24 de octubre de 2009

LA PAZ SE CONSTRUYE.

LA PAZ SE CONSTRUYE.

Enfrentando las ideas que utilizan la violencia como herramienta de cambio revolucionario, el pensamiento cristiano utiliza en la práctica el amor, es decir, la fuente origen de la no-violencia. La más pura tradición cristiana de los primeros cuatro siglos es un testimonio de esta actitud de no-violencia, en que el cambio revolucionario está en la misma vida y prédica de Jesucristo, lo que inspira en sus seguidores a fieles que no se conforman con el orden establecido, y opta siempre por los cambios necesarios para que la sociedad sea cada vez mejor, en búsqueda de la perfección en su expresión estricta. Por eso confiarse en la violencia es ajeno a un cristiano, que confía sólo en la fuerza creadora del amor, que también se identifica en el quehacer con la verdad. Dudosamente podría haber sobrevivido el pensamiento cristiano si es que sus discípulos de las primeras épocas hubiesen respondido con violencia a la violencia que sufrieron. El compromiso social de los cristianos en el desarrollo de la humanidad, es una consecuencia del amor. El Papa Juan XXIII, en la Encíclica Pacem in Terris sostiene: “El orden propio de las comunidades humanas es de esencia moral. En efecto, es un orden que tiene por base la verdad, que se realiza en la justicia, que puede ser unificado por el amor, que encuentra en la libertad un equilibrio sin cesar restablecido y siempre más humano”. Jesucristo se sitúa en el Sermón de la Montaña como el que viene a perfeccionar la ley por el amor. No llega a destruir la ley sino a completarla: “No piensen que he venido a destruir la Ley o los Profetas. No he venido a abrogarla sino a consumarla. No vine a destruir, sino a cumplir” (Mateo 5, 17). La ley del amor guía la conducta cristiana, para quien la respuesta a la violencia es llegar al diálogo verdadero, aunque para lograrlo la lucha implique actos de rudeza, simbolizado en Jesucristo expulsando a los mercaderes del Templo, pero a la vez símbolo de la verdad respetada en el uso de las cosas para lo que son creadas, sin usurpar ni pasar a llevar, imponiendo la verdad haciéndose aborrecible de los mercaderes, pero “Si el mundo os aborrece, sabed que me aborreció a mi primero que a vosotros” (Juan 15, 18). La violencia no puede justificarse mas que a título de medio proporcionado; requiere un juicio correcto sobre una situación determinada. Instando siempre a la resistencia pasiva, es decir, la no obediencia a las leyes injustas de un gobierno legítimo. Cuando el gobierno es legítimo y hace mal uso de su poder, por leyes represivas, la resistencia pasiva es aplicable. En todo caso, los cristianos no oponen resistencia a la persecución, convencidos de que también en esta entrega está su máxima fuerza: dar testimonio de la verdad. La fuerza legada por Jesucristo radica en la entrega con la que se vive la verdad. Siendo la no-violencia un sello que lleva al cristiano a plantearse siempre situaciones nuevas, lo que la hace una experiencia progresista en el más amplio sentido, y es lo que le permite responder siempre a las situaciones nuevas, porque la no-violencia como consecuencia del amor humano es una fuerza invencible que supera todas las dificultades. En la Encíclica Rerum Novarum escrita por el Papa León XIII y en los escritos del cuarto año de regencia del papa Pío XI, se encuentra toda la concepción social, una organización de la sociedad, una doctrina sobre el poder y la autoridad en que la base es la exclusión de la violencia como método del cambio social, un orden nuevo fundado en la consecución del bienestar común, en el que la persona del trabajador es lo más importante, por lo que rechazan tanto el capitalismo burgués de derecha como la lucha de clases de izquierda, en que la columna vertebral es el principio del “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
El Papa Pablo VI en su Encíclica Populorum Progressio también se refiere a la no-violencia, con una visión enfocada en el desarrollo humano, que considera urgente y un bien al que se debe dar prioridad; que debe ser realizado con la colaboración de todos, porque nadie pueder ser marginado ni debe marginarse del desarrollo, por ser condición esencial de la paz, citando a la palabra “desarrollo” como un nuevo nombre de la paz. Afirma que muchas veces la violencia se ubica en la lucha por lograr el desarrollo, que debe ser logrado en forma acelerada pero nunca improvisada, que podría acarrear consecuencias peores. Afirma Pablo VI: “Hay que darse prisa. Muchos hombres sufren y aumenta la distancia que separa el progreso de los unos del estancamiento y a un retroceso de los otros. Sin embargo, es necesario que la labor que hay que realizar progrese armoniosamente, so pena de ver roto el equilibrio que es indispensable. Una reforma agraria improvisada puede frustrar su finalidad. Una industrialización brusca, puede dislocar las estructuras, que todavía son necesarias, y engendrar miserias sociales, que serían un retroceso para la humanidad”. Afirma que los desniveles en el desarrollo son los que producen condiciones sociales de injusticia, creándose condiciones y situaciones sociales de violencia. Pero falta el compromiso con el trabajo de cada uno, falta responsabilidad, iniciativa y actitud. Para el cristiano hay armonía entre la fe y la acción que es guiada por el amor. El costo humano de la violencia es demasiado elevado, y para los cristianos no es lícito combatir un mal real al precio de un mal mayor, porque el bien siempre vence al mal.
Las instituciones ayudadas a través del tejido común en la Red deben adecuarse a los cambios sociales, antes de ser un factor de freno, deben ser fuentes de desarrollo y adelanto. Porque existen estructuras agrarias, formas de distribución de la propiedad y el trabajo, sistemas educacionales, usos y prácticas, que por haberse vuelto arcaicos, son verdaderas fuentes de violencia legalizada. Lo que no hace toda estructura necesariamente violenta; sociológicamente las instituciones siempre son necesarias para el desarrollo normal de la sociedad, cuando evolucionan con ella. Las transformaciones que estamos viviendo en aspectos tan importantes como el libre tránsito de bienes por el levantamiento de fronteras y los tratados de libre comercio, hacen urgente transformar economías caníbales a una más humana, justa y equilibrada que impulse el desarrollo de toda la raza comunicada por la Red virtual, una economía que no conseguiremos en forma improvisada y por la vía violenta, que sólo conduce a diferencias de desarrollo y crecimiento. La paz se construye. Y con ella un nuevo orden social más humano, centrado en el desarrollo pleno, donde los derechos humanos son legítimamente asegurados y respetados, donde el cambio social en beneficio común no sólo es aceptado, sino impulsado por todos en plena solidaridad amorosa. La paz es obra de la justicia, como resultado de un orden en que es respetada la dignidad humana, satisfechas las legítimas aspiraciones, en verdad libres, cuando el hombre no es objeto sino agente de su propia historia. Por esto siempre la reconstrucción social y política debe buscar servir al hombre común, no a los intereses privados. Cuyo desarrollo exige planes ordenados, pasos escalonados, actos claros y sistemáticos. Pidamos al cielo menos combatientes y más trabajadores responsables de su obra; deseosos de construir y no destruir. Para ellos, reformemos y reemplacemos lo que debe ser reemplazado, rescatemos lo que debe ser conservado y mejoremos lo digno de mejorar, que es todo, porque en la vida en general alienta un gran espíritu de audacia creadora, o no estaríamos aquí, ahora.
Lo que da origen a la acción no-violenta es cierta convicción profunda, que no se basa en el cálculo, a pesar de que el cálculo aconseja también evitar la violencia. Mientras menos violencia más humanidad. Lo que significa que la no-violencia no es una forma abstracta de “dar testimonio”, porque nació y está viva como una forma de lucha. Porque si bien tiene como base un aspecto trascendente que no pertenece al mundo físico, como es el amor, y que le da fuerza, como forma de lucha actúa en este mundo para solucionar los problemas concretos. No está situada solamente en una actitud ética de creencia, sino como una responsabilidad. No se trata de dejar las cosas en las buenas manos de Dios en los concerniente a los resultados de nuestra acción; se trata de ser responsables de las consecuencias de nuestros actos, no dando las espaldas a las realidades históricas escudados en principios mal entendidos. Porque la no-violencia nace como una dimensión social de compromiso con los otros, con los que sufren violencia. El Mahatma Gandhi la veía como una religión, que explicaba diciendo: “Una religión que no tiene para nada en cuenta las cosas de índole práctica y no ayuda a realizarlas, no es una religión... una religión que está en conflicto con las leyes fundamentales de la economía, es mala”. Siendo una acción de amor, la no-violencia tiene como contenido y objetivos inmediatos el compromiso social y, por lo tanto, político en el más completo sentido de eficacia. No busca sólo convertir, sino remover los obstáculos. Porque viene a oponerse no solamente a la violencia de la guerra o el terrorismo de las armas, sino también a la violencia política, económica y cultural organizada y mantenida por la institución y la ley cuando es indigna. Es decir, no enfrenta una forma de violencia -negarse al servicio militar para oponerse a la violencia militar, por ejemplo- y de combatirla sólo a ella, desviando la atención sobre las otras formas de violencia, que pueden constituir una forma más grave de peligro inmediato para la persona: antes de denunciar los actos, la no-violencia denuncia las situaciones que los provocan para atacar las raíces de la violencia. Porque es un fin, no un medio. Pues no persigue solo la puesta en acción de obras capaces de resolver los conflictos sin recurrir a la violencia, sino que busca instaurar un modo de vida, una manera de ser en la relación entre las personas fundada en la solidaridad y la participación, de compromiso del uno para el otro, cuyo fin es la paz de la justicia. Que no puede ser alcanzada más que por medios pacíficos, por ser la no-violencia una afirmación radical de paz apoyada en la “fuerza de la verdad” o “fuerza del amor”, como la definía Gandhi, a quien se le atribuye esta frase: “Soy un político que hace lo posible por ser santo”.
Varios pensadores rescatan analogías entre la no-violencia con la democracia, considerada, cuando no es desviada de sus principios, como la sociedad no-violenta del futuro, pero en la actualidad como medio ambiente adecuado para el desarrollo y prácticas no-violentas. Como solía decir J.L. Borges, actualmente “la democracia es una superstición”, pero los principios democráticos tradicionales de Igualdad, Libertad, Fraternidad, son principios no-violentos, inspirados en un pensamiento de respeto a todas las opiniones y creencias así como a las personas que detentan las diversas posiciones, como base. Considerando en común que los hombres, en tanto seres humanos o ciudadanos, tienen una parte de la verdad que aportar, y que nadie puede pretender imponer la verdad a los demás. Para los demócratas, quien así lo pretende es un totalitario, cuya acción destruye la vigencia social general, y el acuerdo implícito de mutuo respeto, en que quien detenta una posición determinada no sólo tiene derecho a defenderla y difundirla, sino que en cierto sentido vital tiene el deber de hacerlo, por cuanto se trata de estar comprometidos en una tarea común: el desarrollo armónico de toda la sociedad, donde cabe el mundo entero, cada uno de sus integrantes, porque los integrantes de una democracia orgánica, practicada sin fallas ni desviaciones, están comprometidos en una tarea común. Esta noción de búsqueda común de la verdad es evidente en la no-violencia. El biógrafo del Mahatma Gandhi, Nirmal Kumar Bose lo explica así: “Literalmente la palabra sánscrita “satyagraha” con la que Gandhi definía la no-violencia significa “persistencia en la verdad”; su premisa básica es que ningún hombre capta la verdad total, por lo que no tiene derecho moral a imponer su interpretación particular de la verdad a los demás. Sin embargo, tiene el derecho y el deber de vivir según sus propias ideas, y de oponerse a todo lo que le parezca incorrecto en las ideas ajenas”.
El pastor Martin Luther King afirma de su acción militante: “Este es el verdadero valor y sentido de la compasión y la no-violencia: ayudarnos a apreciar el punto de vista del enemigo, a oír sus preguntas, a conocer su apreciación de nosotros mismos. Porque desde su punto de vista nosotros podemos ver realmente las debilidades básicas de nuestra posición, y si somos maduros, podemos aprender a fortalecernos y sacar ventajas de la sabiduría de nuestros hermanos que llamamos oposición”. En otro escrito (“Por qué no podemos esperar”), Martin Luther King afirma: “La meta de nuestro programa de acción directa radica en crear una situación tan pletórica de crisis (no violentas) que desemboque inevitablemente en la salida negociadora”; y afirmaba que la no-violencia era posible en Estados Unidos porque el adversario no tenía un frente unido, pues eran muchos los norteamericanos blancos que respondían positivamente a la tradición igualitaria y libertaria de todos los seres humanos. Gandhi también reconoció que su lucha era posible también por la tradición legal de libertad de los propios opresores, los ingleses; sobre sus condiciones de lucha en India, Jacques Maritain (en “El hombre y el Estado”) afirma: “En efecto, los éxitos de Gandhi no fueron posibles más que dado el trasfondo de libertad relativa acordado a los hindúes por la administración británica, en virtud de una vieja tradición liberal aristocrática, y de la creencia cínicamente errónea en una utilización posible de Gandhi”.
El ideal de no-violencia, en su aspecto económico, es llegar a una sociedad básicamente igualitaria, en la que el control de los medios de producción debe ser claramente social, en un mundo tal que nadie sufra por faltas de alimentos, ropa, vivienda y cultura; un mundo con las condiciones suficientes para que todos estén en condiciones de tener un trabajo para cubrir sus necesidades, un mundo como una república de vecinos independientes y dignos atendiendo su trabajo bien servido para lograr su sustento, y practicar su libertad desarrollando su voluntad hasta que la explotación sea obsoleta por no conveniente. En este sentido, la relación entre no-violencia y democracia es que sólo la no-violencia desarrolla la democracia verdadera. También el pensamiento de la no-violencia es unánime en afirmar que sólo puede ser practicada en un régimen de respeto a los derechos humanos, lo que no hace imposible, por supuesto, practicarla allí donde no existen derechos humanos o donde el poder político es francamente violento. Sin embargo, idealmente la no-violencia es resultado de un cierto desarrollo de la civilización en relación a los conceptos filosóficos y morales de persona humana y libertad, y de conceptos políticos sociales como la democracia. Para los grandes precursores de la no-violencia en el siglo XX, este es un conocimiento de tipo experimental, en que la teoría y práctica se fecundan mutuamente. No es un conocimiento científico, sistemático o religioso ni metafísico, la no-violencia es un asunto de experiencia, en constante innovación que nace de la observación de los hechos y del juicio real que se va formando como consecuencia del desarrollo logrado por la práctica. Gandhi anota: “Mi propio conocimiento del satyagraha aumenta diariamente. No tengo textos para consultar en momentos de necesidad, ni siquiera el libro sagrado Gita, al que he llamado mi diccionario. Tal como yo lo concibo, la no-violencia es una ciencia en gestación”. Para él, la no-violencia está destinada a ser un día la norma común de actuación moral de la humanidad: “La no-violencia no está destinada a los santos; es para el común de los hombres. Es la ley de nuestra especie, como la violencia es la ley del bruto. El espíritu duerme en el bruto. La dignidad del hombre quiere una ley más elevada: la fuerza del espíritu”.
En el sentido más amplio la no-violencia es brutal, si se entiende por violencia “la intensidad de la voluntad que se moviliza enteramente para la conquista del objeto deseado”. De esta manera se entiende al evangelista Mateo (11, 12): “El reino de los cielos sufre violencia y son los violentos los que le dan la fuerza”. Así, la no-violencia es una práctica para los espíritus fuertes, comprometidos con la defensa de la verdad y el derecho objetivos, que no busca primero convencer de las propias ideas, sino en reconciliar al entorno en primer lugar consigo mismo y a todos entre sí. En palabras de Thomas Merton (en “La violencia de los pobres”): “Cuando los poderosos creen que sólo la fuerza es eficaz, el resistente no-violento está convencido de la superior eficacia del amor, de la apertura, de la negociación pacífica, y por encima de todo, de la verdad. Porque la fuerza puede garantizar el bien de algunos hombres, pero en ningún caso permitirá el desarrollo del bien del hombre. La violencia siempre protege el bien de unos cuantos a expensas de todos los demás. Sólo el amor puede alcanzar y proteger el bien de todos. La pretensión de construir la seguridad de todos a partir de la violencia es una impostura”.
Es evidente que la no-violencia en un sentido amplio debe tomar partido. Debe estar con los más desprotegidos e impotentes frente a los poderes económico o políticos. Al mismo tiempo no debe estar politizado en un sentido partidista ni ser dependiente de ideología alguna ni de orientación que no sea la verdad objetiva. El expresarse y organizarse debe brotar de situaciones concretas de opresión general sin utilizar la ambigüedad en la protesta; sin utilizar el fanatismo ni tomar riesgos inútiles o desproporcionados con el fin perseguido. La lucha no debe estar jamás desconectada del diálogo, ya que éste y el encuentro de la verdad objetiva es su finalidad. Por ello mismo, la posición no-violenta es humilde, es decir, está dispuesta a rectificar aquellas propias posiciones donde se descubre el error, reconociendo la parte de verdad que hay en el adversario: lo que no es un error táctico, es la confianza del hombre que sustenta el espíritu del diálogo, quien observa inteligentemente los hechos. En gran parte la eficacia de la no-violencia también se encuentra en la habilidad para hablar con coraje y firmeza a aquellos que tienen el poder de hacernos daño. El hombre no-violento nunca es temeroso, por eso también expresa su disconformidad llevando a cabo actos prohibidos por la ley o la costumbre (desobediencia social) o rehusándose a cumplir con un acto acostumbrado o requerido (no cooperación con el violento). Utilizando cuatro métodos para alcanzar fines sociales sin violencia: 1) Publicidad, incluyendo comunicaciones y educación dirigida a formar opinión pública; 2) negociación o comunicación con pequeños grupos de oposición, intentando concluir un acuerdo más formal y obligatorio, incluyendo diplomacia como negociación internacional; 3) acción política democrática, tal como elecciones, la aprobación de leyes y decisiones judiciales, procedimientos basados en el consentimiento y que no activan la violencia latente en el Estado, y 4) presión económica, tal como huelgas y otras expresiones de protesta económica, presentando demandas escogidas.
Toda acción no-violenta comienza con intentos de establecer una negociación, la que es definida como un intento de conseguir comprensión, de definir los problemas, y si esto no es posible, de realizar un acuerdo por medio del trabajo directo en las elecciones, en los cuerpos legislativos, o en las Cortes. Cuando no hay acuerdos dignos, una vez concluida la etapa de negociación, se inicia la acción no-violenta propiamente tal, teniendo en cuenta que en toda sociedad hay cuatro zonas de acción para todo grupo reformista. Primero, está la zona en que se sitúan las actividades alentadas e incluso toleradas por la sociedad; luego, las actividades no aprobadas, pero toleradas; en tercer lugar, aquellas actividades que merecen sanción, y, por último, las conductas que son percibidas como una amenaza grave para la sociedad. La regla general es evitar la violencia en la mayor extensión posible, lo que para la conciencia cristiana hace percibir la no-violencia como medio de cambio social o político que implica un progreso por sobre los medios violentos, y al ser un medio que se inspira en un credo de amor, no es fruto de una emoción sin trascendencia ni objetivos concretos: es voluntad del bien verdadero en la situación presente, por esto las religiones son afines a este ideal.
El doctor Jesús Ginés Ortega que ha sido académico del área de filosofía de las universidades Católica de Chile y Gabriela Mistral, y es director del Instituto Berit para la familia de la Universidad Santo Tomás, ha declarado la intrínseca relación entre la educación, la familia y la violencia escolar, tres factores que considera relevantes, “en esta época bastante violenta que vivimos”. Asegura que en la actualidad “la violencia está extendida en todo el mundo; en Chile llegamos a un momento en que nos encontramos con una juventud contestataria, desencantada y claro que no es toda, pero hay ciertos líderes que van en esa línea. El único modo de evitar la violencia es contener dentro de sí un desarrollo de la vinculación con los demás, y si lo quiere más sencillo: el amor. Amarse a sí mismo, al prójimo, a la familia, a los compañeros y a los amigos. Incluso, el amor al adversario y al enemigo. Por supuesto que no creo que el hombre actual sea más violento que el antiguo, soy más optimista. Lo que pasa es que ahora conocemos más todo lo que pasa. Aunque, en la selección que hoy nos entregan los medios de comunicación me da la impresión de que siempre se selecciona lo más malo de todo, igual todos los días uno es testigo de una violencia más exacerbada, de que en la calle ya no andas tranquilo, ya no puedes dormir sin pensar que tu casa puede ser asaltada. También está el tema de la responsabilidad penal para los menores. Pero sin lugar a dudas todo parte de la familia. Si la familia se destruye, el hombre se destruye. Y la educación aquí es importantísima, porque el hombre tiene que ser bien educado y esa tarea se hace con dolor. La virtud de la recompensa de todo esto se siente al final, porque al principio cuesta y duele. Si queremos construir al hombre, reconstruyamos la familia. Que los jóvenes y niños hagan lo que quieran, que se expresen como quieran tampoco es absoluto. La idea es que se eduque bien a los adolescentes, y esta no es una tarea fácil; ser generoso, humilde y auto controlarse cuesta. Sin embargo, hay algo que siempre se debe tener en cuenta, y que es que mientras el hombre sea hombre va a tener dificultades de convivencia. La violencia tiene que ver con las expectativas de las personas y de lo que ellos observan. Cuando una persona busca algo que no logra, se frustra y eso genera estrés, desgano, desesperanza. Y si es en la misma familia donde se producen actos de violencia, es porque sus miembros no están preparados ellos mismos para enseñar al joven, es porque los adultos de esa familia no manejan el autocontrol que da la educación; y es ahí donde se provoca el choque. Es por eso que yo creo que la educación es lo único que puede con la violencia. En Chile la expresión de violencia en los jóvenes no es diferente entre los estudiantes de los colegios públicos o privados, lo que indica que en los diversos estratos sociales del país hay un igual grado de vulnerabilidad frente a un problema como la violencia en los jóvenes, cuya solución está en la expresión política del amor expresado en la educación”.
Por ahora, la invitación a caminar juntos está hecha para todos quienes en el mundo creen en la paz y la justicia; a los oprimidos; a quienes padecen en los países pobres o viven como pobres en los países desarrollados; a los que ven en la injusticia la violencia principal; a los que hayan optado por la violencia sangrienta de las armas, sin resultados excepto más violencia, y empiezan a encontrar en la no-violencia la solución; a quienes han descubierto en su propia religión la fuerza necesaria para entregarse totalmente a la justicia como condición previa para la paz. Algún día será necesario reunir de todos los libros sagrados los cantos a la paz y la justicia, que resume todas las virtudes y acerca más que todo a la perfección accesible a todos. Porque sea cual sea el color de la piel, la forma de los ojos, los labios y la nariz, la estatura o el peso, nadie es un infra-hombre ni un super hombre, cada cual es una criatura humana. Tenemos una cabeza, un corazón, aspiraciones y sueños. Y cualquiera que sea nuestra lengua, poco conocida, o muy difundida, limitada o rica, seremos capaces de entendernos. El rostro, la sonrisa, los gestos de paz y cordialidad son un lenguaje universal, capaz de probarnos que estamos muchos más cercanos de lo que imaginamos. Basta el deseo del corazón, el lenguaje del amor que desea un mundo más justo. Lo importante es empezar, ahora mismo.
(Fragmento de “Perspectiva de la No-Violencia”)
(c)Waldemar Verdugo Fuentes, 2009

15 de septiembre de 2009

Detalle de Memoria.

INSCRIPCIÓN
Cuando me haya dormido para siempre, quiero que pongas bajo mi cabeza esa bolsista que guarda, junto con un poco de tierra central de Chile, el rollito de papel de cactus en que escribí, entre los eucaliptos a la orilla del mar, todos los nombres secretos que te daba mientras mis manos recorrían tu cuerpo esbelto y ondulante.


Collage (c) Waldemar Verdugo.
"América del Sur 1"

1 de septiembre de 2009

RECUERDO DE GUATEMALA.

PANAJACHEL
Por Waldemar Verdugo.



El autor en Santiago de Atitlán, con Maya-Quichés.

Con el reflejo de las montañas circundantes en el agua dorada del lago de Atitlán, pido al botero detenerse en medio del remanso. María Elena acomodada toma sol muy relajada. Veo las callosas manos del hombre estancando con firmeza los remos y el pequeño bote quedó clavado entre las ondas vacilantes que por un momento se hicieron verde y espuma debido a la maniobra. Al aquietarse retomaron su tinte oropel y mis ojos quedaron fijos en los rústicos remos carcomidos que el hombre sacaba de las aguas, para ubicarlos a ambos lados de la frágil embarcación. Así mecidos por las suaves olas, divagué en torno a Atitlán y sus misterios. Se cuenta que en el fondo del lago todo es arena de oro; los reyes mayas bañaban aquí sus cuerpos vestidos sólo con el polvo dorado más caro que cubría sus cuerpos.
Al correr de los años el lugar era un búcaro de oro con todo el ancestro de la raza aborigen de Guatemala, que tuvo en Atitlán y este lago el mejor espejo de la fantasía. A su alrededor brotaba la magia como de una cajita encantada. En el fondo, los grandes volcanes como atalayas inamovibles. Allí despertaban las mañanas y dormían los crepúsculos de rosa. Tranquilo a su orilla está este pequeño pueblo de Panajachel; su tierra sembrada de milpas es como un gran jardín con bouquet de selva. A fin de calmar las lluvias tempestuosas, los rayos rojos, el relámpago de fuego, se cumplían los ritos religiosos con grandes desfiles de doncellas, plumas de quetzales y textiles multicolores enmarcando la llegada de los reyes a purificar su cuerpo en las aguas sagradas. Universo lleno de secretos fascinantes, de luz de candela y luna llena. En fila india invocaban sus favores, como una promesa de evasión en aquél baúl de imágenes que tenía su propia clave filosófica... es que el hombre es un creador que danza entre dos mundos... cavilaba, cuando un ruido desvió mi vista hacia el modesto hombre que estaba frente a mi, vestía camisa blanca y ancho pantalón amarillo anudado a la cintura con una faja de muchos colores y adornos. De piel morena y rasgos cortados a cincel, las facciones de su rostro eran calcadas de algún dios de piedra de sus antepasados. Sus pies mulatos y rústicos vestidos con sandalias de cáñamo. El pequeño sombrero sobre sus sienes daba sombra al libro que el remero comenzó a leer con atención. Sentí curiosidad por saber qué libro le solicitaba con tal esmero... Si Dios no lo hubiera hecho remero -pensé- este hombre hubiera sido poeta... Sus callosas manos aprisionaban con firmeza un ajado volumen de "Ternura" de Gabriela Mistral. Al ver mi interés por su lectura, dijo:
- Siempre leo lo que ella escribe. Es muy lindo y sabio lo que ella dice. ¿Sabía usted que un rey la invitó a su país y le dio un gran premio? El Premio Nobel, así se llama. Todos acá la queremos y estamos felices de que la maestra haya vuelto a vivir entre nosotros.
- ¿Vive acá? -pregunté sonriendo sorprendido de la afirmación del botero, que daba por viva a la escritora muerta ya hacía varias décadas. Y el hombre afirmó, seguro:
- La maestra Gabriela vive en aquella casa sobre las rocas.
Y levantándose de la tabla que era su asiento en el bote, indicó una gran casa blanca de ventanas rojas que, rodeada de plantas silvestres plagada de flores multicolores, estaba a orillas del lago, justo frente a nosotros.
- Cada mañana -prosiguió- ella sale a tomar el sol, y nosotros, sus amigos, la saludamos desde nuestras embarcaciones. Ella responde con un ademán gentil nuestro gesto silencioso.
Mudo y perturbado por lo que oía no supe cómo enfrentar sus palabras. Decidí no sacarlo de su error y solo atiné a comentar algo de sus libros, pero el botero era obviamente un conocedor más profundo de la autora de los “Sonetos de la Muerte”, pues se largó a hablar diciendo a ratos poemas y noticias de la obra de Mistral que nunca oí antes. Felizmente impresionado había visto en varios países centroamericanos los escaparates de las librerías sin que nunca faltara un libro de ella, pero no podía imaginar que su paso por estas tierras había dejado huella tan profunda que aquí aún la daban por viva. Cuando finalmente regresamos a tierra firme, la conversación con el botero embargaba mi espíritu y si acaso fue lo que gatilló cuanto he vivido aquí.
Aquel día llegó la tarde lloviendo a Panajachel. A la hora del crepúsculo y entre chubascos inconstantes, salí con María Elena y sus hermanos a caminar por las calles empedradas del pequeño pueblo frente al lago. Era noche de baile de diablos, rito con el que tradicionalmente celebra la gente del lugar un culto a Judas Iscariote, creado -según dicen- con alma de madera. Andábamos sin rumbo cuando nos envolvió la procesión de gentes que alumbradas apenas con candelas parecía un séquito espectral arrancado de quizá qué pasado remoto. Caminaban al son de la música peculiar de las matracas, llevando la figura de madera y envueltos en tejidos autóctonos en medio de incienso humeante. Iban rumbo al lago. Nos unimos a ellos.
A orillas de las aguas dejaron pendiendo de una viga cimbreante la figura de Judas que nombraban Maximón. Allí vi su cabeza. Era la de un ahorcado, los ojos inmensos de horror y la boca abierta con una gran lengua colgando. En un segundo todo quedó en silencio, que fue roto por triste música de marimbas, tambores y cornetas. Alguien tocó mi hombro, sobresaltado me volví y era un cuerpo humano con cachos de proporciones gigantescas. Había comenzado la danza ritual. Era una lucha entre las fuerzas del mal y del bien; el diablo y sus súbditos intentaban aumentar la legión de los condenados, y los arcángeles bajados del cielo iniciaban su lucha para salvar almas. Amenazadores gestos hacían unos contra otros. Mientras se latigueaban con ferocidad alguien puso en mis manos una botella con pulque, la leche del maguey. Bebí. Los movimientos engendrados por el ritual del diablo y sus huestes eran infernales mientras los ángeles con espadas de fuego partían en dos cuanto tocaban. Los danzantes me envolvieron con sus largas cintas azules, blancas, rojas, amarillas, con sus rostros desproporcionados de cartón pintado que semejaban bichos repulsivos, con rasgos entrecruzados de criaturas fantásticas y toda clase de alimañas saliendo por sus narices, alargando sus lenguas, desorbitando sus ojos; de la frente de algunos tres cachos en formas de ramas de árboles salían disparados al cielo; hombres con cola, vestidos de rojo, negro, verde... los otros rostros que me envolvían eran los de arcángeles, que siendo menor cantidad, siempre triunfaban, porque el bien al final vence al mal, y la luna llena reflejaba sobre las quietas aguas del lago la casa sobre los roqueríos; allí donde aseguraban que vive Mistral. De inmediato llamó mi atención la figura entrecortada en la distancia de una mujer que leía en esa casa a la luz de un débil farol: todo era espectral desde donde yo observaba. Y un escalofrío recorrió mi espalda... Bebía de otra botella el pulque con que se brindaba cuando alguien susurró a mi oído:
- “Baila, baila como todos. Sólo la muerte espera al que no baila. Si no bailas ya estás muerto... ¡baila!”
Y bailé, seguro de que moriría si no cumplía con el sagrado rito de la danza que todos practicaban. Todo me envolvió y me perdí entre ellos, entre sus caras deformes, entre sus juegos, en medio de los diablos y arcángeles luchando a muerte, que se atacaban sin tregua, con furia rabiosa, dando salida a siglos de dominación, cortando cadenas de represión que en la zona no tienen fin, con furia desbocada... y todos bailábamos... ¡danzar para no morir!... en un instante volví nuevamente a ver hacia la casa, y la mujer se había levantado de su silla y había salido a la terraza desde donde observaba la procesión en que íbamos. La vi tan sola en esa casa tan grande, que una pena larga inundó mi alma... alguien me dijo que los dioses estaban agradados con mi baile y que podía pedir de ellos lo que quisiera. Al instante mi mente se llenó con la figura de la mujer observándonos desde la distancia, sola, emergiendo débilmente iluminada, y pedí a los dioses por ella, para que no siguiera allí apresada por la muerte en esa región perdida de las montañas de Guatemala, para que pudiera descansar al fin. Bailaba y bebía a su salud, mientras pedía por ella a gritos y a nadie importaba. Sonaba la marimba muy dolorosa, monódica, cuando caí de rodillas, dos me levantaron en vilo y seguí bailando, estremecido de fuerzas nuevas, y el sonido de la marimba retumbando en mis sienes, con su canto alegre que nunca paraba de animar, retumbando en mis sienes, como una campanilla suave dentro de mi cráneo que se agrandaba cada vez más como queriendo taladrar mi cerebro, y la marimba me envolvió hasta no permitirme oír otro sonido en el mundo que me rodeaba, un sonido cada vez más fuerte que terminó por envolverme... y corrí, corrí rápido como alma que se lleva el viento, corrí por la orilla del lago hasta llegar exhausto frente a la casa blanca de ventanas rojas; tomo aire frente al portón y toco furiosamente, con ira, con temor y angustia por esa realidad que se agolpaba en mí y quería entender, asustado de que todo el ensueño, de que el encanto acabara allí pero también íntimamente satisfecho de haber llegado a aquél punto, cuando iba a saber que Gabriela Mistral no estaba detrás de esa puerta, de que mi mente iba a quedar tranquila cuando la razón me obligara a reaccionar.
Toqué, ahora con suavidad, una y otra vez. Se abre la puerta y ella es quien sale a recibirme, es efectivamente Gabriela Mistral, ella vive en verdad en Panajachel, sin duda es la maestra de Neruda, alta, majestuosa, enigmática. Mis ojos se fijaron en los suyos y eran sus ojos verdes bellísimos, y caí de rodillas ante ella, sobrecogido, cuando sentí su mano acariciando mi cabeza que no intenté jamás volver a levantar, sólo veía hasta sus pechos resguardados como escudo por una medalla de Santa Teresa de Avila que colgaba de su cuello con una fina cadena dorada. No pude hablar, solo balbuceé palabras sin sentido y volviéndome caminé de regreso hacia el pueblo, por la orilla del lago, en otra dimensión, entre sombras de colores, plantas vivas que abrían camino solas a mi paso, caminé sin llegar jamás a la procesión de luces que seguía, gritos y música de marimbas que se alejaban de mí en la distancia.
Amanecí tarde, durmiendo en mi hamaca afirmada de las rocas a la orilla del lago, en la casa de María Elena, aún borracho de pulque, música y algarabía. Caminé lentamente por las luces reflejadas del lago por el sol que envuelve todo cuanto allí existe, enfilé por las calles empedradas de la entrada del pueblo, con una sed endemoniada que me obligó a entrar al primer negocio a mi paso y beber de una zampada el agua de tamarindo fresco y helado que aplaca mi garganta. Más despejado, caminando con lentitud, detengo mi andar frente al escaparate iluminado de una librería a mi paso. Con emoción mis ojos vieron de inmediato la imagen de Gabriela Mistral en un libro con sus obras, fijé mi vista en la foto de la maestra que el volumen reproducía: de su cuello pende la fina cadena dorada que sostiene la medalla en que se ve a santa Teresa de Avila.
(C)Waldemar Verdugo Fuentes.

31 de agosto de 2009

RECUERDO DE BAJA.

BAJA CALIFORNIA SUR.
(Collages: Waldemar Verdugo Fuentes)



BELLA BAJA!

"NIÑA ERRANTE" DE GABRIELA MISTRAL.

CARTAS DE LA “NIÑA ERRANTE”.
Por Waldemar Verdugo.

La publicación de “Niña Errante” (Editorial Lumen), que rescata la correspondencia entre Gabriela Mistral y Doris Dana, ha generado intensas reacciones. Los chilenos entramos al siglo XXI como un país desarrollado, y ciertos aspectos de nuestro acontecer cultural también son indicativos de ello. El inicio de la publicación de la correspondencia privada de Gabriela Mistral, al tratarse de nuestra más alta poeta y educadora, comienza a revelar un aspecto muy delicado de nuestra chilenidad. Ella sufrió tormentos y denigraciones en Chile, para transformarse en icono una vez que se hizo extranjera. Sin embargo, nunca dejó de ser nuestro país su punto de referencia, y en su obra está más que claro que se ocupó de hacérnoslo saber, por ejemplo, antes de ella el mestizaje está ausente del discurso chileno sobre la nacionalidad (lo que no se debe entender como la idea de una personalidad chilena o de lo chileno, que sería en sí un proyecto racial, sino enfocado al hacer mejor las cosas a partir del lugar donde uno vive). La incomprensión de Chile hacia su vida privada, la desconcertaba y le dolía, calificando nuestra sociedad chilena de la primera mitad del siglo pasado, como “conservadora”, “sin sentido común” y con rasgos de “inmadurez”. Con la publicación de estas cartas, nuestro país asume a una Gabriela digna y responsable de sus derechos humanos de ser libre en su intimidad, sin deber al respecto explicaciones a nadie más que al objeto de su amor, embriagada en su racionalidad por explicar la emoción del sentimiento, diciendo a Doris: “Procuro cuidarme para ti. Yo no tengo razón de vivir. Cuando llegaste, yo no tenía nada, parecía desnuda, y saqueada, paupérrima, anodina, como las materias más plebeyas. La pobreza pura y el tedio y una viva repugnancia de vivir. Todo lo has mudado tú.” En estas cartas se lee la exquisita belleza de su escritura, su perfección formal, su intensidad y su emoción. En la historia sólo le encuentro un parecido a los pocos fragmentos que se han rescatado de Safo, la poeta griega. Este epistolario es pura prosa poética.
Gabriela Mistral asumió una postura abierta e insistente de protección a las minorías raciales, a los niños, las mujeres, sus indios pobres de los países americanos , que contrasta, por supuesto, con el silencio de su identidad sexual, lo que para ella era lógico por pertenecer este aspecto el que traza un límite entre el individuo y el Estado. Su identidad pública ella no temió exhibirla por completo, y la hizo famosa en el mundo de su época, pero su identidad privada era sólo de ella, y la vivía en gracia porque nunca leemos en esta correspondencia con Doris Dana reproche al cielo, son cartas terrenales, que la revelan humana más que humana, viviendo el instante en que “todo daña al amor, excepto él mismo”. Con alguien de toda confianza a quien encargar que le compre un calentador “para este cuarto nuestro”. O resignada a la separación del objeto de su amor: “Yo prefiero saberte feliz y plena a saberte sola y vacía”...correspondida al ser tratada de “preciosa” (cuando todo Chile le decía fea), “linda”, “vida mía”, “amor mío”, como la nombra Doris. Gabriela Mistral, en su intimidad, simplemente no se consideraba distinta a nadie, porque la expresión sexual debe ser una expresión íntima, sin mayor importancia que para las vecinas del conventillo. Ella es una adelantada. Era algo como recién se comienza a entender en nuestra época, cuando estamos en el comienzo del fin de represión a las minorías sexuales. La Mistral nunca se sintió diferente, eso es todo. Para ella la expresión de su sexualidad era algo completamente natural, como debe serlo para toda persona sana. Quizás, Gabriela Mistral en su plan de trabajo social y poético sabía que explicitar su vida privada levantaba el obstáculo que implica la homofobia, pero no basta dejarlo ahí, porque ella además se enfrentaba al juicio del propio Estado chileno, de quien, al final, dependía su trabajo consular. Quizás intuyó que ese no era su momento pero que dejó explícito en su correspondencia para que brotara en su instante, al final era una visionaria. Estarán de fiesta los ingenuos estudiosos queer, que buscan arrojar luz sobre la participación de gays y lesbianas en el proyecto de construcción de la nación universal que anuncia internet, aunque sea obsoleto ver la sexualidad o la identidad sexual discriminada como origen motriz de una vida o una obra, es decir, como ontología. No se trata de celebrar el triunfo de “los nuestros” (sea del sexo que sea) por sobre el orden oficial. Se trata de respetar la libertad de cada cuál en la medida en que no afecte a otro. Es decir, se trata de mejorar la relación del Estado con todos, en búsqueda del bien común.
La socióloga Sonia Montecinos reconoce en “El Mercurio” hoy día que le dio pudor leer las cartas, y se pregunta: “¿Por qué seleccionar del nuevo y enorme legado de Mistral, que custodia la Dibam, las cartas entre ella y Doris? En un contexto chileno anegado de voyerismo y fisgoneo, de goce perverso por las comidillas de la farándula, un libro como éste puede entenderse como parte de una cultura que busca solazarse con lo íntimo”. Para el teórico literario Cedomil Goic, “hablar del aspecto sexual supone errores en torno a la poeta, que era una mujer sensible, de afectos sinceros e intensos, pero eso no quiere decir otra cosa”. Para el poeta Armando Uribe, Premio Nacional de Literatura, “estamos ante una correspondencia de mucha fuerza literaria y emoción. Me atrevería a calificarlas de poesía en prosa. Por otro lado, son muy emocionantes y muestran una relación que podría calificarse de bastante tórrida, pero planteada con dignidad. En ese sentido, tienen valor doble”. Para el presidente de la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral, el poeta Jaime Quezada, “en estas cartas vemos un amor pleno, es una amistad con A mayúscula. Esta obra epistolaria, sin duda, ayudará a desmoronar algunos mitos y fábulas, sobre todo en un universo de país como el nuestro, donde la leyenda nunca dejó en paz a Gabriela. Ahora la poeta queda en su sitio, como quien supo amar a alguien más, sea éste un hombre o una mujer”. El poeta Floridor Pérez pide evitar los prejuicios: “En el pasado, hablar de cualquier tipo de estas cosas era montar un escándalo. Hoy querer diagnosticar cae en la discriminación. Igual uno se pregunta, ¿acaso dos personas del mismo sexo no se pueden querer?” Para el escritor Grínor Rojo, revelaciones de este tipo no cambian mayormente nada sobre la interpretación que se pueda tener sobre la obra de la Mistral: “Me preocuparía si complejizara su poesía, si le diera un vuelco a la lectura que estamos haciendo de su poesía. Y me parece que eso no pasa. En cuanto a la imagen pública, me tiene enteramente sin cuidado”.
Por cierto que la vida de Gabriela Mistral no se puede rescatar tan sólo en torno a pruebas documentales que despiertan la curiosidad morbosa de corroborar su expresión sexual, un hecho meramente personal. El deseo de conocerla debe obedecer a la proyección nacional que representa, a su capacidad de funcionar como herramienta en la construcción de la nación. No es la encrucijada de un sujeto individual el que estamos conociendo; es la encrucijada de toda una nación. Fue una de las mujeres con ideas más avanzadas en su época, solicitada por todos, creadora de complejos sistemas educacionales pioneros de los existentes hoy día, y que, en la intimidad de su vida cotidiana, era capaz de escribir sin complejos de su vida personal, sus amores y desvelos. Porque estas cartas revelan la enorme estatura de una de las mujeres claves del siglo XX, y la hacen una obra literaria de calidad universal, es decir, cualquier editorial de la actualidad podría haberla publicado, y es de esperar que el Estado chileno, administrador de este material, esté negociando en su justo precio este tesoro invaluable: más de cincuenta mil hojas, en que las cartas ascienden a unas diez mil, según estima Pedro Pablo Zegers, y sólo doscientas cincuenta de ellas integran el epistolario con Doris Dana, lo que significa un legado artístico único.
Me habló Fernando Zavala de El Mercurio, preguntando si esta obra afectaba la visión de la escritora en el proyecto de filmación de “La Mistral”, guión que trabajé para Stan Jakubowicz, y respondí que no sufre variación alguna esta revelación histórica en la vida privada de Gabriela Mistral, porque, si bien tratamos también artísticamente su relación con Doris Dana, incluso con un sutil aporte genial de la actriz mexicana Angélica Aragón, durante la lectura que hicimos en Chile, para revelar la alegría del amor que vivía la escritora, está la cinta más bien enfocada en la figura enorme que representa Gabriela Mistral, porque los discursos y las prácticas de esta mujer tiene un costado social o colectivo, que al final, en su caso, tiene que ver con todo el mundo, donde era una personalidad influyente veinte años antes de recibir el Premio Nobel. El suyo es el legado de una personalidad de la cultura universal, que está en las bases de la sociedad humana actual.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

RECUERDO DE NUEVA ORLEANS.

NEW ORLEANS.
Collages: Waldemar Verdugo Fuentes.








NUEVA ORLEANS.
Collages: Waldemar Verdugo Fuentes.

ARGENTINA: Visiones.

BUENOS AIRES Y MENDOZA
(Collages de Waldemar Verdugo Fuentes)













BUENOS AIRES Y MENDOZA
(Collages de Waldemar Verdugo Fuentes)

26 de agosto de 2009

LA LETRA VIRTUAL

Quiero agradecer a la investigadora mexicana Aurora Ortigas Lillo, un punto de enlace entre la literatura en español y la que se escribe en USA, país donde reside, por haber incluido en su libro bilingüe “La Escritura Virtual” (julio 2009, Ed. Lasser Co./ OEM) una conversación que tuvimos a comienzos de año durante su visita a Chile invitada por la Sociedad de Escritores Latinoamericanos y el Pen Club. Le digo que su trabajo es inapreciable por servir de puente entre dos culturas tan disímiles como la latina y la anglosajona, que, sin embargo, descubren sus puntos de contacto gracias a personas como la profesora Ortigas Lillo, autora de una obra despertadora de conciencias y con una larga carrera llena de logros como maestras de letras.
También debo agradecer al editor del Proyecto Patrimonio cultural escrito, Luis Martínez Solorza, por rescatar en internet, precisamente mi entrevista publicada en la obra citada. Dice él: “Desde siempre el intelectual, y con él el creador literario ha sido referente obligado de la sociedad en la búsqueda por entender y comprender el momento histórico, social o político. Encontramos en lo que el creador literario manifiesta frente a la problemática social, el proceso creativo, la existencia de lo trascendente, la explicación de su propio mundo narrativo, en definitiva lo que piensa del mundo que lo rodea, las pequeñas piezas del rompecabezas que nos permiten completar el gran cuadro en que quedan al descubierto las íntimas , y también las externas, motivaciones que componen e impulsan el imaginario del autor, y que determinan, de una manera u otra , el resultado de su obra personal. Es en la entrevista, practica periodística de enorme importancia, en el comentario, el artículo o la opinión publicada o transmitida por los diversos medios, en el que van brotando estas pequeñas piezas, estas partículas creativas que van conformando un verdadero "patrimonio", con los pareceres y pensamientos, análisis e ideas de los creadores literarios. Es aquí, y no en la publicación especializada o profundamente intelectual en donde se expone al creador a la pregunta cotidiana, a la explicación del hacer rutinario de su oficio, a su pensamiento político, a sus odios y sus amores y es aquí también en donde el puede dar a conocer su realidad como hombre o mujer de oficio creador, sus tribulaciones y demandas en un mundo cargado de conflictos y que ve en el un referente que ilumine el camino a la redención y el entendimiento. Dada la precariedad del soporte en el que estos escritos se encuentran, libros especializados, diarios, revistas, folletos, antiguas publicaciones, es que surgió la idea de generar un "proyecto de rescate de patrimonio", que podría perderse o convertirse de muy difícil acceso o quedar destinado al desecho y a la pérdida , la idea es rescatarlos y subirlos a la red para el uso libre de ellos, por quien los necesite. La página no utiliza material escrito que ya se encuentre conservado o que sea fácilmente accesible, como archivos públicos.”
La entrevista está en
http://letras.s5.com/wv240809.html

13 de julio de 2009

ELOGIO A NICANOR PARRA.

ELOGIO A NICANOR PARRA.
Por Waldemar Verdugo.
Ayer tuve la grata visita de Nicanor Parra, quien es, según creo, el más alto poeta vivo de Chile, y sus lectores afirmamos que también de la lengua española. Debo confesar que no soy, en especial, lector erudito de poesía, pero a Nicanor Parra me lo enseñó alguien en quien creo. Personalmente no le conocía, es decir nunca antes había conversado con él, porque hace unos años, en la Sociedad de Escritores en Santiago se le dio un homenaje, al que me invitó Isabel Velasco, que era entonces presidenta de la SECH: fui y verlo decir su poesía es una experiencia sobrecogedora, estaba iluminado nada más por un foco central recortado de las sombras, sin mayor apoyo que su presencia enorme; luego había una cena privada con él, pero debía volverme a la playa y no pude conversarle. Ayer fue fortuita la visita del poeta; él paseaba con su nieta por los acantilados a la orilla del mar, frente a mi hogar, cuando lo descubrí de vuelta a casa; me acompañaba el Obama, un pequeño terrier chileno que llegó de cachorro a vivir a la orilla del mar justo el día de la magna elección del presidente norteamericano, en cuyo honor así nombramos con los vecinos: lo comenzaban a atacar los perros salvajes que custodian la entrada a la Caleta de los pescadores bajo los acantilados, una jauría cuyo líder es la hembra Lucrecia, una perra madura que sólo quien esto escribe logra bañar con shampoo: sus hijos mestizos y padres de paso actúan a las órdenes de ella. Hace muchos años, cada vez que salgo de mi hogar a caminar los roquerios, de inmediato se aparece la sagaz Lucrecia y no se me separa expresando un cariño que nos tenemos recíproco: jamás había permitido que otro perro alguno de su jauría se me acercara, con celo feroz incluso con sus hijos: a todos ellos expuesto el pequeño terrier, que llegó a instalarse a los acantilados de un día para otro: simplemente apareció y se ahuecó en el pasto seco que a finales de verano y antes de las lluvias se adormece a la orilla de las rocas altas. Desde mi terraza lo descubrí de inmediato, porque es inusual un ser vivo posible viviendo en la intemperie a orillas de estos mares del sur, solamente con un poco de pasto seco al abrigo de las aguas y el viento, sin embargo él en un par de días, había llevado a su cuna de paja seca, cochayuyos y otras algas secas creando un refugio ingenuo. Un nuevo día le llevamos agua y comida, y ese mismo anochecer la jauría atacó al Obama para que se retirara de sus dominios. Mi buena relación con la soberbia Lucrecia nada más impidió que los perros mataran al pequeño terrier que al verme salir corrió a refugiarse detrás mío. Desde ese día, vive con nosotros luego de un trabajo de joyería con la hembra líder para que finalmente lo aceptara y con ella toda la jauría, que ahora tienen al Obama como uno de los suyos y hasta se atreve a ladrar mientras da saltos enormes simulando morder las orejas de la Lucrecia, muy propia ella caminando conmigo a la orilla del mar.
“Obama tiene menos de nueve meses, según indicó la veterinaria examinando su dentadura” narré a Nicanor Parra, a quien por supuesto invité de inmediato a entrar a casa, accediendo él muy gentil: rió de buena gana con el nombre del pequeño perro blanco de cabeza y cola negra, quien trabó con él una relación afectuosa inmediata, saltándole alrededor y haciendo todo lo posible por llamar su atención: dijo que el nombre estaba muy bien puesto, porque tanto el primer presidente negro de Estados Unidos como el terrier chileno mezcla de perro callejero y fino Fox inglés pertenecen excepcionalmente a seres únicos, aparte del establishment. La nieta del poeta, encantadora, comentó que mi casa parece un laberinto y se dedicó a ver algunos recovecos, mientras él se apoyó en la baranda de una terraza y miraba el horizonte, enfrentado el sol a sus cabellos largos plateados. Lo observé recortado contra el azul del mar y la tranquilidad que del hombre emana, diría yo, calmaba las olas que en esta época las aguas se vienen bravas. Escribió Pablo Neruda que entre todos los poetas del sur de América, poetas extremadamente terrestres, la poesía versátil de Nicanor Parra se destaca por su follaje singular y sus fuertes raíces, con una vocación poética tan poderosa como lo fuera en Miguel Hernández, en que su madurez lo lleva a las exploraciones más difíciles, manteniéndolo entre la flor y la tierra, entre la noche y el sonido, pero regresando de todo con pies seguros, que dejarán marcadas sus huellas australes en toda la espesura de la poesía. Para Neruda su poesía “es una delicia de oro matutino o un fruto consumado en las tinieblas. Como lo mande el poeta Nicanor nos dejará impregnados de frescura o de estrellas”.
Ayer en casa lo sentí, es un hombre cálido, que recibe con risas y algo de asombro un elogio, como si no supiera quién es, qué representa para la cultura contemporánea, al fin, pienso, no siempre la poesía evoluciona de tal forma, y dije un comentario cantando al tamaño colosal de su obra, preguntando él a su nieta, asombrado: “¿Oíste lo que dijo?”. La chica reía y Nicanor estuvo de lo más a gusto. Quiere comprar una casa enfrente de la mía y con una vista excepcional de estos mares del sur. Me dijo que aquí le gustaría vivir, arrullado con el canto de las aguas rebotando en las rocas, quizás siguiendo ese viejo consejo irlandés que citaba John Huston que insinúa hacer lo posible por vivir al final cerca del mar, porque hace que las viejas heridas dejen de doler. El mar reanima el espíritu, hace más rápidas las pasiones de la mente y el cuerpo y, pese a lo fugaz de todo, uno aquí vive empapado de cierta tranquilidad en el alma, con la impresión de la grandiosidad de lo creado.
Hoy volvió Nicanor Parra con su hija Colombina, bellísima ella, más aún de como se la puede ver cantando en la televisión, es de mirada calma que atrapa de inmediato, en un momento le dije: “eres una estrella”, y el poeta creyó que le decía a él, rectificándome de inmediato: “yo no, mi hija Colombina es una estrella”. Le respondí: “A ella me refería, respetado Nicanor, tú no eres una estrella. Tú eres un inmortal”, y le entregué los números de teléfono que conseguí para él de los dueños de la casa vecina que ayer me dijo que desea adquirir; se fue feliz y riendo ante mis recomendaciones de negociar como Dios manda. Debo escribir ahora la razón fundamental de estas líneas, cuando pude comprobar algo que antes sólo intuí. Siguiendo una recomendación que recibí a los veinte años del viejo Borges, nunca en verdad he tenido prisa en publicar, sólo ocupado de escribir para hacerlo cada vez mejor, que otros se ocupen de publicar. Por supuesto, durante estos tantos años, uno se pregunta a veces si acaso el arte por sí mismo termina imponiéndose sin que el artista haga lo más mínimo para venderlo. O se pierde. Es decir, ¿es posible que exista trabajo perdido, más allá del oficio humano que sea, si se realiza con fe? La actriz cubana Ninón Sevilla, una noche en su casa en la Ciudad de México, donde estaba Juan José Arreola, al respecto me dijo: “Mira mijo, que santito que no es visto santito que no es adorado”. Y Arreola estuvo de acuerdo, agregando que hasta Dios necesita campanas para avisarse. Pero resulta que Lao Tzse también dice que uno no debe buscar nada en la vida, solo hacer las cosas como si no se las hiciera, porque el cuervo no necesita que sus alas sean pintadas de negro pues son naturalmente de ese color. Hoy, Nicanor Parra me contó que el otro día tocaron a su puerta, y se le aparece Carmen Balcells, interesada en representar su obra para que ocupe el lugar que en las letras le corresponde, poniendo sus libros al alcance de todos, a él que nunca ha buscado nada en la vida, según me dijo, ¿no es para pensar que el trabajo nunca se pierde, que lo único está en el intento de crearlo bien, nada más? Es cierto que no es necesario bañar cada día las alas del cisne porque un cisne es naturalmente blanco.
Con Carmen Balcells cené una noche en la Ciudad de México, hace varios años: era una mesa redonda y yo no conocía a nadie: resultó que me habló, una hora antes de la cena, José Luis Ramírez Cota, mi editor y un buen amigo, indicándome que me presentaría a Carmen. Yo estaba trabajando en Vogue, deduciendo que era imposible tener tiempo para a ir a mi departamento a cambiarme, cuando veo entrar al editor de moda seguido por su equipo, cargando ropa de hombre, de paso al estudio de la revista. Era una colección de Pierre Cardin que iba a ser fotografiada al otro día, en la que iba una tenida de seda azul opaco con su camisa, corbata, calcetines y zapatos que me quedaron pintados... en nombre de todas las cruces prometí devolver la tenida exactamente igual. Antes de salir, mi secretaria entonces, un ángel benefactor siempre, puso en mi bolsillo un afortunado rollito de papel desechable con la indicación de que si manchaba el terno lo limpiara de inmediato para que no se notara. Al llegar al sitio, sentado junto a Carmen Balcells, que es una mujer muy sencilla, ella comentó que no había tenido tiempo en todo el día de probar bocado alguno, ante lo que se apresuraron en servirnos entremeses, destacando unos pequeños trozos de chorizos españoles, salchichón, lomo, sobrasada... que no dejaban de sorprender con solo ver sus texturas para desear probar sus sabores; vi a Carmen, sin más, tomar con la mano un trocito que de inmediato degustó, la imité, mientras, no llegaban los tenedores ni servilletas, hasta que en un instante nos observamos los dedos notablemente aceitosos, despertando mi expectación de no manchar el Cardin único prestado que debía devolver intacto, situación jocosa para mi dada la circunstancia que narré en dos palabras a ella, mientras me ocupaba de procurar para ambos, sin disimulo, pedacitos de papel desechable, aminorando la espera tediosa que cubriera nuestra falta de comer a mano limpia, ante el peligro de ver que los ricos entremeses españoles sufrían el riesgo de enfriarse en las pailas. Nadie más se atrevió a comer con las manos, mientras José Luis Ramírez puro se reía de buena gana. Nos conectamos al tiro con Carmen, desde que nos vimos: resultó que cuando llegué al restaurante esa noche no vi a nadie, y salí a la recepción para preguntar el sitio en que se realizaría la cena, pero junto con devolverme, la veo venir a ella, sola, luego me di cuenta que la seguía un séquito, sin embargo, fui a encontrarla, y le dije: “¡Carmen Balcells existes! Pensaba que eras un mito”. Se rió a viva voz, mientras la saludaba a la manera chilena, de beso y abrazo, que ella respondió cálidamente. Al instante, José Luis nos presentó, ella me tomó del brazo y fuimos a sentarnos a la mesa redonda. Eran unas diez personas, entre ellos escritores mexicanos ilustres y escritores españoles que entonces residían en el Distrito Federal. Solo me dediqué a escuchar y apreciar esa cena española, cuyos sabores unidos al tequila del maguey son al paladar una delicia inigualable. Antes de terminar de comer, Carmen tomó de su cartera una pequeña máquina fotográfica y, parándose, me tomó varias fotos, algunas junto a Beatrice Trueblood, que estaba ubicada a mi otro lado en la mesa; luego, guardó su máquina fotográfica y sin más se volvió a sentar y seguimos cenando; tiene ella algo inapreciable: sentido del humor. Carmen me dijo que quería hacer publicar en España mi libro acerca del viejo Borges, que quedaría muy bien con una nota de María Kodama, a quien me pidió hablar, algo que nunca he hecho. Hace un tiempo, a través de un amigo común le envié a Kodama mi libro “Magos de América” en que incluyo un trazo a propósito de su esposo, que ella me respondió con un bello regalo: una serie de litografías inspiradas en el poema El Gaucho, del mismo maestro Borges. Le escribí diciendo que alguna vez la visitaría en Buenos Aires, pero el caso es que luego de vivir tantos años fuera de mi país, lo menos que quiero es salir, embelesado como estoy de todo. Vivo embriagado aquí de las cosas, diría yo. Ahora, cuando creo más en eso de que aquí se trata de hacer lo suyo lo mejor posible, que cada cosa tiene su lugar y su tiempo correspondiente aquí en la Tierra, cuando me parece prueba suficiente el que la agente literaria más poderosa del planeta puede perfectamente llegar a tocar las puertas de un viejo poeta en un lugar perdido de los mares del Sur; igual que antes se detuvo a fotografiar a un joven escritor chileno en la Ciudad de México que, como ahora, sólo estaba dedicado al ejercicio del oficio de escribir para, algún día, llegar a la dignidad que otorga la práctica y el tiempo, lo que he visto en Nicanor Parra, que no necesita probar nada a nadie: ahora cuando sus lectores creemos que tiene más que merecido el Premio Nobel de Literatura, algo que a él lo tiene sin el más mínimo cuidado.

7 de julio de 2009

LA PARODIA DE LOPEZ-LOPEZ.

LA PARODIA DE LÓPEZ-LÓPEZ*

He ido persuadiéndome, en forma natural, que las únicas ideas en que puedo moverme con cierta seguridad, son aquellas que he visto encarnadas en algunos personajes de ficción que me ha tocado en suerte entrevistar. Gentes que escudriñan en el corazón humano con algo infinitamente más complejo que un montón de conceptos: lo hacen con una mezcla de ideas y pasiones, de lógica y de magia, de razones y de enigmáticos símbolos.
Esto comenzó semanas atrás con la noticia del escándalo que suscitó en la Academia de la Lengua la ponencia como invitado principal del escritor Daniel López-López; durante los días siguientes, críticos y eruditos y hasta sus colegas lo calificaron de charlatán, encontrando inaceptables y desmedidas sus ideas a propósito de las matemáticas y la literatura: una extraña hipótesis que alegaba haber encontrado un punto de unión entre las cantidades y las palabras, un punto medio exacto entre lo relativo y lo absoluto, un punto que unía -decía un periódico amarillista- “esa desgarrada y oscura región intermedia del alma, esa región en que sucede lo más grave de la existencia: el amor y el odio, la esperanza y el sueño, el mito y la ficción, el nombre de Dios y el sustantivo hombre... nada de lo cual sería estrictamente puro sino una vehemente y turbulenta mezcla de ideas y de sangre, de voluntad consciente y de ciegos impulsos. Cada letra es, a la vez, un número”.
-Sí, sería interesante -dijo Daniel López-López cuando le pedí una entrevista para Vogue, aquí en esta Ciudad de México. Recordé haber leído que Malcolm Lowry vivió en la misma calle en que estaba la casa de mi entrevistado en Cuernavaca. Cuando estuve frente a López-López, y luego de una interrupción del jardinero, ante quien me disculpé luego de llamarme la atención por estar pisando una especie rara de trébol negro, pude preguntarle cuál había sido la casa en que vivió el autor de Bajo el volcán.
-Jovencito- dijo él, mientras entornaba los ojos y esbozaba una sonrisa irónica, “esta” fue la casa en que vivió Malcolm Lowry.
Y señaló alrededor con un gesto indiferente de la mano, con cierta fatigada elegancia. Era alto, distinguido, borroso, de perfil romántico y tenía el bigote lacio y teñido. De mirada inquisitiva se mostró cordial y atento.
-Mi primer libro -siguió diciendo- se llamó “Una gota de eternidad”, escrito en 1952, y desconcertó o entusiasmó a la crítica y a los lectores, pero no pasó desapercibido, no, ¡que va!. Todo en el libro parecía deliberadamente nuevo, hasta el artificio tipográfico de dar a los versos, sólo separados por guiones, una apariencia de prosa; claro que en esta disposición influyeron definitivamente Rimbaud (Arthur) y Huidobro (Vicente), y quizás los mas antiguos monumentos de la poesía medieval, el Beowulf, el Cantar de los Nibelungos y el Poema del Mio Cid, que presentaban esta forma, pero todos creyeron nueva la parodia. Es que francamente... un escritor es todos los escritores que fueron y los que serán. Somos parodias.
Luego de un vaso con cerveza que nos trajo el jardinero, quien al parecer había reflexionado acerca de la dureza con la cual me había llamado la atención, y mientras servía murmurando que pisar tréboles sin saberlo, a lo tonto, era buena suerte, mi anfitrión agregó:
-Estas parodias me enloquecen. En mi último libro incluí todito un capítulo del último libro de Salvador Elizondo, y ni el mismo Elizondo lo notó; seguramente él a su vez lo había recibido de otro escritor que prefirió olvidar. Todo pasa... la vida es un asunto de tiempo... -decía, cuando bebió medio vaso de la cerveza espumosa de un sorbo largo, y siguió hablando-. Creo que la fantasía más inclemente y presente de todas es el tiempo. Yo he descubierto seis de sus posibilidades y las puedo clasificar matemáticamente como escritor. ¿Lo cree?
Pensé que siempre se ha determinado en relación al tiempo una fluencia que parte del pasado y que va hacia el futuro. Recordé además un verso de Unamuno que José Donoso solía citar y que plantea lo contrario. Pero no me atreví a opinar. El preguntó:
-¿Su alma sencilla no ha sentido alguna vez la curiosidad de este laberinto? -y siguió sin esperar respuesta-. Mire Jovencito, tomemos a Newton y tomemos los seis puntos que le digo:
1) Pasado-presente-futuro: la manzana cayó cerca de Newton/ Newton está sentado bajo el manzano/ en unos instantes descubrirá la gravedad;
2) Presente–pasado–futuro: Newton está sentado bajo el manzano/ una manzana cayó cerca de Newton/ en unos instantes Newton descubrirá la gravedad;
3) Futuro-pasado-presente: Newton descubrirá la gravedad / cerca de Newton cayó una manzana / Newton está sentado bajo el manzano;
4 ) Futuro-presente-pasado: Newton descubrirá la gravedad si cerca de él cae una manzana/ Newton está sentado bajo el manzano/ una manzana cayó cerca de Newton;
5) Pasado-presente-futuro: Estando sentado bajo un manzano, cayó una de las frutas cerca de Newton/ Newton ve caer la manzana/ Newton descubrirá una fuerza que es la gravedad;
6) Pasado-futuro-presente: un manzano soltó una de sus frutas/ Newton está sentado bajo el árbol, ve como cae la manzana en la fracción de tiempo en que cae/ Newton piensa en la gravedad.
Ahora responde jovencito: ¿Cuál de estas seis es la secuencia real ?
-Me parece del mayor interés saberlo -respondí, y agregué-. Eso sí, me parece que un sofisma así no elaboraron ni los teólogos escolásticos para probar la existencia de la Trinidad.
-La razón es obvia, jovencito. Ninguno de los teólogos escolásticos conoció a Newton. Dicen que me dejo llevar por la imaginación y esas cosas... usted mismo debió traer prejuicios, pero lo que propongo tiene una respuesta y se lo puedo probar matemáticamente.
Entonces, Daniel López-López me pidió que tomara mi vaso de cerveza y lo acompañara a un cuarto interior de la casa. Allí me impactó una espectacular computadora funcionando que cubría un muro entero de la habitación. El hombre encendió todas las luces que se aunaron a los cientos de reflejos de las pantallas y focos diminutos de la enorme máquina. No pude ocultar mi sorpresa.
-¡Oh!
-¿Por qué esa exclamación? –preguntó.
-No sabía que le interesaran estas máquinas- dije.
- Hoy, un escritor sin computador es mejor que se suicide. Yo tengo varias, esta trabaja con el más completo programa de análisis matemático que existe; es el mismo que llevó al hombre a la luna.
-No creía que le interesaran las matemáticas, no es lo usual a un literato... -agregué tímidamente.
-Todo tiene que ver con la literatura, “todo” mi joven amigo -expresión que me tranquilizó-. Yo estoy ahora en condiciones de comprobar matemáticamente que la obra literaria de un solo autor es suficiente para desentrañar el misterio del alma y descubrir cuál es el verdadero nombre de Dios, así es: estoy en condiciones de develar el misterio que enloquece a los cabalistas -aquí bebió de un sorbo el resto de su cerveza, que el jardinero no tardó en venir a llenar, para desaparecer rápidamente-. Vea usted, el sustantivo “hombre”, por ejemplo, está lleno de tiempo: el hombre que estuvo en el vientre, el hombre que fue niño, adolescente, joven, anciano, el hombre que ya murió. Y así, a cada palabra, su valor. Mis últimos treinta años los he dedicado a reunir las obras completas de autores que van de Lao-Tzse a Thomas Merton, de Virgilio, Homero y Borges, Dante, Cervantes, Selma Langerloff, Gabriela Mistral, escuelas literarias íntegras. Con toda esa información he alimentado mi computadora, buscando un modelo completo y perfecto de obra literaria que contenga todas las palabras que soñó su autor, que conformen la cantidad precisa de sonidos que permitan la coexistencia simultánea y total de los tres tiempos, el pasado, el presente y el futuro al mismo momento; esa totalidad que postuló Boecio al anunciar su Aeternitas est interminabilis vitae tota et perfecta posesio.
-¿Y lo consiguió? – pregunté.
-Sí y no -dijo bebiendo un sorbo largo de su cerveza y yo hice lo mismo, terminando la mía, a lo que el mozo apareció y volvió a llenar mi vaso del suave y espumoso líquido-. Vea usted jovencito. Siempre este complejo matemático me entregaba resultados que sumaban pasado-presente, o presente-futuro, o Presente-presente, o pasado-pasado, o futuro-futuro: trabajé primero con la obra de Juan Rulfo, pensando que, por ser reducida, sería fácil capturar todo cuanto escribió; pero no resultó; intenté con María Luisa Bombal, pero nada; tomé innumerables autores, las obras completas de varios de ellos, pero no resultaba, siempre faltaba un dato, siempre era insuficiente la información que le entregaba a la computadora, y ¿sabe por qué? Porque ese dato debía ser un texto desconocido por el resto de mundo, un escrito secreto que, por decir así, sólo es conocido entre el autor y Dios, y ya ve como todos los escritores tienen la manía de publicar inmediatamente lo que escriben -aquí hizo una pausa en que alisó calmadamente con el dedo índice su bigote teñido, luego siguió-: yo necesitaba alimentar a la computadora con un texto desconocido de un escritor que tuviera pasado y presente, siendo el futuro el texto inédito, el texto que aún no estaba en la memoria de los hombres...
-Una labor casi imposible -lo interrumpí.
-No tanto joven amigo, no tanto... piense que Malcolm Lowry tenía pasado y presente, él vivió y sigue vivo en quienes lo leen.
-¿Por eso vino usted a vivir en la que fue su casa?
-¡Eso es! Vine a esta casa con la esperanza de encontrar en algún lugar un texto olvidado o perdido de Lowry, quizás grabado a través del papel sobre el reborde de una ventana, una hoja escrita caída accidentalmente entre los resquicios de las duelas, o aprisionada entre las juntas del papel tapiz.
-Y... ¿encontró lo que buscaba?
-...estaba el manuscrito entre las páginas de un ajado ejemplar de la primera edición de "Bajo el Volcán", olvidado en un rincón oscuro de la polvorienta biblioteca, oculto entre unos libros abandonados.
Observé a Daniel López-López y pensé en cuál sería la respuesta a la duda develada de aquello desconocido que une al pasado con el presente y con el futuro. Pensé en que el presente sería menos doloroso en cuanto a qué no tardaría en ser ayer y gracias a que siempre estaba un mañana aguardando. Todo, si es que era verdad lo que este hombre decía, porque no se trataba de cualquier cosa, aquí se trata del... nombre de Dios
-¡Justamente! -dijo, y me sobresalté porque pensé que estaba pensando y seguro hablé en voz alta, o no era creíble que él supiera lo que yo estaba pensando-. ¡Lo que intento es develar el misterio del nombre de Dios! Lo que está oculto detrás de las letras y los números, es descubrir el punto exacto que une a la verdad y a la mentira, el lugar en que se juntan la realidad y el sueño. Es la vida misma desnuda con precisión matemática a través de la fuerza de la palabra. En el mismo instante en que yo alimente la computadora con el texto virgen de Lowry, lo que sumará toda su obra, entonces, la historia se volverá un tumulto azaroso de sucesos desordenados; un pasado uno corresponderá a un presente tres, un pasado dos a un futuro uno, un presente uno a un pasado tres, un futuro dos a un presente dos, y así... será como si estallara la bomba de Hiroshima en el mismo instante en que Moctezuma es saludado por Cortés y Demócrito hiere sus ojos mientras alguien dispara la flecha que mató a Aquiles y Juan eyacula en María... en la Academia no han creído mi planteamiento y deberé probárselos. Pero alimentaré la computadora con sólo una línea del texto virgen, porque no sé cuánta potencia activaré. Mañana sábado vendrán los de la Academia de la Lengua a verme, realizaré para ellos una prueba y los convenceré de la necesidad de perder todo miedo al computador.
Ayer domingo, cuando desperté, oí la primera noticia de la muerte de Daniel López-López junto a otros eminentes hombres de letras debido a una explosión, de enorme potencia pero misteriosamente reducida, en la casa en que se encontraban reunidos en Cuernavaca. La noticia decía que aparentemente la explosión fue resultado de una falla en la conexión de algún cable para activar algún generador de electricidad que utilizaba el anfitrión.
En los discursos de hoy para despedir a los escritores muertos, nadie, ni uno solo, nombró a Malcolm Lowry... ni al jardinero que nos había llevado la cerveza.

(*) “La Parodia de López-López”, cuento de Waldemar Verdugo publicado en revista VOGUE-México.

SONRIE

Se ha devuelto a la distancia Michael Jackson. Para los que conocimos su música es una sensible partida. Hace muchos años, en un bar de Hollywood conocí a Madonna -que es una mujer encantadora- cuando aún no era una estrella reconocida, y ella hizo comentarios muy buenos de la música de MJ, lo admiraba y luego sería una de las amigas más cercanas del artista que ha partido, a quien comencé a escuchar desde entonces. Decía MJ que su canción favorita era la escrita por John Turner y Geoffrey Parsons para la música que Charlie Chaplin entregó en Tiempos Modernos, “Smile”. Vaya en homenaje de MJ la letra en español de la canción que lo animaba, a manera de agradecer la música que nos dio.
Sonríe, aunque tu corazón esté triste.
Sonríe, igual aunque esté roto.
Cuando haya nubes en el cielo,
sobrevivirás,
si sonríes
con tu miedo y tu dolor.
Sonríe y tal vez mañana
tu encontrarás esa vida que aún vale la pena si simplemente
iluminas tu cara con alegría.
Esconde cualquier rastro de tristeza
aunque una lágrima tal vez quiera aflorar.
Es el momento en el que debes seguir intentándolo.
Sonríe, que sentido tiene llorar.
Tu encontrarás esa vida que aún vale la pena si simplemente
sonríes, aunque tu corazón esté triste.
Sonríe, igual aunque esté roto.
Cuando haya nubes en el cielo sobrevivirás
si sonríes
con tu miedo y tu dolor.
Sonríe y tal vez mañana
tu encontrarás esa vida que aún vale la pena si simplemente sonríes.
Es el momento en que debes seguir intentándolo.
Sonríe, ¿que sentido tiene llorar?
Tu encontrarás esa vida que aun vale la pena,
si simplemente sonríes.
(trad. WV)

24 de mayo de 2009

CARTAS DE RAPANUI, ISLA DE PASCUA.

Por Waldemar Verdugo.
(Ocho Fragmentos en Proceso de Trabajo)

1

Una carta es siempre sagrada, porque expresa la intimidad de un instante de nuestra alma, confiada a quien la lee. Y no es otro el espíritu en que le escribo, para contar a usted lo que veo aquí en Rapanui, tal cual le prometí que haría en cuanto llegara para asumir mi trabajo en el Liceo de la isla, donde me han recibido con collares de flores y una mirada que expresa curiosidad por “el profe del conti”, como me dicen, que viene a reforzar al plantel de docentes encargados de sus hijos, luego que el profesor a quien reemplazo se devolviera a Santiago por discrepancias con el consejo de ancianos, quienes pidieron su cambio, según me estoy enterando.
La partida desde el aeropuerto internacional de Santiago de Chile, es el inicio de cinco horas de vuelo sobre el mar, siguiendo la ruta del Pacifico Sur entrando hacia la Polinesia: la primera escala es Rapanui, la isla de Pascua que se ve reposando como un gran animal marino entre las olas. Desde el avión se distinguen sus tres volcanes, las suaves colinas verdes, y sus costas oscuras bañadas por el agua maravillosamente azul. Rocas y mar, incipiente vegetación y una sola aldea: Hanga Roa. Se aterriza en el aeropuerto de Mataveri entre música autóctona y sonrisas expectantes. Casi toda la población se reúne allí para ver este acontecimiento que ocurre tres veces por semana. Los isleños reciben al turista con los brazos abiertos; primero porque todos son gentes muy amables, y segundo, porque les importan quienes llegan, porque su deporte habitual es "ir a mirar a los visitantes del aeropuerto", así como nosotros vamos a ver los monos al zoológico. Los pascuenses son expertos en clasificar a las personas que llegan a la isla. Por hábitos estudiados le ubicarán en una de estas categorías: los que van de paso en esos tours “conozca la Polinesia en una semana”, de paso entres islas como Bora Bora, Papeete, Hawai o Tahití (japoneses, europeos y ancianitos estadounidenses que siempre compran un recuerdito y pagan en efectivo); los del "conti" (chilenos o latinoamericanos que vienen del continente; gastan poco pero cambian hasta los zapatos por una madera tallada); los que llegan con mochila y pantalón corto, a los que nadie intenta vender algo porque son arqueólogos o investigadores que llegan a "descifrar" el misterio de la isla con lo justo para sobrevivir, y los "temporales", extranjeros o chilenos continentales que trabajan en algún proyecto oficial aquí enclavado, y que al vivir de un sueldo mensual si llegan a comprar algo pagan con tarjeta de crédito, entre quienes me deben incluir.
Todo estado del alma es necesario y, por lo tanto, bueno. La fruta no niega la hoja, ni la hoja niega a la flor y al tallo. Y debo confesar a usted que mi estado del alma es pura expectación: hace tres días que he llegado y me integré de inmediato a dar clases. Viví dos días en uno de los hoteles de la isla, muy acogedor, pero como usted me indicó que había leído, seguí los consejos de buscar pensión en la aldea porque muchas casas de los isleños están acondicionadas para recibir huéspedes en excelentes condiciones, y por una parte de la oferta hotelera. Mi primera impresión es que en todo el sitio reina una limpieza absoluta pues son gentes muy organizadas y armónicas en su trabajo diario. Las construcciones son de alegres colores y siempre están rodeadas de jardines con plátanos, flores y plantas exóticas. Ha sido una decisión acertada que presentí de inmediato cuando ayer mismo ubiqué este sitio para vivir: mi cuarto es pequeño pero recibe el sol que acá parece más cercano sin molestar, y desde mi ventana veo el mar que parece brotar de plantas hermosas como no había visto antes, me parece que he comenzado a vivir en un jardín.


2
El dueño de casa, el patriarca Cristóbal Pakarati, quien me ha recibido, es reconocido como uno de los mejores talladores de la isla y es uno de los sabios consultores del Consejo de Ancianos de la isla; es un hombre cálido y de modales precisos; quizás por su oficio acostumbrado a tallar la madera, cuando habla da forma a lo que dice con sus manos como modelando el aire. A él todo el mundo le pregunta todo. Aunque jamás sale de su casa, sabe todo lo que sucede porque durante el día desfilan por su patio los vecinos de la aldea. Las mujeres de la familia Pakarati que he conocido donde vivo son sonrientes y bellas, y los hombres jóvenes del clan Pakarati son en su mayoría talladores: de sus manos salen esas figuras de moais con cuerpos flacos y largas orejas y manos, de madera y piedra volcánica.
Hoy en la mañana supe la razón que tuvieron los ancianos para solicitar que mi antecesor en el Liceo fuera reemplazado. Todo partió porque el hombre publicó una crónica asegurando con convicción que la lengua Rapanui estaba destinado a morir, presagio que de inmediato levantó rechazo porque eso no se reflejaría en la vida cotidiana de la Polinesia chilena, donde el español es el idioma oficial. Me enteré del asunto en el mismo Liceo, donde mis alumnos, una veintena de jóvenes de ambos sexos, se ocuparon de contarme en clases los pormenores, incentivados por mis preguntas, debo confesarle.
Dijo uno de ellos, Alberto Hotus, cuyo abuelo también integra el Consejo de Ancianos: “El que usted reemplaza estaba perdido en su juicio porque nunca ha estado mejor la lengua rapanui. Que oficialmente tengamos que hablar castellano, no significa que estamos abandonando el hablar Rapanui. Mi abuelo dirige una comisión de la lengua pascuense, donde realizan un trabajo constante de preservación de nuestro hablar tradicional, que tiene un abecedario con trece letras por lo que manejamos pocas palabras si comparamos con otros idiomas. Por ejemplo no manejamos términos como “perdón” o “por favor”. Tampoco manejamos garabatos, por lo que recurrimos a lo chileno, algo en que hablamos igual, así como a las palabras que vamos incorporando porque son necesarias, como “televisor”, porque si no tenemos una palabra Rapanui, tenemos que llamarlo “televisor”, no más, pero eso no significa que se termina nuestra lengua, al contrario, se enriquece, según me enseñó mi abuelo. El profesor anterior no tenía nada que hacer aquí porque ni siquiera se preocupó de aprender algo de nuestra lengua”.
Una de mis alumnas, sin yo saberlo, es nieta del patriarca Cristóbal, mi anfitrión, lo que, por supuesto, quizás influyó en lo que comentaron mis alumnos. Dijo María Pakarati: “Lo único que falta son recursos para editar diccionarios y libros en Rapanui, porque si bien los jóvenes casi todos somos bilingües, la Ley Indígena reconoce nuestra lengua independiente del español, necesitamos una educación intercultural bilingüe, que nos prepare desde la infancia para vivir aquí en la isla o en el continente, porque con nuestros mayores hablamos en Rapanui y quisiéramos leer en nuestra lengua las obras que necesitamos leer. Cuando llega una persona de afuera, por supuesto que no habla una lengua que no conoce, pero eso no significa que no la hablemos entre nosotros. La hablan nuestros mayores y nosotros con mayor razón, porque sabemos que es algo que sólo está vivo en la isla. La comisión del abuelo de Alberto publicó una gramática fundamental y un diccionario etimológico, por eso sabemos de dónde proviene nuestra lengua y qué significa, pero necesitamos diccionarios Español-Rapanui, pues otro que publicó la comisión de Hotus es básico, aunque muy serio, porque se unió a los ancianos de la isla el trabajo del filólogo español Jesús Comte, a quien respetamos. Y sepa usted que necesitábamos un profesor reemplazante, porque de lo contrario nos atrasamos en nuestros estudios, así que es usted bienvenido, o como decimos en Rapanui: “Iorana”.


3
La carta geográfica se define usualmente como una representación de toda o una parte de la superficie terrestre; por lo demás, una carta geográfica no representa al espacio terrestre sino algunos de sus rasgos, o ciertos fenómenos que se despliegan en ella, materiales y abstractos. Permítame usted intentar rescatar estos elementos también en esta escritura inmediata, que no es otra cosa que una forma de narrar a usted lo que veo aquí en Rapanui, para representar espacios no terrestres que, sin embargo, existen y se sienten en la isla, a propósito de una conversación con el patriarca Pakarati, que aquí nadie duda que es uno de los hombres del sitio que preserva la sabiduría de Te Pito o Te Henúa; él es capaz de transmitir la maravillosa leyenda de la isla y de su gente. Anoche, después de cenar conversamos largamente. Dijo él:
“O Toku Tupuna, Ko Paka Rati Te Inoa, I-Vana Ja-Mai I Te Me-e, Tuai Ki A Au Toona Makupuna” Mi abuelo, que se llamaba Paka Rati, me contó de las cosas antiguas, a mí, su nieto. Aunque en los mapas actuales figura como Isla de Pascua, Easter Island o Paasch Eyland, las gentes de la Polinesia la nombran Rapanui, que en lenguaje tahitiano significa “isla grande”; también se la conoce como Matakiterani ("ojos que miran a las estrellas"), pero el título nativo que le damos quienes aquí vivimos es el que se repite en nuestros cantos y poemas antiguos, que es Te Pito o Te Henúa (el ombligo del Mundo o centro de la Tierra), tal como la designaban nuestros mayores. En igual forma, los soberanos que rigieron la vida remota de la isla llevaron el título de Ariki Hanúa o Rey de la Tierra. Lo que sabemos es que había una vez un continente llamado Hiva, donde un terrible cataclismo sumergió sus vastos territorios en el mar. Para salvar parte de su raza, un rey llamado Hotu Matu'a se embarcó y navegó hasta dar con este lugar. Traía consigo a sus guerreros, mujeres semillas, plantas y animales, desembarcando en Anakena.”
Dice el patriarca Pakarati que como los isleños de hoy, los que llegaron con Hotu Matu’a eran individuos de elevada estatura, de complexión vigorosa y aspecto fuerte con rasgos de corte fino, que recorren la isla montando su caballo, un símbolo de respeto vigente; con sus mujeres, las más bellas de Polinesia, de exótica belleza, cuerpo delgado y flexible y un inquietante quiebre de cadera al caminar, de carácter enérgico pero dulcísimas; trajeron su idioma, con inflexiones polinesias pero absolutamente incomprensible. Es posible que antes de la llegada de Hotu Matu'a la isla ya tuviera algunos habitantes, en todo caso los recién llegados implantaron su propia sociedad constituida en numerosas tribus. Vivían de la pesca y de la agricultura y tenían ingeniosas costumbres para dominar la naturaleza.
Dice que posteriormente llegó una segunda emigración. Eran una raza más baja y ancha que los altos y delgados descendientes de Hotu Matu'a. Estos fueron probablemente iniciadores en la fabricación de las fabulosas estatuas de piedra esparcidas por toda la isla. Aunque otros dicen que los moais ya estaban desde antes. Tenían la costumbre de estirarse los lóbulos de las orejas y de allí su apodo de orejas largas. Los moais no eran divinidades sino algo así como retratos de personajes importantes. Estas figuras enormes de piedra, algunas de más de 90 toneladas de peso, tenían una extraña y descomunal fuerza energética. Todas fueron talladas en la ladera del volcán Rano Raraku, sin más instrumentos que trozos de piedra, puesto que sus autores desconocían el metal. Su fabricación requería miles de horas-hombre y su traslado es tan incomprensible como la técnica de construcción de las pirámides de Egipto, con la diferencia de que en el caso de la isla de Pascua nunca hubo millares de esclavos dedicados exclusivamente a hacer moais, ya que su población nunca pasó de los 5 mil habitantes. Por eso a pesar de todas las investigaciones que se han hecho, todavía no se sabe cómo los isleños bajaban esas moles de piedra desde las alturas del volcán, cómo las trasladaban por toda la isla y cómo las ponían de pie. Y encima le colocaban un sombrero de piedra que pesaba otras varias toneladas.
Afirma el patriarca Pakarati que “los moais eran trasladados con mana: un poder de la mente que los arikis practicaban comúnmente en beneficio del pueblo; ese mismo poder, que movía toneladas de piedra a través del aire, atraía el pescado hacia sus costas y ayudaba en la germinación de las semillas”. Lo cierto es que investigadores modernos no han podido explicar a ciencia cierta qué tipo de fuerzas utilizaron para trasladar los enormes trozos de piedra, pues sin duda la tracción animal es imposible en este raro sitio magnético en que las gallinas vuelan y ponen sus huevos escondidos en la incipiente vegetación que sube hasta los árboles bajos. De todas maneras, las fotos en que vemos reproducciones de estas fantásticas estatuas no tienen nada que ver con las de su lugar de origen, que parecen ser simplemente seres escapados de un país de gigantes.
Narra el patriarca que “en los tiempos en que empezaron a erigirse las estatuas sobre los altares, la cultura local había alcanzado un alto grado de división del trabajo, y las distintas actividades básicas estaban encargadas a grupos diferentes. Es así como existían pescadores, agricultores, constructores de altares, talladores de estatuas, sacerdotes, hombres sabios que transmitían el conocimiento, de tal manera que cada persona debía desempeñar una función previamente asignada. Pronto la isla estuvo poblada de numerosas y variadas construcciones”. Los restos de ellas aún pueden encontrarse por doquier: casas en forma de bote con la quilla hacia el cielo, cuyas fundaciones estaban construidas por piedras talladas con una controlada precisión, y que circunda las plazas de los ahus (los altares de piedra) con sus espacios que daban albergue a los sacerdotes encargados de cada santuario; torres de piedra, generalmente circulares, que cumplían una función que es aún oscura, pero asociadas a observatorios del cielo; rampas pavimentadas que descendían hasta el mar, por las cuales eran introducidas y extraídas de éste las embarcaciones pesqueras, supliendo así la escasez de puertos; grutas naturales que eran habilitadas como viviendas mediante el uso de mampostería; construcciones que protegían las vertientes, generalmente a nivel del mar, donde emergían del agua de lluvia, única fuente en una isla desprovista de ríos o arroyos, pero protegida por los depósitos naturales de agua en los volcanes, que la hicieron privilegiada y tuvo su esplendor.
Dice el patriarca Pakarati que entonces “las zonas de Vaihu y Akahanga eran sus puntos más densos de población; ahora pueden verse en el lugar numerosos ahus, varios semi destruidos. Frente a los ahus se construían ordenadamente las casas de piedra de no menos de un metro de alto por cuatro de largo, unidas una junta a otra para depositar los restos de los muertos ilustres y muchos otros objetos del poblado. Luego les colocaban encimas los moais”, estos impresionantes gigantes de piedra con esa forma de hombre de orejas y nariz sumamente largas, como las caras mismas, de labios finos que parecen apretados y ojos que semejan un mirar lejano, como oteando el cielo, con el cuerpo cortado a la altura de la cintura y los brazos formando parte, en bajorrelieve, del tórax; de los que algunos preservan su tocado o pukao, de otras varias toneladas de peso esculpido en piedra volcánica de color rojizo: “los pukao que pudieron y casi todas las esculturas de los ahus terminaron de ser derribadas de sus podios por los evangelizadores católicos que pasaron por la isla hasta finales del siglo XIX”. Un ahu, el llamado Heki'i tiene siete metros de altura. En Tahai, lugar cercano al puerto de Hanga Roa, donde se celebran exposiciones permanentes de arte nativo, se desenterró de un ahu una cabeza esculpida de extraña forma, de tipo redondeado y ojos hundidos que se conserva. Nos dice el patriarca Pakarati: “Cabezas del mismo estilo quedaron al descubierto en Tongariki, otra zona de la isla, con el maremoto que azotó a Chile en 1960. Los ahus, entonces, representan una época secreta y esplendorosa de Pascua, porque eran una forma de agradecer a sus dioses por el agua, las frutas, el sol, la luna, el trueno y el relámpago del mar, la buena pesca y la simple unidad de las tribus, cuando todos aportaban lo suyo, porque si entonces los orejas chicas tenían la escritura y un orden social, los orejas largas tenían toda la fuerza necesaria para moldear la piedra a imagen y semejanza de sus sueños”.
La isla carecía de minerales, contaban sólo con roca y se dedicaron a ella, fueron también competentes arquitectos además de hábiles escultores; por ejemplo, las casas de la aldea sagrada de Orongo fueron construidas con un singular sistema de superposición y contrapeso de lajas que es único en el mundo. Con ese mismo estilo construyeron sus templos y monumentos hasta de 14 metros de altura, utilizando normalmente piedras de unos 40 kilos de peso. Desafiando la gravedad mediante el recurso del contrapeso y el abovedamiento daban variadas formas a estas construcciones; vemos una de ellas en forma de pez. Es posible imaginar que en el curso de este progreso creciente los habitantes estaban imbuidos en una sensación de absoluta confianza en sus propios medios, y de seguro tenían una fe muy grande en su destino. Pero este mismo avance hizo germinar la semilla de su destrucción: los recursos naturales fueron progresivamente destruidos, y pronto la situación hizo crisis. El delicado equilibrio que había mantenido en constante desarrollo una cultura sorprendentemente activa, se rompió, y lo que empezó como una disputa entre los dos grupos principales, se extendió a toda la isla. Conjeturalmente, esta revolución social fue debido al empleo de excesiva mano de obra en la construcción de los monolitos por parte de las castas religiosas, lo que dejó a la isla sin brazos para agenciarse alimentos.
La guerra fue causa de que las actividades más importantes fueran interrumpidas bruscamente, al no encontrar los trabajadores un ambiente que les ofreciera una mínima seguridad personal. Los sacerdotes, que con su poder religioso habían sido los controladores de los demás isleños, perdieron su liderazgo, el cual recayó en los guerreros o matatoas. La costumbre de ingerir carne humana, hasta esos momentos practicada sólo con carácter ritual, cobró una finalidad más práctica, y la gente era perseguida y devorada para complementar la deficiente alimentación. La cultura se desintegró rápidamente. Según excavaciones, en ese entonces comienzan a preocuparse de fabricar armas y a derrumbar de sus pedestales las estatuas abandonándolas con su rostro hacia el suelo, motivados por la desesperación y la pérdida de fe en sus protectores. Por esa época cobra una gran importancia el extraño culto a un hombre-pájaro, el Tangata Manu (o Manutara), cuya ceremonia tenía lugar en el sitio ceremonial de la ciudad sagrada, en torno del volcán Rano Kau, en el extremo sur de la isla; del hombre-pájaro existen numerosos petroglifos en la zona, en todos se muestra semejando una cara humana detrás de una escafandra que toma forma de pico de ave, o simplemente es esférica; sépase que hay figuras en la piedra en que se ve a este hombre-pájaro cubierto por extraños artefactos y lleva ¡botas! Pero Orongo era también residencia sacerdotal, astillero y centro de observaciones astronómicas, por eso se encuentra casi todo el sitio plagado de dibujos y tallados. A la llegada de las primeras expediciones, Orongo era receptáculo de construcciones que resguardaban especialmente las tablillas de madera endurecida con escritura Rongorongo, mucha de la cual, afortunadamente, quedó también grabada en la piedra, sin descifrar aún, o todavía oculta en alguna cavidad de las 46 cuevas que hay allí, colgadas sobre el acantilado.
Nos dice el patriarca Pakarati: “Según el sistema de medición con carbono, se ha fijado como inicio de la guerra el año 1680 de nuestra era. A la llegada de los primeros visitantes europeos, nuestra sociedad estaba completamente deteriorada y no pudieron presentar oposición a los despojos y las rapiñas cada vez más frecuentes, que terminaron por decapitar la cultura local. Llegó un momento en que sólo se censaron 111 vecinos, entre ellos los miembros de nuestra familia Pakarati, que habían sobrevivido a las expediciones que buscaban esclavos. Hoy, esto es historia”.

4
La carta es una imagen concreta, estabilizada, y así debo narrar a usted cosas concretas que a veces me son difíciles, por ser tanta la belleza que a uno lo envuelve aquí en Rapanui, y que transportan a otro mundo en este mundo. En el Liceo los profesores isleños me han acogido muy bien, quizás porque ven en uno la única intención que es la de servir en su oficio. Ayer, día viernes, luego de que terminamos las clases me han invitado a cenar en el hogar de uno de mis compañeros, donde fui muy bien recibido por su familia, compuesta por su esposa y dos hijos con sus respectivas familias, quienes celebraban el regreso a Rapanui desde Santiago de uno de sus miembros con un título en Biología marino obtenido en la Universidad de Chile. He conocido en el hogar de ellos a una investigadora francesa que reside hace casi un año acá estudiando en la isla sus reservas de vegetales, y dicta clases también en el Liceo: la doctora Isadora es quien hoy me ha servido de guía en un paseo por la isla, de la cual conoce cada una de sus especies vegetales.
Déjeme contar a usted que aquí el reino verde es rico. Abunda la toa o caña de azúcar, cuyos tallos pueden alcanzar varios metros de altura. Dice la doctora Isadora: “Los isleños siempre han utilizado el jugo de esta caña como bebida energética; también como adhesivo para mezclarlo con pigmentos y colorantes para aplicárselos en el rostro y cuerpo durante ceremonias, festividades y ritos religiosos. Las hojas también tuvieron su aplicación en la confección de techos”. Otra especie común, el ngaatu (conocida en Chile continental como totora), dice ella que se empleó aquí también para techar las típicas casas bote conocidas como hare paenga, y actualmente para la confección de canastos, sombreros y redes de pesca; es una planta típica de ambientes húmedos, por lo que en Rapanui se la puede encontrar en las tres lagunas existentes, Rano Raraku, Rano Kau y Rano Aroi. Sus abundantes tallos, de sección triangular y de hasta cinco metros de largo, contiene un tejido con abundantes cámaras de aire, por lo que son flotadores naturales, condición que fue aprovechada por los isleños para confeccionar sus embarcaciones llamadas pora.
La doctora Isadora dice que entre las especies vegetales en extinción, de las cuales existen mínimas reservas en la isla, “nombremos el ngaoho o naoho, conocido científicamente como Caesalpinia major; es un arbusto muy apetecido en otros países que se caracteriza por tener microorganismos en las raíces, que le permiten captar el nitrógeno directamente desde la atmósfera, por lo que puede colonizar suelos de mala calidad; tiene flores amarillas muy perfumadas, que de acuerdo a la tradición, eran utilizadas para confeccionar las guirnaldas ceremoniales llamadas hu hu; sus semillas, de color amarillo brillante, se emplearon como cuentas para confeccionar collares, y la fibra de su corteza tenía un uso en la fabricación de cordeles. Otra planta en inminente peligro es el makoí, un arbolito de hasta 10 metros de altura conocido científicamente como Thespesia populnea; tiene grandes hojas y bellas flores amarillentas con la base púrpura. Sus frutos tienen el aspecto de pequeños trompos, por lo que son muy preciados por los niños de la isla para sus juegos; la madera de esta especie es dura y de hermoso colorido, y se ha utilizado siempre para el tallado de figuras y ornamentos. La Corporación Nacional Forestal (Conaf) mantiene ejemplares viverizados. Al igual que de la planta en extinción llamada pato, denominada por la ciencia Euphorbia serpens, que agrupa unas 7.000 especies en el mundo, de las cuales en Chile hay alrededor de 43. Produce abundante látex cuando los tallos son cortados, y tiene propiedades medicinales: aquí tradicionalmente, administrada con cuidado, se ha usado para calmar los dolores de estómago y el malestar propio del período menstrual, según es utilizada de acuerdo a la pericia científica por la química farmacéutica. Al igual que la planta tavari (Polygonum acuminatum), usada como anti alérgico; y la puringa (verbena litoralis) para tratar problemas de la piel como sífilis y lepra, que fueron introducidos en la isla por los primeros visitantes, porque, caso único en Polinesia, no hay antecedentes de alguna plaga o enfermedad que haya asolado a Rapanui antes de finales del siglo XIX”.
La doctora Isadora afirma que es interesante anotar de la medicina isleña un aspecto casi desconocido; diremos solamente que saben utilizar las energías naturales que posee Rapanui por su ubicación en el medio del mar; así cuando un nativo no demasiado transculturizado sufre un dolor de cabeza, no recurre a agentes exteriores, químicos o mágicos, para curar su dolor. Lo que hace simplemente es tenderse durante unos minutos en posición horizontal: “Durante ese tiempo, el isleño cierra los ojos y se concentra en el dolor, donde sea que lo siente, sin rechazarlo, sencillamente observándolo hasta llegar a visualizar perfectamente su ubicación y sus características, tamaño, forma, color y sonido. La visualización interna revela que hay dolores redondos, cónicos, puntudos, de todas formas en realidad, y sus colores varían del amarillo, pasando por el rojo y el azul, hasta llegar a un negro que es más oscuro que cualquiera que exista en la realidad. También hay dolores que emiten ruidos, chicharras, campanadas o zumbidos. Una vez identificado el dolor en todas sus características, el isleño lo va dejando caer suavemente por la nuca hacia el suelo, hasta que su imagen desaparece de la mente. El proceso completo no dura más de diez minutos. Si el isleño siente que le faltan energías o anda como queriendo irse, basta que abrace un árbol para recuperarse. Los árboles son una gran fuente de energía, donde sea que están; y basta abrazarse a uno de ellos unos tres minutos para probarlo. Si alguna vez dispones de ese tiempo, ensáyalo."
Dice el patriarca Pakarati que según los relatos, entre las plantas que introdujo en la isla el rey Hotu Matu'a, están el mahute (Broussonetia papyrifera), el marikuru (Sapindus saponaria), la pía (Tacca pinnatifida), la púa (Curcuma longa) y el nau nau o sándalo (Santalum album), un majestuoso árbol que puede llegar a los diez metros de altura, con bellas flores rojas, amarillas o rosas. En la Isla de Juan Fernández, camino a la costa central de Chile, existe aún una variedad de este sándalo de menor altura, pero es en todo el sur y sudeste asiático, desde China a la India, donde se ha preservado desde la antigüedad. Nos dijo la doctora Isadora: “De madera resistente al tiempo, a la humedad y los insectos, siempre se han utilizado sus cualidades curativas. Los chinos consideran la esencia de sándalo como yang, utilizándola para tratar las enfermedades yin, para algunas infecciones de tipo específico, como la tuberculosis, gonorrea, catarros y algunos tipos de cistitis, operando posiblemente más como antiespasmódico que por sus efectos antibióticos. Precisamente, por esta cualidad sedante, es eficaz como balsámico, expectorante y sedante de la tos en la tosferina y traqueitis. También es un tranquilizante natural suave, útil en los casos de insomnio ocasional. Se emplea asimismo como antiséptico general, sus principios activos son químicamente similares a los del alcanfor. Su sabor amargo, que los chinos asocian con los intestinos y el corazón, hace que sea utilizado para curar problemas de estos órganos, hay estudios científicos al respecto. Se sabe que externamente es útil aplicado a la piel, pues rehidrata las pieles secas y envejecidas (en forma de compresas calientes). Es útil en el tratamiento del acné, de las inflamaciones cutáneas y en todo tipo de picaduras. Por su efecto, suavemente astringente, limpia en profundidad la epidermis, abre los poros y permite la respiración cutánea”.
Afirma que según sus investigaciones, “la Conaf debe urgentemente reforestar de sándalo la isla, su hábitat natural, que ejerce sus propiedades curativas a través de la esencia, que se extrae por destilación de la madera, directamente de su corazón. Hasta donde se sabe, sus flores y frutos apenas contienen principios activos, por lo que se le puede utilizar quemando directamente la madera, en forma de palitos, lo que ha popularizado las varitas de incienso con esta esencia, aunque tienen en general poco aceite vegetal y la madera no es de sándalo. La esencia natural que se puede encontrar aquí en Rapanui es espesa, bastante grasa y de un color amarillento. Antes también la utilizaban por vía externa, para hacer pomadas, o mezclada con otras esencias (habitualmente rosas) y rebajada con unas gotas de alcohol y agua, que da una magnífica colonia de efectos tónicos y relajadora. Por vía interna, se usa en cantidades de unas seis gotas tres veces al día, habitualmente rebajada con agua o líquidos azucarados debido a su sabor amargo. Un té verde con tres o cuatro gotas de sándalo, a la manera pascuense, es exquisito y protege el intestino aliviando el estreñimiento. Su delicioso perfume lo hace inestimable en cosmética, especialmente por su característica de fijador de los perfumes. Nótese que mucho del sándalo que se utiliza procede de las Antillas, donde se le conoce como "esencia de amiris" -la planta Shimmelia oleifera-, de aroma menos intenso y propiedades no del todo conocidas. El sándalo de Rapanui pertenece al patrimonio vegetal de la humanidad. Al igual que el toromiro, el árbol originario de la isla y materia primordial de sus esculturas”. Nos dijo ella que el toromiro, que se puede apreciar magnífico en la isla, volvió a Rapanui de la mano del botánico alemán Wolfram Lobin, que luchó por su reforestación y cuyo ejemplo sigue en un primer esfuerzo multinacional para conservar una especie vegetal.

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Como usted dice, la carta rescata algo más que una imagen, porque rescata instantes que resultan de un esfuerzo humano creativo. Su realización procede de la elección, por un autor, primero de los fenómenos a contar, luego de una simbolización gráfica. La carta no es entonces el reflejo neutro de una realidad exterior, sino algo "construido", está orientada y es selectiva, parcial, y entonces contar a usted se dificulta porque acá en Rapanui todo importa, se siente que uno vive como en un territorio más allá del que sabemos en la comprensión espacial de los objetos, conceptos, procesos o acontecimientos naturales en el mundo humano. Decía a usted en mi primera carta que la impresión de Rapanui desde el aire era la de un animal en medio de las aguas, y ahora le digo que es en verdad un animal vivo flotando en ellas, porque aquí todo se siente vivo como los seres con sangre adentro.
Por su ubicación en el centro del este del océano Pacífico Sur, a 3.200 kilómetros del puerto chileno de Caldera y a 3.790 de Santiago, latitud 27º 09' Sur, y longitud 109º 27' Oeste de Greenwich, con una superficie de 181 kilómetros cuadrados de tierra que brotan del agua, es paraíso de aves, que son el grupo dominante de vertebrados nativos, a las que llaman con evocadores nombres pascuenses. He conocido al ornitólogo pascuense Hari Tenua, casado con una Pakarati, quien me enseñado que entre las aves residentes, todas incluidas en la reserva de aves de la humanidad, se encuentran el tavake o ave del trópico de cola roja (Phaeton rubricauda), el kena o piquero blanco (Sula dactylatra), el tuao o gaviotón de san Félix (Anous stolidus), entre otras. Como visitantes se observan el manutara o gaviotín pascuense o apizarrado (Sterna lunata), el kía kía o gaviotín blanco (Gygis alba), el makohe o ave fragata (fregata minor), el taví o gaviotín de san Ambrosio (Procelsterna coerulea), el kakápa y kakápu o fardela heráldica y negra (Pterodroma), el kimá o fardela de Pascua (Puffinus nativitatis), el zarapito tahitiano (Numenius tahitiensis) y el playero blanco (Calidris alba). Dice el maestro Tenua: “Existen especies que han llegado desde Chile continental, como la diuca, loica, paloma, perdiz y el tiuque, entre otras. Aquí la mayor altura es Terevaka con 506,54 metros sobre el nivel del mar; la tierra habitada más próxima está a mil 900 kilómetros de distancia, la isla Pitcairn, y hay que recorrer 2 mil 800 kilómetros para llegar a otro punto en la Polinesia, así para las aves este es un punto de descanso”.
Debo anotar a usted que aquí en Rapanui, los mamíferos están representados por los caballos chilenos que corren libres por la isla o guiados por su amo. Los reptiles naturales son solo dos lagartos, que en pascuense nombran moko uru-uru kahu (Lepidodactylus lugubris) y moko uri uri (Ablepharus boutoni poecilopleurus), es decir "negro negro", de coloración negruzca con brillos metálicos verdosos; desde la cabeza hasta la cola se extienden dos líneas laterales blanquecinas; con hábitos diurnos, de este lagarto no existen antecedentes acerca de su estado de conservación. Son también naturales a Rapanui dos especies de tortugas marinas: la tortuga verde (Chelonia mydas), que con un tamaño aproximado de 100 cms. tiene un peso que varía entre los 113 y 182 kilos, y la tortuga carey (Eretmochelys imbricata); ambas se alimentan preferentemente de algas marinas y están en extinción, existiendo actualmente en el mundo científico gran preocupación por la preservación de estas especies únicas. Es uno de los pocos sitios del planeta en que no existe la serpiente o algún reptil parecido.
Ayer domingo me han invitado a caminar la isla algunos de mis alumnos, que vinieron por mí al amanecer. Rapanui es un triángulo de tierra formada por las laderas encontradas de tres volcanes: el Ranu Raraku, el Rano Aroi y el volcán Rano Kau, que albergan en su interior una importante reserva de agua, flora y fauna para los lugareños, y en cuyo cráter se encuentran varias cuevas-entradas a las profundidades secretas pascuenses. La ubicación de éstas ha sido celosamente transmitida y guardada de padres a hijos. Porque a pesar de su pequeñez y lejanía, en este milagro del mar floreció y se desarrolló una cultura de alta complejidad que aún hoy día provoca asombro en los círculos científicos internacionales, que están de acuerdo en admitir que Rapanui es el más rico y complejo museo al aire libre que existe en Polinesia. Constituye también el ejemplo mejor ilustrado de una cultura que se ha desarrollado al margen del resto del mundo, careciendo prácticamente por completo del aporte de ideas nuevas, que tanta importancia han tenido en la historia de todas las naciones conocidas.
En su totalidad la isla se nota de origen volcánico. Nos dice Hare Tenua: “Rapanui empezó a brotar desde el fondo del océano hace aproximadamente 3 millones de años, manteniendo intermitentemente su actividad volcánica hasta hace 2 mil a 3 mil años atrás, fecha de la ultima erupción calculada. Muchas aves llegan a vivir aquí desde otros lugares y simplemente se quedan a vivir a imagen de lo que se cree acerca de los primeros pobladores, quienes pudieron ser grupos de navegantes extraviados que llegaron hasta aquí y fueron incapaces de regresar a sus lugares de origen. La principal razón para afirmar esto es que no se conoce ningún poblado, ni polinesio ni americano, capaz de navegar precisa y sistemáticamente entre Rapanui y otras tierras, de manera tal que la única posibilidad son las llegadas fortuitas de navegantes que se convirtieron en realidad en prisioneros de la tierra que los había salvado. Estos primeros colonos involuntarios debieron adaptar sus valores culturales y su manera de vivir a un medio radicalmente diferente, que ayudó a gestar en la isla un proceso que reproducía a escala reducida todas las diversas etapas a través de las cuales el hombre pobló progresivamente el planeta. Todos los antecedentes que se conocen hacen pensar que la historia de la isla podría constituir una lección a nivel planetario, en el sentido de que una sociedad humana agotó los recursos naturales, rompió el delicado equilibrio ecológico del cual el hombre es también parte y estuvo en trance de desaparecer, debido a que la superpoblación finalmente sobrepasó las posibilidad de cubrir su alimentación”.
Actualmente sabemos que millones de seres mueren anualmente en el planeta por falta de alimento, por lo que es lícito preguntarse si la historia de lo acontecido en Isla de Pascua no es acaso una voz de alarma para nuestra propia civilización. Le narro que me han enseñado a decir ¿Mai Hé Koe? que quiere decir ¿Dé dónde vienes?

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Comienzo narrando a usted que he aprendido a decir ¿Heave To’u Arero E-Vanana-Eva? que significa ¿Qué lengua hablas? En esta perspectiva, cabe decir que los primeros habitantes de Rapanui desarrollaron en un lapso reducido, una cultura que llegó a muy altos niveles de complejidad, incluyendo un sistema de escritura aún sin descifrar y que se encuentra en su mayor parte en las famosas "tablillas parlantes", la escritura Rongorongo, que encontraron en la isla los primeros descubridores del lugar; estos trozos de madera endurecida por los siglos, tallada íntegramente con signos pictográficos de fascinante estilística, trasmiten una cosmogonía coherente de principio a fin. Nos dice el patriarca Pakarati que estas tablillas con escritura son nombradas por los pascuenses Kohau Rongorongo, cuyo enigma comienza con la propia traducción del nombre, que unos dicen "líneas para su recitación" y otros "tablillas de transmisión". Nos cuenta: “Se habla de seiscientas de ellas desaparecidas. La narración de la Tablilla de Aruku-kurenga o Ki-Te Erua ("El loco período del sol"), una de las pocas que se conservan, traducida al pascuense moderno por el obispo Tepano Jaussen y M.E. Ahnne, cuenta un terrible momento que vivieron aquí en la isla los primitivos habitantes en tiempos prehistóricos:
"El calor del sol, que da vida y fecunda, hoy aumentó su calor. La atmósfera es una caldera. El aire está pesado y asfixiante. Algunas mujeres y niños están cayendo secos a la tierra. Hay preocupación por salvar a Manua Iru y su alteza Koia, la reina y sus servidores. Y a los hombres Moa, que estaban viviendo acá junto a nosotros. Es Koia quien toma la decisión de partir. Embarcándonos para algún lugar y poniéndonos a salvo".
Nos dice el patriarca Pakarati que la tablilla concluye el relato antes de indicar cuál es el sitio elegido para emigrar. Ese repentino cataclismo solar que afectó a Rapanui en tiempos remotos tiene ciertos grados de relación con lo que dice la tradición en pueblos de otras regiones de la tierra: en la teogonía egipcia se describe el despedazamiento del sol; las inscripciones de Medinet-Habu, hablan de lenguas de fuego que descendieron de los cielos y quemaron pueblos enteros, ardieron las ciudades y desapareció todo signo de vida en algunas zonas. En la Biblia se señala la ocasión el día de Pentecostés. Los investigadores señalan que el repentino cataclismo solar que afectó a la isla no dio tiempo a nadie para preocuparse de sus labores; de un momento a otro se abandonaron los trabajos; se descubren estatuas dejadas a medio camino del sitio en que iban a ser colocadas; originando un cataclismo de esta naturaleza alteraciones de todo orden, terremotos y maremotos, que justificarían los desplazamientos de tierra que ubicaron a las estatuas semi enterradas o hundidas y aún ocultas.
Nos dice el patriarca que de esta serie, “existen otras seis tablillas transcritas por el obispo Jaussen, cuya ubicación hoy no se sabe”. Louis Pauwels y Jacques Bergier en "El Retorno de los Brujos", aseguran que existen otras series de tablillas parlantes en el museo del Vaticano, Roma. Y Louis Castex en su libro "Los secretos de Isla de Pascua" hace saber que tres tablillas que se encontraban en el Museo Braine-Le-Comte, en Bélgica, están ahora también en el museo del Vaticano, archivo de los Sagrados Corazones. En estos trozos de madera tallados con escritura Rongorongo está supuestamente la historia de la isla, que a nosotros nos llega en parte gracias a la tradición oral desde los primeros pascuenses, que tienen un pasado que es rara mezcla de sangre y poesía.
Déjeme contar a usted que los llegan aquí esperando extensas playas, palmeras y cocoteros, probablemente se desilusionarán porque el paisaje es de costas que se precipitan al mar en abismos insondables y viento. Aunque encontrarán junto a Anakena, otras dos playas de ensueño, con aguas transparentes y templadas, con posibilidad de practicar el buceo, el yatching y el surf, o dorarse en una de las arenas más finas que hay en toda Polinesia. Aquí las luces de los crepúsculos de la tarde y de la mañana son inolvidables. Es sabido de todos que las brújulas en Rapanui no funcionan por un fenómeno de gravedad que dota a la isla de una extraña energía que uno siente cuando pisa sobre ella; la sensación es única. Se está en un animal vivo.

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Estos últimos años, los trabajos de investigación arqueológica han sido llevados a cabo en forma programada y con regularidad, de modo que hoy día podemos presenciar casi exactamente y a pesar del tiempo, cómo lucían algunos imponentes altares y lugares ceremoniales que constructores orgullosos de su condición de hombres religiosos y con seguridad en sus propios medios, hicieron aparecer en el centro del mundo. Hombres y mujeres de casta fuerte en que la sensibilidad, además de ser presente inmediato en su expresión escrita en las tablillas parlantes y jeroglíficos, conservan un rico patrimonio de danza y música.
En la Isla de Pascua, todo acontecimiento, viejo o reciente bueno o malo, es transformado en música y canto. El pascuense tiene por naturaleza esa facilidad extraordinaria de expresión musical, al parecer común en los pueblos isleños de la Polinesia. En la actualidad, la música y las danzas originales de Rapanui han sufrido cambios debido a la influencia foránea, sobre todo desde otras islas de la Polinesia. Por lo que existen danzas, cantos y melodías en que se entremezcla en forma única el mito, la invasión y el sueño.
El sau-sau, por ejemplo, la danza-canción más popular en la isla es de procedencia híbrida, a la expresión original del pueblo Rapanui se agregaron elementos que vienen de la danza Tamure (Tahiti) y el Hula Hula (baile popular en toda Polinesia que se popularizó desde Hawai), danzas que consisten en movimientos de caderas y manos que ejecuta una pareja. Como el sau-sau se canta y se baila repetidas veces en las reuniones familiares, ahora, toda fiesta que se realiza en Rapanui lleva, por añadidura, el nombre de sau-sau, palabra que no tiene una traducción literal por no corresponder al idioma de Rapanui ni al de Tahiti; "es posible que sea una voz que procede de la isla de Samoa", dice Ramón Campbell.
Se afirma que el sau-sau tomó su forma actual a comienzos del siglo XX. Se dice que fueron músicos polinésicos que vinieron como tripulantes del yate alemán "Die Walkirie", procedentes de Fidji, Tahiti, Samoa y otras islas, los que terminaron de enseñar a dar forma a esta alegre danza y canto a los habitantes de la isla. El texto, en su primera parte original, está escrito en un extraño dialecto, desconocido, que los isleños aprenden rápidamente, aunque sin llegar a comprender su significado. Más tarde se le agregaron dos estrofas en idioma local, de música no menos bella y con ritmo alegre y sensual que terminó de dar forma a lo que se ve.
He conversado con el antropólogo y músico Ludovic Lutard, que trabaja en la isla: "El baile sau-sau, en sí, muestra expresivamente el acto de copular, con movimientos que denotan elegancia, armonía y sencillez. Su explicación radica, tal vez, en sus antepasados, quienes no contemplaron al sexo como un tabú, sino como algo muy natural. Esa es la razón por la que música y danzas pascuenses denotan lo sentimental, la naturalidad y la sencillez más absoluta en las relaciones entre el hombre y la mujer. El sau-sau posiblemente sea procedente de las islas Fidji, por la formación literaria, porque la letra "s" no existe en lengua pascuense ni en lengua tahitiana; pero sí existe en el alfabeto de Fidji y Samoa. Aunque, tal vez sea posible que en sus orígenes esta danza-canto tuviera un nombre más antiguo que se perdió".
He visto acá a la notable investigadora chilena Margot Loyola, quien ha estudiado detenidamente las danzas de la Isla de Pascua y tiene estrechos lazos con Rapanui desde la década de 1960, según narra anécdotas en una conferencia pública a la que asiste toda la isla, y quien hace una interpretación de los pasos y figuras de este baile: "El sau-sau es una danza de pareja suelta e independiente, que realiza sus evoluciones casi rozándose. Cuando intervienen varias parejas, éstas no se mezclan, manteniendo cada una su independencia respecto de las demás. Los movimientos son suaves, siendo ajeno al baile todo gesto brusco o expresión dura. Los movimientos principales son el de brazos y caderas. El brazo, la mano y los dedos forman un solo bloque cuyos movimientos semejan líneas suaves y ondulantes. Ambos brazos siguen movimientos libres y a veces la mujer insinúa peinarse el cabello. El movimiento de caderas es principalmente lateral, siendo el paso de poco avance y muy apegado al suelo. No hay grandes desplazamientos, bailándose más bien en el puesto y cada bailarín realiza giros individuales, teniendo como eje uno de los dos pies con el talón ligeramente levantado".
El sau-sau que he visto bailar en Rapanui, se inicia como es costumbre en los bailes continentales: con la correspondiente invitación del varón a la dama. Aquí no hay nunca negativas, y jóvenes o viejos, ancianos o muchachas, todos participan por igual del placer de la danza. La pareja empieza el baile con una especie de corrido, abrazando suavemente el varón a la dama, casi sólo rozándola, y dando algunas vueltas por la pista de baile. Después de unas tres o cuatro vueltas la dama es soltada del brazo que la ciñe y queda cogida sólo por la mano izquierda del galán. Entonces debe ella hacer algunas vueltas sobre sí misma, girando sobre el eje que le proporciona su compañero con su mano, mientras la contempla girar. Después de esta fase, en la cual la dama da unas dos o tres vueltas sobre su eje, la pareja se separa y se inicia la parte mas original del baile. Esta parte se caracteriza por cruces mas o menos en línea oblicua de la pareja en uno y otro sentido, siempre dándose el frente y ejecutando diversas figuras paralelas que se van complicando cada vez más. La multiplicidad de las figuras que ejecuta la pareja se alterna con pequeños intervalos en los cuales los danzantes, colocados a los extremos de sus respectivas pistas, se detienen un instante para iniciar una nueva figura de diferente forma; la pareja hace giros sobre su eje cada uno, única ocasión en que se dan la espalda, para volver a danzar de frente en posición ligeramente oblicua del cuerpo. Es habitual entre los bailarines más antiguos hacer una figura curiosa en la cual el hombre con un brazo avanzando hacia delante, insinuante, lo pasa a través del brazo de la dama posándolo sobre su cadera sin llegar al abrazo. También es frecuente que entre las figuras femeninas aparezca aquella del peinado ante el espejo que menciona Margot Loyola. El varón suele hacer también una figura parecida; en la cual más bien simula sujetarse la cabeza con una mano en la región occipital y el otro brazo estirado hacia adelante al encuentro de la dama. Dentro de esta coreografía del sau-sau existen muchas variaciones figurativas, entre las cuales cabe mencionar variadas posiciones o acciones de los brazos y manos a veces colocados sobre las caderas u otras ambas manos sobre el vientre, como apoyando la ondulación sensual descrita anteriormente. En ciertas oportunidades se acostumbra hacer oscilar las manos puestas horizontalmente a ambos lados, como las alas de un pájaro, con mucha gracia. El baile suele durar mucho, a veces media hora o más, y es de muy mal tono interrumpir. Las parejas prefieren transpirar o fatigarse en extremo antes que suspender la danza que por otra parte, en la alternativa de las figuras, deja oportunidad para algunos respiros de descanso. Lo corriente es que el final sea anunciado por simple aceleración de la danza siguiendo el ritmo, que es llevado a un verdadero paroxismo. Observando algunas gentes de edad avanzada danzar es impresionante la resistencia física que demuestran juntamente con la gracia, muy propia del isleño. En todo caso, una de las cosas más pintorescas es ver bailar sau-sau a los turistas que visitan Rapanui, porque todo el mundo aquí baila, incluido su amigo que le escribe, quien lo hizo nada de mal para ser un “profe del conti”.

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Luego de seis meses de permanecer en Rapanui, puedo asegurar a usted, que los vecinos tienen interés por ampliar sus conocimientos, el de sus hijos; con profesionales universitarios y técnicos en todas las áreas; con artistas de enorme sensibilidad, como las folkloristas Kara Tepano y Anita Haoa; la narradora Angela Twki; la pianista Ester Pakomio Haoa, o la dinastía Pakarati de talladores de piedra y madera con su legado artesanal: la habitación en que vivo está custodiada por dioses antiguos que brotan de la madera o se hacen piedra, la puerta de mi cuarto es un moai cuajado de escritura Rongorongo y las paredes están bordadas en motivos ancestrales, seres vegetales vivos, flores enormes y otras diminutas, figuras sonrientes que cobran vida en los círculos dentro de círculos; hay una pequeña foto de la artista folklórica Mónica Pakarati Tepano y Klaus Drekmann, el técnico alemán agrimensor de triangulación de satélites, el día que se casaron, antes de partir a Etiopía, donde él debía continuar su trabajo. Vigila mi sueño un dios protector, de madera de sándalo en talla perfecta. Los talladores tienen una gran habilidad para el manejo del kauteki, la tradicional hacha de Polinesia, a la que han cambiado la piedra por el acero. Hay otros varios artistas que pueden considerarse extraordinarios, como Melchor Huke, notable pintor que se inspira en el tema del moai, especialmente de Rano raraku. Y también Carlos Huke y Patricia Saavedra, artistas que trabajan los tallados en madera y la corteza del mahute, planta que según la tradición introdujo en la isla el rey Hotu Matu'a. Ellos logran una tela muy firme a pesar de que no utilizan técnicas de hilado; dejan remover la corteza en agua de mar y luego la aplanan para diseñar el corte del trozo de mahute, logrando piezas de gran belleza y acabado, que han sido expuestas en varios países de América y Europa.
La energía que envuelve la isla hoy día se siente en toda su enorme intensidad. A los pocos días de estar aquí comienzo a vivir esa extraña sensación de embrujamiento de la que tanto se ha hablado y escrito. Es verdad. Absolutamente real. Visitar el cráter de Rano Kau, estar en Orongo, la aldea ceremonial del hombre pájaro, ver el Ahu Tongarika, que está reconstruido pero tenía más moais y era uno de los sitios más bellos hasta que la enorme ola que vino del mar barrió con todo y dejó el lugar convertido en un cementerio de estatuas; o visitar las cavernas sembradas con flores de luz y gotas de agua, es un espectáculo maravilloso. Salgo casi todos los días en compañía de los hombres del clan Pakarati, a caballo, como es su costumbre antes de cenar, cuando aún no ha caído el sol. También a caballo hemos visitado en noche de luna llena el cráter del Rano Raraku, la cantera que aprovisionó a los pascuenses de la piedra necesaria para sus estatuas, donde uno entra en un enorme escenario con actores de piedra listos para iniciar su oficio; abundan las hachas líticas con que canteaban; se ven numerosas esculturas a medio construir, unidas todavía algunas a la cantera del cerro. Existe allí un moai inacabado de 24 metros de alto y unas 100 toneladas de peso. Todo irradia la terrible fuerza de la isla, y cada persona que la pisa piensa en algún momento en no dejarla nunca más, en quedarse para siempre. Porque estar aquí es cierto que es como entrar en el gran animal marino cuyo cuerpo son las extrañas e inexploradas cavernas que entran a la Tierra y según la tradición llevan hasta el Reino Interior de nuestro planeta. La ubicación exacta de Rapanui la Isla de Pascua es al Este del sol y al Oeste de la luna. Y es un enigma permanente.
Por la noche se percibe con especial intensidad la fuerza telúrica de los moais, y aquí en mi propia habitación todo está vivo, la lámpara con su base de piedra que rescata el rostro de una divinidad, los muebles, las fotografías de los Pakarati en sus marcos a un costado de la pared... De fondo el agua del mar acompaña con su sonido rítmico de música de fondo, como si una enredadera de hojas fuertes brotara subiendo por las paredes de la casa. Anoche me atrasé preparando una tarea, y salí solo en mi caballo a juntarme con mis anfitriones. En mi caballo, cruzando la aldea los reflejos de los faroles de las casas rezuman brillos intermitentes sobre la tierra clara a la luz de la luna, a cuyas orillas parecen recostados los charcos de una lluvia al mediodía que se fue tan rápida como llegó. Aquí y allá, las luces de las casas brillan acompañadoras a través de las ventanas, desde donde algunos vecinos me saludan; al trote lento del caballo experimentaba una sensación tan placentera, que más no quería yo. He cumplido seis meses en Rapanui y siento que todo me es afín. A ratos, se me cruzan algunos vecinos de la aldea que van a sus casas y como veo es común entre ellos, saludo a todo el mundo a pesar de que en la oscuridad a ratos no me resultan visibles sus rostros, pero se siente la calidez, porque es notable la tranquilidad en Rapanui, uno de los sitios más seguros para vivir que puedan existir.
Más allá luego de una suave curva del camino principal de la aldea, cruzo el gimnasio comunal donde se ha instalado una pantalla rectangular de cine, veo a un grupo de vecinos en silencio alucinado por la inmensa cara de una joven, con trémulos ojos grises y labios negros cruzados verticalmente por grietas relucientes, que les habla desde la pantalla, y no deja de crecer mientras detiene sus ojos contemplando la nada de la sala oscura, y una maravillosa lágrima, brillante y larga se desliza por una de sus mejillas. Sigo por las orillas del suelo donde las aguas brillan, un árbol cruje silencioso aunque perceptiblemente. El aroma del aire es puro sándalo. Me gusta observar de noche el horizonte de la aldea recortada contra la luz de la luna brillando en el mar. ¡No sabe usted qué maravilloso se siente cuando a uno lo acompañan en el camino el vuelo alegre y el trino cantarino de los pájaros nocturnos polinésicos! Son momentos precisos en que la oscuridad plateada se llena con una música tan poderosa que no puedo sino imaginarme que es un regalo de la isla para quien la visita. Siento una alegría sencillamente humana cuando me encuentro a los Pakarati que aparecen desde una bifurcación del camino que llega a la playa de Anakena: traen pescados frescos recién sacados del mar.
Pero lo más misterioso y encantador de todo, sin embargo, me resulta aquí en Rapanui cuando al cruzar muy temprano en dirección a mi trabajo en el Liceo, descubro las cosas de día con la perspectiva que le da el día a las cosas: entonces descubro algunas de mis propias huellas que recorrí a caballo en el camino y descubro, le prometo, con gran satisfacción, aquellos jirones amarillos en los lugares en que la tierra se ve un poco más hundida, y que cada día puedo ver mejor. Es entonces cuando me siento más feliz, pero mi felicidad es una especie de desafío, porque mientras camino por la aldea, circunvalando los moais, deambulando por las calles y plazas y por los caminos a la orilla del mar, con mis labios húmedos de humedad salina, siento sobre los hombros mi inefable felicidad de estar aquí, y que permanecerá en el reflejo húmedo de la huella que descubro entonces en el camino.

© Waldemar Verdugo Fuentes