridad de todos a partir de la violencia es una impostura”.
Es evidente que la no-violencia en un sentido amplio debe tomar partido. Debe estar con los más desprotegidos e impotentes frente a los poderes económico o políticos. Al mismo tiempo no debe estar politizado en un sentido partidista ni ser dependiente de ideología alguna ni de orientación que no sea la verdad objetiva. El expresarse y organizarse debe brotar de situaciones concretas de opresión general sin utilizar la ambigüedad en la protesta; sin utilizar el fanatismo ni tomar riesgos inútiles o desproporcionados con el fin perseguido. La lucha no debe estar jamás desconectada del diálogo, ya que éste y el encuentro de la verdad objetiva es su finalidad. Por ello mismo, la posición no-violenta es humilde, es decir, está dispuesta a rectificar aquellas propias posiciones donde se descubre el error, reconociendo la parte de verdad que hay en el adversario: lo que no es un error táctico, es la confianza del hombre que sustenta el espíritu del diálogo, quien observa inteligentemente los hechos. En gran parte la eficacia de la no-violencia también se encuentra en la habilidad para hablar con coraje y firmeza a aquellos que tienen el poder de hacernos daño. El hombre no-violento nunca es temeroso, por eso también expresa su disconformidad llevando a cabo actos prohibidos por la ley o la costumbre (desobediencia social) o rehusándose a cumplir con un acto acostumbrado o requerido (no cooperación con el violento). Utilizando cuatro métodos para alcanzar fines sociales sin violencia: 1) Publicidad, incluyendo comunicaciones y educación dirigida a formar opinión pública; 2) negociación o comunicación con pequeños grupos de oposición, intentando concluir un acuerdo más formal y obligatorio, incluyendo diplomacia como negociación internacional; 3) acción política democrática, tal como elecciones, la aprobación de leyes y decisiones judiciales, procedimientos basados en el consentimiento y que no activan la violencia latente en el Estado, y 4) presión económica, tal como huelgas y otras expresiones de protesta económica, presentando demandas escogidas.
Toda acción no-violenta comienza con intentos de establecer una negociación, la que es definida como un intento de conseguir comprensión, de definir los problemas, y si esto no es posible, de realizar un acuerdo por medio del trabajo directo en las elecciones, en los cuerpos legislativos, o en las Cortes. Cuando no hay acuerdos dignos, una vez concluida la etapa de negociación, se inicia la acción no-violenta propiamente tal, teniendo en cuenta que en toda sociedad hay cuatro zonas de acción para todo grupo reformista. Primero, está la zona en que se sitúan las actividades alentadas e incluso toleradas por la sociedad; luego, las actividades no aprobadas, pero toleradas; en tercer lugar, aquellas actividades que merecen sanción, y, por último, las conductas que son percibidas como una amenaza grave para la sociedad. La regla general es evitar la violencia en la mayor extensión posible, lo que para la conciencia cristiana hace percibir la no-violencia como medio de cambio social o político que implica un progreso por sobre los medios violentos, y al ser un medio que se inspira en un credo de amor, no es fruto de una emoción sin trascendencia ni objetivos concretos: es voluntad del bien verdadero en la situación presente, por esto las religiones son afines a este ideal.
El doctor Jesús Ginés Ortega que ha sido académico del área de filosofía de las universidades Católica de Chile y Gabriela Mistral, y es director del Instituto Berit para la familia de la Universidad Santo Tomás, ha declarado la intrínseca relación entre la educación, la familia y la violencia escolar, tres factores que considera relevantes, “en esta época bastante violenta que vivimos”. Asegura que en la actualidad “la violencia está extendida en todo el mundo; en Chile llegamos a un momento en que nos encontramos con una juventud contestataria, desencantada y claro que no es toda, pero hay ciertos líderes que van en esa línea. El único modo de evitar la violencia es contener dentro de sí un desarrollo de la vinculación con los demás, y si lo quiere más sencillo: el amor. Amarse a sí mismo, al prójimo, a la familia, a los compañeros y a los amigos. Incluso, el amor al adversario y al enemigo. Por supuesto que no creo que el hombre actual sea más violento que el antiguo, soy más optimista. Lo que pasa es que ahora conocemos más todo lo que pasa. Aunque, en la selección que hoy nos entregan los medios de comunicación me da la impresión de que siempre se selecciona lo más malo de todo, igual todos los días uno es testigo de una violencia más exacerbada, de que en la calle ya no andas tranquilo, ya no puedes dormir sin pensar que tu casa puede ser asaltada. También está el tema de la responsabilidad penal para los menores. Pero sin lugar a dudas todo parte de la familia. Si la familia se destruye, el hombre se destruye. Y la educación aquí es importantísima, porque el hombre tiene que ser bien educado y esa tarea se hace con dolor. La virtud de la recompensa de todo esto se siente al final, porque al principio cuesta y duele. Si queremos construir al hombre, reconstruyamos la familia. Que los jóvenes y niños hagan lo que quieran, que se expresen como quieran tampoco es absoluto. La idea es que se eduque bien a los adolescentes, y esta no es una tarea fácil; ser generoso, humilde y auto controlarse cuesta. Sin embargo, hay algo que siempre se debe tener en cuenta, y que es que mientras el hombre sea hombre va a tener dificultades de convivencia. La violencia tiene que ver con las expectativas de las personas y de lo que ellos observan. Cuando una persona busca algo que no logra, se frustra y eso genera estrés, desgano, desesperanza. Y si es en la misma familia donde se producen actos de violencia, es porque sus miembros no están preparados ellos mismos para enseñar al joven, es porque los adultos de esa familia no manejan el autocontrol que da la educación; y es ahí donde se provoca el choque. Es por eso que yo creo que la educación es lo único que puede con la violencia. En Chile la expresión de violencia en los jóvenes no es diferente entre los estudiantes de los colegios públicos o privados, lo que indica que en los diversos estratos sociales del país hay un igual grado de vulnerabilidad frente a un problema como la violencia en los jóvenes, cuya solución está en la expresión política del amor expresado en la educación”.
Por ahora, la invitación a caminar juntos está hecha para todos quienes en el mundo creen en la paz y la justicia; a los oprimidos; a quienes padecen en los países pobres o viven como pobres en los países desarrollados; a los que ven en la injusticia la violencia principal; a los que hayan optado por la violencia sangrienta de las armas, sin resultados excepto más violencia, y empiezan a encontrar en la no-violencia la solución; a quienes han descubierto en su propia religión la fuerza necesaria para entregarse totalmente a la justicia como condición previa para la paz. Algún día será necesario reunir de todos los libros sagrados los cantos a la paz y la justicia, que resume todas las virtudes y acerca más que todo a la perfección accesible a todos. Porque sea cual sea el color de la piel, la forma de los ojos, los labios y la nariz, la estatura o el peso, nadie es un infra-hombre ni un super hombre, cada cual es una criatura humana. Tenemos una cabeza, un corazón, aspiraciones y sueños. Y cualquiera que sea nuestra lengua, poco conocida, o muy difundida, limitada o rica, seremos capaces de entendernos. El rostro, la sonrisa, los gestos de paz y cordialidad son un lenguaje universal, capaz de probarnos que estamos muchos más cercanos de lo que imaginamos. Basta el deseo del corazón, el lenguaje del amor que desea un mundo más justo. Lo importante es empezar, ahora mismo.
(Fragmento de “Perspectiva de la No-Violencia”)
(c)Waldemar Verdugo Fuentes, 2009
Enfrentando las ideas que utilizan la violencia como herramienta de cambio revolucionario, el pensamiento cristiano utiliza en la práctica el amor, es decir, la fuente origen de la no-violencia. La más pura tradición cristiana de los primeros cuatro siglos es un testimonio de esta actitud de no-violencia, en que el cambio revolucionario está en la misma vida y prédica de Jesucristo, lo que inspira en sus seguidores a fieles que no se conforman con el orden establecido, y opta siempre por los cambios necesarios para que la sociedad sea cada vez mejor, en búsqueda de la perfección en su expresión estricta. Por eso confiarse en la violencia es ajeno a un cristiano, que confía sólo en la fuerza creadora del amor, que también se identifica en el quehacer con la verdad. Dudosamente podría haber sobrevivido el pensamiento cristiano si es que sus discípulos de las primeras épocas hubiesen respondido con violencia a la violencia que sufrieron. El compromiso social de los cristianos en el desarrollo de la humanidad, es una consecuencia del amor. El Papa Juan XXIII, en la Encíclica Pacem in Terris sostiene: “El orden propio de las comunidades humanas es de esencia moral. En efecto, es un orden que tiene por base la verdad, que se realiza en la justicia, que puede ser unificado por el amor, que encuentra en la libertad un equilibrio sin cesar restablecido y siempre más humano”. Jesucristo se sitúa en el Sermón de la Montaña como el que viene a perfeccionar la ley por el amor. No llega a destruir la ley sino a completarla: “No piensen que he venido a destruir la Ley o los Profetas. No he venido a abrogarla sino a consumarla. No vine a destruir, sino a cumplir” (Mateo 5, 17). La ley del amor guía la conducta cristiana, para quien la respuesta a la violencia es llegar al diálogo verdadero, aunque para lograrlo la lucha implique actos de rudeza, simbolizado en Jesucristo expulsando a los mercaderes del Templo, pero a la vez símbolo de la verdad respetada en el uso de las cosas para lo que son creadas, sin usurpar ni pasar a llevar, imponiendo la verdad haciéndose aborrecible de los mercaderes, pero “Si el mundo os aborrece, sabed que me aborreció a mi primero que a vosotros” (Juan 15, 18). La violencia no puede justificarse mas que a título de medio proporcionado; requiere un juicio correcto sobre una situación determinada. Instando siempre a la resistencia pasiva, es decir, la no obediencia a las leyes injustas de un gobierno legítimo. Cuando el gobierno es legítimo y hace mal uso de su poder, por leyes represivas, la resistencia pasiva es aplicable. En todo caso, los cristianos no oponen resistencia a la persecución, convencidos de que también en esta entrega está su máxima fuerza: dar testimonio de la verdad. La fuerza legada por Jesucristo radica en la entrega con la que se vive la verdad. Siendo la no-violencia un sello que lleva al cristiano a plantearse siempre situaciones nuevas, lo que la hace una experiencia progresista en el más amplio sentido, y es lo que le permite responder siempre a las situaciones nuevas, porque la no-violencia como consecuencia del amor humano es una fuerza invencible que supera todas las dificultades. En la Encíclica Rerum Novarum escrita por el Papa León XIII y en los escritos del cuarto año de regencia del papa Pío XI, se encuentra toda la concepción social, una organización de la sociedad, una doctrina sobre el poder y la autoridad en que la base es la exclusión de la violencia como método del cambio social, un orden nuevo fundado en la consecución del bienestar común, en el que la persona del trabajador es lo más importante, por lo que rechazan tanto el capitalismo burgués de derecha como la lucha de clases de izquierda, en que la columna vertebral es el principio del “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
El Papa Pablo VI en su Encíclica Populorum Progressio también se refiere a la no-violencia, con una visión enfocada en el desarrollo humano, que considera urgente y un bien al que se debe dar prioridad; que debe ser realizado con la colaboración de todos, porque nadie pueder ser marginado ni debe marginarse del desarrollo, por ser condición esencial de la paz, citando a la palabra “desarrollo” como un nuevo nombre de la paz. Afirma que muchas veces la violencia se ubica en la lucha por lograr el desarrollo, que debe ser logrado en forma acelerada pero nunca improvisada, que podría acarrear consecuencias peores. Afirma Pablo VI: “Hay que darse prisa. Muchos hombres sufren y aumenta la distancia que separa el progreso de los unos del estancamiento y a un retroceso de los otros. Sin embargo, es necesario que la labor que hay que realizar progrese armoniosamente, so pena de ver roto el equilibrio que es indispensable. Una reforma agraria improvisada puede frustrar su finalidad. Una industrialización brusca, puede dislocar las estructuras, que todavía son necesarias, y engendrar miserias sociales, que serían un retroceso para la humanidad”. Afirma que los desniveles en el desarrollo son los que producen condiciones sociales de injusticia, creándose condiciones y situaciones sociales de violencia. Pero falta el compromiso con el trabajo de cada uno, falta responsabilidad, iniciativa y actitud. Para el cristiano hay armonía entre la fe y la acción que es guiada por el amor. El costo humano de la violencia es demasiado elevado, y para los cristianos no es lícito combatir un mal real al precio de un mal mayor, porque el bien siempre vence al mal.
Las instituciones ayudadas a través del tejido común en la Red deben adecuarse a los cambios sociales, antes de ser un factor de freno, deben ser fuentes de desarrollo y adelanto. Porque existen estructuras agrarias, formas de distribución de la propiedad y el trabajo, sistemas educacionales, usos y prácticas, que por haberse vuelto arcaicos, son verdaderas fuentes de violencia legalizada. Lo que no hace toda estructura necesariamente violenta; sociológicamente las instituciones siempre son necesarias para el desarrollo normal de la sociedad, cuando evolucionan con ella. Las transformaciones que estamos viviendo en aspectos tan importantes como el libre tránsito de bienes por el levantamiento de fronteras y los tratados de libre comercio, hacen urgente transformar economías caníbales a una más humana, justa y equilibrada que impulse el desarrollo de toda la raza comunicada por la Red virtual, una economía que no conseguiremos en forma improvisada y por la vía violenta, que sólo conduce a diferencias de desarrollo y crecimiento. La paz se construye. Y con ella un nuevo orden social más humano, centrado en el desarrollo pleno, donde los derechos humanos son legítimamente asegurados y respetados, donde el cambio social en beneficio común no sólo es aceptado, sino impulsado por todos en plena solidaridad amorosa. La paz es obra de la justicia, como resultado de un orden en que es respetada la dignidad humana, satisfechas las legítimas aspiraciones, en verdad libres, cuando el hombre no es objeto sino agente de su propia historia. Por esto siempre la reconstrucción social y política debe buscar servir al hombre común, no a los intereses privados. Cuyo desarrollo exige planes ordenados, pasos escalonados, actos claros y sistemáticos. Pidamos al cielo menos combatientes y más trabajadores responsables de su obra; deseosos de construir y no destruir. Para ellos, reformemos y reemplacemos lo que debe ser reemplazado, rescatemos lo que debe ser conservado y mejoremos lo digno de mejorar, que es todo, porque en la vida en general alienta un gran espíritu de audacia creadora, o no estaríamos aquí, ahora.
Lo que da origen a la acción no-violenta es cierta convicción profunda, que no se basa en el cálculo, a pesar de que el cálculo aconseja también evitar la violencia. Mientras menos violencia más humanidad. Lo que significa que la no-violencia no es una forma abstracta de “dar testimonio”, porque nació y está viva como una forma de lucha. Porque si bien tiene como base un aspecto trascendente que no pertenece al mundo físico, como es el amor, y que le da fuerza, como forma de lucha actúa en este mundo para solucionar los problemas concretos. No está situada solamente en una actitud ética de creencia, sino como una responsabilidad. No se trata de dejar las cosas en las buenas manos de Dios en los concerniente a los resultados de nuestra acción; se trata de ser responsables de las consecuencias de nuestros actos, no dando las espaldas a las realidades históricas escudados en principios mal entendidos. Porque la no-violencia nace como una dimensión social de compromiso con los otros, con los que sufren violencia. El Mahatma Gandhi la veía como una religión, que explicaba diciendo: “Una religión que no tiene para nada en cuenta las cosas de índole práctica y no ayuda a realizarlas, no es una religión... una religión que está en conflicto con las leyes fundamentales de la economía, es mala”. Siendo una acción de amor, la no-violencia tiene como contenido y objetivos inmediatos el compromiso social y, por lo tanto, político en el más completo sentido de eficacia. No busca sólo convertir, sino remover los obstáculos. Porque viene a oponerse no solamente a la violencia de la guerra o el terrorismo de las armas, sino también a la violencia política, económica y cultural organizada y mantenida por la institución y la ley cuando es indigna. Es decir, no enfrenta una forma de violencia -negarse al servicio militar para oponerse a la violencia militar, por ejemplo- y de combatirla sólo a ella, desviando la atención sobre las otras formas de violencia, que pueden constituir una forma más grave de peligro inmediato para la persona: antes de denunciar los actos, la no-violencia denuncia las situaciones que los provocan para atacar las raíces de la violencia. Porque es un fin, no un medio. Pues no persigue solo la puesta en acción de obras capaces de resolver los conflictos sin recurrir a la violencia, sino que busca instaurar un modo de vida, una manera de ser en la relación entre las personas fundada en la solidaridad y la participación, de compromiso del uno para el otro, cuyo fin es la paz de la justicia. Que no puede ser alcanzada más que por medios pacíficos, por ser la no-violencia una afirmación radical de paz apoyada en la “fuerza de la verdad” o “fuerza del amor”, como la definía Gandhi, a quien se le atribuye esta frase: “Soy un político que hace lo posible por ser santo”.
Varios pensadores rescatan analogías entre la no-violencia con la democracia, considerada, cuando no es desviada de sus principios, como la sociedad no-violenta del futuro, pero en la actualidad como medio ambiente adecuado para el desarrollo y prácticas no-violentas. Como solía decir J.L. Borges, actualmente “la democracia es una superstición”, pero los principios democráticos tradicionales de Igualdad, Libertad, Fraternidad, son principios no-violentos, inspirados en un pensamiento de respeto a todas las opiniones y creencias así como a las personas que detentan las diversas posiciones, como base. Considerando en común que los hombres, en tanto seres humanos o ciudadanos, tienen una parte de la verdad que aportar, y que nadie puede pretender imponer la verdad a los demás. Para los demócratas, quien así lo pretende es un totalitario, cuya acción destruye la vigencia social general, y el acuerdo implícito de mutuo respeto, en que quien detenta una posición determinada no sólo tiene derecho a defenderla y difundirla, sino que en cierto sentido vital tiene el deber de hacerlo, por cuanto se trata de estar comprometidos en una tarea común: el desarrollo armónico de toda la sociedad, donde cabe el mundo entero, cada uno de sus integrantes, porque los integrantes de una democracia orgánica, practicada sin fallas ni desviaciones, están comprometidos en una tarea común. Esta noción de búsqueda común de la verdad es evidente en la no-violencia. El biógrafo del Mahatma Gandhi, Nirmal Kumar Bose lo explica así: “Literalmente la palabra sánscrita “satyagraha” con la que Gandhi definía la no-violencia significa “persistencia en la verdad”; su premisa básica es que ningún hombre capta la verdad total, por lo que no tiene derecho moral a imponer su interpretación particular de la verdad a los demás. Sin embargo, tiene el derecho y el deber de vivir según sus propias ideas, y de oponerse a todo lo que le parezca incorrecto en las ideas ajenas”.
El pastor Martin Luther King afirma de su acción militante: “Este es el verdadero valor y sentido de la compasión y la no-violencia: ayudarnos a apreciar el punto de vista del enemigo, a oír sus preguntas, a conocer su apreciación de nosotros mismos. Porque desde su punto de vista nosotros podemos ver realmente las debilidades básicas de nuestra posición, y si somos maduros, podemos aprender a fortalecernos y sacar ventajas de la sabiduría de nuestros hermanos que llamamos oposición”. En otro escrito (“Por qué no podemos esperar”), Martin Luther King afirma: “La meta de nuestro programa de acción directa radica en crear una situación tan pletórica de crisis (no violentas) que desemboque inevitablemente en la salida negociadora”; y afirmaba que la no-violencia era posible en Estados Unidos porque el adversario no tenía un frente unido, pues eran muchos los norteamericanos blancos que respondían positivamente a la tradición igualitaria y libertaria de todos los seres humanos. Gandhi también reconoció que su lucha era posible también por la tradición legal de libertad de los propios opresores, los ingleses; sobre sus condiciones de lucha en India, Jacques Maritain (en “El hombre y el Estado”) afirma: “En efecto, los éxitos de Gandhi no fueron posibles más que dado el trasfondo de libertad relativa acordado a los hindúes por la administración británica, en virtud de una vieja tradición liberal aristocrática, y de la creencia cínicamente errónea en una utilización posible de Gandhi”.
El ideal de no-violencia, en su aspecto económico, es llegar a una sociedad básicamente igualitaria, en la que el control de los medios de producción debe ser claramente social, en un mundo tal que nadie sufra por faltas de alimentos, ropa, vivienda y cultura; un mundo con las condiciones suficientes para que todos estén en condiciones de tener un trabajo para cubrir sus necesidades, un mundo como una república de vecinos independientes y dignos atendiendo su trabajo bien servido para lograr su sustento, y practicar su libertad desarrollando su voluntad hasta que la explotación sea obsoleta por no conveniente. En este sentido, la relación entre no-violencia y democracia es que sólo la no-violencia desarrolla la democracia verdadera. También el pensamiento de la no-violencia es unánime en afirmar que sólo puede ser practicada en un régimen de respeto a los derechos humanos, lo que no hace imposible, por supuesto, practicarla allí donde no existen derechos humanos o donde el poder político es francamente violento. Sin embargo, idealmente la no-violencia es resultado de un cierto desarrollo de la civilización en relación a los conceptos filosóficos y morales de persona humana y libertad, y de conceptos políticos sociales como la democracia. Para los grandes precursores de la no-violencia en el siglo XX, este es un conocimiento de tipo experimental, en que la teoría y práctica se fecundan mutuamente. No es un conocimiento científico, sistemático o religioso ni metafísico, la no-violencia es un asunto de experiencia, en constante innovación que nace de la observación de los hechos y del juicio real que se va formando como consecuencia del desarrollo logrado por la práctica. Gandhi anota: “Mi propio conocimiento del satyagraha aumenta diariamente. No tengo textos para consultar en momentos de necesidad, ni siquiera el libro sagrado Gita, al que he llamado mi diccionario. Tal como yo lo concibo, la no-violencia es una ciencia en gestación”. Para él, la no-violencia está destinada a ser un día la norma común de actuación moral de la humanidad: “La no-violencia no está destinada a los santos; es para el común de los hombres. Es la ley de nuestra especie, como la violencia es la ley del bruto. El espíritu duerme en el bruto. La dignidad del hombre quiere una ley más elevada: la fuerza del espíritu”.
En el sentido más amplio la no-violencia es brutal, si se entiende por violencia “la intensidad de la voluntad que se moviliza enteramente para la conquista del objeto deseado”. De esta manera se entiende al evangelista Mateo (11, 12): “El reino de los cielos sufre violencia y son los violentos los que le dan la fuerza”. Así, la no-violencia es una práctica para los espíritus fuertes, comprometidos con la defensa de la verdad y el derecho objetivos, que no busca primero convencer de las propias ideas, sino en reconciliar al entorno en primer lugar consigo mismo y a todos entre sí. En palabras de Thomas Merton (en “La violencia de los pobres”): “Cuando los poderosos creen que sólo la fuerza es eficaz, el resistente no-violento está convencido de la superior eficacia del amor, de la apertura, de la negociación pacífica, y por encima de todo, de la verdad. Porque la fuerza puede garantizar el bien de algunos hombres, pero en ningún caso permitirá el desarrollo del bien del hombre. La violencia siempre protege el bien de unos cuantos a expensas de todos los demás. Sólo el amor puede alcanzar y proteger el bien de todos. La pretensión de construir la seguridad de todos a partir de la violencia es una impostura”.
Es evidente que la no-violencia en un sentido amplio debe tomar partido. Debe estar con los más desprotegidos e impotentes frente a los poderes económico o políticos. Al mismo tiempo no debe estar politizado en un sentido partidista ni ser dependiente de ideología alguna ni de orientación que no sea la verdad objetiva. El expresarse y organizarse debe brotar de situaciones concretas de opresión general sin utilizar la ambigüedad en la protesta; sin utilizar el fanatismo ni tomar riesgos inútiles o desproporcionados con el fin perseguido. La lucha no debe estar jamás desconectada del diálogo, ya que éste y el encuentro de la verdad objetiva es su finalidad. Por ello mismo, la posición no-violenta es humilde, es decir, está dispuesta a rectificar aquellas propias posiciones donde se descubre el error, reconociendo la parte de verdad que hay en el adversario: lo que no es un error táctico, es la confianza del hombre que sustenta el espíritu del diálogo, quien observa inteligentemente los hechos. En gran parte la eficacia de la no-violencia también se encuentra en la habilidad para hablar con coraje y firmeza a aquellos que tienen el poder de hacernos daño. El hombre no-violento nunca es temeroso, por eso también expresa su disconformidad llevando a cabo actos prohibidos por la ley o la costumbre (desobediencia social) o rehusándose a cumplir con un acto acostumbrado o requerido (no cooperación con el violento). Utilizando cuatro métodos para alcanzar fines sociales sin violencia: 1) Publicidad, incluyendo comunicaciones y educación dirigida a formar opinión pública; 2) negociación o comunicación con pequeños grupos de oposición, intentando concluir un acuerdo más formal y obligatorio, incluyendo diplomacia como negociación internacional; 3) acción política democrática, tal como elecciones, la aprobación de leyes y decisiones judiciales, procedimientos basados en el consentimiento y que no activan la violencia latente en el Estado, y 4) presión económica, tal como huelgas y otras expresiones de protesta económica, presentando demandas escogidas.
Toda acción no-violenta comienza con intentos de establecer una negociación, la que es definida como un intento de conseguir comprensión, de definir los problemas, y si esto no es posible, de realizar un acuerdo por medio del trabajo directo en las elecciones, en los cuerpos legislativos, o en las Cortes. Cuando no hay acuerdos dignos, una vez concluida la etapa de negociación, se inicia la acción no-violenta propiamente tal, teniendo en cuenta que en toda sociedad hay cuatro zonas de acción para todo grupo reformista. Primero, está la zona en que se sitúan las actividades alentadas e incluso toleradas por la sociedad; luego, las actividades no aprobadas, pero toleradas; en tercer lugar, aquellas actividades que merecen sanción, y, por último, las conductas que son percibidas como una amenaza grave para la sociedad. La regla general es evitar la violencia en la mayor extensión posible, lo que para la conciencia cristiana hace percibir la no-violencia como medio de cambio social o político que implica un progreso por sobre los medios violentos, y al ser un medio que se inspira en un credo de amor, no es fruto de una emoción sin trascendencia ni objetivos concretos: es voluntad del bien verdadero en la situación presente, por esto las religiones son afines a este ideal.
El doctor Jesús Ginés Ortega que ha sido académico del área de filosofía de las universidades Católica de Chile y Gabriela Mistral, y es director del Instituto Berit para la familia de la Universidad Santo Tomás, ha declarado la intrínseca relación entre la educación, la familia y la violencia escolar, tres factores que considera relevantes, “en esta época bastante violenta que vivimos”. Asegura que en la actualidad “la violencia está extendida en todo el mundo; en Chile llegamos a un momento en que nos encontramos con una juventud contestataria, desencantada y claro que no es toda, pero hay ciertos líderes que van en esa línea. El único modo de evitar la violencia es contener dentro de sí un desarrollo de la vinculación con los demás, y si lo quiere más sencillo: el amor. Amarse a sí mismo, al prójimo, a la familia, a los compañeros y a los amigos. Incluso, el amor al adversario y al enemigo. Por supuesto que no creo que el hombre actual sea más violento que el antiguo, soy más optimista. Lo que pasa es que ahora conocemos más todo lo que pasa. Aunque, en la selección que hoy nos entregan los medios de comunicación me da la impresión de que siempre se selecciona lo más malo de todo, igual todos los días uno es testigo de una violencia más exacerbada, de que en la calle ya no andas tranquilo, ya no puedes dormir sin pensar que tu casa puede ser asaltada. También está el tema de la responsabilidad penal para los menores. Pero sin lugar a dudas todo parte de la familia. Si la familia se destruye, el hombre se destruye. Y la educación aquí es importantísima, porque el hombre tiene que ser bien educado y esa tarea se hace con dolor. La virtud de la recompensa de todo esto se siente al final, porque al principio cuesta y duele. Si queremos construir al hombre, reconstruyamos la familia. Que los jóvenes y niños hagan lo que quieran, que se expresen como quieran tampoco es absoluto. La idea es que se eduque bien a los adolescentes, y esta no es una tarea fácil; ser generoso, humilde y auto controlarse cuesta. Sin embargo, hay algo que siempre se debe tener en cuenta, y que es que mientras el hombre sea hombre va a tener dificultades de convivencia. La violencia tiene que ver con las expectativas de las personas y de lo que ellos observan. Cuando una persona busca algo que no logra, se frustra y eso genera estrés, desgano, desesperanza. Y si es en la misma familia donde se producen actos de violencia, es porque sus miembros no están preparados ellos mismos para enseñar al joven, es porque los adultos de esa familia no manejan el autocontrol que da la educación; y es ahí donde se provoca el choque. Es por eso que yo creo que la educación es lo único que puede con la violencia. En Chile la expresión de violencia en los jóvenes no es diferente entre los estudiantes de los colegios públicos o privados, lo que indica que en los diversos estratos sociales del país hay un igual grado de vulnerabilidad frente a un problema como la violencia en los jóvenes, cuya solución está en la expresión política del amor expresado en la educación”.
Por ahora, la invitación a caminar juntos está hecha para todos quienes en el mundo creen en la paz y la justicia; a los oprimidos; a quienes padecen en los países pobres o viven como pobres en los países desarrollados; a los que ven en la injusticia la violencia principal; a los que hayan optado por la violencia sangrienta de las armas, sin resultados excepto más violencia, y empiezan a encontrar en la no-violencia la solución; a quienes han descubierto en su propia religión la fuerza necesaria para entregarse totalmente a la justicia como condición previa para la paz. Algún día será necesario reunir de todos los libros sagrados los cantos a la paz y la justicia, que resume todas las virtudes y acerca más que todo a la perfección accesible a todos. Porque sea cual sea el color de la piel, la forma de los ojos, los labios y la nariz, la estatura o el peso, nadie es un infra-hombre ni un super hombre, cada cual es una criatura humana. Tenemos una cabeza, un corazón, aspiraciones y sueños. Y cualquiera que sea nuestra lengua, poco conocida, o muy difundida, limitada o rica, seremos capaces de entendernos. El rostro, la sonrisa, los gestos de paz y cordialidad son un lenguaje universal, capaz de probarnos que estamos muchos más cercanos de lo que imaginamos. Basta el deseo del corazón, el lenguaje del amor que desea un mundo más justo. Lo importante es empezar, ahora mismo.
(Fragmento de “Perspectiva de la No-Violencia”)
(c)Waldemar Verdugo Fuentes, 2009
15 de septiembre de 2009
Detalle de Memoria.
Cuando me haya dormido para siempre, quiero que pongas bajo mi cabeza esa bolsista que guarda, junto con un poco de tierra central de Chile, el rollito de papel de cactus en que escribí, entre los eucaliptos a la orilla del mar, todos los nombres secretos que te daba mientras mis manos recorrían tu cuerpo esbelto y ondulante.
Collage (c) Waldemar Verdugo.
"América del Sur 1"
1 de septiembre de 2009
RECUERDO DE GUATEMALA.
PANAJACHEL
Por Waldemar Verdugo.

El autor en Santiago de Atitlán, con Maya-Quichés.
Con el reflejo de las montañas circundantes en el agua dorada del lago de Atitlán, pido al botero detenerse en medio del remanso. María Elena acomodada toma sol muy relajada. Veo las callosas manos del hombre estancando con firmeza los remos y el pequeño bote quedó clavado entre las ondas vacilantes que por un momento se hicieron verde y espuma debido a la maniobra. Al aquietarse retomaron su tinte oropel y mis ojos quedaron fijos en los rústicos remos carcomidos que el hombre sacaba de las aguas, para ubicarlos a ambos lados de la frágil embarcación. Así mecidos por las suaves olas, divagué en torno a Atitlán y sus misterios. Se cuenta que en el fondo del lago todo es arena de oro; los reyes mayas bañaban aquí sus cuerpos vestidos sólo con el polvo dorado más caro que cubría sus cuerpos.
Al correr de los años el lugar era un búcaro de oro con todo el ancestro de la raza aborigen de Guatemala, que tuvo en Atitlán y este lago el mejor espejo de la fantasía. A su alrededor brotaba la magia como de una cajita encantada. En el fondo, los grandes volcanes como atalayas inamovibles. Allí despertaban las mañanas y dormían los crepúsculos de rosa. Tranquilo a su orilla está este pequeño pueblo de Panajachel; su tierra sembrada de milpas es como un gran jardín con bouquet de selva. A fin de calmar las lluvias tempestuosas, los rayos rojos, el relámpago de fuego, se cumplían los ritos religiosos con grandes desfiles de doncellas, plumas de quetzales y textiles multicolores enmarcando la llegada de los reyes a purificar su cuerpo en las aguas sagradas. Universo lleno de secretos fascinantes, de luz de candela y luna llena. En fila india invocaban sus favores, como una promesa de evasión en aquél baúl de imágenes que tenía su propia clave filosófica... es que el hombre es un creador que danza entre dos mundos... cavilaba, cuando un ruido desvió mi vista hacia el modesto hombre que estaba frente a mi, vestía camisa blanca y ancho pantalón amarillo anudado a la cintura con una faja de muchos colores y adornos. De piel morena y rasgos cortados a cincel, las facciones de su rostro eran calcadas de algún dios de piedra de sus antepasados. Sus pies mulatos y rústicos vestidos con sandalias de cáñamo. El pequeño sombrero sobre sus sienes daba sombra al libro que el remero comenzó a leer con atención. Sentí curiosidad por saber qué libro le solicitaba con tal esmero... Si Dios no lo hubiera hecho remero -pensé- este hombre hubiera sido poeta... Sus callosas manos aprisionaban con firmeza un ajado volumen de "Ternura" de Gabriela Mistral. Al ver mi interés por su lectura, dijo:
- Siempre leo lo que ella escribe. Es muy lindo y sabio lo que ella dice. ¿Sabía usted que un rey la invitó a su país y le dio un gran premio? El Premio Nobel, así se llama. Todos acá la queremos y estamos felices de que la maestra haya vuelto a vivir entre nosotros.
- ¿Vive acá? -pregunté sonriendo sorprendido de la afirmación del botero, que daba por viva a la escritora muerta ya hacía varias décadas. Y el hombre afirmó, seguro:
- La maestra Gabriela vive en aquella casa sobre las rocas.
Y levantándose de la tabla que era su asiento en el bote, indicó una gran casa blanca de ventanas rojas que, rodeada de plantas silvestres plagada de flores multicolores, estaba a orillas del lago, justo frente a nosotros.
- Cada mañana -prosiguió- ella sale a tomar el sol, y nosotros, sus amigos, la saludamos desde nuestras embarcaciones. Ella responde con un ademán gentil nuestro gesto silencioso.
Mudo y perturbado por lo que oía no supe cómo enfrentar sus palabras. Decidí no sacarlo de su error y solo atiné a comentar algo de sus libros, pero el botero era obviamente un conocedor más profundo de la autora de los “Sonetos de la Muerte”, pues se largó a hablar diciendo a ratos poemas y noticias de la obra de Mistral que nunca oí antes. Felizmente impresionado había visto en varios países centroamericanos los escaparates de las librerías sin que nunca faltara un libro de ella, pero no podía imaginar que su paso por estas tierras había dejado huella tan profunda que aquí aún la daban por viva. Cuando finalmente regresamos a tierra firme, la conversación con el botero embargaba mi espíritu y si acaso fue lo que gatilló cuanto he vivido aquí.
Aquel día llegó la tarde lloviendo a Panajachel. A la hora del crepúsculo y entre chubascos inconstantes, salí con María Elena y sus hermanos a caminar por las calles empedradas del pequeño pueblo frente al lago. Era noche de baile de diablos, rito con el que tradicionalmente celebra la gente del lugar un culto a Judas Iscariote, creado -según dicen- con alma de madera. Andábamos sin rumbo cuando nos envolvió la procesión de gentes que alumbradas apenas con candelas parecía un séquito espectral arrancado de quizá qué pasado remoto. Caminaban al son de la música peculiar de las matracas, llevando la figura de madera y envueltos en tejidos autóctonos en medio de incienso humeante. Iban rumbo al lago. Nos unimos a ellos.
A orillas de las aguas dejaron pendiendo de una viga cimbreante la figura de Judas que nombraban Maximón. Allí vi su cabeza. Era la de un ahorcado, los ojos inmensos de horror y la boca abierta con una gran lengua colgando. En un segundo todo quedó en silencio, que fue roto por triste música de marimbas, tambores y cornetas. Alguien tocó mi hombro, sobresaltado me volví y era un cuerpo humano con cachos de proporciones gigantescas. Había comenzado la danza ritual. Era una lucha entre las fuerzas del mal y del bien; el diablo y sus súbditos intentaban aumentar la legión de los condenados, y los arcángeles bajados del cielo iniciaban su lucha para salvar almas. Amenazadores gestos hacían unos contra otros. Mientras se latigueaban con ferocidad alguien puso en mis manos una botella con pulque, la leche del maguey. Bebí. Los movimientos engendrados por el ritual del diablo y sus huestes eran infernales mientras los ángeles con espadas de fuego partían en dos cuanto tocaban. Los danzantes me envolvieron con sus largas cintas azules, blancas, rojas, amarillas, con sus rostros desproporcionados de cartón pintado que semejaban bichos repulsivos, con rasgos entrecruzados de criaturas fantásticas y toda clase de alimañas saliendo por sus narices, alargando sus lenguas, desorbitando sus ojos; de la frente de algunos tres cachos en formas de ramas de árboles salían disparados al cielo; hombres con cola, vestidos de rojo, negro, verde... los otros rostros que me envolvían eran los de arcángeles, que siendo menor cantidad, siempre triunfaban, porque el bien al final vence al mal, y la luna llena reflejaba sobre las quietas aguas del lago la casa sobre los roqueríos; allí donde aseguraban que vive Mistral. De inmediato llamó mi atención la figura entrecortada en la distancia de una mujer que leía en esa casa a la luz de un débil farol: todo era espectral desde donde yo observaba. Y un escalofrío recorrió mi espalda... Bebía de otra botella el pulque con que se brindaba cuando alguien susurró a mi oído:
- “Baila, baila como todos. Sólo la muerte espera al que no baila. Si no bailas ya estás muerto... ¡baila!”
Y bailé, seguro de que moriría si no cumplía con el sagrado rito de la danza que todos practicaban. Todo me envolvió y me perdí entre ellos, entre sus caras deformes, entre sus juegos, en medio de los diablos y arcángeles luchando a muerte, que se atacaban sin tregua, con furia rabiosa, dando salida a siglos de dominación, cortando cadenas de represión que en la zona no tienen fin, con furia desbocada... y todos bailábamos... ¡danzar para no morir!... en un instante volví nuevamente a ver hacia la casa, y la mujer se había levantado de su silla y había salido a la terraza desde donde observaba la procesión en que íbamos. La vi tan sola en esa casa tan grande, que una pena larga inundó mi alma... alguien me dijo que los dioses estaban agradados con mi baile y que podía pedir de ellos lo que quisiera. Al instante mi mente se llenó con la figura de la mujer observándonos desde la distancia, sola, emergiendo débilmente iluminada, y pedí a los dioses por ella, para que no siguiera allí apresada por la muerte en esa región perdida de las montañas de Guatemala, para que pudiera descansar al fin. Bailaba y bebía a su salud, mientras pedía por ella a gritos y a nadie importaba. Sonaba la marimba muy dolorosa, monódica, cuando caí de rodillas, dos me levantaron en vilo y seguí bailando, estremecido de fuerzas nuevas, y el sonido de la marimba retumbando en mis sienes, con su canto alegre que nunca paraba de animar, retumbando en mis sienes, como una campanilla suave dentro de mi cráneo que se agrandaba cada vez más como queriendo taladrar mi cerebro, y la marimba me envolvió hasta no permitirme oír otro sonido en el mundo que me rodeaba, un sonido cada vez más fuerte que terminó por envolverme... y corrí, corrí rápido como alma que se lleva el viento, corrí por la orilla del lago hasta llegar exhausto frente a la casa blanca de ventanas rojas; tomo aire frente al portón y toco furiosamente, con ira, con temor y angustia por esa realidad que se agolpaba en mí y quería entender, asustado de que todo el ensueño, de que el encanto acabara allí pero también íntimamente satisfecho de haber llegado a aquél punto, cuando iba a saber que Gabriela Mistral no estaba detrás de esa puerta, de que mi mente iba a quedar tranquila cuando la razón me obligara a reaccionar.
Toqué, ahora con suavidad, una y otra vez. Se abre la puerta y ella es quien sale a recibirme, es efectivamente Gabriela Mistral, ella vive en verdad en Panajachel, sin duda es la maestra de Neruda, alta, majestuosa, enigmática. Mis ojos se fijaron en los suyos y eran sus ojos verdes bellísimos, y caí de rodillas ante ella, sobrecogido, cuando sentí su mano acariciando mi cabeza que no intenté jamás volver a levantar, sólo veía hasta sus pechos resguardados como escudo por una medalla de Santa Teresa de Avila que colgaba de su cuello con una fina cadena dorada. No pude hablar, solo balbuceé palabras sin sentido y volviéndome caminé de regreso hacia el pueblo, por la orilla del lago, en otra dimensión, entre sombras de colores, plantas vivas que abrían camino solas a mi paso, caminé sin llegar jamás a la procesión de luces que seguía, gritos y música de marimbas que se alejaban de mí en la distancia.
Amanecí tarde, durmiendo en mi hamaca afirmada de las rocas a la orilla del lago, en la casa de María Elena, aún borracho de pulque, música y algarabía. Caminé lentamente por las luces reflejadas del lago por el sol que envuelve todo cuanto allí existe, enfilé por las calles empedradas de la entrada del pueblo, con una sed endemoniada que me obligó a entrar al primer negocio a mi paso y beber de una zampada el agua de tamarindo fresco y helado que aplaca mi garganta. Más despejado, caminando con lentitud, detengo mi andar frente al escaparate iluminado de una librería a mi paso. Con emoción mis ojos vieron de inmediato la imagen de Gabriela Mistral en un libro con sus obras, fijé mi vista en la foto de la maestra que el volumen reproducía: de su cuello pende la fina cadena dorada que sostiene la medalla en que se ve a santa Teresa de Avila.
(C)Waldemar Verdugo Fuentes.
Por Waldemar Verdugo.

El autor en Santiago de Atitlán, con Maya-Quichés.
Con el reflejo de las montañas circundantes en el agua dorada del lago de Atitlán, pido al botero detenerse en medio del remanso. María Elena acomodada toma sol muy relajada. Veo las callosas manos del hombre estancando con firmeza los remos y el pequeño bote quedó clavado entre las ondas vacilantes que por un momento se hicieron verde y espuma debido a la maniobra. Al aquietarse retomaron su tinte oropel y mis ojos quedaron fijos en los rústicos remos carcomidos que el hombre sacaba de las aguas, para ubicarlos a ambos lados de la frágil embarcación. Así mecidos por las suaves olas, divagué en torno a Atitlán y sus misterios. Se cuenta que en el fondo del lago todo es arena de oro; los reyes mayas bañaban aquí sus cuerpos vestidos sólo con el polvo dorado más caro que cubría sus cuerpos.
Al correr de los años el lugar era un búcaro de oro con todo el ancestro de la raza aborigen de Guatemala, que tuvo en Atitlán y este lago el mejor espejo de la fantasía. A su alrededor brotaba la magia como de una cajita encantada. En el fondo, los grandes volcanes como atalayas inamovibles. Allí despertaban las mañanas y dormían los crepúsculos de rosa. Tranquilo a su orilla está este pequeño pueblo de Panajachel; su tierra sembrada de milpas es como un gran jardín con bouquet de selva. A fin de calmar las lluvias tempestuosas, los rayos rojos, el relámpago de fuego, se cumplían los ritos religiosos con grandes desfiles de doncellas, plumas de quetzales y textiles multicolores enmarcando la llegada de los reyes a purificar su cuerpo en las aguas sagradas. Universo lleno de secretos fascinantes, de luz de candela y luna llena. En fila india invocaban sus favores, como una promesa de evasión en aquél baúl de imágenes que tenía su propia clave filosófica... es que el hombre es un creador que danza entre dos mundos... cavilaba, cuando un ruido desvió mi vista hacia el modesto hombre que estaba frente a mi, vestía camisa blanca y ancho pantalón amarillo anudado a la cintura con una faja de muchos colores y adornos. De piel morena y rasgos cortados a cincel, las facciones de su rostro eran calcadas de algún dios de piedra de sus antepasados. Sus pies mulatos y rústicos vestidos con sandalias de cáñamo. El pequeño sombrero sobre sus sienes daba sombra al libro que el remero comenzó a leer con atención. Sentí curiosidad por saber qué libro le solicitaba con tal esmero... Si Dios no lo hubiera hecho remero -pensé- este hombre hubiera sido poeta... Sus callosas manos aprisionaban con firmeza un ajado volumen de "Ternura" de Gabriela Mistral. Al ver mi interés por su lectura, dijo:
- Siempre leo lo que ella escribe. Es muy lindo y sabio lo que ella dice. ¿Sabía usted que un rey la invitó a su país y le dio un gran premio? El Premio Nobel, así se llama. Todos acá la queremos y estamos felices de que la maestra haya vuelto a vivir entre nosotros.
- ¿Vive acá? -pregunté sonriendo sorprendido de la afirmación del botero, que daba por viva a la escritora muerta ya hacía varias décadas. Y el hombre afirmó, seguro:
- La maestra Gabriela vive en aquella casa sobre las rocas.
Y levantándose de la tabla que era su asiento en el bote, indicó una gran casa blanca de ventanas rojas que, rodeada de plantas silvestres plagada de flores multicolores, estaba a orillas del lago, justo frente a nosotros.
- Cada mañana -prosiguió- ella sale a tomar el sol, y nosotros, sus amigos, la saludamos desde nuestras embarcaciones. Ella responde con un ademán gentil nuestro gesto silencioso.
Mudo y perturbado por lo que oía no supe cómo enfrentar sus palabras. Decidí no sacarlo de su error y solo atiné a comentar algo de sus libros, pero el botero era obviamente un conocedor más profundo de la autora de los “Sonetos de la Muerte”, pues se largó a hablar diciendo a ratos poemas y noticias de la obra de Mistral que nunca oí antes. Felizmente impresionado había visto en varios países centroamericanos los escaparates de las librerías sin que nunca faltara un libro de ella, pero no podía imaginar que su paso por estas tierras había dejado huella tan profunda que aquí aún la daban por viva. Cuando finalmente regresamos a tierra firme, la conversación con el botero embargaba mi espíritu y si acaso fue lo que gatilló cuanto he vivido aquí.
Aquel día llegó la tarde lloviendo a Panajachel. A la hora del crepúsculo y entre chubascos inconstantes, salí con María Elena y sus hermanos a caminar por las calles empedradas del pequeño pueblo frente al lago. Era noche de baile de diablos, rito con el que tradicionalmente celebra la gente del lugar un culto a Judas Iscariote, creado -según dicen- con alma de madera. Andábamos sin rumbo cuando nos envolvió la procesión de gentes que alumbradas apenas con candelas parecía un séquito espectral arrancado de quizá qué pasado remoto. Caminaban al son de la música peculiar de las matracas, llevando la figura de madera y envueltos en tejidos autóctonos en medio de incienso humeante. Iban rumbo al lago. Nos unimos a ellos.
A orillas de las aguas dejaron pendiendo de una viga cimbreante la figura de Judas que nombraban Maximón. Allí vi su cabeza. Era la de un ahorcado, los ojos inmensos de horror y la boca abierta con una gran lengua colgando. En un segundo todo quedó en silencio, que fue roto por triste música de marimbas, tambores y cornetas. Alguien tocó mi hombro, sobresaltado me volví y era un cuerpo humano con cachos de proporciones gigantescas. Había comenzado la danza ritual. Era una lucha entre las fuerzas del mal y del bien; el diablo y sus súbditos intentaban aumentar la legión de los condenados, y los arcángeles bajados del cielo iniciaban su lucha para salvar almas. Amenazadores gestos hacían unos contra otros. Mientras se latigueaban con ferocidad alguien puso en mis manos una botella con pulque, la leche del maguey. Bebí. Los movimientos engendrados por el ritual del diablo y sus huestes eran infernales mientras los ángeles con espadas de fuego partían en dos cuanto tocaban. Los danzantes me envolvieron con sus largas cintas azules, blancas, rojas, amarillas, con sus rostros desproporcionados de cartón pintado que semejaban bichos repulsivos, con rasgos entrecruzados de criaturas fantásticas y toda clase de alimañas saliendo por sus narices, alargando sus lenguas, desorbitando sus ojos; de la frente de algunos tres cachos en formas de ramas de árboles salían disparados al cielo; hombres con cola, vestidos de rojo, negro, verde... los otros rostros que me envolvían eran los de arcángeles, que siendo menor cantidad, siempre triunfaban, porque el bien al final vence al mal, y la luna llena reflejaba sobre las quietas aguas del lago la casa sobre los roqueríos; allí donde aseguraban que vive Mistral. De inmediato llamó mi atención la figura entrecortada en la distancia de una mujer que leía en esa casa a la luz de un débil farol: todo era espectral desde donde yo observaba. Y un escalofrío recorrió mi espalda... Bebía de otra botella el pulque con que se brindaba cuando alguien susurró a mi oído:
- “Baila, baila como todos. Sólo la muerte espera al que no baila. Si no bailas ya estás muerto... ¡baila!”
Y bailé, seguro de que moriría si no cumplía con el sagrado rito de la danza que todos practicaban. Todo me envolvió y me perdí entre ellos, entre sus caras deformes, entre sus juegos, en medio de los diablos y arcángeles luchando a muerte, que se atacaban sin tregua, con furia rabiosa, dando salida a siglos de dominación, cortando cadenas de represión que en la zona no tienen fin, con furia desbocada... y todos bailábamos... ¡danzar para no morir!... en un instante volví nuevamente a ver hacia la casa, y la mujer se había levantado de su silla y había salido a la terraza desde donde observaba la procesión en que íbamos. La vi tan sola en esa casa tan grande, que una pena larga inundó mi alma... alguien me dijo que los dioses estaban agradados con mi baile y que podía pedir de ellos lo que quisiera. Al instante mi mente se llenó con la figura de la mujer observándonos desde la distancia, sola, emergiendo débilmente iluminada, y pedí a los dioses por ella, para que no siguiera allí apresada por la muerte en esa región perdida de las montañas de Guatemala, para que pudiera descansar al fin. Bailaba y bebía a su salud, mientras pedía por ella a gritos y a nadie importaba. Sonaba la marimba muy dolorosa, monódica, cuando caí de rodillas, dos me levantaron en vilo y seguí bailando, estremecido de fuerzas nuevas, y el sonido de la marimba retumbando en mis sienes, con su canto alegre que nunca paraba de animar, retumbando en mis sienes, como una campanilla suave dentro de mi cráneo que se agrandaba cada vez más como queriendo taladrar mi cerebro, y la marimba me envolvió hasta no permitirme oír otro sonido en el mundo que me rodeaba, un sonido cada vez más fuerte que terminó por envolverme... y corrí, corrí rápido como alma que se lleva el viento, corrí por la orilla del lago hasta llegar exhausto frente a la casa blanca de ventanas rojas; tomo aire frente al portón y toco furiosamente, con ira, con temor y angustia por esa realidad que se agolpaba en mí y quería entender, asustado de que todo el ensueño, de que el encanto acabara allí pero también íntimamente satisfecho de haber llegado a aquél punto, cuando iba a saber que Gabriela Mistral no estaba detrás de esa puerta, de que mi mente iba a quedar tranquila cuando la razón me obligara a reaccionar.
Toqué, ahora con suavidad, una y otra vez. Se abre la puerta y ella es quien sale a recibirme, es efectivamente Gabriela Mistral, ella vive en verdad en Panajachel, sin duda es la maestra de Neruda, alta, majestuosa, enigmática. Mis ojos se fijaron en los suyos y eran sus ojos verdes bellísimos, y caí de rodillas ante ella, sobrecogido, cuando sentí su mano acariciando mi cabeza que no intenté jamás volver a levantar, sólo veía hasta sus pechos resguardados como escudo por una medalla de Santa Teresa de Avila que colgaba de su cuello con una fina cadena dorada. No pude hablar, solo balbuceé palabras sin sentido y volviéndome caminé de regreso hacia el pueblo, por la orilla del lago, en otra dimensión, entre sombras de colores, plantas vivas que abrían camino solas a mi paso, caminé sin llegar jamás a la procesión de luces que seguía, gritos y música de marimbas que se alejaban de mí en la distancia.
Amanecí tarde, durmiendo en mi hamaca afirmada de las rocas a la orilla del lago, en la casa de María Elena, aún borracho de pulque, música y algarabía. Caminé lentamente por las luces reflejadas del lago por el sol que envuelve todo cuanto allí existe, enfilé por las calles empedradas de la entrada del pueblo, con una sed endemoniada que me obligó a entrar al primer negocio a mi paso y beber de una zampada el agua de tamarindo fresco y helado que aplaca mi garganta. Más despejado, caminando con lentitud, detengo mi andar frente al escaparate iluminado de una librería a mi paso. Con emoción mis ojos vieron de inmediato la imagen de Gabriela Mistral en un libro con sus obras, fijé mi vista en la foto de la maestra que el volumen reproducía: de su cuello pende la fina cadena dorada que sostiene la medalla en que se ve a santa Teresa de Avila.
(C)Waldemar Verdugo Fuentes.
31 de agosto de 2009
"NIÑA ERRANTE" DE GABRIELA MISTRAL.
CARTAS DE LA “NIÑA ERRANTE”.
Por Waldemar Verdugo.
La publicación de “Niña Errante” (Editorial Lumen), que rescata la correspondencia entre Gabriela Mistral y Doris Dana, ha generado intensas reacciones. Los chilenos entramos al siglo XXI como un país desarrollado, y ciertos aspectos de nuestro acontecer cultural también son indicativos de ello. El inicio de la publicación de la correspondencia privada de Gabriela Mistral, al tratarse de nuestra más alta poeta y educadora, comienza a revelar un aspecto muy delicado de nuestra chilenidad. Ella sufrió tormentos y denigraciones en Chile, para transformarse en icono una vez que se hizo extranjera. Sin embargo, nunca dejó de ser nuestro país su punto de referencia, y en su obra está más que claro que se ocupó de hacérnoslo saber, por ejemplo, antes de ella el mestizaje está ausente del discurso chileno sobre la nacionalidad (lo que no se debe entender como la idea de una personalidad chilena o de lo chileno, que sería en sí un proyecto racial, sino enfocado al hacer mejor las cosas a partir del lugar donde uno vive). La incomprensión de Chile hacia su vida privada, la desconcertaba y le dolía, calificando nuestra sociedad chilena de la primera mitad del siglo pasado, como “conservadora”, “sin sentido común” y con rasgos de “inmadurez”. Con la publicación de estas cartas, nuestro país asume a una Gabriela digna y responsable de sus derechos humanos de ser libre en su intimidad, sin deber al respecto explicaciones a nadie más que al objeto de su amor, embriagada en su racionalidad por explicar la emoción del sentimiento, diciendo a Doris: “Procuro cuidarme para ti. Yo no tengo razón de vivir. Cuando llegaste, yo no tenía nada, parecía desnuda, y saqueada, paupérrima, anodina, como las materias más plebeyas. La pobreza pura y el tedio y una viva repugnancia de vivir. Todo lo has mudado tú.” En estas cartas se lee la exquisita belleza de su escritura, su perfección formal, su intensidad y su emoción. En la historia sólo le encuentro un parecido a los pocos fragmentos que se han rescatado de Safo, la poeta griega. Este epistolario es pura prosa poética.
Gabriela Mistral asumió una postura abierta e insistente de protección a las minorías raciales, a los niños, las mujeres, sus indios pobres de los países americanos , que contrasta, por supuesto, con el silencio de su identidad sexual, lo que para ella era lógico por pertenecer este aspecto el que traza un límite entre el individuo y el Estado. Su identidad pública ella no temió exhibirla por completo, y la hizo famosa en el mundo de su época, pero su identidad privada era sólo de ella, y la vivía en gracia porque nunca leemos en esta correspondencia con Doris Dana reproche al cielo, son cartas terrenales, que la revelan humana más que humana, viviendo el instante en que “todo daña al amor, excepto él mismo”. Con alguien de toda confianza a quien encargar que le compre un calentador “para este cuarto nuestro”. O resignada a la separación del objeto de su amor: “Yo prefiero saberte feliz y plena a saberte sola y vacía”...correspondida al ser tratada de “preciosa” (cuando todo Chile le decía fea), “linda”, “vida mía”, “amor mío”, como la nombra Doris. Gabriela Mistral, en su intimidad, simplemente no se consideraba distinta a nadie, porque la expresión sexual debe ser una expresión íntima, sin mayor importancia que para las vecinas del conventillo. Ella es una adelantada. Era algo como recién se comienza a entender en nuestra época, cuando estamos en el comienzo del fin de represión a las minorías sexuales. La Mistral nunca se sintió diferente, eso es todo. Para ella la expresión de su sexualidad era algo completamente natural, como debe serlo para toda persona sana. Quizás, Gabriela Mistral en su plan de trabajo social y poético sabía que explicitar su vida privada levantaba el obstáculo que implica la homofobia, pero no basta dejarlo ahí, porque ella además se enfrentaba al juicio del propio Estado chileno, de quien, al final, dependía su trabajo consular. Quizás intuyó que ese no era su momento pero que dejó explícito en su correspondencia para que brotara en su instante, al final era una visionaria. Estarán de fiesta los ingenuos estudiosos queer, que buscan arrojar luz sobre la participación de gays y lesbianas en el proyecto de construcción de la nación universal que anuncia internet, aunque sea obsoleto ver la sexualidad o la identidad sexual discriminada como origen motriz de una vida o una obra, es decir, como ontología. No se trata de celebrar el triunfo de “los nuestros” (sea del sexo que sea) por sobre el orden oficial. Se trata de respetar la libertad de cada cuál en la medida en que no afecte a otro. Es decir, se trata de mejorar la relación del Estado con todos, en búsqueda del bien común.
La socióloga Sonia Montecinos reconoce en “El Mercurio” hoy día que le dio pudor leer las cartas, y se pregunta: “¿Por qué seleccionar del nuevo y enorme legado de Mistral, que custodia la Dibam, las cartas entre ella y Doris? En un contexto chileno anegado de voyerismo y fisgoneo, de goce perverso por las comidillas de la farándula, un libro como éste puede entenderse como parte de una cultura que busca solazarse con lo íntimo”. Para el teórico literario Cedomil Goic, “hablar del aspecto sexual supone errores en torno a la poeta, que era una mujer sensible, de afectos sinceros e intensos, pero eso no quiere decir otra cosa”. Para el poeta Armando Uribe, Premio Nacional de Literatura, “estamos ante una correspondencia de mucha fuerza literaria y emoción. Me atrevería a calificarlas de poesía en prosa. Por otro lado, son muy emocionantes y muestran una relación que podría calificarse de bastante tórrida, pero planteada con dignidad. En ese sentido, tienen valor doble”. Para el presidente de la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral, el poeta Jaime Quezada, “en estas cartas vemos un amor pleno, es una amistad con A mayúscula. Esta obra epistolaria, sin duda, ayudará a desmoronar algunos mitos y fábulas, sobre todo en un universo de país como el nuestro, donde la leyenda nunca dejó en paz a Gabriela. Ahora la poeta queda en su sitio, como quien supo amar a alguien más, sea éste un hombre o una mujer”. El poeta Floridor Pérez pide evitar los prejuicios: “En el pasado, hablar de cualquier tipo de estas cosas era montar un escándalo. Hoy querer diagnosticar cae en la discriminación. Igual uno se pregunta, ¿acaso dos personas del mismo sexo no se pueden querer?” Para el escritor Grínor Rojo, revelaciones de este tipo no cambian mayormente nada sobre la interpretación que se pueda tener sobre la obra de la Mistral: “Me preocuparía si complejizara su poesía, si le diera un vuelco a la lectura que estamos haciendo de su poesía. Y me parece que eso no pasa. En cuanto a la imagen pública, me tiene enteramente sin cuidado”.
Por cierto que la vida de Gabriela Mistral no se puede rescatar tan sólo en torno a pruebas documentales que despiertan la curiosidad morbosa de corroborar su expresión sexual, un hecho meramente personal. El deseo de conocerla debe obedecer a la proyección nacional que representa, a su capacidad de funcionar como herramienta en la construcción de la nación. No es la encrucijada de un sujeto individual el que estamos conociendo; es la encrucijada de toda una nación. Fue una de las mujeres con ideas más avanzadas en su época, solicitada por todos, creadora de complejos sistemas educacionales pioneros de los existentes hoy día, y que, en la intimidad de su vida cotidiana, era capaz de escribir sin complejos de su vida personal, sus amores y desvelos. Porque estas cartas revelan la enorme estatura de una de las mujeres claves del siglo XX, y la hacen una obra literaria de calidad universal, es decir, cualquier editorial de la actualidad podría haberla publicado, y es de esperar que el Estado chileno, administrador de este material, esté negociando en su justo precio este tesoro invaluable: más de cincuenta mil hojas, en que las cartas ascienden a unas diez mil, según estima Pedro Pablo Zegers, y sólo doscientas cincuenta de ellas integran el epistolario con Doris Dana, lo que significa un legado artístico único.
Me habló Fernando Zavala de El Mercurio, preguntando si esta obra afectaba la visión de la escritora en el proyecto de filmación de “La Mistral”, guión que trabajé para Stan Jakubowicz, y respondí que no sufre variación alguna esta revelación histórica en la vida privada de Gabriela Mistral, porque, si bien tratamos también artísticamente su relación con Doris Dana, incluso con un sutil aporte genial de la actriz mexicana Angélica Aragón, durante la lectura que hicimos en Chile, para revelar la alegría del amor que vivía la escritora, está la cinta más bien enfocada en la figura enorme que representa Gabriela Mistral, porque los discursos y las prácticas de esta mujer tiene un costado social o colectivo, que al final, en su caso, tiene que ver con todo el mundo, donde era una personalidad influyente veinte años antes de recibir el Premio Nobel. El suyo es el legado de una personalidad de la cultura universal, que está en las bases de la sociedad humana actual.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
Por Waldemar Verdugo.
La publicación de “Niña Errante” (Editorial Lumen), que rescata la correspondencia entre Gabriela Mistral y Doris Dana, ha generado intensas reacciones. Los chilenos entramos al siglo XXI como un país desarrollado, y ciertos aspectos de nuestro acontecer cultural también son indicativos de ello. El inicio de la publicación de la correspondencia privada de Gabriela Mistral, al tratarse de nuestra más alta poeta y educadora, comienza a revelar un aspecto muy delicado de nuestra chilenidad. Ella sufrió tormentos y denigraciones en Chile, para transformarse en icono una vez que se hizo extranjera. Sin embargo, nunca dejó de ser nuestro país su punto de referencia, y en su obra está más que claro que se ocupó de hacérnoslo saber, por ejemplo, antes de ella el mestizaje está ausente del discurso chileno sobre la nacionalidad (lo que no se debe entender como la idea de una personalidad chilena o de lo chileno, que sería en sí un proyecto racial, sino enfocado al hacer mejor las cosas a partir del lugar donde uno vive). La incomprensión de Chile hacia su vida privada, la desconcertaba y le dolía, calificando nuestra sociedad chilena de la primera mitad del siglo pasado, como “conservadora”, “sin sentido común” y con rasgos de “inmadurez”. Con la publicación de estas cartas, nuestro país asume a una Gabriela digna y responsable de sus derechos humanos de ser libre en su intimidad, sin deber al respecto explicaciones a nadie más que al objeto de su amor, embriagada en su racionalidad por explicar la emoción del sentimiento, diciendo a Doris: “Procuro cuidarme para ti. Yo no tengo razón de vivir. Cuando llegaste, yo no tenía nada, parecía desnuda, y saqueada, paupérrima, anodina, como las materias más plebeyas. La pobreza pura y el tedio y una viva repugnancia de vivir. Todo lo has mudado tú.” En estas cartas se lee la exquisita belleza de su escritura, su perfección formal, su intensidad y su emoción. En la historia sólo le encuentro un parecido a los pocos fragmentos que se han rescatado de Safo, la poeta griega. Este epistolario es pura prosa poética.
Gabriela Mistral asumió una postura abierta e insistente de protección a las minorías raciales, a los niños, las mujeres, sus indios pobres de los países americanos , que contrasta, por supuesto, con el silencio de su identidad sexual, lo que para ella era lógico por pertenecer este aspecto el que traza un límite entre el individuo y el Estado. Su identidad pública ella no temió exhibirla por completo, y la hizo famosa en el mundo de su época, pero su identidad privada era sólo de ella, y la vivía en gracia porque nunca leemos en esta correspondencia con Doris Dana reproche al cielo, son cartas terrenales, que la revelan humana más que humana, viviendo el instante en que “todo daña al amor, excepto él mismo”. Con alguien de toda confianza a quien encargar que le compre un calentador “para este cuarto nuestro”. O resignada a la separación del objeto de su amor: “Yo prefiero saberte feliz y plena a saberte sola y vacía”...correspondida al ser tratada de “preciosa” (cuando todo Chile le decía fea), “linda”, “vida mía”, “amor mío”, como la nombra Doris. Gabriela Mistral, en su intimidad, simplemente no se consideraba distinta a nadie, porque la expresión sexual debe ser una expresión íntima, sin mayor importancia que para las vecinas del conventillo. Ella es una adelantada. Era algo como recién se comienza a entender en nuestra época, cuando estamos en el comienzo del fin de represión a las minorías sexuales. La Mistral nunca se sintió diferente, eso es todo. Para ella la expresión de su sexualidad era algo completamente natural, como debe serlo para toda persona sana. Quizás, Gabriela Mistral en su plan de trabajo social y poético sabía que explicitar su vida privada levantaba el obstáculo que implica la homofobia, pero no basta dejarlo ahí, porque ella además se enfrentaba al juicio del propio Estado chileno, de quien, al final, dependía su trabajo consular. Quizás intuyó que ese no era su momento pero que dejó explícito en su correspondencia para que brotara en su instante, al final era una visionaria. Estarán de fiesta los ingenuos estudiosos queer, que buscan arrojar luz sobre la participación de gays y lesbianas en el proyecto de construcción de la nación universal que anuncia internet, aunque sea obsoleto ver la sexualidad o la identidad sexual discriminada como origen motriz de una vida o una obra, es decir, como ontología. No se trata de celebrar el triunfo de “los nuestros” (sea del sexo que sea) por sobre el orden oficial. Se trata de respetar la libertad de cada cuál en la medida en que no afecte a otro. Es decir, se trata de mejorar la relación del Estado con todos, en búsqueda del bien común.
La socióloga Sonia Montecinos reconoce en “El Mercurio” hoy día que le dio pudor leer las cartas, y se pregunta: “¿Por qué seleccionar del nuevo y enorme legado de Mistral, que custodia la Dibam, las cartas entre ella y Doris? En un contexto chileno anegado de voyerismo y fisgoneo, de goce perverso por las comidillas de la farándula, un libro como éste puede entenderse como parte de una cultura que busca solazarse con lo íntimo”. Para el teórico literario Cedomil Goic, “hablar del aspecto sexual supone errores en torno a la poeta, que era una mujer sensible, de afectos sinceros e intensos, pero eso no quiere decir otra cosa”. Para el poeta Armando Uribe, Premio Nacional de Literatura, “estamos ante una correspondencia de mucha fuerza literaria y emoción. Me atrevería a calificarlas de poesía en prosa. Por otro lado, son muy emocionantes y muestran una relación que podría calificarse de bastante tórrida, pero planteada con dignidad. En ese sentido, tienen valor doble”. Para el presidente de la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral, el poeta Jaime Quezada, “en estas cartas vemos un amor pleno, es una amistad con A mayúscula. Esta obra epistolaria, sin duda, ayudará a desmoronar algunos mitos y fábulas, sobre todo en un universo de país como el nuestro, donde la leyenda nunca dejó en paz a Gabriela. Ahora la poeta queda en su sitio, como quien supo amar a alguien más, sea éste un hombre o una mujer”. El poeta Floridor Pérez pide evitar los prejuicios: “En el pasado, hablar de cualquier tipo de estas cosas era montar un escándalo. Hoy querer diagnosticar cae en la discriminación. Igual uno se pregunta, ¿acaso dos personas del mismo sexo no se pueden querer?” Para el escritor Grínor Rojo, revelaciones de este tipo no cambian mayormente nada sobre la interpretación que se pueda tener sobre la obra de la Mistral: “Me preocuparía si complejizara su poesía, si le diera un vuelco a la lectura que estamos haciendo de su poesía. Y me parece que eso no pasa. En cuanto a la imagen pública, me tiene enteramente sin cuidado”.
Por cierto que la vida de Gabriela Mistral no se puede rescatar tan sólo en torno a pruebas documentales que despiertan la curiosidad morbosa de corroborar su expresión sexual, un hecho meramente personal. El deseo de conocerla debe obedecer a la proyección nacional que representa, a su capacidad de funcionar como herramienta en la construcción de la nación. No es la encrucijada de un sujeto individual el que estamos conociendo; es la encrucijada de toda una nación. Fue una de las mujeres con ideas más avanzadas en su época, solicitada por todos, creadora de complejos sistemas educacionales pioneros de los existentes hoy día, y que, en la intimidad de su vida cotidiana, era capaz de escribir sin complejos de su vida personal, sus amores y desvelos. Porque estas cartas revelan la enorme estatura de una de las mujeres claves del siglo XX, y la hacen una obra literaria de calidad universal, es decir, cualquier editorial de la actualidad podría haberla publicado, y es de esperar que el Estado chileno, administrador de este material, esté negociando en su justo precio este tesoro invaluable: más de cincuenta mil hojas, en que las cartas ascienden a unas diez mil, según estima Pedro Pablo Zegers, y sólo doscientas cincuenta de ellas integran el epistolario con Doris Dana, lo que significa un legado artístico único.
Me habló Fernando Zavala de El Mercurio, preguntando si esta obra afectaba la visión de la escritora en el proyecto de filmación de “La Mistral”, guión que trabajé para Stan Jakubowicz, y respondí que no sufre variación alguna esta revelación histórica en la vida privada de Gabriela Mistral, porque, si bien tratamos también artísticamente su relación con Doris Dana, incluso con un sutil aporte genial de la actriz mexicana Angélica Aragón, durante la lectura que hicimos en Chile, para revelar la alegría del amor que vivía la escritora, está la cinta más bien enfocada en la figura enorme que representa Gabriela Mistral, porque los discursos y las prácticas de esta mujer tiene un costado social o colectivo, que al final, en su caso, tiene que ver con todo el mundo, donde era una personalidad influyente veinte años antes de recibir el Premio Nobel. El suyo es el legado de una personalidad de la cultura universal, que está en las bases de la sociedad humana actual.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
ARGENTINA: Visiones.
26 de agosto de 2009
LA LETRA VIRTUAL
Quiero agradecer a la investigadora mexicana Aurora Ortigas Lillo, un punto de enlace entre la literatura en español y la que se escribe en USA, país donde reside, por haber incluido en su libro bilingüe “La Escritura Virtual” (julio 2009, Ed. Lasser Co./ OEM) una conversación que tuvimos a comienzos de año durante su visita a Chile invitada por la Sociedad de Escritores Latinoamericanos y el Pen Club. Le digo que su trabajo es inapreciable por servir de puente entre dos culturas tan disímiles como la latina y la anglosajona, que, sin embargo, descubren sus puntos de contacto gracias a personas como la profesora Ortigas Lillo, autora de una obra despertadora de conciencias y con una larga carrera llena de logros como maestras de letras.
También debo agradecer al editor del Proyecto Patrimonio cultural escrito, Luis Martínez Solorza, por rescatar en internet, precisamente mi entrevista publicada en la obra citada. Dice él: “Desde siempre el intelectual, y con él el creador literario ha sido referente obligado de la sociedad en la búsqueda por entender y comprender el momento histórico, social o político. Encontramos en lo que el creador literario manifiesta frente a la problemática social, el proceso creativo, la existencia de lo trascendente, la explicación de su propio mundo narrativo, en definitiva lo que piensa del mundo que lo rodea, las pequeñas piezas del rompecabezas que nos permiten completar el gran cuadro en que quedan al descubierto las íntimas , y también las externas, motivaciones que componen e impulsan el imaginario del autor, y que determinan, de una manera u otra , el resultado de su obra personal. Es en la entrevista, practica periodística de enorme importancia, en el comentario, el artículo o la opinión publicada o transmitida por los diversos medios, en el que van brotando estas pequeñas piezas, estas partículas creativas que van conformando un verdadero "patrimonio", con los pareceres y pensamientos, análisis e ideas de los creadores literarios. Es aquí, y no en la publicación especializada o profundamente intelectual en donde se expone al creador a la pregunta cotidiana, a la explicación del hacer rutinario de su oficio, a su pensamiento político, a sus odios y sus amores y es aquí también en donde el puede dar a conocer su realidad como hombre o mujer de oficio creador, sus tribulaciones y demandas en un mundo cargado de conflictos y que ve en el un referente que ilumine el camino a la redención y el entendimiento. Dada la precariedad del soporte en el que estos escritos se encuentran, libros especializados, diarios, revistas, folletos, antiguas publicaciones, es que surgió la idea de generar un "proyecto de rescate de patrimonio", que podría perderse o convertirse de muy difícil acceso o quedar destinado al desecho y a la pérdida , la idea es rescatarlos y subirlos a la red para el uso libre de ellos, por quien los necesite. La página no utiliza material escrito que ya se encuentre conservado o que sea fácilmente accesible, como archivos públicos.”
La entrevista está en
http://letras.s5.com/wv240809.html
También debo agradecer al editor del Proyecto Patrimonio cultural escrito, Luis Martínez Solorza, por rescatar en internet, precisamente mi entrevista publicada en la obra citada. Dice él: “Desde siempre el intelectual, y con él el creador literario ha sido referente obligado de la sociedad en la búsqueda por entender y comprender el momento histórico, social o político. Encontramos en lo que el creador literario manifiesta frente a la problemática social, el proceso creativo, la existencia de lo trascendente, la explicación de su propio mundo narrativo, en definitiva lo que piensa del mundo que lo rodea, las pequeñas piezas del rompecabezas que nos permiten completar el gran cuadro en que quedan al descubierto las íntimas , y también las externas, motivaciones que componen e impulsan el imaginario del autor, y que determinan, de una manera u otra , el resultado de su obra personal. Es en la entrevista, practica periodística de enorme importancia, en el comentario, el artículo o la opinión publicada o transmitida por los diversos medios, en el que van brotando estas pequeñas piezas, estas partículas creativas que van conformando un verdadero "patrimonio", con los pareceres y pensamientos, análisis e ideas de los creadores literarios. Es aquí, y no en la publicación especializada o profundamente intelectual en donde se expone al creador a la pregunta cotidiana, a la explicación del hacer rutinario de su oficio, a su pensamiento político, a sus odios y sus amores y es aquí también en donde el puede dar a conocer su realidad como hombre o mujer de oficio creador, sus tribulaciones y demandas en un mundo cargado de conflictos y que ve en el un referente que ilumine el camino a la redención y el entendimiento. Dada la precariedad del soporte en el que estos escritos se encuentran, libros especializados, diarios, revistas, folletos, antiguas publicaciones, es que surgió la idea de generar un "proyecto de rescate de patrimonio", que podría perderse o convertirse de muy difícil acceso o quedar destinado al desecho y a la pérdida , la idea es rescatarlos y subirlos a la red para el uso libre de ellos, por quien los necesite. La página no utiliza material escrito que ya se encuentre conservado o que sea fácilmente accesible, como archivos públicos.”
La entrevista está en
http://letras.s5.com/wv240809.html
13 de julio de 2009
ELOGIO A NICANOR PARRA.
ELOGIO A NICANOR PARRA.
Por Waldemar Verdugo.
Ayer tuve la grata visita de Nicanor Parra, quien es, según creo, el más alto poeta vivo de Chile, y sus lectores afirmamos que también de la lengua española. Debo confesar que no soy, en especial, lector erudito de poesía, pero a Nicanor Parra me lo enseñó alguien en quien creo. Personalmente no le conocía, es decir nunca antes había conversado con él, porque hace unos años, en la Sociedad de Escritores en Santiago se le dio un homenaje, al que me invitó Isabel Velasco, que era entonces presidenta de la SECH: fui y verlo decir su poesía es una experiencia sobrecogedora, estaba iluminado nada más por un foco central recortado de las sombras, sin mayor apoyo que su presencia enorme; luego había una cena privada con él, pero debía volverme a la playa y no pude conversarle. Ayer fue fortuita la visita del poeta; él paseaba con su nieta por los acantilados a la orilla del mar, frente a mi hogar, cuando lo descubrí de vuelta a casa; me acompañaba el Obama, un pequeño terrier chileno que llegó de cachorro a vivir a la orilla del mar justo el día de la magna elección del presidente norteamericano, en cuyo honor así nombramos con los vecinos: lo comenzaban a atacar los perros salvajes que custodian la entrada a la Caleta de los pescadores bajo los acantilados, una jauría cuyo líder es la hembra Lucrecia, una perra madura que sólo quien esto escribe logra bañar con shampoo: sus hijos mestizos y padres de paso actúan a las órdenes de ella. Hace muchos años, cada vez que salgo de mi hogar a caminar los roquerios, de inmediato se aparece la sagaz Lucrecia y no se me separa expresando un cariño que nos tenemos recíproco: jamás había permitido que otro perro alguno de su jauría se me acercara, con celo feroz incluso con sus hijos: a todos ellos expuesto el pequeño terrier, que llegó a instalarse a los acantilados de un día para otro: simplemente apareció y se ahuecó en el pasto seco que a finales de verano y antes de las lluvias se adormece a la orilla de las rocas altas. Desde mi terraza lo descubrí de inmediato, porque es inusual un ser vivo posible viviendo en la intemperie a orillas de estos mares del sur, solamente con un poco de pasto seco al abrigo de las aguas y el viento, sin embargo él en un par de días, había llevado a su cuna de paja seca, cochayuyos y otras algas secas creando un refugio ingenuo. Un nuevo día le llevamos agua y comida, y ese mismo anochecer la jauría atacó al Obama para que se retirara de sus dominios. Mi buena relación con la soberbia Lucrecia nada más impidió que los perros mataran al pequeño terrier que al verme salir corrió a refugiarse detrás mío. Desde ese día, vive con nosotros luego de un trabajo de joyería con la hembra líder para que finalmente lo aceptara y con ella toda la jauría, que ahora tienen al Obama como uno de los suyos y hasta se atreve a ladrar mientras da saltos enormes simulando morder las orejas de la Lucrecia, muy propia ella caminando conmigo a la orilla del mar.
“Obama tiene menos de nueve meses, según indicó la veterinaria examinando su dentadura” narré a Nicanor Parra, a quien por supuesto invité de inmediato a entrar a casa, accediendo él muy gentil: rió de buena gana con el nombre del pequeño perro blanco de cabeza y cola negra, quien trabó con él una relación afectuosa inmediata, saltándole alrededor y haciendo todo lo posible por llamar su atención: dijo que el nombre estaba muy bien puesto, porque tanto el primer presidente negro de Estados Unidos como el terrier chileno mezcla de perro callejero y fino Fox inglés pertenecen excepcionalmente a seres únicos, aparte del establishment. La nieta del poeta, encantadora, comentó que mi casa parece un laberinto y se dedicó a ver algunos recovecos, mientras él se apoyó en la baranda de una terraza y miraba el horizonte, enfrentado el sol a sus cabellos largos plateados. Lo observé recortado contra el azul del mar y la tranquilidad que del hombre emana, diría yo, calmaba las olas que en esta época las aguas se vienen bravas. Escribió Pablo Neruda que entre todos los poetas del sur de América, poetas extremadamente terrestres, la poesía versátil de Nicanor Parra se destaca por su follaje singular y sus fuertes raíces, con una vocación poética tan poderosa como lo fuera en Miguel Hernández, en que su madurez lo lleva a las exploraciones más difíciles, manteniéndolo entre la flor y la tierra, entre la noche y el sonido, pero regresando de todo con pies seguros, que dejarán marcadas sus huellas australes en toda la espesura de la poesía. Para Neruda su poesía “es una delicia de oro matutino o un fruto consumado en las tinieblas. Como lo mande el poeta Nicanor nos dejará impregnados de frescura o de estrellas”.
Ayer en casa lo sentí, es un hombre cálido, que recibe con risas y algo de asombro un elogio, como si no supiera quién es, qué representa para la cultura contemporánea, al fin, pienso, no siempre la poesía evoluciona de tal forma, y dije un comentario cantando al tamaño colosal de su obra, preguntando él a su nieta, asombrado: “¿Oíste lo que dijo?”. La chica reía y Nicanor estuvo de lo más a gusto. Quiere comprar una casa enfrente de la mía y con una vista excepcional de estos mares del sur. Me dijo que aquí le gustaría vivir, arrullado con el canto de las aguas rebotando en las rocas, quizás siguiendo ese viejo consejo irlandés que citaba John Huston que insinúa hacer lo posible por vivir al final cerca del mar, porque hace que las viejas heridas dejen de doler. El mar reanima el espíritu, hace más rápidas las pasiones de la mente y el cuerpo y, pese a lo fugaz de todo, uno aquí vive empapado de cierta tranquilidad en el alma, con la impresión de la grandiosidad de lo creado.
Hoy volvió Nicanor Parra con su hija Colombina, bellísima ella, más aún de como se la puede ver cantando en la televisión, es de mirada calma que atrapa de inmediato, en un momento le dije: “eres una estrella”, y el poeta creyó que le decía a él, rectificándome de inmediato: “yo no, mi hija Colombina es una estrella”. Le respondí: “A ella me refería, respetado Nicanor, tú no eres una estrella. Tú eres un inmortal”, y le entregué los números de teléfono que conseguí para él de los dueños de la casa vecina que ayer me dijo que desea adquirir; se fue feliz y riendo ante mis recomendaciones de negociar como Dios manda. Debo escribir ahora la razón fundamental de estas líneas, cuando pude comprobar algo que antes sólo intuí. Siguiendo una recomendación que recibí a los veinte años del viejo Borges, nunca en verdad he tenido prisa en publicar, sólo ocupado de escribir para hacerlo cada vez mejor, que otros se ocupen de publicar. Por supuesto, durante estos tantos años, uno se pregunta a veces si acaso el arte por sí mismo termina imponiéndose sin que el artista haga lo más mínimo para venderlo. O se pierde. Es decir, ¿es posible que exista trabajo perdido, más allá del oficio humano que sea, si se realiza con fe? La actriz cubana Ninón Sevilla, una noche en su casa en la Ciudad de México, donde estaba Juan José Arreola, al respecto me dijo: “Mira mijo, que santito que no es visto santito que no es adorado”. Y Arreola estuvo de acuerdo, agregando que hasta Dios necesita campanas para avisarse. Pero resulta que Lao Tzse también dice que uno no debe buscar nada en la vida, solo hacer las cosas como si no se las hiciera, porque el cuervo no necesita que sus alas sean pintadas de negro pues son naturalmente de ese color. Hoy, Nicanor Parra me contó que el otro día tocaron a su puerta, y se le aparece Carmen Balcells, interesada en representar su obra para que ocupe el lugar que en las letras le corresponde, poniendo sus libros al alcance de todos, a él que nunca ha buscado nada en la vida, según me dijo, ¿no es para pensar que el trabajo nunca se pierde, que lo único está en el intento de crearlo bien, nada más? Es cierto que no es necesario bañar cada día las alas del cisne porque un cisne es naturalmente blanco.
Con Carmen Balcells cené una noche en la Ciudad de México, hace varios años: era una mesa redonda y yo no conocía a nadie: resultó que me habló, una hora antes de la cena, José Luis Ramírez Cota, mi editor y un buen amigo, indicándome que me presentaría a Carmen. Yo estaba trabajando en Vogue, deduciendo que era imposible tener tiempo para a ir a mi departamento a cambiarme, cuando veo entrar al editor de moda seguido por su equipo, cargando ropa de hombre, de paso al estudio de la revista. Era una colección de Pierre Cardin que iba a ser fotografiada al otro día, en la que iba una tenida de seda azul opaco con su camisa, corbata, calcetines y zapatos que me quedaron pintados... en nombre de todas las cruces prometí devolver la tenida exactamente igual. Antes de salir, mi secretaria entonces, un ángel benefactor siempre, puso en mi bolsillo un afortunado rollito de papel desechable con la indicación de que si manchaba el terno lo limpiara de inmediato para que no se notara. Al llegar al sitio, sentado junto a Carmen Balcells, que es una mujer muy sencilla, ella comentó que no había tenido tiempo en todo el día de probar bocado alguno, ante lo que se apresuraron en servirnos entremeses, destacando unos pequeños trozos de chorizos españoles, salchichón, lomo, sobrasada... que no dejaban de sorprender con solo ver sus texturas para desear probar sus sabores; vi a Carmen, sin más, tomar con la mano un trocito que de inmediato degustó, la imité, mientras, no llegaban los tenedores ni servilletas, hasta que en un instante nos observamos los dedos notablemente aceitosos, despertando mi expectación de no manchar el Cardin único prestado que debía devolver intacto, situación jocosa para mi dada la circunstancia que narré en dos palabras a ella, mientras me ocupaba de procurar para ambos, sin disimulo, pedacitos de papel desechable, aminorando la espera tediosa que cubriera nuestra falta de comer a mano limpia, ante el peligro de ver que los ricos entremeses españoles sufrían el riesgo de enfriarse en las pailas. Nadie más se atrevió a comer con las manos, mientras José Luis Ramírez puro se reía de buena gana. Nos conectamos al tiro con Carmen, desde que nos vimos: resultó que cuando llegué al restaurante esa noche no vi a nadie, y salí a la recepción para preguntar el sitio en que se realizaría la cena, pero junto con devolverme, la veo venir a ella, sola, luego me di cuenta que la seguía un séquito, sin embargo, fui a encontrarla, y le dije: “¡Carmen Balcells existes! Pensaba que eras un mito”. Se rió a viva voz, mientras la saludaba a la manera chilena, de beso y abrazo, que ella respondió cálidamente. Al instante, José Luis nos presentó, ella me tomó del brazo y fuimos a sentarnos a la mesa redonda. Eran unas diez personas, entre ellos escritores mexicanos ilustres y escritores españoles que entonces residían en el Distrito Federal. Solo me dediqué a escuchar y apreciar esa cena española, cuyos sabores unidos al tequila del maguey son al paladar una delicia inigualable. Antes de terminar de comer, Carmen tomó de su cartera una pequeña máquina fotográfica y, parándose, me tomó varias fotos, algunas junto a Beatrice Trueblood, que estaba ubicada a mi otro lado en la mesa; luego, guardó su máquina fotográfica y sin más se volvió a sentar y seguimos cenando; tiene ella algo inapreciable: sentido del humor. Carmen me dijo que quería hacer publicar en España mi libro acerca del viejo Borges, que quedaría muy bien con una nota de María Kodama, a quien me pidió hablar, algo que nunca he hecho. Hace un tiempo, a través de un amigo común le envié a Kodama mi libro “Magos de América” en que incluyo un trazo a propósito de su esposo, que ella me respondió con un bello regalo: una serie de litografías inspiradas en el poema El Gaucho, del mismo maestro Borges. Le escribí diciendo que alguna vez la visitaría en Buenos Aires, pero el caso es que luego de vivir tantos años fuera de mi país, lo menos que quiero es salir, embelesado como estoy de todo. Vivo embriagado aquí de las cosas, diría yo. Ahora, cuando creo más en eso de que aquí se trata de hacer lo suyo lo mejor posible, que cada cosa tiene su lugar y su tiempo correspondiente aquí en la Tierra, cuando me parece prueba suficiente el que la agente literaria más poderosa del planeta puede perfectamente llegar a tocar las puertas de un viejo poeta en un lugar perdido de los mares del Sur; igual que antes se detuvo a fotografiar a un joven escritor chileno en la Ciudad de México que, como ahora, sólo estaba dedicado al ejercicio del oficio de escribir para, algún día, llegar a la dignidad que otorga la práctica y el tiempo, lo que he visto en Nicanor Parra, que no necesita probar nada a nadie: ahora cuando sus lectores creemos que tiene más que merecido el Premio Nobel de Literatura, algo que a él lo tiene sin el más mínimo cuidado.
Por Waldemar Verdugo.
Ayer tuve la grata visita de Nicanor Parra, quien es, según creo, el más alto poeta vivo de Chile, y sus lectores afirmamos que también de la lengua española. Debo confesar que no soy, en especial, lector erudito de poesía, pero a Nicanor Parra me lo enseñó alguien en quien creo. Personalmente no le conocía, es decir nunca antes había conversado con él, porque hace unos años, en la Sociedad de Escritores en Santiago se le dio un homenaje, al que me invitó Isabel Velasco, que era entonces presidenta de la SECH: fui y verlo decir su poesía es una experiencia sobrecogedora, estaba iluminado nada más por un foco central recortado de las sombras, sin mayor apoyo que su presencia enorme; luego había una cena privada con él, pero debía volverme a la playa y no pude conversarle. Ayer fue fortuita la visita del poeta; él paseaba con su nieta por los acantilados a la orilla del mar, frente a mi hogar, cuando lo descubrí de vuelta a casa; me acompañaba el Obama, un pequeño terrier chileno que llegó de cachorro a vivir a la orilla del mar justo el día de la magna elección del presidente norteamericano, en cuyo honor así nombramos con los vecinos: lo comenzaban a atacar los perros salvajes que custodian la entrada a la Caleta de los pescadores bajo los acantilados, una jauría cuyo líder es la hembra Lucrecia, una perra madura que sólo quien esto escribe logra bañar con shampoo: sus hijos mestizos y padres de paso actúan a las órdenes de ella. Hace muchos años, cada vez que salgo de mi hogar a caminar los roquerios, de inmediato se aparece la sagaz Lucrecia y no se me separa expresando un cariño que nos tenemos recíproco: jamás había permitido que otro perro alguno de su jauría se me acercara, con celo feroz incluso con sus hijos: a todos ellos expuesto el pequeño terrier, que llegó a instalarse a los acantilados de un día para otro: simplemente apareció y se ahuecó en el pasto seco que a finales de verano y antes de las lluvias se adormece a la orilla de las rocas altas. Desde mi terraza lo descubrí de inmediato, porque es inusual un ser vivo posible viviendo en la intemperie a orillas de estos mares del sur, solamente con un poco de pasto seco al abrigo de las aguas y el viento, sin embargo él en un par de días, había llevado a su cuna de paja seca, cochayuyos y otras algas secas creando un refugio ingenuo. Un nuevo día le llevamos agua y comida, y ese mismo anochecer la jauría atacó al Obama para que se retirara de sus dominios. Mi buena relación con la soberbia Lucrecia nada más impidió que los perros mataran al pequeño terrier que al verme salir corrió a refugiarse detrás mío. Desde ese día, vive con nosotros luego de un trabajo de joyería con la hembra líder para que finalmente lo aceptara y con ella toda la jauría, que ahora tienen al Obama como uno de los suyos y hasta se atreve a ladrar mientras da saltos enormes simulando morder las orejas de la Lucrecia, muy propia ella caminando conmigo a la orilla del mar.
“Obama tiene menos de nueve meses, según indicó la veterinaria examinando su dentadura” narré a Nicanor Parra, a quien por supuesto invité de inmediato a entrar a casa, accediendo él muy gentil: rió de buena gana con el nombre del pequeño perro blanco de cabeza y cola negra, quien trabó con él una relación afectuosa inmediata, saltándole alrededor y haciendo todo lo posible por llamar su atención: dijo que el nombre estaba muy bien puesto, porque tanto el primer presidente negro de Estados Unidos como el terrier chileno mezcla de perro callejero y fino Fox inglés pertenecen excepcionalmente a seres únicos, aparte del establishment. La nieta del poeta, encantadora, comentó que mi casa parece un laberinto y se dedicó a ver algunos recovecos, mientras él se apoyó en la baranda de una terraza y miraba el horizonte, enfrentado el sol a sus cabellos largos plateados. Lo observé recortado contra el azul del mar y la tranquilidad que del hombre emana, diría yo, calmaba las olas que en esta época las aguas se vienen bravas. Escribió Pablo Neruda que entre todos los poetas del sur de América, poetas extremadamente terrestres, la poesía versátil de Nicanor Parra se destaca por su follaje singular y sus fuertes raíces, con una vocación poética tan poderosa como lo fuera en Miguel Hernández, en que su madurez lo lleva a las exploraciones más difíciles, manteniéndolo entre la flor y la tierra, entre la noche y el sonido, pero regresando de todo con pies seguros, que dejarán marcadas sus huellas australes en toda la espesura de la poesía. Para Neruda su poesía “es una delicia de oro matutino o un fruto consumado en las tinieblas. Como lo mande el poeta Nicanor nos dejará impregnados de frescura o de estrellas”.
Ayer en casa lo sentí, es un hombre cálido, que recibe con risas y algo de asombro un elogio, como si no supiera quién es, qué representa para la cultura contemporánea, al fin, pienso, no siempre la poesía evoluciona de tal forma, y dije un comentario cantando al tamaño colosal de su obra, preguntando él a su nieta, asombrado: “¿Oíste lo que dijo?”. La chica reía y Nicanor estuvo de lo más a gusto. Quiere comprar una casa enfrente de la mía y con una vista excepcional de estos mares del sur. Me dijo que aquí le gustaría vivir, arrullado con el canto de las aguas rebotando en las rocas, quizás siguiendo ese viejo consejo irlandés que citaba John Huston que insinúa hacer lo posible por vivir al final cerca del mar, porque hace que las viejas heridas dejen de doler. El mar reanima el espíritu, hace más rápidas las pasiones de la mente y el cuerpo y, pese a lo fugaz de todo, uno aquí vive empapado de cierta tranquilidad en el alma, con la impresión de la grandiosidad de lo creado.
Hoy volvió Nicanor Parra con su hija Colombina, bellísima ella, más aún de como se la puede ver cantando en la televisión, es de mirada calma que atrapa de inmediato, en un momento le dije: “eres una estrella”, y el poeta creyó que le decía a él, rectificándome de inmediato: “yo no, mi hija Colombina es una estrella”. Le respondí: “A ella me refería, respetado Nicanor, tú no eres una estrella. Tú eres un inmortal”, y le entregué los números de teléfono que conseguí para él de los dueños de la casa vecina que ayer me dijo que desea adquirir; se fue feliz y riendo ante mis recomendaciones de negociar como Dios manda. Debo escribir ahora la razón fundamental de estas líneas, cuando pude comprobar algo que antes sólo intuí. Siguiendo una recomendación que recibí a los veinte años del viejo Borges, nunca en verdad he tenido prisa en publicar, sólo ocupado de escribir para hacerlo cada vez mejor, que otros se ocupen de publicar. Por supuesto, durante estos tantos años, uno se pregunta a veces si acaso el arte por sí mismo termina imponiéndose sin que el artista haga lo más mínimo para venderlo. O se pierde. Es decir, ¿es posible que exista trabajo perdido, más allá del oficio humano que sea, si se realiza con fe? La actriz cubana Ninón Sevilla, una noche en su casa en la Ciudad de México, donde estaba Juan José Arreola, al respecto me dijo: “Mira mijo, que santito que no es visto santito que no es adorado”. Y Arreola estuvo de acuerdo, agregando que hasta Dios necesita campanas para avisarse. Pero resulta que Lao Tzse también dice que uno no debe buscar nada en la vida, solo hacer las cosas como si no se las hiciera, porque el cuervo no necesita que sus alas sean pintadas de negro pues son naturalmente de ese color. Hoy, Nicanor Parra me contó que el otro día tocaron a su puerta, y se le aparece Carmen Balcells, interesada en representar su obra para que ocupe el lugar que en las letras le corresponde, poniendo sus libros al alcance de todos, a él que nunca ha buscado nada en la vida, según me dijo, ¿no es para pensar que el trabajo nunca se pierde, que lo único está en el intento de crearlo bien, nada más? Es cierto que no es necesario bañar cada día las alas del cisne porque un cisne es naturalmente blanco.
Con Carmen Balcells cené una noche en la Ciudad de México, hace varios años: era una mesa redonda y yo no conocía a nadie: resultó que me habló, una hora antes de la cena, José Luis Ramírez Cota, mi editor y un buen amigo, indicándome que me presentaría a Carmen. Yo estaba trabajando en Vogue, deduciendo que era imposible tener tiempo para a ir a mi departamento a cambiarme, cuando veo entrar al editor de moda seguido por su equipo, cargando ropa de hombre, de paso al estudio de la revista. Era una colección de Pierre Cardin que iba a ser fotografiada al otro día, en la que iba una tenida de seda azul opaco con su camisa, corbata, calcetines y zapatos que me quedaron pintados... en nombre de todas las cruces prometí devolver la tenida exactamente igual. Antes de salir, mi secretaria entonces, un ángel benefactor siempre, puso en mi bolsillo un afortunado rollito de papel desechable con la indicación de que si manchaba el terno lo limpiara de inmediato para que no se notara. Al llegar al sitio, sentado junto a Carmen Balcells, que es una mujer muy sencilla, ella comentó que no había tenido tiempo en todo el día de probar bocado alguno, ante lo que se apresuraron en servirnos entremeses, destacando unos pequeños trozos de chorizos españoles, salchichón, lomo, sobrasada... que no dejaban de sorprender con solo ver sus texturas para desear probar sus sabores; vi a Carmen, sin más, tomar con la mano un trocito que de inmediato degustó, la imité, mientras, no llegaban los tenedores ni servilletas, hasta que en un instante nos observamos los dedos notablemente aceitosos, despertando mi expectación de no manchar el Cardin único prestado que debía devolver intacto, situación jocosa para mi dada la circunstancia que narré en dos palabras a ella, mientras me ocupaba de procurar para ambos, sin disimulo, pedacitos de papel desechable, aminorando la espera tediosa que cubriera nuestra falta de comer a mano limpia, ante el peligro de ver que los ricos entremeses españoles sufrían el riesgo de enfriarse en las pailas. Nadie más se atrevió a comer con las manos, mientras José Luis Ramírez puro se reía de buena gana. Nos conectamos al tiro con Carmen, desde que nos vimos: resultó que cuando llegué al restaurante esa noche no vi a nadie, y salí a la recepción para preguntar el sitio en que se realizaría la cena, pero junto con devolverme, la veo venir a ella, sola, luego me di cuenta que la seguía un séquito, sin embargo, fui a encontrarla, y le dije: “¡Carmen Balcells existes! Pensaba que eras un mito”. Se rió a viva voz, mientras la saludaba a la manera chilena, de beso y abrazo, que ella respondió cálidamente. Al instante, José Luis nos presentó, ella me tomó del brazo y fuimos a sentarnos a la mesa redonda. Eran unas diez personas, entre ellos escritores mexicanos ilustres y escritores españoles que entonces residían en el Distrito Federal. Solo me dediqué a escuchar y apreciar esa cena española, cuyos sabores unidos al tequila del maguey son al paladar una delicia inigualable. Antes de terminar de comer, Carmen tomó de su cartera una pequeña máquina fotográfica y, parándose, me tomó varias fotos, algunas junto a Beatrice Trueblood, que estaba ubicada a mi otro lado en la mesa; luego, guardó su máquina fotográfica y sin más se volvió a sentar y seguimos cenando; tiene ella algo inapreciable: sentido del humor. Carmen me dijo que quería hacer publicar en España mi libro acerca del viejo Borges, que quedaría muy bien con una nota de María Kodama, a quien me pidió hablar, algo que nunca he hecho. Hace un tiempo, a través de un amigo común le envié a Kodama mi libro “Magos de América” en que incluyo un trazo a propósito de su esposo, que ella me respondió con un bello regalo: una serie de litografías inspiradas en el poema El Gaucho, del mismo maestro Borges. Le escribí diciendo que alguna vez la visitaría en Buenos Aires, pero el caso es que luego de vivir tantos años fuera de mi país, lo menos que quiero es salir, embelesado como estoy de todo. Vivo embriagado aquí de las cosas, diría yo. Ahora, cuando creo más en eso de que aquí se trata de hacer lo suyo lo mejor posible, que cada cosa tiene su lugar y su tiempo correspondiente aquí en la Tierra, cuando me parece prueba suficiente el que la agente literaria más poderosa del planeta puede perfectamente llegar a tocar las puertas de un viejo poeta en un lugar perdido de los mares del Sur; igual que antes se detuvo a fotografiar a un joven escritor chileno en la Ciudad de México que, como ahora, sólo estaba dedicado al ejercicio del oficio de escribir para, algún día, llegar a la dignidad que otorga la práctica y el tiempo, lo que he visto en Nicanor Parra, que no necesita probar nada a nadie: ahora cuando sus lectores creemos que tiene más que merecido el Premio Nobel de Literatura, algo que a él lo tiene sin el más mínimo cuidado.
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